Las elecciones en Catalunya no sólo han conocido la campaña más polémica de su historia, sino también quizá la más extraña. Para empezar, los catalanes acuden a las urnas no para elegir a quienes han de institucionalizar la solución de sus problemas y dar satisfacción a sus necesidades políticas, sino para aclarar ante el resto de los españoles que los catalanes son catalanes, o lo que es igual, que pertenece al pueblo catalán todo aquel que no quiere ser español, y con mayor precisión, que catalán en sentido propio será todo aquel que dé su voto a CiU. Se trata de unas elecciones muy extrañas además porque son muchos los partidos políticos que aspiran a entrar en la Cámara regional, y hay entre ellos toda suerte de combinaciones pseudoideológicas perversas: muy de derechas y soberanistas, de izquierdas e independentistas, imperturbable derecha española, izquierda moderada federalista, socialdemocracia hastiada por la socialdemocracia española e improductiva, izquierda ecologista seducida por el canto de otras sirenas y hasta un movimiento popular que ha pasado de negar las instituciones políticas a buscar en ellas algún sustento. Por si no estaba ya todo bastante revuelto, el diario El Mundo, publicación para los adictos al periodismo-ficción, a falta de mejores novelistas, ha puesto en marcha una de esas torticeras estrategias de la derecha en España consistentes en favorecer todo aquello que se busca perjudicar. Hay que decir que si algún catalán no tiene todavía hoy claro a quién votará mañana, y si no lo sabía hace una semana ni hace dos ni hace un mes, entonces, o bien el independentismo no es una causa tan común y desesperada como los medios de comunicación han dado a entender, o bien los catalanes son más tontos de lo que el espectáculo por la autodeterminación ha permitido entrever. Cuando abundan las pseudoideologías, lo más sensato es votar a ninguna, a nada, cero. Todavía en el cierre de su campaña ha insistido Artur Mas en la repugnancia intelectual que resulta de reclamar la libertad para el pueblo de Catalunya, pero cuidado, que libres sólo son quienes dicen sí a su partido, porque los demás, ya se sabe, no respetan la voluntad de los clarividentes. Por si acaso CiU no tenía todo ya de su lado, el informe fantasma con que El Mundo creía hundir a su líder ha producido un efecto contrario, y si acaso no flotaba y hasta volaba el mesías Artur Mas, la Cadena Ser y El País se han dedicado en los dos últimos días de campaña a combatir a quienes daban credibilidad a dicho informe, y al tiempo que retrataban al Gobierno, cuyo patetismo no podía producir más lástima, exoneraban al salvador del pueblo catalán con la misma alegría con la que antes se lo castigaba, sin pruebas, y así se apreciaba en los titulares para las versiones en la Red el alivio que para muchos era no encontrarlo culpable ni aludido, una defensa que ha debido dejar helados a los oyentes y lectores de ambos medios al no comprender semejante cálculo: desmontar la travesura de El Mundo en la apuesta del todo por el todo aunque cueste otra mayoría holgada para mayor gloria de Artur Mas. ¿Pero acaso vale ahora tanto una honorabilidad con toda la porquería que sale a la luz cada día en España? Y ¿tanto jaleo en nombre de la crisis, tanta batalla contra los recortes, tanto denunciar que CiU es la vanguardia en la estafa de la austeridad y se le entrega en el remate de la campaña la ofrenda de reforzar una mayoría que ya tenía ganada? Yo no doy crédito. ¿De quién habrá sido la brillante idea de dar esta ejemplar lección de periodismo apolítico?
Yvs Jacob
sábado, 24 de noviembre de 2012
jueves, 22 de noviembre de 2012
La inagotable inspiración de Ernst Robert Curtius
Ahora que Arturo Pérez-Reverte vuelve con su matraca boba a las librerías, conviene tener a mano el buen juicio de los críticos de la literatura. Ya en otra ocasión he celebrado un breviario de Curtius, Diario de lecturas, obrita deliciosa, perfecta para la impostura, con la cual podría pasearse uno por las calles de Madrid con un ánimo decisionario muy fecundo, que si Benedicto XVI ha dejado al portal de Belén sin buey ni mula, con esta compilación concentrada cabría limpiar los estantes de todas las librerías sin haber llegado siquiera a la página 16. Pero es en la página 32 cuando Curtius se hace eco de las tribulaciones de un editor -"¿Falta espacio para los libros? ¿Por qué se escribe en demasía?-, cuestiones que hoy resultan hiperbólicas, intempestivas y de mal gusto, a la caza como están todos los profesionales de la edición de la última ocurrencia de algún recóndito autor lituano, que los escaparates elevarán a la condición de genio e imprescindible. Y por supuesto, los Pérez-Reverte, que dan lo mismo en un tango que en una milonga. He disfrutado lo indecible con este pequeño tesoro y me rindo ante su traductor, un desconocido para mí Jorge Deike Robles, que ha conseguido algo extraordinario cuando se traiciona un escrito desde su idioma original, a saber, que la voz del autor no se pierda. Siempre he creído que el gran mérito del traductor no es sino éste, avivar o mantener con vida una voz, la del autor. Me he llevado una sorpresa al encontrar cierta proximidad en Curtius, cuando dice sobre una publicación póstuma de André Gide que quienes conocieron al autor "se alegrarán de volver a oír su voz", lo que conduce a una reflexión de la crítica en absoluto menor: ¿qué pasa con esos autores que ni tienen alma ni tienen voz? No en vano existen hoy tantas y tan malas traducciones; un desalmado cae en manos de otro... Mucho más hubiese disfrutado del Büchertagebuch en su lengua original, aunque dudo de que la genialidad de Curtius, su fina ironía, se revelase tan fecunda en una lectura ruda como la que puedo afrontar en alemán, y por eso tengo que encomiar a su traductor, que ha logrado un texto muy verosímil, muy creíble. Pero yo tenía apenas una duda, porque en la página 24, cuando Curtius habla de Werner Bock, también absolutamente desconocido para mí, en la traducción española puede leerse que "encontrándose fuera de lugar en la Alemania hitleriana emigró en 1939 a la Argentina", y es este encontrarse fuera de lugar lo que me inquieta, si es una ironía con perífrasis del autor, o si se trata de una audacia no inferior del traductor. En cualquier caso, ¡qué maravillosa construcción, encontrarse fuera de lugar en la Alemania hitleriana...! Hoy que la crítica literaria, el "cuarto género", la conducen los mismos que comentan las recetas de cocina, le produce al lector de Curtius una satisfacción desbordante conocer que el requisito para ejercerla en el año 1951 era "una sólida formación literaria y filosófica", y ni una palabra añade acerca de la gastronomía ni de las estrellas Michelin. Pero si yo tuviese que seleccionar una enseñanza de suma importancia, una aportación específica de Curtius a mi impostura, sería la siguiente. Curtius observa el modo como unas palabras sustituyen a otras en el proceso de referenciar la realidad, y se pregunta por el origen de las mismas, por su fuente creadora y su intencionalidad. Dice Curtius: "una manera de penetrarse a conciencia de los ideales culturales de los tiempos modernos es la consistente en investigar sus realizaciones lingüísticas". Cierto, y no es menos útil la observación aplicada a los tiempos pasados. En el caso de la España contemporánea, alguien habría de estudiar por qué los rancios conservadores más clasistas han buscado cobijo en el término liberalismo, al que conceden la más sibilina modernidad; y en mi modesta aportación a la sociolingüística yo quisiera proponer una discusión acerca de dos soluciones en idiomas diferentes para señalar una misma realidad. En inglés, cuando algo no está permitido, prima la expresión against the law sobre cualquier otra, y, sin embargo, un español al que se le dice que algo está prohibido... pues como que no lo entiende. ¡Ay, qué pueblo seríamos si entendiésemos que lo prohibido es lo que va en contra de la ley!
Yvs jacob
Yvs jacob
martes, 20 de noviembre de 2012
Nuevo comentario censurado en el videoblog de Iñaki (Gabilondo) el martes 20 de noviembre
No puedo estar más en desacuerdo, comparar un "muy probable"
ejercicio de manipulación de masas como es el soberanismo en Catalunya
con el movimiento ciudadano contra los desahucios lo encuentro obsceno,
ni el impulso que los pone en marcha es el mismo ni cuentan con medios
para nada parecidos; es más, atribuir el auge del soberanismo en
Catalunya a la espontaneidad ciudadana es simplemente falso, no se ha
producido fuera de las instituciones, como el movimiento contra los
desahucios, sino con las instituciones, ya sean las políticas, por
ejemplo, cuando el president Montilla se puso al frente de una
manifestación para protestar y perjudicar así al Gobierno de Rodríguez
Zapatero, o en la actualidad, cuando TV3 actúa como medio al servicio de
la propaganda de CiU. No nos hagamos líos a estas alturas.
http://basurablog-ism.blogspot.com/
Yvs Jcob
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Yvs Jcob
lunes, 19 de noviembre de 2012
El mileurista que no quería más Estado
Me cuentan la historia de un mileurista que no quiere más Estado, un mileurista español convencido de que la ideología neoliberal es preferible a lo que se conoció durante la segunda mitad del siglo XX como solidaridad republicana, un mileurista de estos que ahora existen, mileuristas furibundos, que desprecian al poder en nombre del dinero que no tienen al grito de "¡Viva la austeridad!". Antes que nada, conviene aclarar qué es o a quién se le da el título de mileurista. Preguntado el mileurista, éste respondió que "clase media", lo que conduce directamente al problema de las clases sociales en España. En la página del ministerio de Empleo y Seguridad Social del Gobierno de España se dice que el salario mínimo interprofesional para cualquier actividad es de 641,40 euros/mes, cantidad cuyos perceptores son así llamados, pobres, distinción respecto de pobres de mierda, para perceptores de cantidades inferiores, pensiones o prestaciones por desempleo y similares. Pero ¿qué sucede por encima de 641,40 euros/mes? Preguntado el mileurista, como se dijo, la clase media española comienza a partir de los ya celebrados 1.000 euros/mes, muy lejos, ay, de los 250.000 dólares anuales de la auténtica clase media norteamericana, luego llamaremos a quien recibe cualquier cantidad entre 641,40 y 1.000 euros pobrecillo, y llegado el caso diremos del mileurista de clase media español que es un desgraciado o pobre diablo. Este mileurista, que jamás ha sentido la menor presión de los líquidos internos a favor de los trabajadores -obsérvese que, al modo de la sociología norteamericana, se puede construir el concepto de clase exclusivamente atendiendo a los salarios, sin necesidad de recurrir a las funciones sociales o roles-, se echa a la espalda a la patronal, a los medios de comunicación de la zafia y vil derecha española y al Gobierno del PP, que lo han vaciado de toda conciencia para depositar en su interior una sola idea: si empresario es quien genera riqueza y crea puestos de trabajo, ¡joder, dejémoslo actuar! Alguien echa cuentas con el mileurista e intenta explicarle qué es esa mierda de la clase media que maneja con su fraseología neoliberal espuria, si acaso no comprende que le están tomando el pelo, y que lo mejor que puede suceder frente a la amenaza de la desprotección social y laboral es no sólo Estado, sino mucho, expresado en una fiscalidad eficiente y eficaz. El mileurista se empecina en que a él se le dé todo su dinero, que ya se gestionará todos los gastos presentes y por venir, desde la sanidad hasta un plan privado de pensiones. Se intenta por todos los medios espabilar al mileurista español de clase media, despertarlo del sueño dogmático que lo devora, pero no hay manera. Se le explica que el dinero que el empresario paga por su contratación, pero que en realidad habría de percibir el empleado por cuenta ajena en un escenario diferente, 400 euros por cada 1.000, no le sería retribuido en ese caso que él considera tan favorable, porque preguntado cualquier empresario acerca de esa cantidad si el sistema cediera a la desprotección, la respuesta no varía: "yo no pago a un trabajador lo que me puedo ahorrar al Estado", y en ello están los empresarios. Pero el mileurista insiste en que a él se le dé todo su dinero, lo que no suma sino 80 euros como abono obligado a la Seguridad Social por un contrato legal. Como es fácil de ver, este caso no es único, y entre los estímulos a los emprendedores, la clonación de mileuristas enajenados y la multiplicación exponencial de los pobres de mierda, camina uno por la calle y no escucha más que maracas y cencerros, y cabe preguntarse si los partidos de la izquierda política no desaparecerán por completo si el síndrome de Estocolmo se extiende con tanta severidad, tanta que en la siguiente jornada por las pequeñas y medianas empresas ya acuda, además de Ágatha Ruiz de la Prada, el portavoz de los obispos y hasta algún represente de un sindicato vertical de reciente re-creación. ¡Atentos!
Yvs Jacob
Yvs Jacob
viernes, 16 de noviembre de 2012
Comentario censurado en el videoblog de Iñaki (Gabilondo) el viernes 16 de noviembre
Pero es que no hay que comparar a unas instituciones con otras, a los sindicatos con las empresas o los medios que sostienen al Gobierno del PP, se aprecia todo mejor si se enfrenta a las respectivas ideologías. Por ejemplo, la derecha española quiere imponer su neoliberalismo, al que presentan como expresión de la más extraordinaria modernidad, mientras que los sindicatos representan lo que se conoce como ideología revolucionaria, o lo que es igual, una crítica y las acciones necesarias frente al orden establecido injusto. Y la pregunta es: ¿si por neoliberalismo se entiende la destrucción de lo público, su saqueo, su reparto entre los amigos de la derecha en España, si neoliberalismo es menos Estado, un sálvese quien pueda, cómo se atreve alguien con un mínimo de razón a cargar contra los sindicatos por su supuesto anacronismo, acaso no es la total desprotección de los pobres y de los trabajadores un estado ya conocido en la historia de Occidente? A quienes molesta la existencia de los sindicatos sólo buscan que los impuestos no les quiten su dinero, y lo más triste es que han convencido esos periolistos, a quienes de 100.000 euros al año les quitan 10.000 en impuestos, de que su situación es la misma en quienes cobran 1.000 euros al mes, y les convencen de que pagar 80 euros a la Seguridad Social es un atraco. Seamos honestos, quienes critican la existencia de los sindicatos no son sino analfabetos que buscan su desaparición para no tener que contribuir en los impuestos. Y más triste todavía es encontrar neoliberales mileuristas, eso sí que da que reír...
http://basurablog-ism.blogspot.com/
Yvs Jacob
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Yvs Jacob
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