lunes, 31 de octubre de 2011

¿Cómo puede haber tanto "tonto los cojones" que todavía quiera votar a la derecha española?

La derecha española es analfabeta, indolente y entrometida. A primera vista, podría parecer que semejante entidad no tiene lugar en la existencia, entidad repugnantemente contradictoria, esto es, inconcebible, pero lo tiene. Analfabeta por situarse al margen de la realidad, que no comprende, pero también ajena a los propios modelos que pretende imitar. Es el caso del celebrado liberalismo económico y de su voraz apetito de privatización y destrucción de lo público. Aquí traigo una lección del genial liberal John Stuart Mill: si alguna institución privada ya realiza una función con éxito, no compitamos con ella desde el Estado. Ahora bien, si se toma la educación, por ejemplo, o la sanidad, el éxito se encuentra precisamente, en el caso español, el siempre terrible y peculiar caso español, en lo público, tanto por su eficacia como por su antigüedad, luego ¿para qué va nuestro Estado a alimentar a sus competidores? Pero revísense también las páginas finales de On Liberty acerca de la educación, ¿no dice acaso en ellas Mill que la mejor educación debe correr siempre a cargo del Estado cuando las clases más pobres no puedan permitírsela? En fin, analfabeta, de todo punto analfabeta. Si además se tiene en cuenta que el PP pretende reproducir en España el modelo socioeconómico norteamericano, en el cual la ausencia de solidaridad republicana se justifica por la beneficencia de las clases medias y altas, cuyos ingresos anuales se sitúan por encima de los 300.000$, entonces no queda sino llorar desconsoladamente al observar la apabullante cantidad de tontos de los cojones que en España están dispuestos a votar a la derecha en un país tan ridículo como éste, donde el salario mínimo mensual interprofesional es de 641€.
Indolente en cuanto a que los problemas, según su juicio práctico, sólo existen cuando se les presta atención, cuando se pone la lupa sobre ellos. ¿No éramos felices en el año 1996? Inmigrantes a millones, pero siempre en situación ilegal; ambigüedad necesaria respecto del aborto; burbuja inmobiliaria en alza, con el precio disparatado de la vivienda y del suelo; hipotecas contaminadas y tramposas..., y, en general, la cultura del nuevo rico que permitió sacar a los españoles el completísimo hortera que llevan dentro. ¡Qué bello seguiría siendo este mundo si los socialistas se guardasen para ellos su pretenciosa dignidad humana! La situación del mercado laboral, por ejemplo, ¿cómo no va a ir mal, si se toma en consideración a los sindicatos y a los trabajadores, esos zánganos? A los sindicatos hay que ignorarlos, las reformas, o se hacen a las bravas o no se hacen. Si se ignora a la parte de la sociedad que da problemas, se acaban los problemas.
Pero es que la derecha española resulta una de las más entrometidas que haya dado la contradictoria ideología conservadora. Todos los problemas morales deben resolverse como Dios manda, como se ha hecho siempre, o como los de siempre piensan que se deben resolver. ¡Tanta modernidad, tanta modernidad! ¡Qué es eso de la sociedad moderna! Lo mejor es lo de toda la vida, y cualquier avance en el ámbito de los derechos sociales es interpretado como un atentado contra la moral. La derecha española no quiere para nadie los derechos que los adeptos de esta ideología rechazan para sí mismos, e incluso si alguno se beneficiase de aquéllos, tampoco vería bien que otros lo hiciesen. Y para que conste, amenazan con restituir instituciones del pasado y eliminar las nuevas, ¡y suerte que el derecho no contempla la retroactividad de la ley!
Es triste pero cierto: despejad de vuestra febril imaginación cualquier milagro a cargo del PP; sus dirigentes no son lo bastante honestos como para que ni siquiera su Dios les ayude.


Yvs Jacob


P. D.: Pero la derecha española es sobre todo zafia. Apenas conocida la derrota casi definitiva de los terroristas de ETA, las manipuladísimas asociaciones de víctimas del terrorismo ya obedecieron a sus amos del "Carajillo Party" y acudieron a la llamada de sus burladores en una nueva manifestación, por si acaso esos socialistas viciosos sacan algún provecho de su dolor. Yo paseaba el domingo por el Rastro de Madrid y vi en el suelo, sobre el trapo sucio de lo que parecía ser un puesto típico de menudencias, un trofeo que conmemoraba el X Memorial José Ángel de Jesús Encinas por parte de la AVT, ¡verlo para creerlo!, allí tirado entre cassettes inclasificables y llaves devoradas por la herrumbre. ¡Seguro que había llegado a manos de un despiadado socialista que lo vendería al peso!