Me ha pillado totalmente por sorpresa, ya que yo creía que ser ignorante en muchas materias, escribir mal y gilipolleces no eran méritos suficientes para optar a una pensión de esas características.
Pero me ha comentado uno de los deliciosos pensionistas de la RAE lo siguiente: "no tema, que aparte de quienes acceden a la Academia por su cualificación como lingüistas, a los que sin duda debemos admirar, todos los demás nos encontramos en una situación similar a la suya; esto es, ser ignorantes en muchas materias, escribir mal y gilipolleces... Pero, oiga, ¡qué le vamos a hacer!". Y me he tranquilizado.
El dinerito ya me iba haciendo falta, porque está la cosa muy mal -yo lo veo todo muy negro-, y ya le he echado el ojo a un par de americanas y a unas corbatas venecianas la mar de intelectuales.
Sé que interesa, y tanto, el discursito de acceso, siempre, claro, en el caso de que salga vencedor en la complejísima votación, penetrada con seguridad de desprecios y amistades. He pensado en un par, aunque yo si me pongo escribo ocho, y, a lo Pérez-Reverte, los que me salgan de los cojones.
Ahí van los títulos: "Pierre Menard, autor del Quijote", y "Cartas a un joven poeta".
Ocupar el sillón de Miguel Delibes exige una gran responsabilidad. Yo leí muy temprano su primera obra, La sombra del ciprés es alargada, que me hizo pasar una vergüenza indecible -la novela es mala, mala, mala como ella sola. Leí después otras, cuando Delibes aprendió a escribir, y no me importa reconocer que es El camino una de las mejores novelas jamás escritas en lengua castellana.
En fin, que haré lo que pueda -y de momento ya busco alquiler en el corazón del Barrio de las Letras, que me han dicho que hay por allí dos churrerías muy buenas.
Yvs Jacob
viernes, 18 de marzo de 2011
jueves, 17 de marzo de 2011
¡Qué días para el periodismo!
¡Hostia, tú, que la realidad no para un momento!
Así es, que no dejan de suceder cosas a cada instante. Que si revueltas, que si EREs y no eres, que si dictadores que pierden pero ganan sus guerras, que si presidentes y primeros ministros democráticos totalmente fuera de órbita por el deseo de aparentar que son competentes en los asuntos humanos, que si flotas que van y se alejan de la orilla, jugadores de fúbtol con dolencias comunes a los mortales, que si Mou dice, que si no dice, que si vaya con el tsunami y qué bonicos que son los japos cuando son pequeños, que ya he escuchado a más de una moza ibérica que quiere uno para cuidarlo, y le he dicho yo: "¡pero si ellos ya fabrican robots!".
Pero es que el periodismo me tiene todo el día pegado a los diferentes medios de que dispongo, ¡y he llegado hasta a olvidar que soy el único caucásico de mi edificio!
Por supuesto, estoy preocupado por la contaminación radiactiva, porque todos los medios de comunicación han enviado a sus corresponsales a Japón -y la verdad es que aunque muchos japoneses se marchen de Tokio, no se va a notar ninguna diferencia, porque hay tantos medios y tantos corresponsales ahora allí como para repoblar el país entero varias veces-; preocupado por el regreso de los héroes de Japón 2011, por si alguno se viene cargadito y te toca sentarte a su lado en el metro.
Y no dejan de llegar noticias: un reactor jodido; no, dos; y ahora, tres... ¡Y hasta un cuarto! ¡De puta madre!
¡Y cómo titulan los medios on-line! ¡Si parece que estuviésemos deseando un desastre siempre mayor!
¡Y qué bien escogidas las palabras de los comisarios europeos siempre! ¡Si tienen el don de tranquilizar a la sociedad como una tila!
¡Y esos americanos, y esos franceses, qué malos que son! Que si tus centrales son peores, que si yo pongo un radio de aislamiento mayor cuando el tuyo es muy pequeño...
¡Y qué bonita es la sociedad global! ¡Si es que vivimos ya como hermanos de sangre!
Pero lo mejor, sin duda, nos lo traen los medios de comunicación con su viciosa incontinencia.
Decía Emmanuel Lévinas que las sociedades buscan la utopía como si fuese algo que, perdido en los orígenes, pudiesen encontrar de nuevo y reconocer, como si pudiese saberse qué es de verdad la utopía y se persiguiese con esa conciencia, la de lo conocido. Pero los medios de comunicación parecen andar buscando siempre el mayor desastre, como intuyendo que todo puede ir a más, y que llegará la gran desgracia y que ellos tendrán allí un corresponsal con un transmisor vía satélite.
Por mi parte, ¡cojonudo! ¡Desastre mayúsculo, ya! ¡Estamos tardando en encender la mecha del planeta!
¡Lástima que ya no exista CNN+!
¡Necesito más, más, más!
Yvs Jacob
Así es, que no dejan de suceder cosas a cada instante. Que si revueltas, que si EREs y no eres, que si dictadores que pierden pero ganan sus guerras, que si presidentes y primeros ministros democráticos totalmente fuera de órbita por el deseo de aparentar que son competentes en los asuntos humanos, que si flotas que van y se alejan de la orilla, jugadores de fúbtol con dolencias comunes a los mortales, que si Mou dice, que si no dice, que si vaya con el tsunami y qué bonicos que son los japos cuando son pequeños, que ya he escuchado a más de una moza ibérica que quiere uno para cuidarlo, y le he dicho yo: "¡pero si ellos ya fabrican robots!".
Pero es que el periodismo me tiene todo el día pegado a los diferentes medios de que dispongo, ¡y he llegado hasta a olvidar que soy el único caucásico de mi edificio!
Por supuesto, estoy preocupado por la contaminación radiactiva, porque todos los medios de comunicación han enviado a sus corresponsales a Japón -y la verdad es que aunque muchos japoneses se marchen de Tokio, no se va a notar ninguna diferencia, porque hay tantos medios y tantos corresponsales ahora allí como para repoblar el país entero varias veces-; preocupado por el regreso de los héroes de Japón 2011, por si alguno se viene cargadito y te toca sentarte a su lado en el metro.
Y no dejan de llegar noticias: un reactor jodido; no, dos; y ahora, tres... ¡Y hasta un cuarto! ¡De puta madre!
¡Y cómo titulan los medios on-line! ¡Si parece que estuviésemos deseando un desastre siempre mayor!
¡Y qué bien escogidas las palabras de los comisarios europeos siempre! ¡Si tienen el don de tranquilizar a la sociedad como una tila!
¡Y esos americanos, y esos franceses, qué malos que son! Que si tus centrales son peores, que si yo pongo un radio de aislamiento mayor cuando el tuyo es muy pequeño...
¡Y qué bonita es la sociedad global! ¡Si es que vivimos ya como hermanos de sangre!
Pero lo mejor, sin duda, nos lo traen los medios de comunicación con su viciosa incontinencia.
Decía Emmanuel Lévinas que las sociedades buscan la utopía como si fuese algo que, perdido en los orígenes, pudiesen encontrar de nuevo y reconocer, como si pudiese saberse qué es de verdad la utopía y se persiguiese con esa conciencia, la de lo conocido. Pero los medios de comunicación parecen andar buscando siempre el mayor desastre, como intuyendo que todo puede ir a más, y que llegará la gran desgracia y que ellos tendrán allí un corresponsal con un transmisor vía satélite.
Por mi parte, ¡cojonudo! ¡Desastre mayúsculo, ya! ¡Estamos tardando en encender la mecha del planeta!
¡Lástima que ya no exista CNN+!
¡Necesito más, más, más!
Yvs Jacob
lunes, 14 de marzo de 2011
¿Por qué no rimará Ismael Serrano?
Estaba yo el otro día en mi casa tranquilamente y sin hacer daño a nadie cuando sufrí un accidente bastante desagradable. Escuchaba la radio, y, de repente -¡atención, novelistas, "de repente" es un mal amigo para la ficción-, se anunció un tema inminente de Ismael Serrano. ¡La hostia puta! ¡Así, sin un aviso previo ni nada! A bocajarro. ¡Cómo se nota que ya estamos en precampaña!
Me pilló ocupado en una tarea para la cual necesitaba las dos manos y no pude cambiar de sintonía rápidamente. Bueno, pues, adelante. Con dos cojones.
Ismael Serrano estaba dale que dale con la guitarra y esas cosas tan raras que canta, que yo creo que es un depresivo deprimido y deprimente.
Y venga una frasecita, y otra, y otra más, casi tres minutos de coñazo. En momentos así, uno descubre el sentido de "la duración". Otra cosa es la memoria.
El texto era difícil de entender, y no habría manera de agarrarlo, de asumirlo, reinterpretarlo. Debe de ser un esfuerzo para el mismo Serrano actuar en sus conciertos y acertar siempre con la estrofa que viene después, y hasta las mismas frases de sus canciones parecen añadidas según un principio aleatorio provisional. Aunque es también una ventaja de cara al público, que puede acudir sin "saberse las letras" y con la expectativa de lo que algunos teóricos de la dramatología llaman "espectáculo", un acontecimiento irrepetible por su propia naturaleza.
Dos asistentes a un concierto de Ismael Serrano saldrán de allí con muchas más dudas que cualesquiera otros espectadores:
"¿Cómo era la de...?".
"No, no, ésa era la otra, la de...".
"Que no, que no, que era la de...".
"Que no, coño, que era la de...".
No necesité mucho tiempo para comprender que Ismael Serrano tiene un problema de carácter compositivo, un problema fundamental con la rima, entre otras cosas. Yo tuve en COU un profesor muy pertinaz para combatir a los modernos: "no se empeñen: si no rima, no es poesía". Es tal vez lo único que aprendí en el instituto, más allá de que a las mujeres les gustan altos... y grandes -bueno, esto lo decía un compañero.
Vamos a ver, Ismael Serrano. Sabemos perfectamente lo difícil que es hacer justicia al castellano en poesía, no en vano ha tenido España muy pocos poetas buenos, y está todavía a la espera de su Baudelaire y de su Hölderlin, que son la medida para toda poesía y de toda cultura -¡si es que hay una regla cultural que dice que sin un Baudelaire ni un Hölderlin te sale un Luis García Montero, hombre...!
Bueno, pues como la canción es una forma de la poesía, "hay de que intentar de que salga bonito", dicho así en catalán. Que yo entiendo que a uno le vienen las prisas y quiere escribir todo el disco en una tarde, pero tampoco pasa nada por ceder a la consonancia. Si es que ya decía Lévi-Strauss que el misterio está en la melodía, y si se quiere dignificar a la palabra con la música, entonces hay que metafisiquear lo justo -que en tu caso no es para tanto-, y dejar que la a vaya con la a, la e con la e, y en adelante.
¡Enga! ¡A mandar!
Yvs Jacob
Me pilló ocupado en una tarea para la cual necesitaba las dos manos y no pude cambiar de sintonía rápidamente. Bueno, pues, adelante. Con dos cojones.
Ismael Serrano estaba dale que dale con la guitarra y esas cosas tan raras que canta, que yo creo que es un depresivo deprimido y deprimente.
Y venga una frasecita, y otra, y otra más, casi tres minutos de coñazo. En momentos así, uno descubre el sentido de "la duración". Otra cosa es la memoria.
El texto era difícil de entender, y no habría manera de agarrarlo, de asumirlo, reinterpretarlo. Debe de ser un esfuerzo para el mismo Serrano actuar en sus conciertos y acertar siempre con la estrofa que viene después, y hasta las mismas frases de sus canciones parecen añadidas según un principio aleatorio provisional. Aunque es también una ventaja de cara al público, que puede acudir sin "saberse las letras" y con la expectativa de lo que algunos teóricos de la dramatología llaman "espectáculo", un acontecimiento irrepetible por su propia naturaleza.
Dos asistentes a un concierto de Ismael Serrano saldrán de allí con muchas más dudas que cualesquiera otros espectadores:
"¿Cómo era la de...?".
"No, no, ésa era la otra, la de...".
"Que no, que no, que era la de...".
"Que no, coño, que era la de...".
No necesité mucho tiempo para comprender que Ismael Serrano tiene un problema de carácter compositivo, un problema fundamental con la rima, entre otras cosas. Yo tuve en COU un profesor muy pertinaz para combatir a los modernos: "no se empeñen: si no rima, no es poesía". Es tal vez lo único que aprendí en el instituto, más allá de que a las mujeres les gustan altos... y grandes -bueno, esto lo decía un compañero.
Vamos a ver, Ismael Serrano. Sabemos perfectamente lo difícil que es hacer justicia al castellano en poesía, no en vano ha tenido España muy pocos poetas buenos, y está todavía a la espera de su Baudelaire y de su Hölderlin, que son la medida para toda poesía y de toda cultura -¡si es que hay una regla cultural que dice que sin un Baudelaire ni un Hölderlin te sale un Luis García Montero, hombre...!
Bueno, pues como la canción es una forma de la poesía, "hay de que intentar de que salga bonito", dicho así en catalán. Que yo entiendo que a uno le vienen las prisas y quiere escribir todo el disco en una tarde, pero tampoco pasa nada por ceder a la consonancia. Si es que ya decía Lévi-Strauss que el misterio está en la melodía, y si se quiere dignificar a la palabra con la música, entonces hay que metafisiquear lo justo -que en tu caso no es para tanto-, y dejar que la a vaya con la a, la e con la e, y en adelante.
¡Enga! ¡A mandar!
Yvs Jacob
domingo, 13 de marzo de 2011
¡Queremos nuestro "tsunami"!
He estado reunido con un grupo de españoles, charlando sobre esto y lo otro, y hemos convenido en que nada mejor para sacar adelante el país que nuestro propio tsunami, un tsunami español.
Aunque los cristianos y quienes profesan en realidad la fe de cualquier otra religión tienen siempre muy mala memoria para recordar los imperativos de sus dioses -¡ojo, esto ya lo decía un soberbio liberal inglés, J. S. Mill!-, puede suponerse que a los divinos no les gusta que les toquen los cojones. Quizá Ludwig Feuerbach tenía razón, y los dioses están hechos del complejo material de los hombres, y cierto que a muchos de ellos no les gusta tampoco que les toquen los cojones.
El mundo de mierda construido por los hombres no puede ser sino una buena tocadura de cojones.
Entre los muchos nombres que suelen recibir los dioses, o, mejor dicho, puesto que "dioses" no es otra cosa que el nombre de Dios, al modo como Dios se presenta a los hombres se lo llama "Naturaleza". Hay algunos filósofos baratos que han hablado del dominio del hombre sobre la naturaleza como si pudiese tratarse su relación en términos semejantes. Es cierto que el hombre ha conseguido eliminar algunas expresiones de la naturaleza, o si se quiere, algunos modos de ser de la misma, pero ignora por completo lo que hace, si es que Dios existe, y es posible que a Dios se le hinchen algún día las pelotas y responda al hombre, para que vaya con más cuidado.
Yo sospecho que Dios nos habla a diario, lo que pasa es que no le pillamos la onda. Por ejemplo, cuando los hombres edifican una mierda, o cuando confían desmesuradamente en su ingenio productor para construir una maravilla que podría volverse después en contra del beneficio que se buscaba, entonces Dios nos habla. Dios tiene sus cosillas y lo hace todo muy complicado, aunque prefiero tomarlo por un legislador de izquierdas, es decir, intenta apelar a la confianza de la sociedad, pero a la sociedad hay que descoyuntarle la espalda a latigazos.
Basta con darse una vuelta por el litoral levantino español o por los municipios del extrarradio madrileño: es que necesitamos contrarrestar nuestra propia acción destructiva con un tsunami divino, porque sólo así tendremos la oportunidad de volver a empezar. También en Majadahonda.
Aquí en el barrio hemos puesto en marcha una recogida de firmas para solicitar al Padre Santo que le comunique a Dios la urgencia de un tsunami en España. Queremos tenerla cerrada para cuando venga el Papa a Madrid por el asunto ese de los jóvenes y los preservativos. Más o menos, hemos trazado el mapa por donde debe coger tierra la ola; es probable que, tal y como se ha diseñado, abra unas vías marítimas extraordinarias que podrían dar con una Catalunya independiente, pero de eso ya nos encargaremos en otros ruegos. Lo que interesa, por el momento, es que termine con todos los edificios de más de cuatro plantas y con los "chalés adosaos", y queremos menos municipios, que se gestionan muy mal, y que ponga punto y final al mundo rociero.
Como esto va para largo, damos por enterado al Gobierno, para que no se le eche el tiempo encima, y que invierta en obras públicas resistentes, que vamos a necesitar un par de arcas con "wi-fi" y alguien que las sepa gobernar.
Yvs Jacob
Aunque los cristianos y quienes profesan en realidad la fe de cualquier otra religión tienen siempre muy mala memoria para recordar los imperativos de sus dioses -¡ojo, esto ya lo decía un soberbio liberal inglés, J. S. Mill!-, puede suponerse que a los divinos no les gusta que les toquen los cojones. Quizá Ludwig Feuerbach tenía razón, y los dioses están hechos del complejo material de los hombres, y cierto que a muchos de ellos no les gusta tampoco que les toquen los cojones.
El mundo de mierda construido por los hombres no puede ser sino una buena tocadura de cojones.
Entre los muchos nombres que suelen recibir los dioses, o, mejor dicho, puesto que "dioses" no es otra cosa que el nombre de Dios, al modo como Dios se presenta a los hombres se lo llama "Naturaleza". Hay algunos filósofos baratos que han hablado del dominio del hombre sobre la naturaleza como si pudiese tratarse su relación en términos semejantes. Es cierto que el hombre ha conseguido eliminar algunas expresiones de la naturaleza, o si se quiere, algunos modos de ser de la misma, pero ignora por completo lo que hace, si es que Dios existe, y es posible que a Dios se le hinchen algún día las pelotas y responda al hombre, para que vaya con más cuidado.
Yo sospecho que Dios nos habla a diario, lo que pasa es que no le pillamos la onda. Por ejemplo, cuando los hombres edifican una mierda, o cuando confían desmesuradamente en su ingenio productor para construir una maravilla que podría volverse después en contra del beneficio que se buscaba, entonces Dios nos habla. Dios tiene sus cosillas y lo hace todo muy complicado, aunque prefiero tomarlo por un legislador de izquierdas, es decir, intenta apelar a la confianza de la sociedad, pero a la sociedad hay que descoyuntarle la espalda a latigazos.
Basta con darse una vuelta por el litoral levantino español o por los municipios del extrarradio madrileño: es que necesitamos contrarrestar nuestra propia acción destructiva con un tsunami divino, porque sólo así tendremos la oportunidad de volver a empezar. También en Majadahonda.
Aquí en el barrio hemos puesto en marcha una recogida de firmas para solicitar al Padre Santo que le comunique a Dios la urgencia de un tsunami en España. Queremos tenerla cerrada para cuando venga el Papa a Madrid por el asunto ese de los jóvenes y los preservativos. Más o menos, hemos trazado el mapa por donde debe coger tierra la ola; es probable que, tal y como se ha diseñado, abra unas vías marítimas extraordinarias que podrían dar con una Catalunya independiente, pero de eso ya nos encargaremos en otros ruegos. Lo que interesa, por el momento, es que termine con todos los edificios de más de cuatro plantas y con los "chalés adosaos", y queremos menos municipios, que se gestionan muy mal, y que ponga punto y final al mundo rociero.
Como esto va para largo, damos por enterado al Gobierno, para que no se le eche el tiempo encima, y que invierta en obras públicas resistentes, que vamos a necesitar un par de arcas con "wi-fi" y alguien que las sepa gobernar.
Yvs Jacob
jueves, 10 de marzo de 2011
El metrobús también existe
Pocas veces ofrece la realidad política una ocasión tan "a huevo" para sacar los colores a un incompetente en el ejercicio de su cargo.
No tengo la menor duda acerca del modo como desde la derecha española se contempla la política. Para el Partido Popular, es una aventura, se dedican a ella quienes buscan fortuna, quizá porque la derecha no puede aspirar a más, puesto que todo lo político -el bienestar común, la convivencia pacífica, el concierto de las libertades o la igualdad de oportunidades- le trae sin cuidado, si acaso no lo juzga una amenaza para lograr el fin que el aventurero político busca: vivir del esfuerzo ajeno sin hacer absolutamente nada y aparentar, sin embargo, que lo hace.
La Asamblea de Madrid ha sido escenario pluscuamperfecto de la farsa que representa diariamente en ella el Partido Popular. Sólo hay que ver el aspecto de José Ignacio Echeverría, consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, para darse cuenta de que no utiliza sus dos manitas ni para cortarse las uñas de los pies, deben de sacarle hasta los mocos, y hasta dudo de que maneje por sí solo los cubiertos, aunque seguro que es un estómago de buen comer, sobre todo si paga "el pueblo".
El asunto no podría ser más descacharrante para quienes sabemos despreciar, porque se ha envalentonado el consejero, creyéndose tal vez en el uso del sarcasmo, al responder a un portavoz socialista, que recriminaba a "la Espe" el precio cómico del billete de diez viajes para el transporte en la capital -diez viajes a 9.30€, ¡menudo estímulo! ¡Eso sí que es ahorrar! ¡Viva el ciudadano prudente!
El consejero, que quizá no sabe, no ya que el transporte público existe, sino que la litera soportada por esclavos hace muchos siglos que dejó de existir en Madrid, ha recibido además el aplauso de su bancada, claro, de aquellos con los que comparte la ignorancia acerca de "las cosas de la gente", de los que trabajan, del populacho bobo, y habría que interrogar a cada uno de sus compañeros sobre los asuntos de su competencia para llegar a la conclusión de que, efectivamente, toda esa pandilla de ociosos vive "en otro Madrid".
Y estos son nuestros gobernantes regionales, y estos son los vientres con que la derecha elabora sus listas y a los que tenemos que alimentar, igual que alimentan ellos en su fantasía la ilusión de que prestan un servicio a la sociedad; estos son los pantagruélicos gestores de nuestros recursos, que no entienden de la política más que la ostentación de sus cargos, o mejor, hacer de sus cargos una manifestación ostensible, dejarse ver y que los vean, y despilfarrar en ese ejercicio el dinero de los impuestos de los que viven de su trabajo.
¡Desobediencia y destrucción, ahora!
Yvs Jacob
No tengo la menor duda acerca del modo como desde la derecha española se contempla la política. Para el Partido Popular, es una aventura, se dedican a ella quienes buscan fortuna, quizá porque la derecha no puede aspirar a más, puesto que todo lo político -el bienestar común, la convivencia pacífica, el concierto de las libertades o la igualdad de oportunidades- le trae sin cuidado, si acaso no lo juzga una amenaza para lograr el fin que el aventurero político busca: vivir del esfuerzo ajeno sin hacer absolutamente nada y aparentar, sin embargo, que lo hace.
La Asamblea de Madrid ha sido escenario pluscuamperfecto de la farsa que representa diariamente en ella el Partido Popular. Sólo hay que ver el aspecto de José Ignacio Echeverría, consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, para darse cuenta de que no utiliza sus dos manitas ni para cortarse las uñas de los pies, deben de sacarle hasta los mocos, y hasta dudo de que maneje por sí solo los cubiertos, aunque seguro que es un estómago de buen comer, sobre todo si paga "el pueblo".
El asunto no podría ser más descacharrante para quienes sabemos despreciar, porque se ha envalentonado el consejero, creyéndose tal vez en el uso del sarcasmo, al responder a un portavoz socialista, que recriminaba a "la Espe" el precio cómico del billete de diez viajes para el transporte en la capital -diez viajes a 9.30€, ¡menudo estímulo! ¡Eso sí que es ahorrar! ¡Viva el ciudadano prudente!
El consejero, que quizá no sabe, no ya que el transporte público existe, sino que la litera soportada por esclavos hace muchos siglos que dejó de existir en Madrid, ha recibido además el aplauso de su bancada, claro, de aquellos con los que comparte la ignorancia acerca de "las cosas de la gente", de los que trabajan, del populacho bobo, y habría que interrogar a cada uno de sus compañeros sobre los asuntos de su competencia para llegar a la conclusión de que, efectivamente, toda esa pandilla de ociosos vive "en otro Madrid".
Y estos son nuestros gobernantes regionales, y estos son los vientres con que la derecha elabora sus listas y a los que tenemos que alimentar, igual que alimentan ellos en su fantasía la ilusión de que prestan un servicio a la sociedad; estos son los pantagruélicos gestores de nuestros recursos, que no entienden de la política más que la ostentación de sus cargos, o mejor, hacer de sus cargos una manifestación ostensible, dejarse ver y que los vean, y despilfarrar en ese ejercicio el dinero de los impuestos de los que viven de su trabajo.
¡Desobediencia y destrucción, ahora!
Yvs Jacob
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