Todavía no se ha consumado la desgracia -o tal vez sí-, y ya siento añoranza del tripartit. Pena me da "de ver" a la izquierda catalana desaparecer por el agujero del retrete, y me pregunto a esta hora de incertidumbre qué habrá sucedido para que la ciudadanía abandone a unos partidos que representan intereses mayoritarios, pues la esencia burguesa de CiU apenas contaría con asientos en la Cámara catalana si no recibiese el voto de eso que algunos llaman "clase media" y que no es más que proletariado con capacidad para pagar sus hipotecas.
Las dos legislaturas que ha disfrutado el socialismo catalán para brindar a la democracia la posibilidad de realizarse, pues el gobierno continuado de una misma formación -PNV, CiU, pero también PSOE y PP (véase Andalucía, Comunitat Valenciana...)- es una enfermedad política, enfermedad social, las quiere convertir la burguesía decimonónica, anacrónica, en un pasaje accidental que nunca debió haberse transitado. Porque, para CiU, los catalanes deben gestionar las cosas de Catalunya, y eso excluye al socialismo, tan unido a un Leviatán imaginario, España.
La noche pasada, Artur Mas cerró la campaña apelando a un mundo catalán donde triunfasen la justicia y la libertad. Una vez más, sentí el dolor que produce en el alma la estupidez ajena. Porque son proclamas del pasado. Entendería que en la España franquista se dedicasen todos los esfuerzos de resistencia al triunfo de la justicia y de la libertad, pero en la España democrática -y todavía espiritualmente deficitaria-, cuando Catalunya disfruta de más autogobierno que cualquier otra nación de las que pujan dentro de cualquier Estado europeo, esas palabras equivalen a un insulto a la inteligencia, que no beneficia en nada al votante "de allí" a los ojos de lo que el derecho político llama "cuerpo político", que incluye a los ciudadanos-votantes de todo el Estado, y sobre los que habrá de recaer la sentencia de lo que debe o no suceder en Catalunya, por mucho que los líderes del infantil secesionismo hablen de autodeterminación.
CiU debe saber que la vía iniciada sin violencia hacia la separación del resto de España no podrá avanzar mucho más hasta que por fin la violencia venga. Y la violencia, cuando no se manifiesta como violación de la prohibición expresada por un semáforo, no merece la pena -antes habría que ejecutar a todos cuantos, en un bando y en otro, condujesen al pueblo estúpido e idólatra de lo imaginario al desastre. Luego es palabrería vana seguir cultivando la imagen franquista de España cuando España hace tiempo que enterró a su Franco.
Y ha sido error del tripartit jugar con el fuego de la tribu, porque, por definición, nacionalismo es oposición, y no se es un poco nacionalista en la dialéctica de lo relativo, ya que los conceptos viven en tanto que se distinguen unos de otros -ser un poco español y un poco francés significa no entender ni sentir una cosa ni la otra.
El PSC pretendió ser sólo un poco nacionalista, llegar sólo allí donde el nacionalismo permanece solidario con lo extranjero inventado. Y no puede haber mayor ingenuidad que un sentimiento al que se le ata en un extremo una cuerda como a una morcilla.
La tensión catalanista va a entrar en una nueva onda de máxima intensidad. Quién sabe si viviremos la época definitiva...
Yvs Jacob
sábado, 27 de noviembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
Se busca editorial con agallas para manuscrito de los cojones
Yvs Jacob tiene un manuscrito de los cojones y no consigue que se lo publiquen. El asunto comienza a desesperar, porque cualquiera que se asome a una librería no ve otra cosa que mierda, mierda y mierda, y quizá Yvs Jacob también ha escrito una obra de mierda, luego no debería ser tan difícil que se la publicasen.
Antiguamente, había al frente de las editoriales individuos con aptitudes intelectuales, por las cuales era llamados también ellos así, "intelectuales". Se trataba de personas sensibles e inquietas, cultas en muchos casos, o al menos sabían fingir con tanto talento que conseguían engañar a todo el mundo. La montura de unas gafas, una perilla bien sobada, el pelo endemoniado, un velero anclado en el puerto de Barcelona o un pañuelo azaroso al cuello eran motivos para su presentación en la sociedad del libre pensamiento.
El tiempo pasó, y pasó tan rápido en apenas dos décadas, que los intelectuales quedaron en el olvido, hasta el punto de juzgarse imposible que pudieran estar alguna vez al frente de las editoriales. Fueron sustituidos por otros individuos con estudios extrañísimos: dirección de empresa, economía, derecho, publicidad..., no precisamente dirigidos a afinar el olfato artístico. El mercado, que según el dogma liberal produce con eficacia cuando "se le deja hacer", produjo a partir de entonces mucha mierda con mucha eficacia. El mercado editorial, pues, liberado por fin de la tenaza intelectual, que -tampoco enloquezcamos- se atrevía a publicar obras donde apareciesen palabras tales que "coño", "París" y "manifestación" -¡uuuh!, ¡peligro!-, dio comienzo a la era gloriosa de una generación de escritores que todavía nos castiga, y a la que los premios literarios no jubilará antes de que muchos de sus miembros sean centenarios y la ciudadanía se vea obligada a votar "Sí" a formas muy agresivas de la eutanasia.
Mientras tanto, han ido apareciendo otros autores, cierto, autores "jóvenes", como se dice ahora a los menores de cuarenta años. Se trata de la "generación del chiringuito", como a mí me gusta llamarla, porque todos publican en pequeñas o medianas editoriales propias o de amigos, o de amigos de amigos -que es siempre lo peor, porque el talento literario ni se transmite por consanguineidad ni viaja a lomos de los microbios.
La "generación del chiringuito" es expansiva, y capaz de abrir un taller literario por cada tres tiendas de orientales en una misma calle. Obviamente, el chiringuito no lo dirige ningún intelectual, tampoco un despierto licenciado con estudios técnicos en la reproducción del capital, sino un delirante crítico, tal vez leído -¡con lecturas!-, prisionero de la idea de la cultura, una función de responsabilidad que habría que eliminar mediante manipulación genética antes de que la razón de museos por persona sea de 1:1.
En fin, no me puedo extender más porque terminaría cagándome en la puta madre que parió a algunos, citando al insigne académico Pérez-Reverte cuando toma apuntes al natural.
Yvs Jacob busca editorial, ¡y su mierda huele divinamente!
Yvs Jacob
Antiguamente, había al frente de las editoriales individuos con aptitudes intelectuales, por las cuales era llamados también ellos así, "intelectuales". Se trataba de personas sensibles e inquietas, cultas en muchos casos, o al menos sabían fingir con tanto talento que conseguían engañar a todo el mundo. La montura de unas gafas, una perilla bien sobada, el pelo endemoniado, un velero anclado en el puerto de Barcelona o un pañuelo azaroso al cuello eran motivos para su presentación en la sociedad del libre pensamiento.
El tiempo pasó, y pasó tan rápido en apenas dos décadas, que los intelectuales quedaron en el olvido, hasta el punto de juzgarse imposible que pudieran estar alguna vez al frente de las editoriales. Fueron sustituidos por otros individuos con estudios extrañísimos: dirección de empresa, economía, derecho, publicidad..., no precisamente dirigidos a afinar el olfato artístico. El mercado, que según el dogma liberal produce con eficacia cuando "se le deja hacer", produjo a partir de entonces mucha mierda con mucha eficacia. El mercado editorial, pues, liberado por fin de la tenaza intelectual, que -tampoco enloquezcamos- se atrevía a publicar obras donde apareciesen palabras tales que "coño", "París" y "manifestación" -¡uuuh!, ¡peligro!-, dio comienzo a la era gloriosa de una generación de escritores que todavía nos castiga, y a la que los premios literarios no jubilará antes de que muchos de sus miembros sean centenarios y la ciudadanía se vea obligada a votar "Sí" a formas muy agresivas de la eutanasia.
Mientras tanto, han ido apareciendo otros autores, cierto, autores "jóvenes", como se dice ahora a los menores de cuarenta años. Se trata de la "generación del chiringuito", como a mí me gusta llamarla, porque todos publican en pequeñas o medianas editoriales propias o de amigos, o de amigos de amigos -que es siempre lo peor, porque el talento literario ni se transmite por consanguineidad ni viaja a lomos de los microbios.
La "generación del chiringuito" es expansiva, y capaz de abrir un taller literario por cada tres tiendas de orientales en una misma calle. Obviamente, el chiringuito no lo dirige ningún intelectual, tampoco un despierto licenciado con estudios técnicos en la reproducción del capital, sino un delirante crítico, tal vez leído -¡con lecturas!-, prisionero de la idea de la cultura, una función de responsabilidad que habría que eliminar mediante manipulación genética antes de que la razón de museos por persona sea de 1:1.
En fin, no me puedo extender más porque terminaría cagándome en la puta madre que parió a algunos, citando al insigne académico Pérez-Reverte cuando toma apuntes al natural.
Yvs Jacob busca editorial, ¡y su mierda huele divinamente!
Yvs Jacob
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Con ocho años es suficiente
Estoy de acuerdo con José Montilla: dos legislaturas es una buena medida para la (in)competencia humana en el juego de la política. Después, la democracia se convierte en reinado por la voluntad popular, y si bien el pueblo es mayoritariamente tonto, a la parte menos tonta, la minoría -y la democracia no existe sino para proteger a las minorías-, le parece adecuado limitar el gasto protocolario que se concentra durante demasiado tiempo en uno solo de los miembros de la sociedad, y extenderlo a otros, porque incompetentes nunca faltan, por muy elevada que sea la misión a realizar.
Así las cosas, el pueblo no viviría con el corazón en un puño pensando cuándo se largarán este y aquel, esta y aquella, y la caducidad bien definida de "las Espes", los Marianos, los Rodríguez y los alcaldes de Madrid aliviaría a todas las partes, y estimularía quizá la irrupción de muchos y nuevos incompetentes, reacción que podría traer a la política un aire de renovación, si la ciudadanía se interesase de una vez en las cuestiones en que le va la vida. Claro que entonces un ser humano en Occidente habría de ser algo más que un zombie con tarjeta de débito.
Pero que nadise se confunda: no se trata de que todo el mundo se reúna puntualmente en la comunidad de vecinos para freír chorizos y morcillas. La responsabilidad política ciudadana es algo bien diferente, y encontraría su expresión en una revisión de los excesos del parlamentarismo, la técnica democrática que ha liquidado a la democracia.
Mi preocupación se extiende también hacia el rencor de los aspirantes. ¿Debería un aspirante repetir durante un número indeterminado de intentos? Yo diría que no, porque cuando el político vincula su posición en el partido -que es sólo un instrumento de las ideas- a un empeño personal propio del pundonor se abre así la puerta a muy grandes desvaríos.
Los casos de Mariano Rajoy y de Artur Mas no pueden ser sino inquietantes. Rajoy ya ha perdido en dos ocasiones, y en su partido parece un pedazo de carne que pasa de unas fauces a otras. Pero con Artur Mas todavía preocupa mucho el tiempo que pasó en la reserva, a la espalda de Jordi Pujol, y sería un desastre que accediese al gobierno de la Generalitat de Catalunya como quien tiene cosas por demostrar.
¡Benedicto nos acoja en sus oraciones!
Yvs Jacob
Así las cosas, el pueblo no viviría con el corazón en un puño pensando cuándo se largarán este y aquel, esta y aquella, y la caducidad bien definida de "las Espes", los Marianos, los Rodríguez y los alcaldes de Madrid aliviaría a todas las partes, y estimularía quizá la irrupción de muchos y nuevos incompetentes, reacción que podría traer a la política un aire de renovación, si la ciudadanía se interesase de una vez en las cuestiones en que le va la vida. Claro que entonces un ser humano en Occidente habría de ser algo más que un zombie con tarjeta de débito.
Pero que nadise se confunda: no se trata de que todo el mundo se reúna puntualmente en la comunidad de vecinos para freír chorizos y morcillas. La responsabilidad política ciudadana es algo bien diferente, y encontraría su expresión en una revisión de los excesos del parlamentarismo, la técnica democrática que ha liquidado a la democracia.
Mi preocupación se extiende también hacia el rencor de los aspirantes. ¿Debería un aspirante repetir durante un número indeterminado de intentos? Yo diría que no, porque cuando el político vincula su posición en el partido -que es sólo un instrumento de las ideas- a un empeño personal propio del pundonor se abre así la puerta a muy grandes desvaríos.
Los casos de Mariano Rajoy y de Artur Mas no pueden ser sino inquietantes. Rajoy ya ha perdido en dos ocasiones, y en su partido parece un pedazo de carne que pasa de unas fauces a otras. Pero con Artur Mas todavía preocupa mucho el tiempo que pasó en la reserva, a la espalda de Jordi Pujol, y sería un desastre que accediese al gobierno de la Generalitat de Catalunya como quien tiene cosas por demostrar.
¡Benedicto nos acoja en sus oraciones!
Yvs Jacob
martes, 23 de noviembre de 2010
"La Espe" pronuncia varias palabras en catalán
¡Ojo con "la Espe", que ya va lanzada a meterse donde nadie la llama ni necesita!
"La Espe" se ha propuesto gobernar la nación española, y se está familiarizando con las lenguas del Estado, aunque es de suponer que el euskera lo dejará tal cual, pues, a diferencia del gallego y del catalán -¡y del andalú!-, a "la Espe", el euskera le debe de sonar a nada.
Por el momento, la condesa consorte, que pasa el tiempo con las cositas de Madrid -como el que gobierna un cortijo- y mostrando zapatitos, ha tenido a bien hacerse campaña a sí misma en las elecciones catalanas, y allí que se ha ido para dejarse ver, o para apoyar las grandes ideas de Alicia Sánchez-Camacho -que dirán algunos politólogos-, política destacada, "la" Alicia Sánchez-Camacho, que busca padre para su hijo, por muy extraño que sea que una simple mortal tenga un hijo sin padre fuera de muy intensas mitologías -y es que es tan bonita la familia tradicional. Y yo te digo: "¡Bonita!".
He seguido con mucho interés el movimiento de la insaciabilidad de "la Espe" en tierras catalanas, he consultado de modo crítico diversos medios y me ha sorprendido la gracia con que uno de ellos presenta la noticia. Hay quien podría haber dicho que '"la Espe" habla en catalán', así, como titutar, o que '"la Espe" se atreve con el catalán', ventanas estas desde las que se anuncia el valor del agente al tratarse de un medio no habitual para sus movimientos. Sin embargo, lejos de cualquier halago, leo en Internet que "la Espe" 'pronuncia varias palabras en catalán', información que me conforta, por cuanto que es mucho más descriptiva que la común manera de jugar al periodismo que se practica en España.
En el equipo que siempre acompaña a "la Espe", y que tanto nos cuesta a los madrileños, alguien se habrá procurado un discursito apto para la altura intelectual de la matrona, y le habrá explicado también que es suficiente con abrir la e hasta la a, la mayoría de las veces, y con una cita de Josep Pla, tan apreciado por catalanes como por españoles -¡apréciese la simplicidad de las reglas!-, y que se regrese luego pa' Madrí, que todavía le daría tiempo para inaugurar unos columpios.
Y así discurre de entretenida y graciosa la campaña catalana. Nos iremos preparando.
Yvs Jacob
"La Espe" se ha propuesto gobernar la nación española, y se está familiarizando con las lenguas del Estado, aunque es de suponer que el euskera lo dejará tal cual, pues, a diferencia del gallego y del catalán -¡y del andalú!-, a "la Espe", el euskera le debe de sonar a nada.
Por el momento, la condesa consorte, que pasa el tiempo con las cositas de Madrid -como el que gobierna un cortijo- y mostrando zapatitos, ha tenido a bien hacerse campaña a sí misma en las elecciones catalanas, y allí que se ha ido para dejarse ver, o para apoyar las grandes ideas de Alicia Sánchez-Camacho -que dirán algunos politólogos-, política destacada, "la" Alicia Sánchez-Camacho, que busca padre para su hijo, por muy extraño que sea que una simple mortal tenga un hijo sin padre fuera de muy intensas mitologías -y es que es tan bonita la familia tradicional. Y yo te digo: "¡Bonita!".
He seguido con mucho interés el movimiento de la insaciabilidad de "la Espe" en tierras catalanas, he consultado de modo crítico diversos medios y me ha sorprendido la gracia con que uno de ellos presenta la noticia. Hay quien podría haber dicho que '"la Espe" habla en catalán', así, como titutar, o que '"la Espe" se atreve con el catalán', ventanas estas desde las que se anuncia el valor del agente al tratarse de un medio no habitual para sus movimientos. Sin embargo, lejos de cualquier halago, leo en Internet que "la Espe" 'pronuncia varias palabras en catalán', información que me conforta, por cuanto que es mucho más descriptiva que la común manera de jugar al periodismo que se practica en España.
En el equipo que siempre acompaña a "la Espe", y que tanto nos cuesta a los madrileños, alguien se habrá procurado un discursito apto para la altura intelectual de la matrona, y le habrá explicado también que es suficiente con abrir la e hasta la a, la mayoría de las veces, y con una cita de Josep Pla, tan apreciado por catalanes como por españoles -¡apréciese la simplicidad de las reglas!-, y que se regrese luego pa' Madrí, que todavía le daría tiempo para inaugurar unos columpios.
Y así discurre de entretenida y graciosa la campaña catalana. Nos iremos preparando.
Yvs Jacob
lunes, 22 de noviembre de 2010
En defensa de Juan Manuel de Prada
Dice De Prada que le insultan cuando camina por la calle, que le agreden verbalmente al gritarle "católico" e "intransigente", y que algún día puede suceder una desgracia. Claro, ¡qué bonita es la libertad de expresión!, ¡qué bien pensada está!, ¡qué tarde la hemos descubierto!, y ¡qué bien se ven los toros desde el estudio de Libertad Digital, donde hay más sabios y personas de buen juicio por metro cuadrado que bombillas! Pero, después, está la calle, que es donde siempre ha defendido el pueblo español sus diferencias; un pueblo atecnológico, el español, pero, tan realista, tan certero en su carácter rudimentario, un pueblo virtuoso, al fin y al cabo.
En la calle, algo en lo que no habían pensado los intelectuales [sic] de Libertad Digital, también es posible el ejercicio de la libertad de expresión. Frente al televisor, uno parecería gilipollas si, ante el busto pantagruélico de Juan Manuel de Prada, gritase "católico", "intransigente", porque esos gritos sólo llenan la pantalla de esputos, pero no es ese el objetivo, sino que alcancen a quien tienen que alcanzar. Y sólo hay dos maneras: o bien se envía un mensaje de texto a través del teléfono móvil para que aparezca en el programa que se emite -mensaje que, con seguridad, superará cualquier censura, incluso si es vejatorio para sus receptores, puesto que no parece que haya nadie arbitrando la espontaneidad, o, si lo hay, es obvio que no sabe leer-; o, si este método de respuesta se juzgase costoso -costoso es todo gasto que no merece la pena-, se opta por sacar provecho de un encuentro casual -¿o divino?- con Juan Manuel de Prada, que por las dimensiones que está adquiriendo es bastante fácil de distinguir entre la multitud del Barrio de Salamanca, si bien él piensa que destaca por "otras cosas".
Pero yo quiero defender a Juan Manuel de Prada porque creo que hay algo que no se puede negar: su catolicismo no le interesa a nadie; y es más, él mismo, tampoco. Si todavía fuese G. K. Chesterton, pero el católico español no sabe reír, aunque provoque la risa, desconoce la ironía, que es una manifestación predilecta de la inteligencia, y sólo sabe portar arietes que le pesan demasiado.
Por último, escuchando los berridos de Juan Manuel de Prada y la angustia que la vida amenazada despierta en él, recuerdo aquel juicio del sabio Voltaire cuando reflexionaba sobre la intolerancia del cristianismo-catolicismo. Porque emplear un medio de comunicación para informar del modo como piensan unos cuantos, y pretender que todo lo que piensan los demás es contrario a la razón, sólo pueden hacerlo unos católicos intolerantes, y los gritos que la gente les dirige en la calle no son sino los del reconocimiento. Un insulto es, por ejemplo, que a uno lo llamen "facha de mierda", que refiere a un modo particular de intolerancia, pero a la intolerancia absoluta se la conoce como "catolicismo", un término entre otros para la superstición.
Yvs Jacob
En la calle, algo en lo que no habían pensado los intelectuales [sic] de Libertad Digital, también es posible el ejercicio de la libertad de expresión. Frente al televisor, uno parecería gilipollas si, ante el busto pantagruélico de Juan Manuel de Prada, gritase "católico", "intransigente", porque esos gritos sólo llenan la pantalla de esputos, pero no es ese el objetivo, sino que alcancen a quien tienen que alcanzar. Y sólo hay dos maneras: o bien se envía un mensaje de texto a través del teléfono móvil para que aparezca en el programa que se emite -mensaje que, con seguridad, superará cualquier censura, incluso si es vejatorio para sus receptores, puesto que no parece que haya nadie arbitrando la espontaneidad, o, si lo hay, es obvio que no sabe leer-; o, si este método de respuesta se juzgase costoso -costoso es todo gasto que no merece la pena-, se opta por sacar provecho de un encuentro casual -¿o divino?- con Juan Manuel de Prada, que por las dimensiones que está adquiriendo es bastante fácil de distinguir entre la multitud del Barrio de Salamanca, si bien él piensa que destaca por "otras cosas".
Pero yo quiero defender a Juan Manuel de Prada porque creo que hay algo que no se puede negar: su catolicismo no le interesa a nadie; y es más, él mismo, tampoco. Si todavía fuese G. K. Chesterton, pero el católico español no sabe reír, aunque provoque la risa, desconoce la ironía, que es una manifestación predilecta de la inteligencia, y sólo sabe portar arietes que le pesan demasiado.
Por último, escuchando los berridos de Juan Manuel de Prada y la angustia que la vida amenazada despierta en él, recuerdo aquel juicio del sabio Voltaire cuando reflexionaba sobre la intolerancia del cristianismo-catolicismo. Porque emplear un medio de comunicación para informar del modo como piensan unos cuantos, y pretender que todo lo que piensan los demás es contrario a la razón, sólo pueden hacerlo unos católicos intolerantes, y los gritos que la gente les dirige en la calle no son sino los del reconocimiento. Un insulto es, por ejemplo, que a uno lo llamen "facha de mierda", que refiere a un modo particular de intolerancia, pero a la intolerancia absoluta se la conoce como "catolicismo", un término entre otros para la superstición.
Yvs Jacob
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