martes, 23 de noviembre de 2010

"La Espe" pronuncia varias palabras en catalán

¡Ojo con "la Espe", que ya va lanzada a meterse donde nadie la llama ni necesita!
"La Espe" se ha propuesto gobernar la nación española, y se está familiarizando con las lenguas del Estado, aunque es de suponer que el euskera lo dejará tal cual, pues, a diferencia del gallego y del catalán -¡y del andalú!-, a "la Espe", el euskera le debe de sonar a nada.
Por el momento, la condesa consorte, que pasa el tiempo con las cositas de Madrid -como el que gobierna un cortijo- y mostrando zapatitos, ha tenido a bien hacerse campaña a sí misma en las elecciones catalanas, y allí que se ha ido para dejarse ver, o para apoyar las grandes ideas de Alicia Sánchez-Camacho -que dirán algunos politólogos-, política destacada, "la" Alicia Sánchez-Camacho, que busca padre para su hijo, por muy extraño que sea que una simple mortal tenga un hijo sin padre fuera de muy intensas mitologías -y es que es tan bonita la familia tradicional. Y yo te digo: "¡Bonita!".
He seguido con mucho interés el movimiento de la insaciabilidad de "la Espe" en tierras catalanas, he consultado de modo crítico diversos medios y me ha sorprendido la gracia con que uno de ellos presenta la noticia. Hay quien podría haber dicho que '"la Espe" habla en catalán', así, como titutar, o que '"la Espe" se atreve con el catalán', ventanas estas desde las que se anuncia el valor del agente al tratarse de un medio no habitual para sus movimientos. Sin embargo, lejos de cualquier halago, leo en Internet que "la Espe" 'pronuncia varias palabras en catalán', información que me conforta, por cuanto que es mucho más descriptiva que la común manera de jugar al periodismo que se practica en España.
En el equipo que siempre acompaña a "la Espe", y que tanto nos cuesta a los madrileños, alguien se habrá procurado un discursito apto para la altura intelectual de la matrona, y le habrá explicado también que es suficiente con abrir la e hasta la a, la mayoría de las veces, y con una cita de Josep Pla, tan apreciado por catalanes como por españoles -¡apréciese la simplicidad de las reglas!-, y que se regrese luego pa' Madrí, que todavía le daría tiempo para inaugurar unos columpios.
Y así discurre de entretenida y graciosa la campaña catalana. Nos iremos preparando.


Yvs Jacob

lunes, 22 de noviembre de 2010

En defensa de Juan Manuel de Prada

Dice De Prada que le insultan cuando camina por la calle, que le agreden verbalmente al gritarle "católico" e "intransigente", y que algún día puede suceder una desgracia. Claro, ¡qué bonita es la libertad de expresión!, ¡qué bien pensada está!, ¡qué tarde la hemos descubierto!, y ¡qué bien se ven los toros desde el estudio de Libertad Digital, donde hay más sabios y personas de buen juicio por metro cuadrado que bombillas! Pero, después, está la calle, que es donde siempre ha defendido el pueblo español sus diferencias; un pueblo atecnológico, el español, pero, tan realista, tan certero en su carácter rudimentario, un pueblo virtuoso, al fin y al cabo.
En la calle, algo en lo que no habían pensado los intelectuales [sic] de Libertad Digital, también es posible el ejercicio de la libertad de expresión. Frente al televisor, uno parecería gilipollas si, ante el busto pantagruélico de Juan Manuel de Prada, gritase "católico", "intransigente", porque esos gritos sólo llenan la pantalla de esputos, pero no es ese el objetivo, sino que alcancen a quien tienen que alcanzar. Y sólo hay dos maneras: o bien se envía un mensaje de texto a través del teléfono móvil para que aparezca en el programa que se emite -mensaje que, con seguridad, superará cualquier censura, incluso si es vejatorio para sus receptores, puesto que no parece que haya nadie arbitrando la espontaneidad, o, si lo hay, es obvio que no sabe leer-; o, si este método de respuesta se juzgase costoso -costoso es todo gasto que no merece la pena-, se opta por sacar provecho de un encuentro casual -¿o divino?- con Juan Manuel de Prada, que por las dimensiones que está adquiriendo es bastante fácil de distinguir entre la multitud del Barrio de Salamanca, si bien él piensa que destaca por "otras cosas".
Pero yo quiero defender a Juan Manuel de Prada porque creo que hay algo que no se puede negar: su catolicismo no le interesa a nadie; y es más, él mismo, tampoco. Si todavía fuese G. K. Chesterton, pero el católico español no sabe reír, aunque provoque la risa, desconoce la ironía, que es una manifestación predilecta de la inteligencia, y sólo sabe portar arietes que le pesan demasiado.
Por último, escuchando los berridos de Juan Manuel de Prada y la angustia que la vida amenazada despierta en él, recuerdo aquel juicio del sabio Voltaire cuando reflexionaba sobre la intolerancia del cristianismo-catolicismo. Porque emplear un medio de comunicación para informar del modo como piensan unos cuantos, y pretender que todo lo que piensan los demás es contrario a la razón, sólo pueden hacerlo unos católicos intolerantes, y los gritos que la gente les dirige en la calle no son sino los del reconocimiento. Un insulto es, por ejemplo, que a uno lo llamen "facha de mierda", que refiere a un modo particular de intolerancia, pero a la intolerancia absoluta se la conoce como "catolicismo", un término entre otros para la superstición.


Yvs Jacob

jueves, 18 de noviembre de 2010

El diario "El Mundo" descubre la moral, pero sólo un poquito

¡Qué sorpresa nos hemos llevado hoy quienes veneramos a Platón!
Debo decir primero que estoy intrigado por el desorden mental que impera en Telemadrid, porque no logro resolver si es intencionado, como cabría pensar en un pueblo tan analfabeto, tal cual es el madrileño -o, "digamos que digamos", que decía un profesor, el español en general-, o si se trata nada más que de una azarosa reunión de patologías, para desgracia del ciudadano que se sienta ante el televisor y sintoniza una emisión que paga con sus impuestos. No obstante, me inclino, por mucho que la suerte se empeñase en ser perversa, por un error humano de tipo consciente, esto es, que la reunión de loros, cacatúas y trabucos en nómina por Telemadrid obedece a un cálculo de algún ser que habita en las alturas de la fantasía -quizá "la Espe"-, confundido en la tierra por la divina y mesiánica misión de guiar a los hombres. (Así es la derecha española, la favorita del único Dios -entérate bien, Georg Wilhelm Friedrich Hegel).
Pues me entero yo de que los trabajadores de "El Mundo" han denunciado en un comunicado la actitud de Salvador Sostres, uno de los trabucos de Telemadrid -trabucos del Partido Popular-, respecto de las relaciones heterosexuales con jovencitas en edad imputativa, algo contra lo que yo, por ejemplo, que soy de izquierdas -¿un bastardo rojo inmoral, tal vez?-, nada tengo que objetar, si bien desearía que este y otros carabineros no recibiesen ni un euro del erario público hasta que Telemadrid contrate no a opinadores mercenarios, sino a periodistas.
Este descubrimiento de la moral por parte de "El Mundo" da que pensar, especialmente tras los editoriales que ha dedicado el diario a defender a Fernando Sánchez Dragó y a recordar a los lectores, por ejemplo, que con trece años se pueden mantener relaciones sexuales consentidas dentro de la legalidad, aunque el problema a tratar fuese de otro tipo, ligado a la decencia en sociedad, lo que no siempre contempla la fabulosa ley de los hombres.
Esta contradicción sólo es posible a partir del peso del carnero a sacrificar. En la estima carabinera, el trabuco Sostres pesa, debe entenderse, mucho menos que el trabuco Sánchez Dragó. Cabe referir que al Partido Popular regalan su voto muchas buenas personas, cuyos prejuicios sobre el modo como debe organizarse y funcionar una sociedad son comprensibles y no necesariamente censurables, aunque afecten al concepto de libertad. Pero el Partido Popular y los medios "de su entorno" tratan a esos votantes como basura, o como completos idiotas. No obstante, alguien ha debido de percibir que tanto insistir con el "folleteo" en ese prolongado umbral de la inmadurez podría hastiar a las buenas personas de la derecha tradicional, las mismas a las que hay que recordar en otros editoriales, cuando se acercan las elecciones, que los rojos asesinaron a miles y miles y miles de religiosos durante la Guerra Civil, y "El Mundo", uno de los espacios desde los que trabuca el trabuco Sostres, ha representado una comedia para la cual no había público prevenido: la expiación con uno de los suyos, un teatrillo muy de derechas -pero más tarde alguien dirá que, en realidad, a Salvador Sostres le huele mal el aliento, y, mucho peor, los pies.


Yvs Jacob

martes, 16 de noviembre de 2010

La lógica nacionalista de Josep Ramoneda

¡Oh, qué bueno es tener siempre un sabio a mano! Si no fuese catalán, diríase que Ramoneda es una cima en el pensamiento sociopolítico español, tan famélico como los restantes pensamientos españoles.
Ramoneda llama la atención sobre el aumento del sentimiento independentista catalán, y, ¡atención!, si catalán, el nacionalismo deja de ser el discurso burgués infantil y anacrónico que podría motivar hilaridad en otros pueblos, para mostrarse en su forma adulta y serena, propia de una ciudadanía culta, crítica y sensible, convencida de que España coarta la expresión de su naturalidad, su identidad; es un nacionalismo, pues, de muy altas esferas.
Y Ramoneda analiza los datos: si ahora el sentimiento corresponde al 42% de la población catalana, hace seis años, el porcentaje era del 30%, y, años atrás, del 20%... Luego el aumento es imparable y significativo, y habrá que afrontar el hecho tarde o temprano, así como sus consecuencias.
Pero ¡ojo con los datos! A mí los datos también me fascinan, porque refieren a la población de España, o de una parte, y permiten concluir, por ejemplo, que Rosa Díez, que apenas sale en los medios ni hace nada visible fuera de los desfiles de moda, llega más al ciudadano que Mariano Rajoy o el presidente Rodríguez Zapatero -¡es más capaz!-; o, en otro orden, como reflejaba una encuesta muy reciente, que hay en España más católicos que gente que cree en Dios, y me pregunto si algo tan descacharrante no expresa que hayamos perdido aquí todos el juicio, o al menos una parte muy importante.
Dice don Josep que, para lograr un porcentaje tan alto -42%-, ha tenido que sumarse al catalán viejo el hijo del nuevo catalán. ¡Qué interesante! Cuando gobernaba CiU, había menos independentistas que después del gobierno del PSC, ¿qué ha podido pasar? Se me ocurre que algo muy parecido a lo que sucedía al PNV con ETA: que la segunda meneaba el árbol y el primero recogía las manzanas. Está claro que el PSC ha desgastado a la izquierda en Catalunya, la ha saturado con tantos platos como le ponía a la mesa, y por eso perderá las elecciones, porque el ciudadano que votaba a la izquierda se ha dado cuenta de que, en lo esencial, que no es la economía en Catalunya, sino el circo nacionalista de todos los días, es mejor confiar en quienes venían con la idea desde el principio, los que mejor han gestionado el odio en las instituciones y universidades.
Si ahora hay mucha gente de izquierdas tan preocupada por el destino divino de Catalunya, el odio ha triunfado, porque ha aumentado la confusión entre los catalanes, y quieren saber de una vez lo que son.
Yo sospecho que, en efecto, todo es una gran confusión. La gente responde a las preguntas como si se tratase de defender al Barça frente al Real Madrid, o como si pudisese decidirse que el río Llobregat llevase agua salada. Quiero decir que no entiende absolutamente nada, y que los partidos políticos alimentan una nostalgia psicótica, por cuanto que pretenden insuflar la añoranza de algo que nunca ha existido en la forma que algunos desean.
Por otra parte, la encuesta, que es lo importante, no ha dejado pasar tanto tiempo como los manipuladores informativos creen, porque en verano se hicieron consultas soberanistas que produjeron tristeza de tanto patetismo, sobre todo por la escasísima participación. La encuesta que arroja los datos se debe al Instituto Opina, que cocina el Pulsómetro de la Cadena Ser, un singular indicador que tiene esa propiedad acordeónica de estirarse y encogerse varias veces al día, como si las opiniones sobre las que versa el estudio pudieran ser tan cambiantes, siquiera de una semana a otra. Insisto en que la gente responde a las preguntas igual que sentencia que mañana hará frío o calor.
Una vez más, los medios de comunicación y sus cabezas a sueldo se empeñan en inventar la realidad, lo que resulta descorazonador si se espera de la izquierda, frente al fanatismo patológico de la derecha, que mantenga los pies en el suelo por un prurito constructivo de convivencia pacífica.
¡Viva el analfabetismo español!


Yvs Jacob

lunes, 15 de noviembre de 2010

Esperancita de los sepelios

No hay hombre de bien que se lleve Dios que no acuda allí "la Espe" a hacerse una fotografía. Para completar la escena, "la Espe" suelta ante los medios alguna que otra obviedad -para las cuales es ella muy obvia. Como "la Espe" es persona institucionalísima, piensa que debe presentarse allí donde haya un burro volando. Pero le sucede a "la Espe" lo mismo que a los Parlamentos, a saber: que a veces representan demasiado, y habría que limitar tanto representar. Porque la ley sí consigue aquello en que yerra siempre la moral, y ya que "la Espe" no encuentra límites a su insana ambición, esto es, ya que la moral se le ha agarrado menos al alma que la cultura, habría que denominarla, por ley, "persona no grata en los sepelios", al menos en aquellos donde se despide a personas que han dedicado su vida a combatir los no-valores que "la Espe" representa, y cuya mejor exhibición es precisamente la desvergüenza de presentarse donde no pinta nada.
Concedo que Luis García Berlanga haya confundido a "la Espe", porque Berlanga se volvió un hombre mayor de los que escriben en ABC, y tal vez "la Espe" sintió la llamada para colaborar con los de su clase, superado el humorismo franquista, que tanto divirtió con las supersticiones españolas. No obstante, nada, pero absolutamente nada tenía que hacer "la Espe" en la sede de CCOO cuando falleció el histórico Marcelino Camacho, y menos aun cuando "la Espe" está ahogando a los sindicatos en Madrid, de los cuales tiene ya la ciudadanía una imagen criminal gracias al liberalismo vandálico del Partido Popular madrileño.
Yvs Jacob, que ya piensa en sus homenajes cuando Dios lo llame a poner orden en "las otras cosas", impedirá que acudan a ellos los cazavotos de la derecha española, y se reirá en la eternidad si a alguno que apareciese le acertaran en la cabeza como a una piñata.


Yvs Jacob