Todavía no se ha hecho público el informe, pero las urgencias de los hospitales de toda España se colapsaron tras la emisión en los distintos informativos de televisión de la semblanza que María Dolores de Cospedal hizo el pasado viernes del nuevo gran líder conservador, y terror de los mercados, Mariano Rajoy. Dijo la Dolores cosas muy bonitas en su estilo, esto es, sin creérselas y sin que las creyese nadie, pero obligatorias en una feria donde algún espabilado había montado un puestecito andaluz, con mecheros y llaveros en forma de medalla con la efigie de los más brillantes políticos españoles del momento, cerca del orgasmo como debe de dejarlo a uno encender un cigarrillo con la cara de Arenas Bocanegra o abrir el buzoncito y mirar a la Dolores tan de cerca, concentrada en la medallita, mientras se observan, por ejemplo, las facturas que no se van a pagar, porque aquí somos muy de derechas.
A la Dolores le habían escrito una nota con los términos precisos del homenaje, pero no supo la sublime presidenta de la tierra que reniega de haber sido campesina hacer que las palabras sonaran a nada más que patraña. Tanto por lo increíble de que Rajoy sea tan maravilloso como quiso publicar la Dolores, como por que la misma Dolores dijese algo con sinceridad, por todo ello, no hicieron los "populares" sino otro mal teatrillo, al que tanto han acostumbrado a los españoles, aunque fue tan repugnante aquel hiperbólico elogio que muchos, con un malestar para el que no sirve otro medicamento que el llanto, acudieron a sus centros médicos más cercanos en busca de más dolor, para anular el primero y muy agudo, y uno se acuerda de algo leído en los libros de historia, de aquellos remedios donde era figura obligatoria la sangría, que mataba en poco tiempo al medio muerto, y, raras veces, lo sanaba.
Sigue el festejo por los ministerios, secretarías y subsecretarías de Estado, incluso cuando el poeta González Pons ha puesto en conocimiento de los españoles que sobran políticos, que el Congreso podría prescindir sin el menor trastorno de al menos 50 pensionistas tempranos, si bien nada ha dicho de su caso, si se encuentra en la partida o si piensa, tras haber soportado con su tronco el pesado ariete contra el infiel, dedicarse a la locución de audiolibros, por ejemplo, una vez llegada a su clímax la orgía de la victoria del PP. Se entiende que González Pons no se refiere a su partido, sino a los demás, porque el derecho a llevar a un cualquiera en sus listas es en realidad un privilegio de quienes vigilan el orden de la sociedad española, los "populares", que han conseguido, democráticamente, reparar su histórico error del pasado, haberse pasado a la democracia, que en apenas un mes abandonará la simpática tierra de la farándula, si es que el PP obtiene la mayoría absoluta que desde hace tanto muchos celebran.
La cosa se va poniendo fea, y cada día, más.
Yvs Jacob
martes, 11 de octubre de 2011
viernes, 7 de octubre de 2011
Josemari sufre un nuevo ataque de "etatitis"
En el Partido Popular han sacado ya los cacahuetes y no tienen sus dirigentes la menor duda de que, allí donde los arrojan, allí aciertan siempre en un monigote. La última aparición de José María Aznar en la feria malagueña montada por el Partido Popular llenó a sus asistentes de júbilo celestial al pronunciarse el nombre de la banda terrorista vasca, reconocida tiempo atrás como Movimiento Vasco de Liberación Nacional por el propio expresidente, apenas descubierto que era la vivísima reencarnación de Don Pelayo, padre de las Españas. Los aplausos pusieron a prueba articulaciones y falanges, y la salivación aumentó entre el público, como ya demostrase el conductismo de Pavlov la eficacia de vincular un estímulo a una respuesta, esto es, que se puede lograr de cualquier animal cualquier cosa, por muy incoherentes que sean el modo de solicitud y lo solicitado. A mí ya no me quedan fuerzas para reírme de quienes aplaudían a Josemari por regresar a la manipulación de la lucha antiterrorista. Uno sólo puede preguntarse si tantos vitoreadores son algo más que pellejos rellenos de mierda, ¡pobres diablos!
La "etatitis" obsesiva de Josemari es mucho más que el resentimiento y el odio comprensible en alguien que haya sufrido un atentado terrorista. A Josemari le duele que ETA haya sido derrotada por otros, y que lo haya sido por encima de todos los impedimentos con que ha jugado el Partido Popular -no se olviden la división entre las víctimas, la renta electoral que se ha querido obtener de las negociaciones o la persecución mediática (y felizmente judicial para algunos) de los profesionales al frente de la lucha antiterrorista en el "caso Faisán"... que nada de esto se olvide. A Josemari le duele que le hayan arrebatado esa pringosa piruleta, él que se creía destinado a ser el único en darle lametones.
A todo esto, celebran ya los "populares" una victoria electoral demasiado anticipada, una muestra más de su sano espíritu democrático, actitud insólita entre muchas otras de las que informan a los españoles de algo que no deben seguir ignorando: al Partido Popular el derecho al voto no le sienta bien -si hasta se comenta a carcajadas dentro de la formación que fulanito o menganito ocuparán tal o cual cargo...
Por mucho que sea cierta la teoría que afirma que la crisis se lleva por delante a quien pilló en el gobierno de cada nación, más allá de que representara una tendencia política muy o muy poco de derechas o izquierdas, la peculiaridad española exige ir con mucho cuidado a votar. Las anteriores elecciones autonómicas y locales entregaron demasiado poder con demasiada alegría a un partido que sólo busca legitimidad, un partido al que nada detiene, en la insaciabilidad de su atropello, y al que se refrenda al revalidar sus actitudes y sus modos sin el menor reparo del daño que resulta para una sociedad como la española. Sus ideodos dieron con la fórmula infalible: cuanto más daño, mejor.
Leo que también María Dolores de Cospedal se ha contagiado la "etatitis" -imagino que a no mucho tardar el brote se habrá extendido a González Pons, Sorayita, Arenas Bocanegra...
¡Ay, los españoles! ¡Si entendieran alguna vez que en las elecciones se trata de elegir... bien!
(Cómo no acordarse ahora del mitin ya mítico de la Espe en las últimas elecciones, cuando, delante de Josemari, dijo aquello de la hipocresía de los socialistas españoles, por haber sido DSK director de FMI y, por entonces, acusado de violación... No les votéis, joder, si no es tan difícil darse cuenta...).
Yvs Jacob
P. D.: Esta mañana ha rescatado la Cadena Ser unas deliciosas declaraciones de Josemari a propósito de su arrogante generosidad personal para con los terroristas si abandonasen la lucha armada. A veces, Josemari, que tan acostumbrados nos tiene a la mezquindad, nos proporciona un pequeño entretenimiento: en esta ocasión se aprecia el concepto "popularísimo" del gobierno democrático, que no puede consistir sino en yo, yo y yo.
La "etatitis" obsesiva de Josemari es mucho más que el resentimiento y el odio comprensible en alguien que haya sufrido un atentado terrorista. A Josemari le duele que ETA haya sido derrotada por otros, y que lo haya sido por encima de todos los impedimentos con que ha jugado el Partido Popular -no se olviden la división entre las víctimas, la renta electoral que se ha querido obtener de las negociaciones o la persecución mediática (y felizmente judicial para algunos) de los profesionales al frente de la lucha antiterrorista en el "caso Faisán"... que nada de esto se olvide. A Josemari le duele que le hayan arrebatado esa pringosa piruleta, él que se creía destinado a ser el único en darle lametones.
A todo esto, celebran ya los "populares" una victoria electoral demasiado anticipada, una muestra más de su sano espíritu democrático, actitud insólita entre muchas otras de las que informan a los españoles de algo que no deben seguir ignorando: al Partido Popular el derecho al voto no le sienta bien -si hasta se comenta a carcajadas dentro de la formación que fulanito o menganito ocuparán tal o cual cargo...
Por mucho que sea cierta la teoría que afirma que la crisis se lleva por delante a quien pilló en el gobierno de cada nación, más allá de que representara una tendencia política muy o muy poco de derechas o izquierdas, la peculiaridad española exige ir con mucho cuidado a votar. Las anteriores elecciones autonómicas y locales entregaron demasiado poder con demasiada alegría a un partido que sólo busca legitimidad, un partido al que nada detiene, en la insaciabilidad de su atropello, y al que se refrenda al revalidar sus actitudes y sus modos sin el menor reparo del daño que resulta para una sociedad como la española. Sus ideodos dieron con la fórmula infalible: cuanto más daño, mejor.
Leo que también María Dolores de Cospedal se ha contagiado la "etatitis" -imagino que a no mucho tardar el brote se habrá extendido a González Pons, Sorayita, Arenas Bocanegra...
¡Ay, los españoles! ¡Si entendieran alguna vez que en las elecciones se trata de elegir... bien!
(Cómo no acordarse ahora del mitin ya mítico de la Espe en las últimas elecciones, cuando, delante de Josemari, dijo aquello de la hipocresía de los socialistas españoles, por haber sido DSK director de FMI y, por entonces, acusado de violación... No les votéis, joder, si no es tan difícil darse cuenta...).
Yvs Jacob
P. D.: Esta mañana ha rescatado la Cadena Ser unas deliciosas declaraciones de Josemari a propósito de su arrogante generosidad personal para con los terroristas si abandonasen la lucha armada. A veces, Josemari, que tan acostumbrados nos tiene a la mezquindad, nos proporciona un pequeño entretenimiento: en esta ocasión se aprecia el concepto "popularísimo" del gobierno democrático, que no puede consistir sino en yo, yo y yo.
jueves, 6 de octubre de 2011
Ana Botella respira divinamente (¡y qué bien huelen los culitos!)
¡Por el Dios de los cristianos, qué santa paciencia tenemos los demócratas españoles!
Fue con la familia Aznar que nos enteramos de que la polución es de derechas -por si alguien dudada de que la política no es todas las cosas-, dejamos de pensar que tanta contaminación atmosférica era un despropósito para convencernos de que no afecta en absoluto a nuestras vidas, y quién sabe si este problema "afectará siquiera a nuestros nietos" -¡aplausos! Más o menos, eso dijo Josemari.
Cuidar del planeta es una patraña con la que esos tristes antaño rojos quieren ganar unos miserables votos, pero lo que se lleva es la mierda, la suciedad, y todo tipo de excesos, ya sean estéticos, urbanísticos, acústicos o gaseosos, se corresponden mejor con el modo de vida que el Partido Popular quiere para todos nosotros, y que se expresa en este principio de insuperable racionalismo emocional: aquí todo va bien, a menos que intervengan los socialistas, que estropean aquello que tocan. Así, con este feroz entusiasmo de los guardianes del poder, hemos dado al Partido Popular la mayoría absoluta en el Ayuntamiento, en la Comunidad de Madrid, y a punto estamos de abandonar todo el juguetito en sus manos, como no espabilemos de aquí al 20-N y se consume el suicidio colectivo que avanzan las encuestas.
Como nunca pasa nada -la gente protesta por ocio y por vicio-, hemos permitido que aquí y allí saque la cabeza un incompetente, porque en el Partido Popular no hay quien comprenda para qué sirven las elecciones democráticas ni qué se supone que debe hacer un gestor público salido de las urnas. Es así como Ana Botella ha llegado a ponerse al frente de asuntos que ni puede dirigir ni le interesan, pero que le permiten acudir a la ópera entre las autoridades, porque en estos asuntos propios de la representatividad, como en tantos otros, los políticos del Partido Popular son muy decimonónicos, y todo su empeño consiste en ir y hacerse ver con la suntuosidad del cargo allí donde quienes los ven sólo piensan que son unos pobres diablos.
¡Qué estupidez alejarse y negar la realidad!
La ciudad está llena de mierda y huele a mierda, los españoles somos unos cerdos incorregibles y circulamos por cualquier calle como si estuviésemos en la autovía. Entiendo que esto no es culpa de Ana Botella, sino, una vez más, un problema cultural de una raza mediocre abandonada a su suerte por falta de moral. Sí es culpable Ana Botella de las consecuencias, en tanto que se empeña en negar la realidad. Cualquiera que divise Madrid desde un edificio alto a las afueras aprecia sin la menor manipulación ideológica que vamos a morir envenenados por culpa de unos cretinos que están al mando.
Esto no puede continuar así. Los españoles deben despertar de una vez de la anestesia suministrada por el ideario de Interlobotomía, una victoria con mayoría absoluta del Partido Popular hará que sea irrespirable mucho más que el aire...
Yvs Jacob
Fue con la familia Aznar que nos enteramos de que la polución es de derechas -por si alguien dudada de que la política no es todas las cosas-, dejamos de pensar que tanta contaminación atmosférica era un despropósito para convencernos de que no afecta en absoluto a nuestras vidas, y quién sabe si este problema "afectará siquiera a nuestros nietos" -¡aplausos! Más o menos, eso dijo Josemari.
Cuidar del planeta es una patraña con la que esos tristes antaño rojos quieren ganar unos miserables votos, pero lo que se lleva es la mierda, la suciedad, y todo tipo de excesos, ya sean estéticos, urbanísticos, acústicos o gaseosos, se corresponden mejor con el modo de vida que el Partido Popular quiere para todos nosotros, y que se expresa en este principio de insuperable racionalismo emocional: aquí todo va bien, a menos que intervengan los socialistas, que estropean aquello que tocan. Así, con este feroz entusiasmo de los guardianes del poder, hemos dado al Partido Popular la mayoría absoluta en el Ayuntamiento, en la Comunidad de Madrid, y a punto estamos de abandonar todo el juguetito en sus manos, como no espabilemos de aquí al 20-N y se consume el suicidio colectivo que avanzan las encuestas.
Como nunca pasa nada -la gente protesta por ocio y por vicio-, hemos permitido que aquí y allí saque la cabeza un incompetente, porque en el Partido Popular no hay quien comprenda para qué sirven las elecciones democráticas ni qué se supone que debe hacer un gestor público salido de las urnas. Es así como Ana Botella ha llegado a ponerse al frente de asuntos que ni puede dirigir ni le interesan, pero que le permiten acudir a la ópera entre las autoridades, porque en estos asuntos propios de la representatividad, como en tantos otros, los políticos del Partido Popular son muy decimonónicos, y todo su empeño consiste en ir y hacerse ver con la suntuosidad del cargo allí donde quienes los ven sólo piensan que son unos pobres diablos.
¡Qué estupidez alejarse y negar la realidad!
La ciudad está llena de mierda y huele a mierda, los españoles somos unos cerdos incorregibles y circulamos por cualquier calle como si estuviésemos en la autovía. Entiendo que esto no es culpa de Ana Botella, sino, una vez más, un problema cultural de una raza mediocre abandonada a su suerte por falta de moral. Sí es culpable Ana Botella de las consecuencias, en tanto que se empeña en negar la realidad. Cualquiera que divise Madrid desde un edificio alto a las afueras aprecia sin la menor manipulación ideológica que vamos a morir envenenados por culpa de unos cretinos que están al mando.
Esto no puede continuar así. Los españoles deben despertar de una vez de la anestesia suministrada por el ideario de Interlobotomía, una victoria con mayoría absoluta del Partido Popular hará que sea irrespirable mucho más que el aire...
Yvs Jacob
martes, 4 de octubre de 2011
Pedro J. Ramírez asegura haber escrito "una obra académica"
Cómo se ha disparado la alucinación entre los españoles...
Hacía tiempo que no veía el programa de Fernando Sánchez Dragó. No había descubierto todavía que ha sido desplazado a La Otra, el segundo canal de la muy educativa, democrática y plural televisión pública madrileña, por cuya gestión se ha interesado, al parecer, la BBC, y se habría popularizado entre sus directivos la expresión "nido de periodistas" en referencia al equipo de profesionales de Telemadrid.
Dejé a un lado el muy tierno Wilhelm Meisters Lehrjare, insoportable como encuentro que un hombre se marche a la cama con tanta felicidad en los tiempos que corren, y apuré hasta el último esfuerzo para ver esa nueva butaca donde Sánchez Dragó sienta ahora a sus invitados en una posición harto incómoda, no sólo porque se obliga al intelectual de turno a estar cerca de los libros, sino por privársele de la posibilidad de arrellanarse, disposición mucho más apropiada cuando uno acude a la tele a hablar de lo suyo.
Y allí estaba Pedro J. Ramírez, encajonado en el estante, vendiendo El primer naufragio, otro libelo innecesario, con esa virtud humanitaria de la derecha para ver la paja en el ojo ajeno -el tema es la Revolución francesa, y ya se sabe lo mucho que se teme en el ámbito conservador a cualquier intento de transformación del mundo, ¡con lo bien que podría estar si los pobres se conformasen con lo que les ha tocado vivir! ¡Si es Dios quien reparte la suerte! ¡Seremos infelices y tontos...!
Sánchez Dragó no le hizo muchas preguntas, porque respondía Pedro J. con extensas defensas sobre la intención y la calidad de su obra. Me impresionó su empeño en escribir "una obra académica", su intención de "polemizar con los grandes historiadores de izquierdas", historiadores franceses, claro, porque a los historiadores de izquierdas españoles es suficiente con acusarlos de desinformación y de reabrir heridas y cunetas guerracivilistas desde algún editorial, si no una tribunita aleccionadora de las que ceden los chiringuitos de comunicación audiovisual a sus próceres con pajarita o tirantes.
Pedro J. no dudaba de la siguiente regla: si se utilizan fuentes primarias, entonces la obra es académica -¡jájaja, qué bueno! Se plantea aquí un problema de metodología de la historia que apenas puedo esbozar. Por lo pronto, me recuerda una situación vivida en mis tiempos de universitario, cuando uno de mis profesores exigía que no se le entregasen trabajos con menos de 20 citas, ¿acaso 19 no es una cantidad académica? Un problema similar. Por fortuna, no sólo aprendimos a citar en la cantidad correcta, sino también a valorar la fuente, y lo más importante, a no tomar perca por bacalao. Un vistazo a los títulos ya escritos por Pedro J. basta para descartar la supuesta academicidad de este último. No obstante, disparates siempre habrá en el mundo académico español, y algún incorregible incluirá el desmán grafomaníaco de Pedro J. en su triste bibliografía, igual que aquella otra profesora que también tuve, que no dudaba en recomendarnos los libritos de Ken Follet por su fidelidad en la recreación del mundo medieval.
Libelillo innecesario, pues. Además, debe reconocérsele a Pedro J. su labor en el periodismo-ficción del presente, la institucionalización de la realidad en tiempo real; la alteración de hechos pasados debe situarse en un escalón notablemente inferior -sólo por esa labor ya podría ser canjeado en la institución pertinente por un Goytisolo.
En definitiva, una obrita que hará las delicias de los lectores de César Vidal y Ana Samboal, entre otros documentadísimos y sabios analistas de la realidad, sin los cuales nuestra sociedad sería derrotada por los vicios del exacerbado libertarismo.
Yvs Jacob
Hacía tiempo que no veía el programa de Fernando Sánchez Dragó. No había descubierto todavía que ha sido desplazado a La Otra, el segundo canal de la muy educativa, democrática y plural televisión pública madrileña, por cuya gestión se ha interesado, al parecer, la BBC, y se habría popularizado entre sus directivos la expresión "nido de periodistas" en referencia al equipo de profesionales de Telemadrid.
Dejé a un lado el muy tierno Wilhelm Meisters Lehrjare, insoportable como encuentro que un hombre se marche a la cama con tanta felicidad en los tiempos que corren, y apuré hasta el último esfuerzo para ver esa nueva butaca donde Sánchez Dragó sienta ahora a sus invitados en una posición harto incómoda, no sólo porque se obliga al intelectual de turno a estar cerca de los libros, sino por privársele de la posibilidad de arrellanarse, disposición mucho más apropiada cuando uno acude a la tele a hablar de lo suyo.
Y allí estaba Pedro J. Ramírez, encajonado en el estante, vendiendo El primer naufragio, otro libelo innecesario, con esa virtud humanitaria de la derecha para ver la paja en el ojo ajeno -el tema es la Revolución francesa, y ya se sabe lo mucho que se teme en el ámbito conservador a cualquier intento de transformación del mundo, ¡con lo bien que podría estar si los pobres se conformasen con lo que les ha tocado vivir! ¡Si es Dios quien reparte la suerte! ¡Seremos infelices y tontos...!
Sánchez Dragó no le hizo muchas preguntas, porque respondía Pedro J. con extensas defensas sobre la intención y la calidad de su obra. Me impresionó su empeño en escribir "una obra académica", su intención de "polemizar con los grandes historiadores de izquierdas", historiadores franceses, claro, porque a los historiadores de izquierdas españoles es suficiente con acusarlos de desinformación y de reabrir heridas y cunetas guerracivilistas desde algún editorial, si no una tribunita aleccionadora de las que ceden los chiringuitos de comunicación audiovisual a sus próceres con pajarita o tirantes.
Pedro J. no dudaba de la siguiente regla: si se utilizan fuentes primarias, entonces la obra es académica -¡jájaja, qué bueno! Se plantea aquí un problema de metodología de la historia que apenas puedo esbozar. Por lo pronto, me recuerda una situación vivida en mis tiempos de universitario, cuando uno de mis profesores exigía que no se le entregasen trabajos con menos de 20 citas, ¿acaso 19 no es una cantidad académica? Un problema similar. Por fortuna, no sólo aprendimos a citar en la cantidad correcta, sino también a valorar la fuente, y lo más importante, a no tomar perca por bacalao. Un vistazo a los títulos ya escritos por Pedro J. basta para descartar la supuesta academicidad de este último. No obstante, disparates siempre habrá en el mundo académico español, y algún incorregible incluirá el desmán grafomaníaco de Pedro J. en su triste bibliografía, igual que aquella otra profesora que también tuve, que no dudaba en recomendarnos los libritos de Ken Follet por su fidelidad en la recreación del mundo medieval.
Libelillo innecesario, pues. Además, debe reconocérsele a Pedro J. su labor en el periodismo-ficción del presente, la institucionalización de la realidad en tiempo real; la alteración de hechos pasados debe situarse en un escalón notablemente inferior -sólo por esa labor ya podría ser canjeado en la institución pertinente por un Goytisolo.
En definitiva, una obrita que hará las delicias de los lectores de César Vidal y Ana Samboal, entre otros documentadísimos y sabios analistas de la realidad, sin los cuales nuestra sociedad sería derrotada por los vicios del exacerbado libertarismo.
Yvs Jacob
sábado, 1 de octubre de 2011
Ana Botella "noh quiere gobelnal"
Oído en Madrid, y de muy buena fuente. El alcalde, señor Ruiz-Gallardón, da por concluido su ciclo de mayorías absolutas en la región -el ego le pide más (y tal vez un túnel desde Finisterra hasta Algeciras). Aunque no irá en las listas del Partido Popular para el 20-N, sí se cuenta con él como próximo ministro del Interior, siempre y cuando haya tantos simples o pobres desgraciados que se traguen el anzuelo de que Mariano Rajoy es un arma eficaz para mantener a raya a los mercados -¡ay, para, para, que mese descuelga el hígado! A falta de una cabeza visible en Madrid tras la última erupción del ego del señor Ruiz-Gallardón, todo apunta a que su puesto sería ocupado por la meritoria Ana Botella, que anda metida desde hace unos años en politiquerías, y si bien ha recibido el encargo de afrontar determinadas responsabilidades, ningún beneficio ha obtenido la ciudadanía de su acción, a menos que quiera hacerse responsable la donna de la gran cantidad de mierda que por todas partes se aprecia en la ciudad. (Lo veo poco probable, una mujer que necesita tres coches para ir a la peluquería y dice que los docentes trabajan menos que un administrativo del Ayuntamiento, persona cabal y bien informada). Puede que sólo a mí se me antoje, pero existe un cierto o muy preciso parecido de familia en el modo como se comportan los políticos del Partido Popular con responsabilidades de gestión -yo prefiero siempre ese término al más técnico de gobierno, y que por falta de cultura política no se puede aplicar a la sociedad española hasta que no elija con buena fe a sus representantes. Quiero decir que, por ejemplo, la Espe, que se encuentra al frente de los asuntos de la Comunidad de Madrid en general, lejos de gestionarla con eficacia, continuamente alimenta la bronca y el enfrentamiento guerracivilista. A mí me de una risa casi divina cuando le escucho decir que en la educación se están haciendo "huelgas políticas"... ¡Hombre, no van a ser huelgas de bocadillos! A acciones ideológicas y políticas -recortes sociales, pero subvención en el gasto de quienes pueden pagar sus colegios privados- les corresponden reacciones políticas -huelgas, manifestaciones... Hay que pensar en todo esto porque luego llegan las elecciones y elegimos a quien pone en mayor peligro la vida en sociedad y el progreso en todos sus aspectos, siempre creyendo que es mejor quien más cojones tiene (o más burro es), cuando lo que hay que valorar es otra cosa.
En un nivel inferior -y eso que la Espe ya se encuentra en uno de cuidado-, se dice en Madrid que Ana Botella se encarga de limpiar la ciudad y de recoger la basura. Bueno, con el pañuelo anudado en el pelo no se la ha visto, porque ella gestiona desde un despachito, ¿para qué se iba a querer un cargo público si no llevase asociada ninguna ostentación? Claro, visto así...
Un día tras otro, y no voy a decir que no haya nadie barriendo las calles de Madrid, yo me pregunto cómo puede parecer la ciudad un suburbio de La Paz o de Lima: las aceras huecas, socavadas, llenas de accidentes; las baldosas sueltas, mal colocadas; restos de obras domésticas en los rincones de las calles más céntricas, residuos orgánicos, mierdas de perro, restos de orina humana... Sería injusto atribuir la autoría de tales actos incívicos a Ana Botella -si tiene un despacho, con seguridad tiene su propio retrete. Yo no dudo de que en Madrid vivimos como cerdos porque se encuentran entre nosotros muchos hijos de la gran puta. No obstante, esta explicación resiste si la mierda de perro, el saco de obra o el cartón de vino fueran retirados al día siguiente de su aparición en mi calle. Cuando junto a una mierda perro aparecen dos, cuando a un saco le sucede un montón, cuando una meada humana se convierte en pegamento por la acumulación de fluidos, entonces tenemos un problema de gestión -de gobierno. No nos engañemos. Tenemos los españoles sobre todo un problema cultural: nos gusta la mierda en todas sus formas -la mierda en el arte, en la educación, en el ocio y, claro, en la política. ¡Cómo no iba a gustarnos la mierda en nuestras calles! No debe extrañarnos que los chinos se sientan aquí como en casa.
En el barrio ya empezamos a temer un alcaldato de Ana Botella tanto como a un bocado de su dentadura; tememos que confunda, porque estos populares todo lo confunden, su cargo con el de Delegada del Gobierno, sino presidenta de república, y vayamos de mal en peor, sin dedicar la atención debida a las grandes cosas pequeñas, que son nuestros problemas cotidianos. Un pueblo de retrasados mentales como el nuestro evoluciona adecuadamente hacia el Estado policial por falta de moral. Como no sabemos elegir a nuestros gobernantes, como las instituciones de gobierno han sido despojadas además de cualquier intencionalidad formativa, reaccionaria como es la derecha a la educación de las masas, puesto que todo puede conseguirse de ellas cuando son analfabetas, la sociedad española camina hacia la presencia omnisciente de la autoridad. Luego se habla por aquí de los países de nuestro entorno...
No puede sacarse otra conclusión: los problemas de los españoles no se resuelven con más dinero, sino con buenas leyes y mejores gobernantes. El Partido Popular sólo encuentra culpables en la fila de enfrente, actitud que lo hace todo más difícil -si no costase ya bastante someter la anarquía instintiva de los españoles para el bien común...
Creo que con una aventurera al frente de las cosas de los madrileños es suficiente.
¡No votéis al Partido Popular, hostias!
Yvs Jacob
En un nivel inferior -y eso que la Espe ya se encuentra en uno de cuidado-, se dice en Madrid que Ana Botella se encarga de limpiar la ciudad y de recoger la basura. Bueno, con el pañuelo anudado en el pelo no se la ha visto, porque ella gestiona desde un despachito, ¿para qué se iba a querer un cargo público si no llevase asociada ninguna ostentación? Claro, visto así...
Un día tras otro, y no voy a decir que no haya nadie barriendo las calles de Madrid, yo me pregunto cómo puede parecer la ciudad un suburbio de La Paz o de Lima: las aceras huecas, socavadas, llenas de accidentes; las baldosas sueltas, mal colocadas; restos de obras domésticas en los rincones de las calles más céntricas, residuos orgánicos, mierdas de perro, restos de orina humana... Sería injusto atribuir la autoría de tales actos incívicos a Ana Botella -si tiene un despacho, con seguridad tiene su propio retrete. Yo no dudo de que en Madrid vivimos como cerdos porque se encuentran entre nosotros muchos hijos de la gran puta. No obstante, esta explicación resiste si la mierda de perro, el saco de obra o el cartón de vino fueran retirados al día siguiente de su aparición en mi calle. Cuando junto a una mierda perro aparecen dos, cuando a un saco le sucede un montón, cuando una meada humana se convierte en pegamento por la acumulación de fluidos, entonces tenemos un problema de gestión -de gobierno. No nos engañemos. Tenemos los españoles sobre todo un problema cultural: nos gusta la mierda en todas sus formas -la mierda en el arte, en la educación, en el ocio y, claro, en la política. ¡Cómo no iba a gustarnos la mierda en nuestras calles! No debe extrañarnos que los chinos se sientan aquí como en casa.
En el barrio ya empezamos a temer un alcaldato de Ana Botella tanto como a un bocado de su dentadura; tememos que confunda, porque estos populares todo lo confunden, su cargo con el de Delegada del Gobierno, sino presidenta de república, y vayamos de mal en peor, sin dedicar la atención debida a las grandes cosas pequeñas, que son nuestros problemas cotidianos. Un pueblo de retrasados mentales como el nuestro evoluciona adecuadamente hacia el Estado policial por falta de moral. Como no sabemos elegir a nuestros gobernantes, como las instituciones de gobierno han sido despojadas además de cualquier intencionalidad formativa, reaccionaria como es la derecha a la educación de las masas, puesto que todo puede conseguirse de ellas cuando son analfabetas, la sociedad española camina hacia la presencia omnisciente de la autoridad. Luego se habla por aquí de los países de nuestro entorno...
No puede sacarse otra conclusión: los problemas de los españoles no se resuelven con más dinero, sino con buenas leyes y mejores gobernantes. El Partido Popular sólo encuentra culpables en la fila de enfrente, actitud que lo hace todo más difícil -si no costase ya bastante someter la anarquía instintiva de los españoles para el bien común...
Creo que con una aventurera al frente de las cosas de los madrileños es suficiente.
¡No votéis al Partido Popular, hostias!
Yvs Jacob
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