Hace tiempo que sostengo que los catalanes son demasiado españoles como para negarlo. Un claro ejemplo de su condición puede encontrarse en lo sucedido hace unos días, cuando, con muy mala fe, alguien que se hace pasar por periodista, un tal Sebas Gim, aprovechó el buen momento de que disfruta todo lo relacionado con el equipo nacional de fútbol para hacer una reivindicación totalmente inoportuna, propia de un miope mental. Cierto que en España todos habríamos de estar familiarizados con todas las lenguas que hablan algunos españoles, y que el descuido institucional al respecto es imperdonable. La política española, que no es menos miope que algunos supuestos periodistas, se empeña en mirar hacia fuera, donde todo lo domina la lengua inglesa, adjudica las lenguas regionales a quienes hacen uso de ellas, y bien es sabido que el uso de lo exclusivo no alimenta más que la exclusividad.
Pero impera que en una nación con diferentes versiones de una misma cultura -Occidente- los hombres se pongan de acuerdo, y, así, si no existe al menos una lengua de uso común, de ¡común entendimiento!, el estado de guerra en que ya vivimos los españoles pasaría a un grado mayor, lo cual no puede aventurarse a quién podría beneficiar, si es que alimentar el odio produce algún beneficio. Por lo tanto, mal no está que, a falta de una cultura política y social efectiva, dirigida a la paz, hablemos todos algo de castellano, que parece ser la lengua mayoritaria... No viene a cuento pedir a un catalán que hable en lengua catalana si es solicitado a hacerlo en Salamanca, en una rueda de prensa para todos los medios nacionales y como miembro del equipo nacional de fútbol. Esto no puede ser más que una gilipollez. No se trata de imponer nada a los catalanes, sino de buscar el entendimiento. Sólo un idiota, como el tal Sebas Gim, podría provocar el malestar consecuente. Y ha debido de quedar muy satisfecho al probar que, en efecto, un jugador sevillano, obviamente, no sabe, no entiende el catalán. Este tipo de humillaciones son muy españolas; la costumbre de aguar la fiesta, de arruinar el bienestar, en fin, la mezquindad en sus muchas y variadas formas, es, sí, muy, pero que muy del gusto del español.
Yvs Jacob
sábado, 9 de octubre de 2010
miércoles, 6 de octubre de 2010
Pío García-Escudero querría ser toro
¡Oye, que cada uno tiene sus problemas!
La nobleza, siempre con sus extravagancias. Me entero por "la intenné" que García-Escudero es cuarto conde de Baradán. Se me ocurren algunas rimas, pero no estoy seguro del estatuto jurídico de la poesía en intenné, así que me las reservaré para unos cigarros de marihuana.
La particularísima forma del cráneo de García-Escudero me ha llamado la atención desde que saltó al ruedo de la política. Pero la disputa abierta en la no-política española acerca del toreo me ha esclarecido un tanto esa peculiaridad fenotípica. Ha dicho el senador que, si fuese toro, desearía morir en la plaza. Me tira por tierra este noble animal todo el darwinismo adquirido en unos estudios que hice en la universidad pública. Yo creía que el toro no era tan gilipollas como el hombre. Es propio del hombre hacer gilipolleces, pero nunca de los animales. Yo pensaba que los animales competían por los recursos y buscaban el modo de reproducirse, pero debe de ser que el toro cuenta con alguna deficiencia genética, y prefiere luchar hasta morir reventado -y que luego se le coman los huevos.
¡Joder, qué derecha la nuestra!
Por otra parte, la sola idea de que alguien se plantee siquiera ser toro es ya un problema de difícil discusión en una Cámara institucional, y menos aun en la alta, donde abunda el buen pedigrí. Nunca he ocultado mi sospecha de que el Reino de España podía ahorrarse el Senado, que no tiene la menor utilidad real ni la tendrá nunca, al menos hasta que no se aprenda en qué consiste la política; y todos los españoles seríamos algo más ricos si no tuviésemos que pagar a los más de doscientos garcía-escuderos que allí se sientan para "chascarrillear" sobre lo que hacen, desean o dejan de hacer.
Volviendo al caso me ocupa, no creo que la defensa emprendida por García-Escudero ayude mucho a dignificar la muerte del animal. En todo caso, a muchos nos gustaría ver a los políticos del Partido Popular en traje de luces y sorteando los envites del toro. ¡Esa fiesta si la blindaría yo como Bien Cultural!
Yvs Jacob
La nobleza, siempre con sus extravagancias. Me entero por "la intenné" que García-Escudero es cuarto conde de Baradán. Se me ocurren algunas rimas, pero no estoy seguro del estatuto jurídico de la poesía en intenné, así que me las reservaré para unos cigarros de marihuana.
La particularísima forma del cráneo de García-Escudero me ha llamado la atención desde que saltó al ruedo de la política. Pero la disputa abierta en la no-política española acerca del toreo me ha esclarecido un tanto esa peculiaridad fenotípica. Ha dicho el senador que, si fuese toro, desearía morir en la plaza. Me tira por tierra este noble animal todo el darwinismo adquirido en unos estudios que hice en la universidad pública. Yo creía que el toro no era tan gilipollas como el hombre. Es propio del hombre hacer gilipolleces, pero nunca de los animales. Yo pensaba que los animales competían por los recursos y buscaban el modo de reproducirse, pero debe de ser que el toro cuenta con alguna deficiencia genética, y prefiere luchar hasta morir reventado -y que luego se le coman los huevos.
¡Joder, qué derecha la nuestra!
Por otra parte, la sola idea de que alguien se plantee siquiera ser toro es ya un problema de difícil discusión en una Cámara institucional, y menos aun en la alta, donde abunda el buen pedigrí. Nunca he ocultado mi sospecha de que el Reino de España podía ahorrarse el Senado, que no tiene la menor utilidad real ni la tendrá nunca, al menos hasta que no se aprenda en qué consiste la política; y todos los españoles seríamos algo más ricos si no tuviésemos que pagar a los más de doscientos garcía-escuderos que allí se sientan para "chascarrillear" sobre lo que hacen, desean o dejan de hacer.
Volviendo al caso me ocupa, no creo que la defensa emprendida por García-Escudero ayude mucho a dignificar la muerte del animal. En todo caso, a muchos nos gustaría ver a los políticos del Partido Popular en traje de luces y sorteando los envites del toro. ¡Esa fiesta si la blindaría yo como Bien Cultural!
Yvs Jacob
martes, 5 de octubre de 2010
La sangre caliente de los indígenes de la América latina
La principal diferencia entre América del Norte y América del Sur no es precisamente de carácter económico, sino la materia prima humana con que cuenta cada uno de los subcontinentes. Es sabido que los americanos del norte están muy satisfechos de haber conquistado una vasta extensión de tierra luchando contra la flora, la fauna, el clima y... sus pobladores originarios. A menudo, los conquistadores españoles son ridiculizados por su ambición en la historiografía anglosajona, pero quizá debería desmitificarse la Historia en general, para bien y para mal de todos. Una vez conservados los indígenas norteamericanos en formol, indeseables y espabilados del Viejo Mundo se instalaron en la tierra recién conquistada en cantidades masivas, y gracias a su reproducción jubilosa, y al incesante goteo de hombres y mujeres esperanzados, América del Norte se convirtió en lo que es hoy, el cerebro de todo el bien y el mal que conocemos los apasionados y viciosos mortales.
Contrariamente a la aniquilación casi total de la población auténtica del norte, los americanos del sur no son muy distintos de lo que fueron antes de la llegada de los españoles. Cierto que los aguerridos españoles del pasado se ejercitaron con los ancestros de los indígenas en las artes de la guerra y de la humillación, pero la mortandad nunca fue tanta como para superar el número de pobladores originales. Es más, en la actualidad, abundan en sudamérica los nombres y apellidos cristianos y de carácter toponímico español, pero "la sangre" india se ha restablecido, y casi borrado la mezcla.
Cuando la sangre no progresa, resta, no obstante, la cultura. A menudo, pues, se asocia a América del Norte con lo bueno del Viejo Mundo, mientras se pretende explicar el retraso de la América latina por la suerte de sus colonizadores mediterráneos. Es un argumento bastante demagógico, puesto que no hay ningún misterio si los escoceses de Canadá se parecen culturalmente a los de Escocia, y lo mismo sirve para ingleses y holandeses -lo extraordinario sería la aculturación de los indígenas. No obstante, que los peruanos, ecuatorianos, bolivianos... se parezcan a los españoles queda sujeto a muchas dudas. Para empezar, aunque la torticera y paticorta historiografía anglosajona quiera sacudirnos siempre sin piedad, un español de Galicia tiene muy poco o nada que ver con otro de Cádiz -sólo hay que viajar para conocerlo.
Dos sucesos de la "política internacional" me han entretenido estos días. El primero fue el intento de golpe de Estado que sufrió Ecuador. Lo más descacharrante de la situación lo protagonizó el presidente Rafael Correa cuando, con el pecho abierto, y desde el balcón del hospital, gritó: "Si quieren matar al Presidente, aquí tienen al Presidente". Este gesto bravucón es propio de una pelea en el bar de cualquier lugar del mundo o de un gobernante de república sudamericana, pero ninguna otra autoridad institucional, ni siquiera Silvio Berlusconi, actuaría de ese modo.
El segundo suceso tiene todavía más chicha. Evo Morales, vestido de corto, y sin ningún jersey o chalequito de lana de llama andina, le propina un rodillazo a un adversario durante un partido de fútbol. Se repite el patrón indígena: falta de flema.
Es muy difícil enderezar la situación de los países sudamericanos, tienen otro tempo y otro pathos. Claro que siempre se puede liquidar a su población para sustituirla por otra mejor dotada culturalmente. Véase si no la confesión de Estados Unidos sobre los métodos de combate puestos en marcha con Guatemala. ¡Ay, lo mejor del Viejo Mundo...!
Yvs Jacob
Contrariamente a la aniquilación casi total de la población auténtica del norte, los americanos del sur no son muy distintos de lo que fueron antes de la llegada de los españoles. Cierto que los aguerridos españoles del pasado se ejercitaron con los ancestros de los indígenas en las artes de la guerra y de la humillación, pero la mortandad nunca fue tanta como para superar el número de pobladores originales. Es más, en la actualidad, abundan en sudamérica los nombres y apellidos cristianos y de carácter toponímico español, pero "la sangre" india se ha restablecido, y casi borrado la mezcla.
Cuando la sangre no progresa, resta, no obstante, la cultura. A menudo, pues, se asocia a América del Norte con lo bueno del Viejo Mundo, mientras se pretende explicar el retraso de la América latina por la suerte de sus colonizadores mediterráneos. Es un argumento bastante demagógico, puesto que no hay ningún misterio si los escoceses de Canadá se parecen culturalmente a los de Escocia, y lo mismo sirve para ingleses y holandeses -lo extraordinario sería la aculturación de los indígenas. No obstante, que los peruanos, ecuatorianos, bolivianos... se parezcan a los españoles queda sujeto a muchas dudas. Para empezar, aunque la torticera y paticorta historiografía anglosajona quiera sacudirnos siempre sin piedad, un español de Galicia tiene muy poco o nada que ver con otro de Cádiz -sólo hay que viajar para conocerlo.
Dos sucesos de la "política internacional" me han entretenido estos días. El primero fue el intento de golpe de Estado que sufrió Ecuador. Lo más descacharrante de la situación lo protagonizó el presidente Rafael Correa cuando, con el pecho abierto, y desde el balcón del hospital, gritó: "Si quieren matar al Presidente, aquí tienen al Presidente". Este gesto bravucón es propio de una pelea en el bar de cualquier lugar del mundo o de un gobernante de república sudamericana, pero ninguna otra autoridad institucional, ni siquiera Silvio Berlusconi, actuaría de ese modo.
El segundo suceso tiene todavía más chicha. Evo Morales, vestido de corto, y sin ningún jersey o chalequito de lana de llama andina, le propina un rodillazo a un adversario durante un partido de fútbol. Se repite el patrón indígena: falta de flema.
Es muy difícil enderezar la situación de los países sudamericanos, tienen otro tempo y otro pathos. Claro que siempre se puede liquidar a su población para sustituirla por otra mejor dotada culturalmente. Véase si no la confesión de Estados Unidos sobre los métodos de combate puestos en marcha con Guatemala. ¡Ay, lo mejor del Viejo Mundo...!
Yvs Jacob
domingo, 3 de octubre de 2010
El cálculo errado de "la Ser"
Estoy que me meo de la risa. Por mucho que la Cadena Ser se haya esforzado en trazar con tiza el camino que debían seguir los militantes madrileños del PSOE, la cosa no ha podido salir peor. No se puede negar la eficacia de la emisora en otros temas, en especial, todos aquellos que caben dentro de la izquierda guay. Pero sus directores han cometido un error básico y de bulto. Han partido de un buen principio, eso es innegable; a saber: la ciudadanía española, milite o no en alguna formación o agrupación, carece de cultura política. Así, bastaba con lanzar una campaña desde la emisora para presentar a uno de los candidatos como objetivo a derribar, mientras se abría el horizonte para su oponente. No obstante, y precisamente porque España carece de cultura política, les ha faltado a los cerebros de la campaña de Trinidad Jiménez en "la Ser" un poco -o un mucho- de psicología. La gente hace, en general, lo que hace la gente. La gente hace, en general, lo que se espera que haga, pero si descubre una insistencia para que haga lo que se espera de ella, entonces da media vuelta y toma el sentido contrario. Si "la Ser" se hubiese mantenido en la neutralidad correcta de un medio de comunicación decente, Trinidad Jiménez hubiese aplastado a Tomás Gómez como a una hormiga. Pero no ha sido del gusto de los militantes que se humillara a este candidato, incluso si deseaban que ganase "la ministra". Ha sido, pues, un error de estilo, y, tan elemental, que el espíritu de la derecha se vislumbra en la torpeza. Hay, además, otro aspecto de mezquindad. El candidato Tomás Gómez se ha visto obligado a exhibir más paciencia que un santo. No es fácil de digerir la difamación continua, el desprecio de los periolistos, que sólo porque cuentan con un medio desde el cual opinar lo confunden con la verdad y con la clarividencia.
Después del desastre, todo parece, sin embargo, bien encauzado. Se ha descubierto en Tomás Gómez a un gran candidato para librar a Madrid de "la Espe", y se ha constatado que un mal cálculo en la estrategia de un medio de comunicación puede resultar fatal cuando hay tanto en juego. Pero lo más importante será que los militantes del PSM tomen buena nota y soliciten a "la Ser" que se abstenga de echarles una mano en las próximas elecciones regionales.
Yvs Jacob
Después del desastre, todo parece, sin embargo, bien encauzado. Se ha descubierto en Tomás Gómez a un gran candidato para librar a Madrid de "la Espe", y se ha constatado que un mal cálculo en la estrategia de un medio de comunicación puede resultar fatal cuando hay tanto en juego. Pero lo más importante será que los militantes del PSM tomen buena nota y soliciten a "la Ser" que se abstenga de echarles una mano en las próximas elecciones regionales.
Yvs Jacob
viernes, 1 de octubre de 2010
Alfaguara y El País amedrentan al público español con la obra de Pérez-Reverte
¡La hostia puta! Que no nos deja en paz el grafómano incontenible este. ¡Qué individuo más pesado, que no para de darnos por el culo con un libro tras otro! Por si no estuviésemos ya bien jodidos, Alfaguara y El País se han empeñado en meternos toda la "biblioteca Pérez-Reverte" por el ojete, y la obra completa llenará primero todos los kioscos, sin que nadie lo haya pedido ni lo desee, sin que un solo día hasta dentro de varios meses sea posible librarse de su careto cuando el curioso se acerca a ver las cubiertas de las revistas eróticas, de salud o belleza. Nunca he entendido a los lectores de Pérez-Reverte. Obsérvese que digo "lectores de", porque es el caso típico de autor que secuestra lectores, que los reduce a su obra, sin que reste después algo en el mocho para leer otra cosa. Me consta que los lectores de Pérez-Reverte tampoco me entenderán a mí, pero es éste un gran consuelo, la autoexclusión de los mediocres. Por otra parte, algo anda mal cuando un lector se dirige a la obra de Pérez- Reverte, pese a las advertencias que se esfuerzan en mantenerlo alejado de los finos paladares de la literatura. Igual que él escribe por escribir, y sus editores lo publican por publicar, y sus lectores lo compran por comprar "todo lo de Pérez-Reverte", hay otro bando que no soporta "lo Reverte", un bando al que le importan una mierda el Alatriste ese de los cojones y los tesoros bajo el mar. Pero se ve que no tenemos derecho a librarnos de aquello que nos repugna, y ya ni siquiera es posible apartar la vista y mirar a otro lado, porque no hay un espacio en que no asome Pérez-Reverte.
Yvs Jacob siempre ha deseado que los lectores se acerquen a él, pero desde luego que no va por ahí dando por el culo a la gente.
Yvs Jacob
Yvs Jacob siempre ha deseado que los lectores se acerquen a él, pero desde luego que no va por ahí dando por el culo a la gente.
Yvs Jacob
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