lunes, 19 de noviembre de 2012

El mileurista que no quería más Estado

Me cuentan la historia de un mileurista que no quiere más Estado, un mileurista español convencido de que la ideología neoliberal es preferible a lo que se conoció durante la segunda mitad del siglo XX como solidaridad republicana, un mileurista de estos que ahora existen, mileuristas furibundos, que desprecian al poder en nombre del dinero que no tienen al grito de "¡Viva la austeridad!". Antes que nada, conviene aclarar qué es o a quién se le da el título de mileurista. Preguntado el mileurista, éste respondió que "clase media", lo que conduce directamente al problema de las clases sociales en España. En la página del ministerio de Empleo y Seguridad Social del Gobierno de España se dice que el salario mínimo interprofesional para cualquier actividad es de 641,40 euros/mes, cantidad cuyos perceptores son así llamados, pobres, distinción respecto de pobres de mierda, para perceptores de cantidades inferiores, pensiones o prestaciones por desempleo y similares. Pero ¿qué sucede por encima de 641,40 euros/mes? Preguntado el mileurista, como se dijo, la clase media española comienza a partir de los ya celebrados 1.000 euros/mes, muy lejos, ay, de los 250.000 dólares anuales de la auténtica clase media norteamericana, luego llamaremos a quien recibe cualquier cantidad entre 641,40 y 1.000 euros pobrecillo, y llegado el caso diremos del mileurista de clase media español que es un desgraciado o pobre diablo. Este mileurista, que jamás ha sentido la menor presión de los líquidos internos a favor de los trabajadores -obsérvese que, al modo de la sociología norteamericana, se puede construir el concepto de clase exclusivamente atendiendo a los salarios, sin necesidad de recurrir a las funciones sociales o roles-, se echa a la espalda a la patronal, a los medios de comunicación de la zafia y vil derecha española y al Gobierno del PP, que lo han vaciado de toda conciencia para depositar en su interior una sola idea: si empresario es quien genera riqueza y crea puestos de trabajo, ¡joder, dejémoslo actuar! Alguien echa cuentas con el mileurista e intenta explicarle qué es esa mierda de la clase media que maneja con su fraseología neoliberal espuria, si acaso no comprende que le están tomando el pelo, y que lo mejor que puede suceder frente a la amenaza de la desprotección social y laboral es no sólo Estado, sino mucho, expresado en una fiscalidad eficiente y eficaz. El mileurista se empecina en que a él se le dé todo su dinero, que ya se gestionará todos los gastos presentes y por venir, desde la sanidad hasta un plan privado de pensiones. Se intenta por todos los medios espabilar al mileurista español de clase media, despertarlo del sueño dogmático que lo devora, pero no hay manera. Se le explica que el dinero que el empresario paga por su contratación, pero que en realidad habría de percibir el empleado por cuenta ajena en un escenario diferente, 400 euros por cada 1.000, no le sería retribuido en ese caso que él considera tan favorable, porque preguntado cualquier empresario acerca de esa cantidad si el sistema cediera a la desprotección, la respuesta no varía: "yo no pago a un trabajador lo que me puedo ahorrar al Estado", y en ello están los empresarios. Pero el mileurista insiste en que a él se le dé todo su dinero, lo que no suma sino 80 euros como abono obligado a la Seguridad Social por un contrato legal. Como es fácil de ver, este caso no es único, y entre los estímulos a los emprendedores, la clonación de mileuristas enajenados y la multiplicación exponencial de los pobres de mierda, camina uno por la calle y no escucha más que maracas y cencerros, y cabe preguntarse si los partidos de la izquierda política no desaparecerán por completo si el síndrome de Estocolmo se extiende con tanta severidad, tanta que en la siguiente jornada por las pequeñas y medianas empresas ya acuda, además de Ágatha Ruiz de la Prada, el portavoz de los obispos y hasta algún represente de un sindicato vertical de reciente re-creación. ¡Atentos!


Yvs Jacob

viernes, 16 de noviembre de 2012

Comentario censurado en el videoblog de Iñaki (Gabilondo) el viernes 16 de noviembre

Pero es que no hay que comparar a unas instituciones con otras, a los sindicatos con las empresas o los medios que sostienen al Gobierno del PP, se aprecia todo mejor si se enfrenta a las respectivas ideologías. Por ejemplo, la derecha española quiere imponer su neoliberalismo, al que presentan como expresión de la más extraordinaria modernidad, mientras que los sindicatos representan lo que se conoce como ideología revolucionaria, o lo que es igual, una crítica y las acciones necesarias frente al orden establecido injusto. Y la pregunta es: ¿si por neoliberalismo se entiende la destrucción de lo público, su saqueo, su reparto entre los amigos de la derecha en España, si neoliberalismo es menos Estado, un sálvese quien pueda, cómo se atreve alguien con un mínimo de razón a cargar contra los sindicatos por su supuesto anacronismo, acaso no es la total desprotección de los pobres y de los trabajadores un estado ya conocido en la historia de Occidente? A quienes molesta la existencia de los sindicatos sólo buscan que los impuestos no les quiten su dinero, y lo más triste es que han convencido esos periolistos, a quienes de 100.000 euros al año les quitan 10.000 en impuestos, de que su situación es la misma en quienes cobran 1.000 euros al mes, y les convencen de que pagar 80 euros a la Seguridad Social es un atraco. Seamos honestos, quienes critican la existencia de los sindicatos no son sino analfabetos que buscan su desaparición para no tener que contribuir en los impuestos. Y más triste todavía es encontrar neoliberales mileuristas, eso sí que da que reír...
http://basurablog-ism.blogspot.com/


Yvs Jacob

La obsesión de El País con Sorayita

El pasado domingo podía leerse en El País una nueva loa de Sorayita, vicepresidenta del Gobierno de España. Al parecer, en El País se valora mucho la conjunción de maternidad y responsabilidad en la alta gestión, bien pública o mejor privada. Pero quizá dedicar un reportaje a una ejecutiva o directiva de la empresa privada pueda resultar obsceno incluso a su redacción en la situación actual, redacción que apiadada de los lectores aprobó el elogio a la vicepresidenta, aunque quienes hayan atendido a la evolución de este diario español durante los últimos años habrán podido observar un movimiento desde la preocupación por la libertad y los derechos de la sociedad hacia la fijación empresarial, y todo ello con el mérito de no faltar a la verdad. Con justicia hay que decir que en El País no se observa un problema respecto de la veracidad, no al menos en cuestiones de bulto, esto es, si tiene lugar una gran manifestación, la imagen se lleva en portada, incluso si hay que sacrificar el nuevo peinado y unas interesantísimas declaraciones de Sergio Ramos; sin embargo, desde hace algún tiempo domina en la evaluación de su información el peso empresarial de la noticia, el concepto del negocio, interesa mucho todo lo que crece y se expande, nada que ver el experiodista y consejero delegado Juan Luis Cebrián con aquel otro director de periódico cuando a su diario lo confundían con el BOE. Me ha llamado la atención lo mucho que se admira y cuida de Sorayita en El País, joven, madre y vicepresidenta, y creo que al homenaje que se le rinde todavía le falta un contrapunto, por así decir, social, imprescindible en otro tiempo, un contrapunto con, por ejemplo, la Loli, que tiene la misma edad, es de Vallecas y limpia portales, y que por desgracia no ha parido más que insultos y deformaciones. Me explicaré. Desconozco si participar en la gestión de esa cosa, España, exige mucho o poco de la vicepresidenta, todo lo que llego a percibir es que el país va bastante mal y que la vicepresidenta aparece de cuando en cuando ante los medios con ninguna eficacia más que mostrar que la solemnidad también puede ser muy naïf. No consigo imaginarme lo duro que debe de ser un día en la vida de Sorayita, ni como vicepresidenta ni como madre con todos los gastos pagados, y por ello tampoco consigo elevarla al modelo que El País reconoce como el ideal de la mujer moderna, la gestora que no renuncia a la maternidad, que es, como dijo Ruiz-Gallardón, filósofo costumbrista, lo que hace mujer a la mujer -simplemente me cabe reconocer en ella a una mujer de derechas a la cual las cosas le van bien, que para eso se es de derechas, coño. Por supuesto, me conmueve la Loli, que hubiese querido ser madre hace muchos años, pero ni tiene dinero para traer a otro pobre al mundo ni escribe nadie acerca de ella porque es una desgraciada más, y para referir al conjunto de miserables y desgraciados se emplea en un cierto periodismo el término crisis -a los brillantes triunfadores se les dan algunas páginas para ellos solos, con gabardina y mirada entretenida, lo que se llama tener genio. Decía Sartre en su estudio sobre el carácter emocional de la percepción que cuando algo no nos interesa lo aniquilamos, y no le faltaba razón. La prensa de derechas sólo homenajea a sus bestias; quizá El País está cometiendo una equivocación por exceso de buenismo al hacerse eco de un producto de la derecha: la brillante vicepresidenta de las declaraciones simplonas, cuyo éxito hace desaparecer la miseria de todas las demás mujeres fracasadas. Rodríguez Zapatero eligió a María Teresa Fernández de la Vega, de la que se mofaban los diarios de la caverna por su inquietud ante un armario; Mariano Rajoy, que practica una imitación también muy solemne y muy simplona, confió en Sorayita, que volvió al trabajo apenas el alumbramiento de su criaturita para mostrar a la izquierda que la baja por maternidad es una estafa socialista cuando se ha ido a la escuela con las monjas. Yo soy más de la Loli... la pobre. Por cierto, ahora que vuelve a penalizarse el aborto, que yo encuentro tan desagradable, pero cuya libertad en otros no me atrevo a limitar, ¿se legislará también para castigar a la mujer que cercana a la menopausia no ha sido madre todavía?, ¿podría ser acusada de abortista por retardo o latencia, abortista en tentativa flagrante? Y ¿cuándo empezaremos a apedrearlas?


Yvs Jacob

lunes, 12 de noviembre de 2012

Frank Peter Zimmermann, el violinista de las manoletinas acharoladas

El mes pasado estuvo en Madrid Frank Peter Zimmermann e interpretó el Concierto para violín nº 1 de Shostakovich junto a la Orquesta de RTVE. Como en España siempre hemos tenido un problema en relación con la cultura, al juzgar que pertenecen a ella experiencias bastante dudosas, y al despreciar otras que, ciertamente, sí son cultura, resulta de una gran dificultad desprender a la música culta y a sus intérpretes ese barniz ya añejo que atufa a prejuicio clasista, aunque quizá no ayuda el precio de las entradas en el patio de butacas un sábado por la noche en el pomposo y tan horrible edificio recubierto -¿o será todo?- de ladrillo del Auditorio Nacional, que todavía nos recuerda que se trata de una festividad burguesa a la que los pobres no estamos invitados -la Orquesta y Coro nacionales de España ofrecen precios económicos en domingo, pero ¿quién podría disfrutar una sinfonía de Mahler a las 11 de la mañana? Y también son baratas las butacas en la zona del coro cuando éste no participa, ¡ay, qué centroeuropeo eso de ver a un violonchelista por detrás...! Pero yo tenía la intención de ensalzar a la Orquesta de RTVE, y ello a pesar de la notable obstrucción que la llamada "marca España" antepone a todo lo español, porque tal vez no sea una de las orquestas mejor o más reconocidas en el mundo, el mundo que es el medio al que los españoles llegamos siempre tarde, y sin embargo, su versatilidad, la calidad de las ejecuciones, lo variado de su programación y el amplio espectro de la música que aborda hace de ella un conjunto sobresaliente y nos libra de envidiar, como siempre sucede, algo mejor, porque ya lo tenemos. Con esta orquesta pública hizo Zimmermann una interpretación soberbia, apasionadísima, y consiguió algo extraordinario estos días; a saber, que a los españoles les caiga bien un alemán. De Zimmermann llamaron mi atención dos aspectos: desde la perspectiva técnica, la potencia de su vibrato, que parecía accionado por un resorte maligno, apenas contenible, pero, sobre todo, sus zapatos. Jamás, y así lo digo, jamás, jamás, jamás, había visto a un solista con un calzado similar. Porque Zimmermann calzaba unos zapatos inspirados en un modelo de ballet, aunque más robustos, con una pequeña correa sobre el empeine, y, como es de rigor, de charol. Yo no sé si este modelo se comercializa o es un obsequio de alguna firma de moda a uno de los mejores violinistas actuales, pero debo atribuirle la propiedad de la hipnosis, no tanto al charol como al diseño, porque apenas pude apartar la vista de esas creaciones, y eso que Zimmermann no dejaba de vibrar. Recuerdo ahora una entrevista que hiciera José Luis Pépez de Arteaga, el penúltimo o quizá ya el último intelectual que pase por Radio Clásica, al gerente de la Orquesta y Coro nacionales de España al final de la temporada pasada, que coincidía con una visita de Zimmermann al Auditorio Nacional para interpretar A la memoria de un ángel, de Alban Berg, lo que a menudo se hace pasar por un concierto de violín -Zimmermann toca un Stradivarius, ¡por el amor de Bach! El mencionado gerente ponía como ejemplo de solista invitado al violinista alemán, una persona extraordinaria, además de extraordinario intérprete, porque ni creaba ni encontraba problemas, lo que debe de ser una excepción entre divinos y pretendientes. A mí Zimmermann me cayó estupendo desde el primer pisotón (segundo movimiento); disfrutaba muchísimo tocando, todos sus gestos eran de satisfacción en el esfuerzo (se podía oír su respiración), porque el concierto de Shostakovich tiene mucho de deportivo, y no sería hasta el quinto y último movimiento cuando comprendí por qué se había calzado las manoletinas acharoladas. Shostakovich desciende entonces a la música popular, parece casi el interior de una taberna rusa con violinista, aunque por suerte yo no he visitado ninguna, y exige del intérprete complicidad, teatro... y zapateado. Cierto es que Zimmermann tiene una cara que no resultaría rara en ninguna taberna; con la nariz de Papá Noel y una sonrisa carrilluda, de cabello rubio y coloretes, que supongo no serían maquillaje, aunque después de ver las manoletinas... Eso sí, Zimmermann tiene cara de bonachón. ¡Ah, pero qué bueno es que venga por nuestro país para fortalecer las relaciones hispano-germanas, y salir así del vicio que ahora las simplifica, tú te quedas con mi austeridad, yo me quedo con tus bancos! En el asiento inmediato al que yo ocupaba, un veterano asistente a los conciertos le dice a otro: "¡tiene un dominio tremendo este tío!", que es un modo castizo de compartir que sí, que algo nos ha gustado mucho. ¿No se dice lo mismo de Angela Merkel? Comparto yo con un amigo alemán, que conoce mi envidia por los logros de su cultura, el entusiasmo que despierta la política de la austeridad propugnada por la canciller entre los actuales -anteriormente, conservadores- liberales españoles: "dicen que si no hacemos nada de nada creceremos. ¿Cuánto tardaremos en ser alemanes, quiero decir, como vosotros?". Y me responde mi amigo: "todavía tendréis que legislar para que el ochenta por ciento de los trabajadores se afilie a un sindicato". Y yo reacciono violento: "ah, no, no, ni hablar, yo hago con mi dinero lo que quiero". De repente, me reconozco un ser pequeño y mezquino.


Yvs Jacob

viernes, 9 de noviembre de 2012

Basuragurú pone en marcha una campaña para evitar la mayoría absoluta de Artur Mas

Votante catalán: yo no sé si ser español o catalán es bueno o malo, mejor o peor, y mucho me alegro de no tener que decidir sobre ello en unas elecciones, algo que encuentro, por lo demás, extravagante, porque siempre había creído que unas elecciones democráticas se celebraban para aclarar de qué modo se organiza una comunidad, qué derechos o libertades puede darse, cómo se realizan los intereses razonables de sus miembros, qué modelo de producción le conviene más, quiénes deben ser los actores que lo lleven adelante, dentro de qué marco y bajo qué condiciones; pero votar a favor o en contra de la identidad de unos o de otros, eso no consigo conciliarlo con todo lo anterior, no consigo explicarme si de las urnas puede llegar a derivarse la libertad para ser o no ser, en todo caso, la libertad para o la libertad por, como dicen los filósofos. Tal vez lo veas con más claridad si ponemos como ejemplo a los de Logroño, para relajar así la tensión emocional con que se presenta siempre la cuestión catalana. Si los de Logroño tuviesen que decidir si efectivamente son o no de Logroño, es muy probable que triunfase el frente al No; quizá no se alcanzase un porcentaje absoluto, quizá no todo el mundo en Logroño comprendiese la pregunta que se le ha hecho, quizá hay en Logroño quienes, por sus cojones, votan en contra de ser de Logroño, pero es obvio que en su mayoría los de Logroño son de Logroño, si bien no tendría sentido, ni siquiera cuando la votación se propusiese en un país tan disparatado como España, votar para darse o negarse la libertad de serlo. De nuevo en Catalunya, votar a CiU para manifestar que, en efecto, un catalán es siempre catalán -en lógica, A=A, o también, todo catalán es indivisible- pone de manifiesto que no se ha comprendido el conflicto esencial de toda sociedad, a saber, quién ha de dirigirla, si los que más tienen, pero son pocos, o los muchos, que son quienes tienen menos. Tal vez sea conveniente, para arrojar luz sobre el problema, adelantar posiciones. Imagina que ya se han celebrado las elecciones, ha ganado CiU y, como era de esperar, queda claro que todos los catalanes son catalanes, menos los votantes del PSC, claro, que serán federalistas, y los del PP, españoles -ya es mala suerte que un catalán vote a CiU en tanto que catalán y salga catalán y a otro le impongan las urnas su condición de español o federalista, pero, en fin... Pero decía que, una vez CiU lograse su ansiado rodillo, ¿acaso su yugo sería más dulce cuando un catalán se lo pone a otro? ¿Acaso no sucede ya así con el gobierno regional? ¿Acaso no ha sido CiU siempre un partido de derechas? ¿Acaso lo que ahora está sucediendo, que unos llaman crisis pero es guerra, no tiene también en su origen la visión del mundo que corresponde a CiU, esto es, que los ricos han nacido para dirigir, ya desde la política y la empresa, y que los pobres lo son porque no se esfuerzan en salir de su pobreza? ¿Y acaso les importará el pobre más cuando es sólo catalán que cuando es un catalán español? ¡Ay, ingenuos...!
Yo no sé si ser catalán o español resuelve o conlleva más problemas, pero la historia muestra que las mayorías absolutas sí son nefastas, la historia nos informa de que nada hay peor para los malos gobernantes que un poder absoluto o casi absoluto, el poder que en democracia se obtiene cuando las fuerzas políticas se eximen de la obligación moral del pacto, porque la democracia no es ningún medio para legitimar la victoria de una parte de la sociedad, sino la institucionalización de sus acuerdos, y pervertirla, como sucede al contaminar el procedimiento de elección de gobernantes con el ingrediente identitario, sólo conduce a la perversión, y así no sólo no podrá salirse de la crisis económica, o guerra, actual, sino que jamás se podrá salir de la crisis abierta por un problema inventado. Si yo fuese catalán y me fuese dada la ocasión de elegir a mis gobernantes, que es eso y nada más lo que se vota en unas elecciones democráticas, me cuidaría mucho de entregar mi voto a quien me dice que a un catalán pero catalán le irá todo mejor que a un catalán español -si habla raro, entonces no puede tratarse sino del lobo.


Yvs Jacob