Pues ideas no le faltan.
Aquí nos encontramos con el ejemplo más claro de político español de derechas, otro que no se entera de la misa la media, que dirían las abuelas.
¿Cuáles son los servicios mínimos que debe prestar un Estado? Desde luego que no el suministro del catering de tanta inauguración estúpida que paga el ciudadano y disfruta el politiquillo glotón de turno.
Según el presidente autonómico de Murcia, la Sanidad y la Educación cuestan demasiado, y un modelo más eficaz de afrontar esos servicios, que tendrían que llamarse de otra manera, exigiría su pago directamente a los ciudadanos.
Vamos a ver si pongo un poco de orden aquí antes de perder los nervios. Tenemos una sociedad que practica con descaro la evasión de impuestos; al mismo tiempo, políticos de todo signo, para responder a sus promesas de identidad ideológica, financian, cuando gobiernan, todos los servicios que les corresponde prestar -o la mayor parte de ellos- mediante la deuda local o autonómica, porque los impuestos no dan para todo lo que se pretende realizar. Pero, al mismo tiempo también, existe una importante economía sumergida que desprecia por completo lo público, no participa, pues, y en los empleos regulados, apenas un porcentaje mínimo de los salarios percibidos iguala o supera la cantidad de 1000€; y, para colmo, la vivienda se vende a precio de lujo y está desapareciendo la poca industria -ajena al turismo- que ha conocido España.
Con este diagnóstico indiscutible de una realidad desesperante y desesperanzada, se le ocurre a un bomberito atacar al último bastión del Estado social, la Educación y la Sanidad públicas. ¿Pero en qué piensan los murcianos cuando sueltan la azada y toman la papeleta?
Es cierto que los liberales auténticos defienden que el Estado no sea más que un gendarme, algo sólo posible en un mundo rico, un mundo en el cual lo público, por ser tan superior el valor contante y sonante de lo privado, perfectamente podría desaparecer. Pero, ay, ¡si en España somos unos muertos de hambre! ¡Qué vamos a pagar con 800€, so mameluco!
Y esta es la gente, como dice Mariano Rajoy, con la que nos toca convivir, ¡y mira que nos lo ponen cada día más difícil!
No quiero pasar por alto al dúo cómico Camps&Fabra en la inauguración del aeropuerto de Castellón: lo de que la gente podrá caminar por las pistas, a diferencia de los aeropuertos en los que hay aviones, a mí me ha tenido descojonado perdido todo el fin de semana. ¡Esos tíos son la monda!
¡Ay, valencianos en general, yo ya no sé qué pensar de vosotros!
Yvs Jacob
lunes, 28 de marzo de 2011
domingo, 27 de marzo de 2011
Rosa Montero plagia un universo y se queda tan contenta
¡Cuidado, lectores!
Para un intelectual sensible y honesto, pocas cosas hay que produzcan más tristeza que un autor hablando de su obra, tanto en la narrativa como, ampliamente considerado, en el ensayo, monografías técnicas al margen. Me han salido coloretes hasta en las nalgas tras escuchar a Rosa Montero promocionar su última novela, cuyo título ni siquiera recuerdo. La obra trata de una replicante agobiada por la fecha de caducidad que le fue impuesta "de serie", una detective del siglo XXII que debe dar caza a otros seres de su especie con unos problemillas de memoria.
¡Joder, y mira que a mi todo esto me suena de algo y una barbaridad! No sé si algo que he visto o si lo he leído o qué exactamente.
Me dicen por aquí que está inspirada en el mundo que inspiró a los creadores de Blade Runner, la novela de Philip K. Dick Do Androids dream of electric Sheep? -Rosa, yo tampoco la he leído-, aunque tiene pinta de que la fuente principal es la peli de Ridley Scott -que sí he visto, claro.
¡Uy, uy, uy! ¡Pues qué mala pinta tiene el asunto! ¿Un plagio, tal vez?
Quizá no plagio, pero creatividad en estado cero patatero, sí.
Vamos a ver, hum, Rosa, Rosa... Montero. ¡Qué necesidad, digo bien, qué necesidad había de todo eso!
Pero a mí ya me pasó algo asín.
Aunque soy un muchachito de Madrid, una mañana me levanté y quise escribir una historia sobre un joven norteamericano -qué cosas- que es llamado a filas en la Segunda Guerra Mundial, hecho prisionero por los alemanes y encerrado en un almacén durante los bombardeos aliados en Dresde. La verdad es que escribí un buen montón de páginas, y tuve todo el tiempo un sentimiento de penetrante familiaridad. Claro, me dije dos semanas después, si es que esto ya lo he leído en alguna parte, y fue una suerte que Kurt Vonnegut escribiese la novela, porque yo hubiese escrito una gran mierda.
Creo que hay escritores que deberían salir a pasear más a menudo e ir a buscar a sus hijos al colegio, no sé, llenar su tiempo con otras actividades, and so on, and so on, y también se puede leer, que se aprende mucho, aunque eso se descubre siempre después.
Yvs Jacob
Para un intelectual sensible y honesto, pocas cosas hay que produzcan más tristeza que un autor hablando de su obra, tanto en la narrativa como, ampliamente considerado, en el ensayo, monografías técnicas al margen. Me han salido coloretes hasta en las nalgas tras escuchar a Rosa Montero promocionar su última novela, cuyo título ni siquiera recuerdo. La obra trata de una replicante agobiada por la fecha de caducidad que le fue impuesta "de serie", una detective del siglo XXII que debe dar caza a otros seres de su especie con unos problemillas de memoria.
¡Joder, y mira que a mi todo esto me suena de algo y una barbaridad! No sé si algo que he visto o si lo he leído o qué exactamente.
Me dicen por aquí que está inspirada en el mundo que inspiró a los creadores de Blade Runner, la novela de Philip K. Dick Do Androids dream of electric Sheep? -Rosa, yo tampoco la he leído-, aunque tiene pinta de que la fuente principal es la peli de Ridley Scott -que sí he visto, claro.
¡Uy, uy, uy! ¡Pues qué mala pinta tiene el asunto! ¿Un plagio, tal vez?
Quizá no plagio, pero creatividad en estado cero patatero, sí.
Vamos a ver, hum, Rosa, Rosa... Montero. ¡Qué necesidad, digo bien, qué necesidad había de todo eso!
Pero a mí ya me pasó algo asín.
Aunque soy un muchachito de Madrid, una mañana me levanté y quise escribir una historia sobre un joven norteamericano -qué cosas- que es llamado a filas en la Segunda Guerra Mundial, hecho prisionero por los alemanes y encerrado en un almacén durante los bombardeos aliados en Dresde. La verdad es que escribí un buen montón de páginas, y tuve todo el tiempo un sentimiento de penetrante familiaridad. Claro, me dije dos semanas después, si es que esto ya lo he leído en alguna parte, y fue una suerte que Kurt Vonnegut escribiese la novela, porque yo hubiese escrito una gran mierda.
Creo que hay escritores que deberían salir a pasear más a menudo e ir a buscar a sus hijos al colegio, no sé, llenar su tiempo con otras actividades, and so on, and so on, y también se puede leer, que se aprende mucho, aunque eso se descubre siempre después.
Yvs Jacob
sábado, 26 de marzo de 2011
¿Para qué sirven los gobiernos municipales y autonómicos del Partido Popular?
Pues yo llevo años pensando en el asunto y, ¡oye!, ¡ni puta idea!
He estado escuchando en las noticias las barbaridades que decía el alcalde de Madrid, y no menos descabelladas eran las gracietas de doña Rita. Según estos gestores, no serán las medidas del Gobierno socialista de la nación las que sacarán al país de la pésima situación económica, espiritual y moral en que se encuentra. Y tengo que darles la razón, porque el de España es un problema de raza, y eso ya no lo enderezan sino una bomba atómica y un solar. Pero es cierto que el Gobierno pone todos sus medios, que son bastante escasos, la verdad, cuando se intenta gobernar en un resquicio, en un "margen", que dirían los filósofos postderridanos.
Fácil es, por supuesto, culpar de todo a unos pocos, en este caso, los que forman el equipo del Gobierno, pero uno puede preguntarse qué coño hacen las Autonomías y los ayuntamientos, y, en particular, qué coño hacen las divisiones administrativas donde gobierna el más necio de todos cuantos partidos políticos hayan existido y quepa imaginar, el Partido Popular. ¿Qué medidas se aplican en Madrid, por ejemplo, para fomentar el empleo? NI PUTA IDEA, esto es, NINGUNA.
¿Cómo combate el ayuntamiento del señor Ruiz-Gallardón el desempleo atroz que humilla a miles y miles de jóvenes titulados y cualificados que figuran en su padrón? NI PUTA IDEA, esto es, DE NINGUNA MANERA.
Lo que sí sabemos es el modo como doña Esperanza Aguirre liquida el sistema educativo, siempre deficiente, con una política de empleo público más que cicatera, hasta desembocar en otro simulacro en el cual todo lo que no sea una asociación de asignaturas clásicas con horas de clase se interpreta como "añadido", prescindible, "un gasto", según el vocabulario del racionalismo económico liberal para el suicidio cultural de las sociedades.
Sólo hay que estudiar el modo como en algunas especialidades de la educación secundaria se juega con "las listas". Así, se observa que muchos puestos vacantes se dejan sin cubrir, esperando que los interinos más antiguos consuman la temporalidad que los ata a un destino para ser dirigidos después a otro. Supongo que esos imbéciles le estarán todavía agradecidos a la consejera de Educación y sabrán recompensar al Partido Popular con un apoyo condicionado.
Pero es que hay que preguntarse si estos liberalillos de trapo han pensado alguna vez. Un trabajador, cuando empleado, es un esclavo que gasta su dinero, pero un desempleado es un esclavo al que hay que alimentar. Hay que pedir a estos liberalillos de trapo que vayan a las fuentes, que relean a los maestros del liberalismo, y se encontrarán, por ejemplo, con una defensa de la abolición de la esclavitud en Adam Smith, que ya entendía el problema de alimentar a quienes no disponen de medios, y lo bueno que es que todo el mundo trabaje para ganarse la vida sin la dependencia de los demás.
¿Pero cómo vamos a vivir en una sociedad cuyo motor es el consumo si no hay dinero ni medios de conseguirlo para despilfarrarlo en baratijas de reyezuelo africano?
Lo más preocupante de todo es que el Partido Popular, enrabietado como pasa los días lejos del poder -¡madre de Dios!, ¡el poder!, ¡es así como Ruiz-Gallardón se refiere al gobierno democrático!-, pase por el cenagal sin mancharse las botas de barro; y que el pueblo estúpido le aplauda como al Mesías salvador, cuando llega en realidad con un trabuco bajo el brazo. Hay que ser de verdad retrasado mental para no comprender la amenaza que se cierne sobre nosotros, españoles, si caemos en manos de quienes ansían "el poder". ¿Acaso no disfrutan ya de él donde gobiernan y ningún provecho obtienen de su acción los gobernados?
Yvs Jacob
He estado escuchando en las noticias las barbaridades que decía el alcalde de Madrid, y no menos descabelladas eran las gracietas de doña Rita. Según estos gestores, no serán las medidas del Gobierno socialista de la nación las que sacarán al país de la pésima situación económica, espiritual y moral en que se encuentra. Y tengo que darles la razón, porque el de España es un problema de raza, y eso ya no lo enderezan sino una bomba atómica y un solar. Pero es cierto que el Gobierno pone todos sus medios, que son bastante escasos, la verdad, cuando se intenta gobernar en un resquicio, en un "margen", que dirían los filósofos postderridanos.
Fácil es, por supuesto, culpar de todo a unos pocos, en este caso, los que forman el equipo del Gobierno, pero uno puede preguntarse qué coño hacen las Autonomías y los ayuntamientos, y, en particular, qué coño hacen las divisiones administrativas donde gobierna el más necio de todos cuantos partidos políticos hayan existido y quepa imaginar, el Partido Popular. ¿Qué medidas se aplican en Madrid, por ejemplo, para fomentar el empleo? NI PUTA IDEA, esto es, NINGUNA.
¿Cómo combate el ayuntamiento del señor Ruiz-Gallardón el desempleo atroz que humilla a miles y miles de jóvenes titulados y cualificados que figuran en su padrón? NI PUTA IDEA, esto es, DE NINGUNA MANERA.
Lo que sí sabemos es el modo como doña Esperanza Aguirre liquida el sistema educativo, siempre deficiente, con una política de empleo público más que cicatera, hasta desembocar en otro simulacro en el cual todo lo que no sea una asociación de asignaturas clásicas con horas de clase se interpreta como "añadido", prescindible, "un gasto", según el vocabulario del racionalismo económico liberal para el suicidio cultural de las sociedades.
Sólo hay que estudiar el modo como en algunas especialidades de la educación secundaria se juega con "las listas". Así, se observa que muchos puestos vacantes se dejan sin cubrir, esperando que los interinos más antiguos consuman la temporalidad que los ata a un destino para ser dirigidos después a otro. Supongo que esos imbéciles le estarán todavía agradecidos a la consejera de Educación y sabrán recompensar al Partido Popular con un apoyo condicionado.
Pero es que hay que preguntarse si estos liberalillos de trapo han pensado alguna vez. Un trabajador, cuando empleado, es un esclavo que gasta su dinero, pero un desempleado es un esclavo al que hay que alimentar. Hay que pedir a estos liberalillos de trapo que vayan a las fuentes, que relean a los maestros del liberalismo, y se encontrarán, por ejemplo, con una defensa de la abolición de la esclavitud en Adam Smith, que ya entendía el problema de alimentar a quienes no disponen de medios, y lo bueno que es que todo el mundo trabaje para ganarse la vida sin la dependencia de los demás.
¿Pero cómo vamos a vivir en una sociedad cuyo motor es el consumo si no hay dinero ni medios de conseguirlo para despilfarrarlo en baratijas de reyezuelo africano?
Lo más preocupante de todo es que el Partido Popular, enrabietado como pasa los días lejos del poder -¡madre de Dios!, ¡el poder!, ¡es así como Ruiz-Gallardón se refiere al gobierno democrático!-, pase por el cenagal sin mancharse las botas de barro; y que el pueblo estúpido le aplauda como al Mesías salvador, cuando llega en realidad con un trabuco bajo el brazo. Hay que ser de verdad retrasado mental para no comprender la amenaza que se cierne sobre nosotros, españoles, si caemos en manos de quienes ansían "el poder". ¿Acaso no disfrutan ya de él donde gobiernan y ningún provecho obtienen de su acción los gobernados?
Yvs Jacob
viernes, 25 de marzo de 2011
Intelectuales irresponsables alientan medidas de desgobierno
Levanto aquí mi mano por amor al caos; a la destrucción de la humanidad, yo me apunto el primero. Pero es obvio que esa obra me sobrevivirá sin ser acometida, y, mientras tanto, debe más o menos organizarse el mundo de los hombres como si de eso, seres humanos, se tratara.
Se habla últimamente de una medida harto ingeniosa para cancelar la hipoteca, y se anima al Gobierno a que tome una decisión a favor de un gesto de absoluta irresponsabilidad, y ni se entiende qué podría tener de beneficioso para la sociedad ni se conocen con detalle sus consecuencias en los países donde ya se aplica la medida conmutativa.
Me voy a ahorrar las mil citas que podría traer sobre la tarea del político, que Aristóteles llama, con delicia, "legislador", en cuanto a la educación ciudadana. No niego, por cierto, la necesidad de una ética pública que sea, ¡ay!, la posibilidad de conocer y aceptar todas las éticas, por mucho que los fanáticos ultracatólicos sólo vean en la libertad de los demás una amenaza para sus prejuicios, pero si en algo debe ser un Gobernante educador, ser capaz de acercar a los gobernados, cuando menos, al horizonte de lo razonable, sin duda, eso recibe el nombre de "responsabilidad", "pechar", como dicen los orteguianos, con lo que a cada uno le viene desde delante, que no suele estar demasiado alejado de lo que se ha hecho por detrás.
Es mejor no pedir una hipoteca, por supuesto, que vivir con una gran deuda; es mayor castigo para los usureros de la economía no contar con ellos que entregarles las llaves de la casita cuando el dinero no se puede devolver.
Yo estoy seguro de que jamás pediré una hipoteca, no soportaría una deuda con nadie, y menos con algo que no es ninguno. Tal vez el precio de la vivienda no fuese tan elevado en España si se hubiese educado para "la no hipoteca"; se habría resuelto entonces a tiempo el mal de la especulación y todos viviríamos dentro de la más saludable moderación.
Pero lo que no puede aceptarse es que una sociedad que se financia con deuda, puesto que el pueblo, engañado por quienes practican la mala política, quiere demasiadas cosas para su bienestar, y quiere también no participar en el mismo con los impuestos, que una sociedad en esa dependencia de recursos de los que carece, pues, permita que sus ciudadanos más locuaces firmen y rompan contratos económicos como quien se inscribe en un gimnasio o en una piscina. Con esa tolerancia no habría gobierno que gobernase nada.
Los españoles ya somos para nosotros mismos bastante poco de fiar, envilecidos como nos ha vuelto la ilusión del consumo de baratijas que llamamos "progreso".
Que el populacho tonto pierda el juicio escapa por completo a mi pedagogía; que los intelectuales y pregoneros del buen rollo lo pierdan también, eso ya resulta más preocupante, porque cruzan así una línea que separa a la sociedad de la ingobernabilidad; pero si lo hace el Gobierno, en un país como este, donde se vitorea al sinvergüenza, caeríamos en la más desesperada de las anomias.
Nunca me cansaré de pedir a la izquierda guay que aterrice en el suelo y que mire a los problemas desde la perspectiva compleja de lo social, esto es, desde la correspondencia que existe entre los actos de todos y cada uno de sus miembros, y que, por desgracia, tan lejos se encuentra siempre de lo que el humanismo y el cristianismo podrían desear.
Ya está bien de buen rollo. ¡Educación republicana, ya!
Yvs Jacob
Se habla últimamente de una medida harto ingeniosa para cancelar la hipoteca, y se anima al Gobierno a que tome una decisión a favor de un gesto de absoluta irresponsabilidad, y ni se entiende qué podría tener de beneficioso para la sociedad ni se conocen con detalle sus consecuencias en los países donde ya se aplica la medida conmutativa.
Me voy a ahorrar las mil citas que podría traer sobre la tarea del político, que Aristóteles llama, con delicia, "legislador", en cuanto a la educación ciudadana. No niego, por cierto, la necesidad de una ética pública que sea, ¡ay!, la posibilidad de conocer y aceptar todas las éticas, por mucho que los fanáticos ultracatólicos sólo vean en la libertad de los demás una amenaza para sus prejuicios, pero si en algo debe ser un Gobernante educador, ser capaz de acercar a los gobernados, cuando menos, al horizonte de lo razonable, sin duda, eso recibe el nombre de "responsabilidad", "pechar", como dicen los orteguianos, con lo que a cada uno le viene desde delante, que no suele estar demasiado alejado de lo que se ha hecho por detrás.
Es mejor no pedir una hipoteca, por supuesto, que vivir con una gran deuda; es mayor castigo para los usureros de la economía no contar con ellos que entregarles las llaves de la casita cuando el dinero no se puede devolver.
Yo estoy seguro de que jamás pediré una hipoteca, no soportaría una deuda con nadie, y menos con algo que no es ninguno. Tal vez el precio de la vivienda no fuese tan elevado en España si se hubiese educado para "la no hipoteca"; se habría resuelto entonces a tiempo el mal de la especulación y todos viviríamos dentro de la más saludable moderación.
Pero lo que no puede aceptarse es que una sociedad que se financia con deuda, puesto que el pueblo, engañado por quienes practican la mala política, quiere demasiadas cosas para su bienestar, y quiere también no participar en el mismo con los impuestos, que una sociedad en esa dependencia de recursos de los que carece, pues, permita que sus ciudadanos más locuaces firmen y rompan contratos económicos como quien se inscribe en un gimnasio o en una piscina. Con esa tolerancia no habría gobierno que gobernase nada.
Los españoles ya somos para nosotros mismos bastante poco de fiar, envilecidos como nos ha vuelto la ilusión del consumo de baratijas que llamamos "progreso".
Que el populacho tonto pierda el juicio escapa por completo a mi pedagogía; que los intelectuales y pregoneros del buen rollo lo pierdan también, eso ya resulta más preocupante, porque cruzan así una línea que separa a la sociedad de la ingobernabilidad; pero si lo hace el Gobierno, en un país como este, donde se vitorea al sinvergüenza, caeríamos en la más desesperada de las anomias.
Nunca me cansaré de pedir a la izquierda guay que aterrice en el suelo y que mire a los problemas desde la perspectiva compleja de lo social, esto es, desde la correspondencia que existe entre los actos de todos y cada uno de sus miembros, y que, por desgracia, tan lejos se encuentra siempre de lo que el humanismo y el cristianismo podrían desear.
Ya está bien de buen rollo. ¡Educación republicana, ya!
Yvs Jacob
miércoles, 23 de marzo de 2011
Inditex quiere más
Leído en la prensa: a Inditex le va tan bien en el mercado de la vulgaridad que sus directivos se plantean la posibilidad de aumentar su oferta con una nueva cadena de calzados y complementos. ¿Pero es que no vamos ya lo bastante mal vestidos por cuatro perras que todavía seremos víctimas de la insaciabilidad de la pobreza del espíritu?
De todas formas, el afán de vestir de una manera singular en un mundo de casi 7.000 millones de almas es tan absurdo como la pretensión de algunos grupos de la moda y de la industria textil de vestir uniformemente a la mitad.
William Morris, al que he amado como a un padre, decía que las clases ricas eran también responsables de la vulgaridad que afectaba, en todos los aspectos de la estética, a las clases pobres e inferiores, porque en su época, la del auge de la industrialización, se originó una nueva forma de tiranía, la moda, considerando que el mundo pasaba de la subsistencia al consumo de bienes superficiales y efímeros, y lo que hasta entonces se había tomado por lujo pasaba a engrosar la más temible y monstruosa fealdad, la democratización del mal gusto.
Más de un siglo después de esa reflexión, es fácil observar que, en efecto, Morris no se había equivocado, y aquellos a quienes les va bien diseñan hasta en el más mínimo detalle el universo de los demás. Es así que existe Ikea, con sus anuncios televisivos para gilipollas, y que Inditex ha conseguido que cualquiera de nosotros se parezca a uno de sus vecinos, y como todo el mundo tiene en casa los mismos muebles y las mismas chucherías para gente triste y sin imaginación, no sorprenderá si el del segundo piso se confunde y te orina en el baño, creyendo que era también parte de la república independiente de su casa. Y se lleva una hostia, claro.
Yo quiero pedir a los directivos de Inditex que se toquen la cola un rato y que no avancen más con esa iniciativa sociosuicida. Les animo a que salgan a la calle, a una cualquiera de cualquier ciudad española, y que mediten acerca de sus atentados, ya sea en lo que a sus locales se refiere como a las prendas que los muertos de hambre nos vemos obligados a vestir.
¡Tanto libre mercado y tanta polla!
¡Cultura, ya, cojones!
Yvs Jacob
De todas formas, el afán de vestir de una manera singular en un mundo de casi 7.000 millones de almas es tan absurdo como la pretensión de algunos grupos de la moda y de la industria textil de vestir uniformemente a la mitad.
William Morris, al que he amado como a un padre, decía que las clases ricas eran también responsables de la vulgaridad que afectaba, en todos los aspectos de la estética, a las clases pobres e inferiores, porque en su época, la del auge de la industrialización, se originó una nueva forma de tiranía, la moda, considerando que el mundo pasaba de la subsistencia al consumo de bienes superficiales y efímeros, y lo que hasta entonces se había tomado por lujo pasaba a engrosar la más temible y monstruosa fealdad, la democratización del mal gusto.
Más de un siglo después de esa reflexión, es fácil observar que, en efecto, Morris no se había equivocado, y aquellos a quienes les va bien diseñan hasta en el más mínimo detalle el universo de los demás. Es así que existe Ikea, con sus anuncios televisivos para gilipollas, y que Inditex ha conseguido que cualquiera de nosotros se parezca a uno de sus vecinos, y como todo el mundo tiene en casa los mismos muebles y las mismas chucherías para gente triste y sin imaginación, no sorprenderá si el del segundo piso se confunde y te orina en el baño, creyendo que era también parte de la república independiente de su casa. Y se lleva una hostia, claro.
Yo quiero pedir a los directivos de Inditex que se toquen la cola un rato y que no avancen más con esa iniciativa sociosuicida. Les animo a que salgan a la calle, a una cualquiera de cualquier ciudad española, y que mediten acerca de sus atentados, ya sea en lo que a sus locales se refiere como a las prendas que los muertos de hambre nos vemos obligados a vestir.
¡Tanto libre mercado y tanta polla!
¡Cultura, ya, cojones!
Yvs Jacob
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