Leído en la prensa: a Inditex le va tan bien en el mercado de la vulgaridad que sus directivos se plantean la posibilidad de aumentar su oferta con una nueva cadena de calzados y complementos. ¿Pero es que no vamos ya lo bastante mal vestidos por cuatro perras que todavía seremos víctimas de la insaciabilidad de la pobreza del espíritu?
De todas formas, el afán de vestir de una manera singular en un mundo de casi 7.000 millones de almas es tan absurdo como la pretensión de algunos grupos de la moda y de la industria textil de vestir uniformemente a la mitad.
William Morris, al que he amado como a un padre, decía que las clases ricas eran también responsables de la vulgaridad que afectaba, en todos los aspectos de la estética, a las clases pobres e inferiores, porque en su época, la del auge de la industrialización, se originó una nueva forma de tiranía, la moda, considerando que el mundo pasaba de la subsistencia al consumo de bienes superficiales y efímeros, y lo que hasta entonces se había tomado por lujo pasaba a engrosar la más temible y monstruosa fealdad, la democratización del mal gusto.
Más de un siglo después de esa reflexión, es fácil observar que, en efecto, Morris no se había equivocado, y aquellos a quienes les va bien diseñan hasta en el más mínimo detalle el universo de los demás. Es así que existe Ikea, con sus anuncios televisivos para gilipollas, y que Inditex ha conseguido que cualquiera de nosotros se parezca a uno de sus vecinos, y como todo el mundo tiene en casa los mismos muebles y las mismas chucherías para gente triste y sin imaginación, no sorprenderá si el del segundo piso se confunde y te orina en el baño, creyendo que era también parte de la república independiente de su casa. Y se lleva una hostia, claro.
Yo quiero pedir a los directivos de Inditex que se toquen la cola un rato y que no avancen más con esa iniciativa sociosuicida. Les animo a que salgan a la calle, a una cualquiera de cualquier ciudad española, y que mediten acerca de sus atentados, ya sea en lo que a sus locales se refiere como a las prendas que los muertos de hambre nos vemos obligados a vestir.
¡Tanto libre mercado y tanta polla!
¡Cultura, ya, cojones!
Yvs Jacob
miércoles, 23 de marzo de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
¡Qué bonicas son las guerras justas, madre!
Me encantan las guerras, pero las justas, claro.
En las guerras se mata mucho, pero cuando se mata con justicia se mata mejor. Me hubiera encantado nacer en otra época, aunque en Occidente, una época de aquellas con un par de cojones cuando los hombres se liaban la manta a la cabeza y se arrojaban a las calles a rebanar el pescuezo al primero que pasara, una época con fusil, una época sangrienta, en lugar del aburrido presente -y es que todo lo estamos perdiendo.
Por fortuna, existe el Tercer Mundo, donde todavía la vida de un hombre vale una mierda, y si no fuese ya bastante que allí unos matan a otros por un aburrimiento similar al de Occidente, donde el hombre se aburre porque no mata, una gentil coalición occidental, en nombre de un cristianísimo humanismo, se anima a disparar sus armas desde el aire contra objetivos militares en Libia, que es sin duda una forma entre las más nobles de matar a los que matan, infalible el piloto en su aparato, que no yerra en el bien y el mal, porque no dispara misiles, sino justicia de la mejor.
Yo he preguntado en el ministerio de Defensa qué hay que hacer para ir a una guerra en esos países donde nadie nos ha hecho nada -cito sin comillas al bendito Jean-Jacques-, y no me han sabido contestar.
He preguntado entonces, por defecto, ya que me pilla mejor por el asunto del "wi-fi", cómo se inicia una guerra aquí, en España, y me han remitido al ministerio del Interior. Allí me han dado varias opciones. Una de ellas, en mi distrito, que arme jaleo en la embajada de Catalunya en Madrid, el Blanquerna Centre Cultural de la calle de Alcalá, pero había tan poca gente allí que no podíamos ni matarnos; además, sin convocar a la prensa es muy difícil que triunfe una guerra hoy.
(Opción B). No me ha quedado más remedio que hacer el gilipollas con una camiseta del Atlético de Madrid a la que he prendido fuego frente a la estatua de Neptuno, pero sólo he llamado la atención de los turistas, que me gritaron "¡olé!, ¡olé!", y uno que no lo era y pasaba por allí me ha animado, tomándome por un "colchonero", en este dialecto: "¡aupaleti!".
En fin, que dejo aquí un mensaje para potencias democráticas que quieran gente dispuesta a matar en territorio extranjero y por una causa justa: ¡por favor, llamarme!
Yvs Jacob
En las guerras se mata mucho, pero cuando se mata con justicia se mata mejor. Me hubiera encantado nacer en otra época, aunque en Occidente, una época de aquellas con un par de cojones cuando los hombres se liaban la manta a la cabeza y se arrojaban a las calles a rebanar el pescuezo al primero que pasara, una época con fusil, una época sangrienta, en lugar del aburrido presente -y es que todo lo estamos perdiendo.
Por fortuna, existe el Tercer Mundo, donde todavía la vida de un hombre vale una mierda, y si no fuese ya bastante que allí unos matan a otros por un aburrimiento similar al de Occidente, donde el hombre se aburre porque no mata, una gentil coalición occidental, en nombre de un cristianísimo humanismo, se anima a disparar sus armas desde el aire contra objetivos militares en Libia, que es sin duda una forma entre las más nobles de matar a los que matan, infalible el piloto en su aparato, que no yerra en el bien y el mal, porque no dispara misiles, sino justicia de la mejor.
Yo he preguntado en el ministerio de Defensa qué hay que hacer para ir a una guerra en esos países donde nadie nos ha hecho nada -cito sin comillas al bendito Jean-Jacques-, y no me han sabido contestar.
He preguntado entonces, por defecto, ya que me pilla mejor por el asunto del "wi-fi", cómo se inicia una guerra aquí, en España, y me han remitido al ministerio del Interior. Allí me han dado varias opciones. Una de ellas, en mi distrito, que arme jaleo en la embajada de Catalunya en Madrid, el Blanquerna Centre Cultural de la calle de Alcalá, pero había tan poca gente allí que no podíamos ni matarnos; además, sin convocar a la prensa es muy difícil que triunfe una guerra hoy.
(Opción B). No me ha quedado más remedio que hacer el gilipollas con una camiseta del Atlético de Madrid a la que he prendido fuego frente a la estatua de Neptuno, pero sólo he llamado la atención de los turistas, que me gritaron "¡olé!, ¡olé!", y uno que no lo era y pasaba por allí me ha animado, tomándome por un "colchonero", en este dialecto: "¡aupaleti!".
En fin, que dejo aquí un mensaje para potencias democráticas que quieran gente dispuesta a matar en territorio extranjero y por una causa justa: ¡por favor, llamarme!
Yvs Jacob
Basuragurú ficha a Iñaki Gabilondo
Basuragurú no deja de crecer -¡ya saca los dedos de los pies de debajo de las sábanas!
Como bien dijo Carlos Dávila, director de La Gaceta, vivimos en la época más adversa para iniciar la aventura de un medio de comunicación -¡y eso que el suyo es de derechas!
Yvs Jacob se embarcó en un proyecto similar, un medio de opinión-ficción, donde lo informativo queda por completo marginado, despreciado, pues de lo que aquí se trata es de vapulear a los borregos de pas(t)o por tierra de nadie, y también de ver quién se lleva más para su corral de sodomía, y todo en nombre de la independencia y de la libertad. ¡Viva el periodismo!
Basuragurú ha fichado a Iñaki Gabilondo. No ha sido fácil, ajetreado como vive de una televisión a otra con un libro bajo el brazo y su facultad de juicio a prueba de silencios.
Llega el mítico periodista a Basuragurú con la carta de libertad, no ha sido necesario pagar cláusula de rescisión ni nada, ni se le discute que luzca en la camiseta el número 1, que sin duda le pertenece -Yvs Jacob lleva el 2 por su fobia a la línea recta y a las puntas abiertas.
El fichaje del maestro dará un empujón definitivo a esta columna de opinión, cuyo autor ha confesado su incapacidad para tomar posición respecto de algunos temas de la compleja vida cultural, política y sentimental española. Un salto cualitativo, cierto, que conseguirá definir a Yvs Jacob en sus dudas y amenazas.
Su incorporación no será, sin embargo, inmediata -Iñaki redacta en la actualidad un número acojonante de obras sobre lo que dijo y se calló en la época de fulanitos y menganitos-, pero aquí se lo espera como a un padre el día de la paga, y, además, yo estoy dispuesto a que me pisotee el escroto con tal de que una de estas crónicas lleve su firma.
Yvs Jacob
Como bien dijo Carlos Dávila, director de La Gaceta, vivimos en la época más adversa para iniciar la aventura de un medio de comunicación -¡y eso que el suyo es de derechas!
Yvs Jacob se embarcó en un proyecto similar, un medio de opinión-ficción, donde lo informativo queda por completo marginado, despreciado, pues de lo que aquí se trata es de vapulear a los borregos de pas(t)o por tierra de nadie, y también de ver quién se lleva más para su corral de sodomía, y todo en nombre de la independencia y de la libertad. ¡Viva el periodismo!
Basuragurú ha fichado a Iñaki Gabilondo. No ha sido fácil, ajetreado como vive de una televisión a otra con un libro bajo el brazo y su facultad de juicio a prueba de silencios.
Llega el mítico periodista a Basuragurú con la carta de libertad, no ha sido necesario pagar cláusula de rescisión ni nada, ni se le discute que luzca en la camiseta el número 1, que sin duda le pertenece -Yvs Jacob lleva el 2 por su fobia a la línea recta y a las puntas abiertas.
El fichaje del maestro dará un empujón definitivo a esta columna de opinión, cuyo autor ha confesado su incapacidad para tomar posición respecto de algunos temas de la compleja vida cultural, política y sentimental española. Un salto cualitativo, cierto, que conseguirá definir a Yvs Jacob en sus dudas y amenazas.
Su incorporación no será, sin embargo, inmediata -Iñaki redacta en la actualidad un número acojonante de obras sobre lo que dijo y se calló en la época de fulanitos y menganitos-, pero aquí se lo espera como a un padre el día de la paga, y, además, yo estoy dispuesto a que me pisotee el escroto con tal de que una de estas crónicas lleve su firma.
Yvs Jacob
viernes, 18 de marzo de 2011
Yvs Jacob, con opciones de ocupar el sillón de Miguel Delibes en la RAE
Me ha pillado totalmente por sorpresa, ya que yo creía que ser ignorante en muchas materias, escribir mal y gilipolleces no eran méritos suficientes para optar a una pensión de esas características.
Pero me ha comentado uno de los deliciosos pensionistas de la RAE lo siguiente: "no tema, que aparte de quienes acceden a la Academia por su cualificación como lingüistas, a los que sin duda debemos admirar, todos los demás nos encontramos en una situación similar a la suya; esto es, ser ignorantes en muchas materias, escribir mal y gilipolleces... Pero, oiga, ¡qué le vamos a hacer!". Y me he tranquilizado.
El dinerito ya me iba haciendo falta, porque está la cosa muy mal -yo lo veo todo muy negro-, y ya le he echado el ojo a un par de americanas y a unas corbatas venecianas la mar de intelectuales.
Sé que interesa, y tanto, el discursito de acceso, siempre, claro, en el caso de que salga vencedor en la complejísima votación, penetrada con seguridad de desprecios y amistades. He pensado en un par, aunque yo si me pongo escribo ocho, y, a lo Pérez-Reverte, los que me salgan de los cojones.
Ahí van los títulos: "Pierre Menard, autor del Quijote", y "Cartas a un joven poeta".
Ocupar el sillón de Miguel Delibes exige una gran responsabilidad. Yo leí muy temprano su primera obra, La sombra del ciprés es alargada, que me hizo pasar una vergüenza indecible -la novela es mala, mala, mala como ella sola. Leí después otras, cuando Delibes aprendió a escribir, y no me importa reconocer que es El camino una de las mejores novelas jamás escritas en lengua castellana.
En fin, que haré lo que pueda -y de momento ya busco alquiler en el corazón del Barrio de las Letras, que me han dicho que hay por allí dos churrerías muy buenas.
Yvs Jacob
Pero me ha comentado uno de los deliciosos pensionistas de la RAE lo siguiente: "no tema, que aparte de quienes acceden a la Academia por su cualificación como lingüistas, a los que sin duda debemos admirar, todos los demás nos encontramos en una situación similar a la suya; esto es, ser ignorantes en muchas materias, escribir mal y gilipolleces... Pero, oiga, ¡qué le vamos a hacer!". Y me he tranquilizado.
El dinerito ya me iba haciendo falta, porque está la cosa muy mal -yo lo veo todo muy negro-, y ya le he echado el ojo a un par de americanas y a unas corbatas venecianas la mar de intelectuales.
Sé que interesa, y tanto, el discursito de acceso, siempre, claro, en el caso de que salga vencedor en la complejísima votación, penetrada con seguridad de desprecios y amistades. He pensado en un par, aunque yo si me pongo escribo ocho, y, a lo Pérez-Reverte, los que me salgan de los cojones.
Ahí van los títulos: "Pierre Menard, autor del Quijote", y "Cartas a un joven poeta".
Ocupar el sillón de Miguel Delibes exige una gran responsabilidad. Yo leí muy temprano su primera obra, La sombra del ciprés es alargada, que me hizo pasar una vergüenza indecible -la novela es mala, mala, mala como ella sola. Leí después otras, cuando Delibes aprendió a escribir, y no me importa reconocer que es El camino una de las mejores novelas jamás escritas en lengua castellana.
En fin, que haré lo que pueda -y de momento ya busco alquiler en el corazón del Barrio de las Letras, que me han dicho que hay por allí dos churrerías muy buenas.
Yvs Jacob
jueves, 17 de marzo de 2011
¡Qué días para el periodismo!
¡Hostia, tú, que la realidad no para un momento!
Así es, que no dejan de suceder cosas a cada instante. Que si revueltas, que si EREs y no eres, que si dictadores que pierden pero ganan sus guerras, que si presidentes y primeros ministros democráticos totalmente fuera de órbita por el deseo de aparentar que son competentes en los asuntos humanos, que si flotas que van y se alejan de la orilla, jugadores de fúbtol con dolencias comunes a los mortales, que si Mou dice, que si no dice, que si vaya con el tsunami y qué bonicos que son los japos cuando son pequeños, que ya he escuchado a más de una moza ibérica que quiere uno para cuidarlo, y le he dicho yo: "¡pero si ellos ya fabrican robots!".
Pero es que el periodismo me tiene todo el día pegado a los diferentes medios de que dispongo, ¡y he llegado hasta a olvidar que soy el único caucásico de mi edificio!
Por supuesto, estoy preocupado por la contaminación radiactiva, porque todos los medios de comunicación han enviado a sus corresponsales a Japón -y la verdad es que aunque muchos japoneses se marchen de Tokio, no se va a notar ninguna diferencia, porque hay tantos medios y tantos corresponsales ahora allí como para repoblar el país entero varias veces-; preocupado por el regreso de los héroes de Japón 2011, por si alguno se viene cargadito y te toca sentarte a su lado en el metro.
Y no dejan de llegar noticias: un reactor jodido; no, dos; y ahora, tres... ¡Y hasta un cuarto! ¡De puta madre!
¡Y cómo titulan los medios on-line! ¡Si parece que estuviésemos deseando un desastre siempre mayor!
¡Y qué bien escogidas las palabras de los comisarios europeos siempre! ¡Si tienen el don de tranquilizar a la sociedad como una tila!
¡Y esos americanos, y esos franceses, qué malos que son! Que si tus centrales son peores, que si yo pongo un radio de aislamiento mayor cuando el tuyo es muy pequeño...
¡Y qué bonita es la sociedad global! ¡Si es que vivimos ya como hermanos de sangre!
Pero lo mejor, sin duda, nos lo traen los medios de comunicación con su viciosa incontinencia.
Decía Emmanuel Lévinas que las sociedades buscan la utopía como si fuese algo que, perdido en los orígenes, pudiesen encontrar de nuevo y reconocer, como si pudiese saberse qué es de verdad la utopía y se persiguiese con esa conciencia, la de lo conocido. Pero los medios de comunicación parecen andar buscando siempre el mayor desastre, como intuyendo que todo puede ir a más, y que llegará la gran desgracia y que ellos tendrán allí un corresponsal con un transmisor vía satélite.
Por mi parte, ¡cojonudo! ¡Desastre mayúsculo, ya! ¡Estamos tardando en encender la mecha del planeta!
¡Lástima que ya no exista CNN+!
¡Necesito más, más, más!
Yvs Jacob
Así es, que no dejan de suceder cosas a cada instante. Que si revueltas, que si EREs y no eres, que si dictadores que pierden pero ganan sus guerras, que si presidentes y primeros ministros democráticos totalmente fuera de órbita por el deseo de aparentar que son competentes en los asuntos humanos, que si flotas que van y se alejan de la orilla, jugadores de fúbtol con dolencias comunes a los mortales, que si Mou dice, que si no dice, que si vaya con el tsunami y qué bonicos que son los japos cuando son pequeños, que ya he escuchado a más de una moza ibérica que quiere uno para cuidarlo, y le he dicho yo: "¡pero si ellos ya fabrican robots!".
Pero es que el periodismo me tiene todo el día pegado a los diferentes medios de que dispongo, ¡y he llegado hasta a olvidar que soy el único caucásico de mi edificio!
Por supuesto, estoy preocupado por la contaminación radiactiva, porque todos los medios de comunicación han enviado a sus corresponsales a Japón -y la verdad es que aunque muchos japoneses se marchen de Tokio, no se va a notar ninguna diferencia, porque hay tantos medios y tantos corresponsales ahora allí como para repoblar el país entero varias veces-; preocupado por el regreso de los héroes de Japón 2011, por si alguno se viene cargadito y te toca sentarte a su lado en el metro.
Y no dejan de llegar noticias: un reactor jodido; no, dos; y ahora, tres... ¡Y hasta un cuarto! ¡De puta madre!
¡Y cómo titulan los medios on-line! ¡Si parece que estuviésemos deseando un desastre siempre mayor!
¡Y qué bien escogidas las palabras de los comisarios europeos siempre! ¡Si tienen el don de tranquilizar a la sociedad como una tila!
¡Y esos americanos, y esos franceses, qué malos que son! Que si tus centrales son peores, que si yo pongo un radio de aislamiento mayor cuando el tuyo es muy pequeño...
¡Y qué bonita es la sociedad global! ¡Si es que vivimos ya como hermanos de sangre!
Pero lo mejor, sin duda, nos lo traen los medios de comunicación con su viciosa incontinencia.
Decía Emmanuel Lévinas que las sociedades buscan la utopía como si fuese algo que, perdido en los orígenes, pudiesen encontrar de nuevo y reconocer, como si pudiese saberse qué es de verdad la utopía y se persiguiese con esa conciencia, la de lo conocido. Pero los medios de comunicación parecen andar buscando siempre el mayor desastre, como intuyendo que todo puede ir a más, y que llegará la gran desgracia y que ellos tendrán allí un corresponsal con un transmisor vía satélite.
Por mi parte, ¡cojonudo! ¡Desastre mayúsculo, ya! ¡Estamos tardando en encender la mecha del planeta!
¡Lástima que ya no exista CNN+!
¡Necesito más, más, más!
Yvs Jacob
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