¡La hostia puta! Que no nos deja en paz el grafómano incontenible este. ¡Qué individuo más pesado, que no para de darnos por el culo con un libro tras otro! Por si no estuviésemos ya bien jodidos, Alfaguara y El País se han empeñado en meternos toda la "biblioteca Pérez-Reverte" por el ojete, y la obra completa llenará primero todos los kioscos, sin que nadie lo haya pedido ni lo desee, sin que un solo día hasta dentro de varios meses sea posible librarse de su careto cuando el curioso se acerca a ver las cubiertas de las revistas eróticas, de salud o belleza. Nunca he entendido a los lectores de Pérez-Reverte. Obsérvese que digo "lectores de", porque es el caso típico de autor que secuestra lectores, que los reduce a su obra, sin que reste después algo en el mocho para leer otra cosa. Me consta que los lectores de Pérez-Reverte tampoco me entenderán a mí, pero es éste un gran consuelo, la autoexclusión de los mediocres. Por otra parte, algo anda mal cuando un lector se dirige a la obra de Pérez- Reverte, pese a las advertencias que se esfuerzan en mantenerlo alejado de los finos paladares de la literatura. Igual que él escribe por escribir, y sus editores lo publican por publicar, y sus lectores lo compran por comprar "todo lo de Pérez-Reverte", hay otro bando que no soporta "lo Reverte", un bando al que le importan una mierda el Alatriste ese de los cojones y los tesoros bajo el mar. Pero se ve que no tenemos derecho a librarnos de aquello que nos repugna, y ya ni siquiera es posible apartar la vista y mirar a otro lado, porque no hay un espacio en que no asome Pérez-Reverte.
Yvs Jacob siempre ha deseado que los lectores se acerquen a él, pero desde luego que no va por ahí dando por el culo a la gente.
Yvs Jacob
viernes, 1 de octubre de 2010
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Hermann Tertsch y Ana Samboal no podrán ir hoy a trabajar
¡Me cago en la puta!
Pues parece que los dos tipos estos con nombre raro no podrán acudir hoy a su cita con los manipuladictos. Es para cagarse en la puta y más.
Que un esquirol atropelle a un miembro de un piquete informativo y lo deje en coma, pase; que los piquetes coactivos rompan aquí y allá cristales, sellen cerraduras con silicona y quemen contenedores, pase también -y que pase además el blindaje que la Delegación del Gobierno en Madrid ha hecho al Corte Inglés de la Calle de Preciados. Pero bajo ningún concepto voy a tolerar que dos profesionales de la comunicación y del periodismo, dos cimas de la razón, dos soberbias mentes privilegiadas -y sin las cuales, ¡ay, amigos!, ¡cuántos desmanes no cometerían esos malditos socialistas!- se queden de brazos cruzados por culpa de unos alborotadores, cuando menos, filocomunistas.
Y, en efecto, si Hermann Tertsch y Ana Samboal no advierten hoy a los madrileños de los peligros de un gobierno socialista, del despilfarro, de la necesidad inventada, gratuita de los sindicatos en un mundo que se regula por el libre juego de la oferta y de la demanda, y por la honradez de los defensores de semejante doctrina, si estas cabezas sabuesas del periodismo nacional no aleccionan acerca de la moral esta noche, ¡ay!, mañana, España será un infierno. Porque algunos manipuladictos podrían haber cambiado de bando; podrían haberse arrojado de nuevo a esa izquierda experta en crisis -sociales, económicas, morales, ¡qué más da!-, una izquierda demoniaca, libertina y fascista. ¡Qué tragedia, si los manipuladictos se marchan a otro corral! ¡Ése era nuestro ganado!
Yvs Jacob
Pues parece que los dos tipos estos con nombre raro no podrán acudir hoy a su cita con los manipuladictos. Es para cagarse en la puta y más.
Que un esquirol atropelle a un miembro de un piquete informativo y lo deje en coma, pase; que los piquetes coactivos rompan aquí y allá cristales, sellen cerraduras con silicona y quemen contenedores, pase también -y que pase además el blindaje que la Delegación del Gobierno en Madrid ha hecho al Corte Inglés de la Calle de Preciados. Pero bajo ningún concepto voy a tolerar que dos profesionales de la comunicación y del periodismo, dos cimas de la razón, dos soberbias mentes privilegiadas -y sin las cuales, ¡ay, amigos!, ¡cuántos desmanes no cometerían esos malditos socialistas!- se queden de brazos cruzados por culpa de unos alborotadores, cuando menos, filocomunistas.
Y, en efecto, si Hermann Tertsch y Ana Samboal no advierten hoy a los madrileños de los peligros de un gobierno socialista, del despilfarro, de la necesidad inventada, gratuita de los sindicatos en un mundo que se regula por el libre juego de la oferta y de la demanda, y por la honradez de los defensores de semejante doctrina, si estas cabezas sabuesas del periodismo nacional no aleccionan acerca de la moral esta noche, ¡ay!, mañana, España será un infierno. Porque algunos manipuladictos podrían haber cambiado de bando; podrían haberse arrojado de nuevo a esa izquierda experta en crisis -sociales, económicas, morales, ¡qué más da!-, una izquierda demoniaca, libertina y fascista. ¡Qué tragedia, si los manipuladictos se marchan a otro corral! ¡Ése era nuestro ganado!
Yvs Jacob
martes, 28 de septiembre de 2010
Basuragurú dice "Sí" a la huelga general
Con honestidad, un día de huelga general en España no cambiará las cosas, ni aquí ni en el mundo, ni para bien ni para mal, y si los días de fiesta eran un privilegio religioso, en su mayoría, habrá que reconocer a los sindicatos la colonización laica del calendario. Por otra parte, a los sindicatos convocantes les viene bien la fantasía de una auténtica acción social, acostumbrada como tienen a la ciudadanía al sorteo de chubasqueros y cestas de Navidad. Es precisamente esa ciudadanía la que tiene la culpa de la inoperancia de los sindicatos, con su baja afiliciación, ciudadanía que piensa que ya es bastante que los sindicatos existan para que tengan éxito, sin necesidad de apoyar su labor con una mínima cuota que a nadie empobrece.
Al margen del Gobierno, que se esfuerza por no humillar a las centrales sindicales, tal y como hace toda la derecha política y mediática, la huelga perjudica a esos mismos sindicatos, y todo por un problema congénito de los españoles para la interpretación de la realidad: el desprecio. Buena prueba de la estupidez nacional es el triunfo de la derecha, pero hay que admitir que esta derecha española es eficacísima haciendo daño, y ha conseguido que los sindicatos aparezcan ante la ciudadanía como criminales, y a poco que se descuiden, serán también los culpables de la crisis económica -el proceso, no obstante, ya está en marcha, y, en Madrid, la televisión pública y manipuladora ya ha conseguido que muchos trabajadores condenen a sus compañeros liberados sindicales, en lugar de agradecerles la dedicación que otros no parecen tan decididos a ofrecer, si bien nada saben de la posible financiación ilegal del Partido Tontular de la Comunidad, por ejemplo.
Pero la paradoja es inagotable en la España tan divertida que hemos heredado, y la huelga, aunque perjudique más a unos sindicatos desinflados, también servirá para coger algo de aire, quién sabe si incluso bueno, limpio. Dado el enrabietamiento de la derecha, yo dirijo la huelga hacia ella. Si el Gobierno tiene culpa, en parte, por no haberse atrevido a atajar una situación desquiciada, son los principios de desgobierno económico dominantes, principios de un libre mercado confundido con la más absoluta barbarie destructiva, los que han triunfado. Cualquiera que entienda algo de la actualidad comprenderá que el PSOE no puede negarse al libre mercado, no en vano es un partido socialista -hay que leer a Émile Durkheim-, pero el terrorismo liberal no se encontrará jamás en su programa. Este terrorismo fue introducido por el insaciable Partido Tontular, y el PSOE hizo el tonto al no combatirlo de inmediato.
La huelga no cambiará nada, si acaso, algunos cristales rotos en el día que se avecina. La única huelga exitosa es una indefinida; lo que el mundo necesita no es mover de un lado a otro el capital, sino deternerse por completo, explotar y comenzar otra vez.
A Basuragurú le gusta la huelga, le gustan los días de fiesta.
Yvs Jacob
Al margen del Gobierno, que se esfuerza por no humillar a las centrales sindicales, tal y como hace toda la derecha política y mediática, la huelga perjudica a esos mismos sindicatos, y todo por un problema congénito de los españoles para la interpretación de la realidad: el desprecio. Buena prueba de la estupidez nacional es el triunfo de la derecha, pero hay que admitir que esta derecha española es eficacísima haciendo daño, y ha conseguido que los sindicatos aparezcan ante la ciudadanía como criminales, y a poco que se descuiden, serán también los culpables de la crisis económica -el proceso, no obstante, ya está en marcha, y, en Madrid, la televisión pública y manipuladora ya ha conseguido que muchos trabajadores condenen a sus compañeros liberados sindicales, en lugar de agradecerles la dedicación que otros no parecen tan decididos a ofrecer, si bien nada saben de la posible financiación ilegal del Partido Tontular de la Comunidad, por ejemplo.
Pero la paradoja es inagotable en la España tan divertida que hemos heredado, y la huelga, aunque perjudique más a unos sindicatos desinflados, también servirá para coger algo de aire, quién sabe si incluso bueno, limpio. Dado el enrabietamiento de la derecha, yo dirijo la huelga hacia ella. Si el Gobierno tiene culpa, en parte, por no haberse atrevido a atajar una situación desquiciada, son los principios de desgobierno económico dominantes, principios de un libre mercado confundido con la más absoluta barbarie destructiva, los que han triunfado. Cualquiera que entienda algo de la actualidad comprenderá que el PSOE no puede negarse al libre mercado, no en vano es un partido socialista -hay que leer a Émile Durkheim-, pero el terrorismo liberal no se encontrará jamás en su programa. Este terrorismo fue introducido por el insaciable Partido Tontular, y el PSOE hizo el tonto al no combatirlo de inmediato.
La huelga no cambiará nada, si acaso, algunos cristales rotos en el día que se avecina. La única huelga exitosa es una indefinida; lo que el mundo necesita no es mover de un lado a otro el capital, sino deternerse por completo, explotar y comenzar otra vez.
A Basuragurú le gusta la huelga, le gustan los días de fiesta.
Yvs Jacob
lunes, 27 de septiembre de 2010
Julia Roberts. Cuando fuimos pueblerinos
No voy a negar que Julia Roberts sea una muy rica hembra de las que hubiesen distraído al mismísimo Immanuel Kant de su disciplina sobrehumana, pero tengo dudas acerca de su talento como actriz. Me atrevo a decir que no ha hecho ninguna película decente; ni siquiera se le ha escapado un pechito, eso sí, muchas caritas, muchas sonrisas, mucha boca se le ha visto en todas. Que a un mal actor se le dé un premio por haber hecho un buen montón de películas malas es algo bastante habitual en el mundo del cine. No sé ahora cuántas hay que hacer, pero todos los malos actores con muchas películas malas terminan premiados por su labor. Tiene gracia. Si lo que haces lo haces mal, entonces eres bueno haciendo lo malo, y por eso te premian tus compañeros, al menos sucede así en el cine -la literatura también imita a la realidad... En el deporte, por ejemplo, es diferente: si uno no gana en los 100 metros lisos, por mucho que haga la carrera, no le dan una medalla.
A Julia Roberts le han dado estos días un premio en Donostia. Para un americano, venir a España por un premio no es en nada diferente a recogerlo en Somalia -quiero decir que la sanción de quienes se lo conceden le debe de importar bastante poco, cualquiera que sea el punto en que se halle el tercer mundo de la cultura. No obstante, Julia Roberts vino, y bien podría haberlo evitado una cita con el callista.
Yo he sentido bastante tristeza al conocer el modo como los periodistas españoles informaban del acontecimiento, siempre considerando que no es más que una mujer guapa con las piernas muy largas. La he sentido también al escuchar a la actriz alabar a Javier Bardem con palabras y gestos vacíos de sinceridad, muy americanos, en verdad, porque su cultura ha multiplicado la calidez de la comunicación al despojar al vocabulario afectivo de autenticidad -ya lo decía Henry Miller, "my friend" no significa una puta mierda.
Pero lo peor ha sido ver a un ejército de reporteros gráficos apuntando con sus cámaras a una mujer en minifalda que sonríe por vicio autómata. Ellos allí, y los telespectadores en sus casas, parecíamos todos gilipollas, como de pueblo antiguo. Es una costumbre fuertemente trabajada por los españoles desde hace tres o cuatro décadas la de humillarse ante ídolos de plástico. No debe de extrañar que de fuera nos echen tanta mierda, es que disfrutamos como locos cuando podemos revolcarnos en el fango de nuestra mediocridad.
Yvs Jacob
jueves, 23 de septiembre de 2010
La última asnada de Hermann Tertsch
El violento Hermann Tertsch, a quien el liberalismo de "la Espe" da comer, y quien nos da a cambio su opinión a los madrileños, sin que esa opinión nos importe una mierda, si bien no nos hace maldita la gracia que se lleve el dinero de nuestros impuestos, Hermann Tertsch, maestro de la mediocre intelectual, aunque bien aplicada en tareas de envenenamiento social, Ana Samboal, se ha puesto pajarita. El hecho en sí podría parecer intrascedente, como el hecho Tertsch en sí lo es, menos cuando se agarra una cogorza y se gana una chufla, y Telemadrid lo intenta convertir en agresión a la libertad de expresión por células rojas que patrullan el distrito Centro madrileño. No obstante, el hecho de que Pedro J. Ramírez se aferrase desde hace décadas a los tirantes, con la pretensión probable de que el complemento hiciese de él lo que no es, a saber, un buen periodista, dirige mi atención a la coquetería recién descubierta por Tertsch en la convalecencia permanente de sus facultades morales e intelectuales. La pajarita, un complemento clásico de los opinadores televisivos norteamericanos en horario nocturno, manifiesta que Tertsch se ha convertido en otra cosa, al menos en su fantasía. Tertsch es ahora "columnista", es "la" opinión. Cierto que las noticias en Telemadrid hace años que no son otra cosa que opinión -en esta televisión pública domina la política de no contratar jamás, bajo ningún concepto, a periodistas-, y que cuando Tertsch conducía el espacio de la noche había que ser igual de duro de estómago que ahora, reducida su contribución a un breve apunte siempre torticero y apocalíptico, como no puede serlo más que la mentira.
La última asnada de Tertsch se esfuerza por convencer al burro madrileño que ama las mayorías absolutas del Partido Tontular de que la medida prevista por el Gobierno del Estado para gravar a las rentas más altas no producirá ningún beneficio. ¡Mira qué bien! A poco que uno curiosee los datos acerca de las rentas en España, es fácil advertir que, si el paro ha aumentado, lo han hecho también las grandes fortunas y el número de afortunados. De eso, claro, no ha dicho nada Tertsch. Lo descojonante, sin duda, es el rostro duro que hay que tener para despreciar desde un medio público una medida como la anunciada, la cara bien dura para decirle al pueblo de Madrid que los que más tienen no deben de responder por los demás, cuando los demás son esa inmensa borregada pobre y trabajadora sin la cual el Partido Tontular no podría ganar nunca las elecciones.
Aunque lo peor, obviamente, y una vez más, es que la borregada lo vote...
Yvs Jacob
La última asnada de Tertsch se esfuerza por convencer al burro madrileño que ama las mayorías absolutas del Partido Tontular de que la medida prevista por el Gobierno del Estado para gravar a las rentas más altas no producirá ningún beneficio. ¡Mira qué bien! A poco que uno curiosee los datos acerca de las rentas en España, es fácil advertir que, si el paro ha aumentado, lo han hecho también las grandes fortunas y el número de afortunados. De eso, claro, no ha dicho nada Tertsch. Lo descojonante, sin duda, es el rostro duro que hay que tener para despreciar desde un medio público una medida como la anunciada, la cara bien dura para decirle al pueblo de Madrid que los que más tienen no deben de responder por los demás, cuando los demás son esa inmensa borregada pobre y trabajadora sin la cual el Partido Tontular no podría ganar nunca las elecciones.
Aunque lo peor, obviamente, y una vez más, es que la borregada lo vote...
Yvs Jacob
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