1. No todos los que dicen ser o pertenecer a un lugar lo son o lo hacen con pureza.
2. Pureza es identidad: sólo quienes reconocen la identidad son puros.
3. Identidad es diferencia: si reconoces la diferencia, eres puro, en caso contrario, ni eres ni perteneces a aquí; puedes estar aquí, sí, pero ni eres ni perteneces.
4. Los de aquí, los diferentes, los que somos, y los que somos puros, exigimos que se nos reconozca como tales por quienes pretenden que somos como ellos.
5. Ellos es una identidad necesaria para que nosotros seamos lo y los que somos, los puros. Ellos resulta de todo lo que no somos nosotros. Ellos es lo que nos impide ser nosotros mismos, y gracias a lo cual nosotros somos lo que somos.
6. Ellos no nos deja ser nosotros en tanto que nos niega el derecho a decidir.
7. Decidir es el acto que habría de resolver este problema, si vivir entre ellos o vivir sólo nosotros. Si el acto de decisión resuelve a favor de la unión con ellos, entonces debe repetirse tantas veces como sea necesario hasta que venza la otra opción.
8. La decisión no puede ser contraria a la identidad, no en vano la identidad es pureza, y los puros no podemos equivocarnos al respecto cuando queremos lo que queremos porque somos lo que somos. Si la decisión es contraria a nuestra voluntad, entonces cabe llamarla imposición de quienes no son de los nuestros.
9. Un proceso independentista será pacífico siempre que los puros digan Sí. El No de los impuros no importa, puesto que aunque viven con nosotros carecen de derecho a decidir sobre lo que nosotros somos o no somos. Nosotros, sin embargo, sabemos perfectamente lo que son ellos: impuros, ciudadanos accidentales y en el error.
10. La historia sólo existe cuando es pura, protagonizada por los puros, sacralizada por su pureza. La historia de Catalunya se cerró en 1714 y espera al hombre-medicina que de nuevo la abra.
Yvs Jacob
miércoles, 10 de octubre de 2012
martes, 9 de octubre de 2012
José Ignacio Wert impulsará el estudio del rajoyés en la escuela pública (también en Catalunya)
José Ignacio Wert, el ministro con la mirada más sensual de la joven democracia española, presentará un ambicioso programa de reformas educativas que tendrá por objetivo extender y consolidar el rajoyés, el idioma del futuro para el mundo de la (libre) empresa, de los negocios y de las relaciones humanas -"en el año 2016, todos dominaremos el idioma del presidente, o quizá no todos, pero muchos, o algunos, o casi la mayor parte de la población, o en un buen número, tal vez", habría declarado el ministro.
El rajoyés, un ejemplo práctico:
-Déme una barra de pan, ésta o aquélla, más blanca o más cocida, la grande o la pequeña, con puntos o sin ellos, recién hecha o descongelada, que pese mucho o poco, déme una barra de pan, o mejor, no me la dé, o sí, que seguro que acertará (Mariano Rajoy, presidente. Gobierno de España).
-A que se la doy... A que no se la doy... Que sí... Que no...
Tocomocho, para Basuragurú
[Y muy pronto en Basuragurú: Luis de Guindos sacará a Motilla del Palancar del euro ('la presión de los mercados se les está haciendo insostenible')].
El rajoyés, un ejemplo práctico:
-Déme una barra de pan, ésta o aquélla, más blanca o más cocida, la grande o la pequeña, con puntos o sin ellos, recién hecha o descongelada, que pese mucho o poco, déme una barra de pan, o mejor, no me la dé, o sí, que seguro que acertará (Mariano Rajoy, presidente. Gobierno de España).
-A que se la doy... A que no se la doy... Que sí... Que no...
Tocomocho, para Basuragurú
[Y muy pronto en Basuragurú: Luis de Guindos sacará a Motilla del Palancar del euro ('la presión de los mercados se les está haciendo insostenible')].
lunes, 8 de octubre de 2012
Camp Nou, minuto 17:14
Como muchos nos temíamos, se puede convencer a la gente de cualquier cosa, o casi. Yo me apartaría de inmediato de un proceso sececionista que me exigiese, para mostrar mi grado de pureza y compromiso, la asistencia a un campo de fútbol y el grito, como respuesta a una orden precisa, de "independencia" - "conductismo", o algo así (¿fanatismo?), que lo llaman, y a mí, la verdad, me produce miedo, y mucho. Nos habían querido convencer algunos nacionalistas catalanes, como Josep Ramoneda, de que la independencia de cualquier territorio es posible siempre que se produzca de manera democrática. Pues vaya, que yo eso de una manera democrática no lo entiendo mucho, no entiendo en absoluto qué poder tiene una parte -la mitad más uno, se dice en democracia, sobre lo que otra parte es o no es, ¿española?, ¿catalana?-, y parece que estos bienintencionados nacionalistas confunden el mobiliario urbano, que sí puede imponerlo la mitad más uno, con la identidad, que no se resuelve jamás en democracia -se parece más a las hemorroides, a la religión, se padece en silencio. Y estos nacionalistas tan satisfechos, de los que cabe decir que naturalizan el terror con su ingenuidad, se presentan como un tipo más elevado de secesionista, el que rechaza el terrorismo, pero de una forma u otra, de un lado u otro, apenas se perciba que las posiciones no pueden progresar -yo digo que te quedas, tú dices que te vas-, el terror llegará. Estos buenos nacionalistas han querido convencernos de que yo y tú son absolutos, inequívocos, que hablan por todos, ¡maravillosa que es la democracia! Estos buenos nacionalistas, convencidos de que su mal es la unidad, convencidos de que padecen de un exceso de solidaridad -¡un exceso de solidaridad, Bach!-, no han reparado todavía en que quizá ha sido un absurdo modo de vida lo que ha conducido al desastre -CiU ya gobernó durante veinte años-, no les queda la menor duda sobre su destino fatal: un acontecimiento sucedido en 1714. ¡Joder, por qué no se habría inventado antes el fútbol!
Y no menos me ha llamado la atención que Iñaki (Gabilondo), maestro de periodistas, y a cuya ventana suelo asomarme para enterarme de lo mal que va el mundo, al menos esa insignificante parte, España, lo mal que está todo, como nos cuenta Iñaki (Gabilondo) cada mañana, no menos me ha llamado la atención la facilidad con que el maestro asume los procesos secesionistas abiertos o gangrenados de la piel de toro patatera, ese poético "si se quiere ir, se irá", como si los Reyes Católicos no hubiesen reunido Cortes en Barcelona, como si los casi trescientos años transcurridos desde 1714 fuesen nada más que una frontera, dos historias, la de España y la de Catalunya. Yo, la verdad, cuando Artur Mas hace de Joan Laporta, a la independencia le voy cogiendo mucho miedo.
Decía un sabio profesor en la universidad que si puede leerse en un libro de texto escolar que "Catalunya limita al Norte..." luego pasa lo que pasa, y tenía toda la razón. Yo creía que los catalanes eran otra cosa, pero tras el minuto 17:14, creo que son tan tontos ahí arriba como lo somos aquí abajo.
Yvs Jacob
[Y muy pronto en Basuragurú: "La pollera le mira los huevos a Tocomocho"].
Y no menos me ha llamado la atención que Iñaki (Gabilondo), maestro de periodistas, y a cuya ventana suelo asomarme para enterarme de lo mal que va el mundo, al menos esa insignificante parte, España, lo mal que está todo, como nos cuenta Iñaki (Gabilondo) cada mañana, no menos me ha llamado la atención la facilidad con que el maestro asume los procesos secesionistas abiertos o gangrenados de la piel de toro patatera, ese poético "si se quiere ir, se irá", como si los Reyes Católicos no hubiesen reunido Cortes en Barcelona, como si los casi trescientos años transcurridos desde 1714 fuesen nada más que una frontera, dos historias, la de España y la de Catalunya. Yo, la verdad, cuando Artur Mas hace de Joan Laporta, a la independencia le voy cogiendo mucho miedo.
Decía un sabio profesor en la universidad que si puede leerse en un libro de texto escolar que "Catalunya limita al Norte..." luego pasa lo que pasa, y tenía toda la razón. Yo creía que los catalanes eran otra cosa, pero tras el minuto 17:14, creo que son tan tontos ahí arriba como lo somos aquí abajo.
Yvs Jacob
[Y muy pronto en Basuragurú: "La pollera le mira los huevos a Tocomocho"].
miércoles, 3 de octubre de 2012
Y ahora, por el derecho de manifestación
Muchos recordarán aquel lema de campaña que dejó boquiabierto a Javier Arenas Bocanegra cuando, tras la victoria del PP en las elecciones generales de noviembre de 2011, se prolongaba la batalla para someter, ganado el gobierno central, a todas o casi todas las Comunidades Autónomas, lo que se dio a conocer como "el cambio". El cambio, como se ha visto después, es el paso de una muy mala situación a otra muchísimo peor, pero qué iban a esperar los españoles, que si de cuando en cuando ha salido alguno listo, son en general, en su grupo, bastante tontos y brutos. Le aconsejaron a Javier Arenas Bocanegra, porque en política nada se hace sin consejo, este lema "Y ahora, Andalucía", más propio de una rebelión militar, o alzamiento, que fija sus objetivos sobre el mapa, que para unas elecciones democráticas; aunque no extraña a nadie, porque en el PP sólo entienden la democracia como el instrumento que, reconocida la existencia de un único partido, esto es, una sola manera de ser del individuo -habría de usarse el término ciudadano, pero temo no se comprenda-, se valida y revalida sin solución de continuidad a sus líderes en la dirección de la sociedad -¿no suena esto un poco a totalitarismo? Como sólo existe una manera de expresarse la bondad en el hombre -por ejemplo, manifestarse cuando yo estoy en la oposición es bueno, si gobierno, malo, y da muy mala imagen-, andan en el PP a vueltas con la vieja educación por la fuerza, o lo que es igual, la letra con sangre entra, o lo que es igual, cuando veas la sangre de tu vecino correr por los palos de un antidisturbios, seguro que te quedas en casa la próxima vez, o lo que es igual, te harás de los buenos, la inmensa mayoría de la sociedad que no se manifiesta. Y es que no hay nada como no manifestarse cuando a uno le ponen la rodilla en el cuello, nada hay mejor que permanecer quieto, no se vaya a creer que el que te aplasta la tráquea y el esófago lo hace con gusto. En absoluto.
Muchos también recordarán cómo pasó España de ser gobernada por adolescentes guays -Fernández de la Vega siempre intentó estar a la altura de las circunstancias...- a caer bajo el control de un Ejecutivo de sólida formación, cuyos miembros se habían batido en todas las lides académicas y políticas posibles, y hasta en el mundo de la empresa -la industria armamentística, la no menos letal industria macroeconómica que ha elevado a Luis de Guindos a ministro, dicho en los más estrictos términos ascendísticos, y es verdad que hay otros -Ana Mato, José García-Margallo...- que no se sabe muy bien por qué los han llamado ni cuál se espera que sea su contribución. Pero lo importante aquí es que toda esta pandilla sabía mucho, y mucho de todo, y uno se queda perplejo cuando observa su sorpresa porque la gente se manifiesta. Tal vez incurra yo en interpretaciones abusivas de sus palabras -esa vileza que nos caracteriza a los que somos pobres y de izquierdas...-, pero al escuchar de nuevo el tintineo de la alcaldesa por accidente de Madrid, su queja por el alto índice de manifestabilidad de la capital, llama la atención que no se repare en los motivos, sino sólo en el malestar que la manifestación provoca, nunca en lo que provoca la manifestación. Esto es el PP en su más puro estilo: si un coche puede alcanzar una velocidad superior a 200 km/h, ¿por qué ir más despacio? Si tienes treinta años, nunca has cotizado a la Seguridad Social y tus padres ya se han jubilado, ¿a qué viene tanto escándalo?, ¿desgraciado, por qué te manifiestas, no ves que hay un Gobierno que trabaja para ti, que te ha conseguido en septiembre un montón de nuevos amiguitos, otros 80.000 parados más? En el PP nadie cae en la cuenta de la gravedad de la situación, nadie parece sospechar el brote de canibalismo que le aguarda a la sociedad española en unos años; al contrario, hay quien interpreta que el malestar ciudadano se debe a que no gusta el color con que se delimitan las zonas de aparcamiento. Y hay que joderse con los pobres de mierda, lo incómodos que son, coño, y lo que viven, los muy hijos de puta. Pues no aceptan los que tienen cuatro y seis casas que la vida es muy dura, ¡cómo le cuesta tanto al pobre de mierda aprender esa lección!
Y ahora van por el derecho de manifestación; están desmontando el mundo que había permitido a los pobres creer que eran ricos y ahora van por el derecho de manifestación, para que los pobres asuman de una vez que no hay pastel para todos. A mí el cartero ya me preguntó el otro día si vivía en el 2º izquierda, y al contestar yo "no", ni una palabra más, dijo él "es verdad, me había equivocado". Está pasando, amigos, esto que os cuento es verdad. ¡Mucho cuidado ahí fuera!
Yvs Jacob
[Y muy pronto en Basuragurú: "Eduardo Torres-Dulce protagonizará el western de José Luis Garci 'Allá en la parra' (el fiscal general del Estado habría insistido en realizar él mismo las acciones de mayor riesgo). ¡En la redacción ya estamos deseando que alguien suba una copia a la Red!].
Muchos también recordarán cómo pasó España de ser gobernada por adolescentes guays -Fernández de la Vega siempre intentó estar a la altura de las circunstancias...- a caer bajo el control de un Ejecutivo de sólida formación, cuyos miembros se habían batido en todas las lides académicas y políticas posibles, y hasta en el mundo de la empresa -la industria armamentística, la no menos letal industria macroeconómica que ha elevado a Luis de Guindos a ministro, dicho en los más estrictos términos ascendísticos, y es verdad que hay otros -Ana Mato, José García-Margallo...- que no se sabe muy bien por qué los han llamado ni cuál se espera que sea su contribución. Pero lo importante aquí es que toda esta pandilla sabía mucho, y mucho de todo, y uno se queda perplejo cuando observa su sorpresa porque la gente se manifiesta. Tal vez incurra yo en interpretaciones abusivas de sus palabras -esa vileza que nos caracteriza a los que somos pobres y de izquierdas...-, pero al escuchar de nuevo el tintineo de la alcaldesa por accidente de Madrid, su queja por el alto índice de manifestabilidad de la capital, llama la atención que no se repare en los motivos, sino sólo en el malestar que la manifestación provoca, nunca en lo que provoca la manifestación. Esto es el PP en su más puro estilo: si un coche puede alcanzar una velocidad superior a 200 km/h, ¿por qué ir más despacio? Si tienes treinta años, nunca has cotizado a la Seguridad Social y tus padres ya se han jubilado, ¿a qué viene tanto escándalo?, ¿desgraciado, por qué te manifiestas, no ves que hay un Gobierno que trabaja para ti, que te ha conseguido en septiembre un montón de nuevos amiguitos, otros 80.000 parados más? En el PP nadie cae en la cuenta de la gravedad de la situación, nadie parece sospechar el brote de canibalismo que le aguarda a la sociedad española en unos años; al contrario, hay quien interpreta que el malestar ciudadano se debe a que no gusta el color con que se delimitan las zonas de aparcamiento. Y hay que joderse con los pobres de mierda, lo incómodos que son, coño, y lo que viven, los muy hijos de puta. Pues no aceptan los que tienen cuatro y seis casas que la vida es muy dura, ¡cómo le cuesta tanto al pobre de mierda aprender esa lección!
Y ahora van por el derecho de manifestación; están desmontando el mundo que había permitido a los pobres creer que eran ricos y ahora van por el derecho de manifestación, para que los pobres asuman de una vez que no hay pastel para todos. A mí el cartero ya me preguntó el otro día si vivía en el 2º izquierda, y al contestar yo "no", ni una palabra más, dijo él "es verdad, me había equivocado". Está pasando, amigos, esto que os cuento es verdad. ¡Mucho cuidado ahí fuera!
Yvs Jacob
[Y muy pronto en Basuragurú: "Eduardo Torres-Dulce protagonizará el western de José Luis Garci 'Allá en la parra' (el fiscal general del Estado habría insistido en realizar él mismo las acciones de mayor riesgo). ¡En la redacción ya estamos deseando que alguien suba una copia a la Red!].
viernes, 28 de septiembre de 2012
Los "lateros" mataron la revolución
Como tantos jóvenes españoles sin empleo ni futuro, Tocomocho creía que sus problemas los habría de resolver la revolución, y para allá que se fue, a hacer la revolución, que por aquellos días tenía lugar en la plaza de Neptuno, en Madrid. Como diría Juan Ramón, Tocomocho "es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo algodón", y nunca había visto una revolución, sólo sabía que es necesaria la reunión de mucha gente, en su mayoría joven, que gusta escuchar música a gran volumen, fumar porros y beber latas de cerveza. En la plaza de Neptuno acostumbra a concentrarse gente que viste camisas rojiblancas y que habla muy malamente, pero Tocomocho nunca entendió que fuese tal el uniforme de la revolución, y siempre confió en que ningún cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación cayese bajo la dirección de los seguidores del Atlético de Madrid. Podía estar tranquilo, porque la revolución en marcha en la plaza de Neptuno nada tenía que ver con el equipo del Manzanares. Tocomocho se unió a la masa, participó en sus juegos; se sentó en el suelo, se levantó cuando lo hicieron los demás, se sumó a los silbidos, a los gritos, a sus gargajos, Tocomocho le cogió gustillo a eso de hacer la revolución. Para que una revolución funcione, parecía entender Tocomocho, es necesario identificar a sus enemigos y a quienes los defienden: es necesario identificar a la Policía con un Estado policial y a los políticos como esa casta dedicada al expolio de la nación. Se convencía Tocomocho de que, en efecto, el pueblo nada tiene que ver con los desmanes de sus políticos, y cuando así reflexionaba más se convencía de la necesidad de la revolución. Menos mal que había acudido a la cita que pretendía rodear, y si llegaba el caso, tomar el Congreso, disolver la Cámara y constituir una Asamblea Nacional de porreros y bebedores de latas de cerveza, que seguro resolvería todos los problemas de la nación con mayor eficacia que la mostrada por los políticos de profesión. De camino al Congreso, Tocomocho fue observando los usos, los cánticos de los revolucionarios; "¡Eso, eso, eso, rodeamos el Congreso", gritaban unos jóvenes, cogidos de la mano, cerca de la estación de metro de Sevilla, y Tocomocho, que quería ir por la calle de Alcalá hacia abajo, temió romper la cadena humana, y como era una revolución feliz, de momento, quizá incluso algo pija, dos lindas muchachitas levantaron sus brazos y le dijeron "¡pasa, pasa!", y Tocomocho pasó, con la alegría del revolucionario que ha contratado un servicio de Internet de hasta 10Mb. Tiempo atrás había escuchado Tocomocho otro cántico en otras circunstancias, "¡Ía, ía, ía, Esperanza hija de puta!", y como éste sí lo conocía, abrigaba el deseo de poder participarlo, aunque ignoraba su alcance revolucionario. Y tras fracasar en todos los accesos más directos, porque estaban cortados, llegó Tocomocho a la plaza de Neptuno, donde ya se concentraban todos los estudiantes y licenciados en Letras sin empleo, que son quienes hacen la revolución, y aunque Tocomocho se había formado como veterinario, sabía perfectamente qué es no tener empleo, porque en España hasta los jóvenes ingenieros están desempleados, y un país puede acumular licenciados en Letras sin trabajo, pero cuando no lo tienen los ingenieros... Llamó la atención de Tocomocho el paso continuado entre los revolucionarios de unos individuos que portaban bolsas y mochilas, y le pareció que había quienes acudían muy bien preparados a la revolución, gente que quizá pretendía afrontar una larga estancia en las proximidades del Congreso, mientras no llevaba él más que un jersey de lana y un reproductor de mp3; días ya sin poder quitarse de la cabeza Starman, de David Bowie. No obstante, Tocomocho reparó en que estos portadores, un poco renegridos, en nada se asemejaban a los revolucionarios, eran unos tipos que andaban, por así decir, a lo suyo, y lo suyo no era sino la venta de cervezas a los revolucionarios, porque un revolucionario en estado de revolución consume más que un revolucionario en estado pasivo. A Tocomocho se le presentaron muchas dudas de inmediato, ¿cómo es posible que haya tanta humillacion en plena revolución?, y se sintió incómodo -"yo no puedo participar en una revolución que antepone las cervezas a los hombres, esto no es una revolución, ¡parece un fin de semana en La Latina!"-, hasta que decidió por fin abandonar a sus compañeros, a sus camaradas, a sus hermanos revolucionarios, ¡ay! Le entró miedo, es verdad, porque era uno de los pocos que no llevaban una lata de cerveza en la mano, le entró miedo, temía que le asignaran un papel equivocado, que lo confundiesen con un elemento contrarrevolucionario abstemio, que le echasen en cara su falta de compromiso en semejante momento histórico, y cuidó al máximo de sus movimientos con el objeto preciso de la huida. No se marchó de inmediato, para no despertar sospechas, y cuando llenó el ambiente el rumor de que ya iban a empezar los palos, cuando los lateros ya eran más que los revolucionarios, Tocomocho se puso en pie y abandonó la plaza caminando hacia atrás, a veces silbando, camuflaba así su desencanto, la frustración: la insaciable estupidez de la pobreza le había arruinado la revolución.
Tras la consolidación de las instituciones de la miseria recuperadas para España por chinos y rumanos, goza de gran prestigio y de absoluta impunidad en la actualidad el joven latero paquistaní, un incondicional en toda clase de eventos.
Yvs Jacob, a Tocomocho, con todo su afecto.
Tras la consolidación de las instituciones de la miseria recuperadas para España por chinos y rumanos, goza de gran prestigio y de absoluta impunidad en la actualidad el joven latero paquistaní, un incondicional en toda clase de eventos.
Yvs Jacob, a Tocomocho, con todo su afecto.
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