Pero es que no puede haber individuo más nefasto en la política española. Una vez más, a la simplona de la Espe la engañan los pseudo medios de comunicación de la ultraderecha, que se sirven de ella para envenenar a la sociedad española con licores diabólicos del pasado.
No se quiere enterar la Espe de que la revuelta en marcha, aunque ingenua en sus grandes objetivos, busca librar a la política de la suciedad a la cual fue una vez abandonada por la misma ciudadanía que ahora se manifiesta, suciedad en la que proliferaron los aventureros analfabetos, entre los que la Espe se encuentra.
No se quiere enterar la Espe de que le piden que se marche de una vez, no se entera del mensaje: su gestión no tiene nada que ofrecer más que ahondar en el desastre.
Igual que en el Partido Popular se han dado cuenta del servicio que han prestado al mundo abertzale vasco, cuyos legítimos representantes políticos obtendrán en las elecciones locales más éxito del que jamás habían logrado antes, y todo gracias a la eficacísima campaña dirigida por Jaime Mayor Oreja, caen ahora en la cuenta sus dirigentes de que con el boicot a todas las iniciativas del Gobierno la estrategia misma se ha vuelto contra ellos. Se arrepiente ahora la Espe de haber jugado con fuego, de haber frenado leyes que hubiesen creado puestos de trabajo, se arrepiente de haber arruinado la educación pública con la reducción de plazas en las convocatorias de oposiciones y con el recorte de puestos. ¿Y todavía piensa que la culpa es de otros?
¡Cómo nos vamos a reír el domingo por la noche! ¡La cosa pinta mucho mejor de lo que podía esperarse!
¡Espe, vete ya! Tus declaraciones guerracivilistas no son propias de ningún político con dignidad. Déjanos en paz. Márchate a casita con tu estupidez y bórdate unos calcetines nuevos.
Yvs Jacob
viernes, 20 de mayo de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
"La Espe" se hace un lío con la Puerta del Sol
Una razón principalísima por la cual nunca debería votarse al Partido Popular es el descaro con que sus candidatos convierten la política en un modo de vida. Habida cuenta que desde la perspectiva ideológica la derecha española no representa más que a la barbarie, que no es con propiedad una ideología, sino la ausencia de toda ideología, por el carácter primario, casi instintivo de sus apelaciones contra toda razón social, el Partido Popular, al no tener nada que ofrecer, carece también de teóricos, puesto que dejarse llevar y no hacer nada son actitudes de muy difícil comunicación política. No obstante, al contrario de lo que harían las personas con dignidad, esto es, en lugar de dirigir los asuntos que caen bajo la responsabilidad de los gobernantes del Partido Popular hacia un modelo de gestión eficiente, optan éstos por dirigirse ellos mismos hacia un modo de vida, el del representante político que ni representa ni hace política, si bien no hay evento, por muy patético que sea su concurso, en que no se deje ver el gobernante del Partido Popular con la ilusión de acudir en nombre de los ciudadanos. Yo le he dicho a la Espe ya en múltiples ocasiones lo mismo que dijeron los alemanes a sus gobernantes cuando propusieron el rearme a mediados de los 60: que no cuente conmigo.
Ayer pudimos constatar los madrileños de bien que la Espe se había hecho otro lío de los suyos. Pedía a los manifestantes indignados de la Puerta del Sol que se marchasen a La Moncloa. Claro, la Espe, que al igual que todos los miembros del Partido Popular piensa que la democracia es el proceso de meter en una urna un sobrecito con el nombre de la condesa consorte, estaba molesta por la ocupación de su espacio. Así entiende la Espe su poder como gobernante democrático, es decir, que no entiende nada de nada. Estaba molesta, pobrecita, por la invasión de su sede, del espacio de ésta y de su extensión, pero resulta que los gobernantes en democracia no son príncipes ni princesas, y no tienen lugares ni edificios en propiedad, sino para la representación y el gobierno, que tampoco es obra de Dios, sino de los hombres.
Pobrecita la Espe; ella creía que la sede de la Comunidad era suya. Claro, cuando uno pertenece a una familia que colecciona tierras y propiedades... es fácil hacerse un lío.
Toda esta buena gente que anda enfurruñada con la clase política, y que no se manifestaba cuando tenía dinerito en los bolsillos, por mucho que el mundo entonces fuese la misma mierda que hoy, ni hiciese nada que no abocase a la realidad social a lo que es ahora mismo, esta buena gente cuenta con una ocasión de excepción para librarnos a todos de los políticos más nefastos, aquellos que se acercan a la gestión de los recursos y del país sin otro apetito que satisfacer sus propios delirios de aristocracia provinciana.
Votad a la izquierda democrática y pedidle agallas. El primer paso es coger la escoba con la mano.
(Y mañana en Basuragurú: Nace "Reachiona", movimiento ciudadano contra las tiendas de chinos).
Yvs Jacob
Ayer pudimos constatar los madrileños de bien que la Espe se había hecho otro lío de los suyos. Pedía a los manifestantes indignados de la Puerta del Sol que se marchasen a La Moncloa. Claro, la Espe, que al igual que todos los miembros del Partido Popular piensa que la democracia es el proceso de meter en una urna un sobrecito con el nombre de la condesa consorte, estaba molesta por la ocupación de su espacio. Así entiende la Espe su poder como gobernante democrático, es decir, que no entiende nada de nada. Estaba molesta, pobrecita, por la invasión de su sede, del espacio de ésta y de su extensión, pero resulta que los gobernantes en democracia no son príncipes ni princesas, y no tienen lugares ni edificios en propiedad, sino para la representación y el gobierno, que tampoco es obra de Dios, sino de los hombres.
Pobrecita la Espe; ella creía que la sede de la Comunidad era suya. Claro, cuando uno pertenece a una familia que colecciona tierras y propiedades... es fácil hacerse un lío.
Toda esta buena gente que anda enfurruñada con la clase política, y que no se manifestaba cuando tenía dinerito en los bolsillos, por mucho que el mundo entonces fuese la misma mierda que hoy, ni hiciese nada que no abocase a la realidad social a lo que es ahora mismo, esta buena gente cuenta con una ocasión de excepción para librarnos a todos de los políticos más nefastos, aquellos que se acercan a la gestión de los recursos y del país sin otro apetito que satisfacer sus propios delirios de aristocracia provinciana.
Votad a la izquierda democrática y pedidle agallas. El primer paso es coger la escoba con la mano.
(Y mañana en Basuragurú: Nace "Reachiona", movimiento ciudadano contra las tiendas de chinos).
Yvs Jacob
miércoles, 18 de mayo de 2011
Esperanza Aguirre alcanza a Francisco Camps en la carrera del gobernante más burro de España
En otra competición existente, son los valencianos quienes pujan fuerte porque en España se los reconozco como los ciudadanos más idiotas. La verdad es que han sacado ya una ventaja imposible de acortar, luego la victoria será, con seguridad, para ellos. Me perdonarán si no les felicito; los idiotas me dan pena, y no alegría.
Como siempre sucede, negar la realidad sirve de muy poco. Francisco Camps está podrido, se aprecia un día tras otro en su discurso, ha perdido, además del juicio, cualquier capacidad para el gobierno, y si éste ya era mediocre cuando la sociedad española desconocía el fango de la corrupción en Valencia, después de las elecciones, si es que consigue Camps una mayoría incluso más contundente, el daño para la salud democrática no habrá forma pacífica de subsanarlo.
Y por aquí aparece la Espe. Mira que la Espe nos está jodiendo bien. Es el misterio nacional por excelencia, que debería ser estudiado por especialistas del MIT: cómo un individuo tan ignorante como la Espe, sin ninguna virtud para el gobierno democrático, se alza con la presidencia de la principal división administrativa de un Estado. Yo creo que sólo por eso tendría que aparecer en las enciclopedias. El ascenso de la condesa consorte a una de las cimas de la gestión pública en España produce un escalofrío de muchos amperios cuando se piensa en la miseria de la política española y en su sociedad de analfabetos.
Tengo que decir que cualquier votante todavía indeciso que, tras escuchar a la Espe cargar sobre los hombros del socialismo español el desmán de Dominique Strauss-Kahn, haya resuelto dar su apoyo al Partido Popular sólo puede un gilipollas integral, al que no cabe tratar con respeto intelectual.
La situación que vive la sociedad española en insostenible, cierto, pero son los fanáticos votantes de la derecha, y toda la masa ingenua que vota sin conciencia, los que deben caer en la cuenta de que el Partido Popular necesita una medicina urgente; sus dirigentes no entienden la esencia de la democracia y están obsesionados por el poder, que no existe en democracia, sino el gobierno de lo público, y lo público, como la realidad, es compleja, se compone de múltiples discursos y partes reconocibles.
No podemos tolerar por más tiempo ni sus formas ni su locura: el Partido Popular no está preparado para las tareas de gobierno.
El 22 de mayo, haz, por primera vez en tu vida, algo bueno por tus compatriotas: vota a la izquierda democrática. Tristemente, quizá, no hay más cojones.
Yvs Jacob
Como siempre sucede, negar la realidad sirve de muy poco. Francisco Camps está podrido, se aprecia un día tras otro en su discurso, ha perdido, además del juicio, cualquier capacidad para el gobierno, y si éste ya era mediocre cuando la sociedad española desconocía el fango de la corrupción en Valencia, después de las elecciones, si es que consigue Camps una mayoría incluso más contundente, el daño para la salud democrática no habrá forma pacífica de subsanarlo.
Y por aquí aparece la Espe. Mira que la Espe nos está jodiendo bien. Es el misterio nacional por excelencia, que debería ser estudiado por especialistas del MIT: cómo un individuo tan ignorante como la Espe, sin ninguna virtud para el gobierno democrático, se alza con la presidencia de la principal división administrativa de un Estado. Yo creo que sólo por eso tendría que aparecer en las enciclopedias. El ascenso de la condesa consorte a una de las cimas de la gestión pública en España produce un escalofrío de muchos amperios cuando se piensa en la miseria de la política española y en su sociedad de analfabetos.
Tengo que decir que cualquier votante todavía indeciso que, tras escuchar a la Espe cargar sobre los hombros del socialismo español el desmán de Dominique Strauss-Kahn, haya resuelto dar su apoyo al Partido Popular sólo puede un gilipollas integral, al que no cabe tratar con respeto intelectual.
La situación que vive la sociedad española en insostenible, cierto, pero son los fanáticos votantes de la derecha, y toda la masa ingenua que vota sin conciencia, los que deben caer en la cuenta de que el Partido Popular necesita una medicina urgente; sus dirigentes no entienden la esencia de la democracia y están obsesionados por el poder, que no existe en democracia, sino el gobierno de lo público, y lo público, como la realidad, es compleja, se compone de múltiples discursos y partes reconocibles.
No podemos tolerar por más tiempo ni sus formas ni su locura: el Partido Popular no está preparado para las tareas de gobierno.
El 22 de mayo, haz, por primera vez en tu vida, algo bueno por tus compatriotas: vota a la izquierda democrática. Tristemente, quizá, no hay más cojones.
Yvs Jacob
Francisco Camps nos habla ahora del ginecólogo de su madre [Recuperado]
Así de mal está la cosa... pública.
Muchos tertulianos sensatos se preguntan estos días en los medios de comunicación qué secretos no guardará -de momento- Francisco Camps para, incluso en su estado de avanzado deterioro intelectual, imponer su voluntad a Mariano Rajoy -al parecer, presidente del Partido Popular-, sin que éste se atreva a contravenirla en lo más mínimo, ni sancione con el castigo los desordenes del tronchante cómico valenciano que oficia de gestor de lo público para (des)gracia de los españoles.
Puestos a los cotilleos -el ginecólogo de la madre de Camps se llama Paco Donat, y al parecer, puesto que cortó el cordón umbilical, Camps es un ser humano como otro cualquiera, ¡alucinante!-, yo tengo algunas preguntas para los dirigentes del Partido Popular, y pido colaboración ciudadana: quienes acudáis a los mítines de esta formación amiga del chascarrillo y de la confusión, por favor, elevad a sus participantes las siguientes cuestiones. Por ejemplo: ¿quién le hace el toldillo a María Dolores de Cospedal y por qué, si ya no tiene edad para ese peinado? ¿Se puede afirmar taxativamente que Ana Botella sale de la peluquería mejor que cuando entra? ¿Ha dicho Esteban González Pons alguna vez en su vida algo que no sea un disparate? Si san José María Aznar es un genio, ¿qué frotaron para que apareciese, una papelera?, ¿una lata de salchichas? Si un reloj marca las ocho, preguntada María Dolores de Cospedal por la hora, ¿qué probabilidades hay de que admita que, en efecto, son las ocho y no cualquier otra hora? A mí me interesan todas estas cuestiones -el ideario del Partido Popular me importa tanto como yo a sus dirigentes.
Quiero decir algo acerca de una corriente de opinión favorable al voto nulo. Una práctica tal es de todo punto ineficaz como "castigo a la clase política", y sólo beneficia al Partido Popular. De hecho, sería un éxito de su estrategia de destrucción de la vida pública -política- que quienes no conciben entregarle su voto no lo hagan tampoco a ningún otro partido, porque sólo con sus afiliados y con las familias correspondientes ya suma votantes suficientes para gobernar en todas partes, no en vano tiene más afiliados que cualquier otra agrupación europea, incluidos países con más población que España. Este dato, que ya mete más miedo en el cuerpo que encontrarse a Ana Botella en un semáforo mascando chicle, da buena cuenta de la concepción de la política entre los españoles, que miran con tan malos ojos a quien se afilia a un sindicato, pero no desconfían del Partido Popular, y no será porque sus portavoces no han declarado ya con fuerza e insistencia su desprecio y su insaciabilidad.
(Y mañana en Basuragurú: "Tras el éxito editorial de ¡Indignaos! y ¡Reacciona! llega ¡Tócate las pelotas!").
Yvs Jacob
Muchos tertulianos sensatos se preguntan estos días en los medios de comunicación qué secretos no guardará -de momento- Francisco Camps para, incluso en su estado de avanzado deterioro intelectual, imponer su voluntad a Mariano Rajoy -al parecer, presidente del Partido Popular-, sin que éste se atreva a contravenirla en lo más mínimo, ni sancione con el castigo los desordenes del tronchante cómico valenciano que oficia de gestor de lo público para (des)gracia de los españoles.
Puestos a los cotilleos -el ginecólogo de la madre de Camps se llama Paco Donat, y al parecer, puesto que cortó el cordón umbilical, Camps es un ser humano como otro cualquiera, ¡alucinante!-, yo tengo algunas preguntas para los dirigentes del Partido Popular, y pido colaboración ciudadana: quienes acudáis a los mítines de esta formación amiga del chascarrillo y de la confusión, por favor, elevad a sus participantes las siguientes cuestiones. Por ejemplo: ¿quién le hace el toldillo a María Dolores de Cospedal y por qué, si ya no tiene edad para ese peinado? ¿Se puede afirmar taxativamente que Ana Botella sale de la peluquería mejor que cuando entra? ¿Ha dicho Esteban González Pons alguna vez en su vida algo que no sea un disparate? Si san José María Aznar es un genio, ¿qué frotaron para que apareciese, una papelera?, ¿una lata de salchichas? Si un reloj marca las ocho, preguntada María Dolores de Cospedal por la hora, ¿qué probabilidades hay de que admita que, en efecto, son las ocho y no cualquier otra hora? A mí me interesan todas estas cuestiones -el ideario del Partido Popular me importa tanto como yo a sus dirigentes.
Quiero decir algo acerca de una corriente de opinión favorable al voto nulo. Una práctica tal es de todo punto ineficaz como "castigo a la clase política", y sólo beneficia al Partido Popular. De hecho, sería un éxito de su estrategia de destrucción de la vida pública -política- que quienes no conciben entregarle su voto no lo hagan tampoco a ningún otro partido, porque sólo con sus afiliados y con las familias correspondientes ya suma votantes suficientes para gobernar en todas partes, no en vano tiene más afiliados que cualquier otra agrupación europea, incluidos países con más población que España. Este dato, que ya mete más miedo en el cuerpo que encontrarse a Ana Botella en un semáforo mascando chicle, da buena cuenta de la concepción de la política entre los españoles, que miran con tan malos ojos a quien se afilia a un sindicato, pero no desconfían del Partido Popular, y no será porque sus portavoces no han declarado ya con fuerza e insistencia su desprecio y su insaciabilidad.
(Y mañana en Basuragurú: "Tras el éxito editorial de ¡Indignaos! y ¡Reacciona! llega ¡Tócate las pelotas!").
Yvs Jacob
martes, 17 de mayo de 2011
Errores habituales de los españoles en su lucha por la democracia real
El primero y fundamental de ellos es que los españoles carecen de cultura, no existe algo así como una cultura española, un modo de ser público, una actitud vigilante de carácter republicano capaz de someter a los ciudadanos a una presión insoportable, siempre desde el principio de que la comunidad está por encima del individuo -quien no comprende esto no comprende en qué consiste la libertad en sociedad, tal y como temía Th. Hobbes. No existe, pues, una educación para la ciudadanía real, una educación para el progreso y el bienestar del todo, del conjunto, lo que se ha abandonado a los técnicos de la política, que ni son técnicos ni son políticos en el sentido deseado -socrático-platónico. Es el pueblo español en exceso festivo, y quizá empiece a recibir el fruto podrido de su irresponsabilidad centenaria. Y ya es tarde, claro.
En segundo lugar, los españoles confunden causa y consecuencia. El sistema de partidos español es un desastre, cierto, pero el bipartidismo existente de hecho no es, sin embargo, la causa de los males, sino otra consecuencia de la desidia de los españoles ingenuos. Las amplias mayorías resultan nefastas, pues arrinconan a las ideologías menos exitosas igual que si se tratase de ínfimas minorías. Entre las mayorías, son peores en España las que dan la victoria al Partido Popular, cuya idea de nación española supera la fantasía de los más imaginativos. El Partido Popular pretende que un país con un salario mínimo interprofesional de 636€ puede funcionar igual que aquellos otros donde se ha desarrollado desde hace siglos un capitalismo de Estado. Esta fantasía popular, cuando además se les entrega el gobierno con una mayoría asfixiante, resulta después en el empobrecimiento del ciudadano y de lo público, por muy largo que sea el plazo.
En tercer lugar, los españoles tampoco tienen una idea precisa de las posibilidades de su economía y de su industria en un mundo globalizado. España no tiene marcas de automóviles, por ejemplo, tampoco exporta tecnología, carece de industria, y confía en las naranjas y en el turismo para su supervivencia. España, país de taberneros.
En cuarto lugar, los españoles sobrevaloran la fiscalidad; no obstante, como corresponde a salarios bajos, pagan impuestos bajos, y muy pocos, y creen que sólo con la cantidad recaudada puede funcionar un Estado -lo público-, y reclaman que el gobierno de turno la invierta en hacer todo lo magnífico que se les ocurra. Un hospital perfectamente equipado por cada 100.000 habitantes; estaciones de metro en toda el área de sus ciudades; las mejores carreteras, aeropuertos en cada provincia, una red de alta velocidad para comunicar -o descentralizar, mitologema fundacional de la superstición de los nacionalismos- toda la península... Y piensan los ingenuos españoles que todo es posible con tan sólo recaudar los impuestos. Deben saber, sin embargo, que con el dinero de los impuestos no se podría pagar a la plantilla del Real Madrid ni una temporada.
Esto me lleva a la deuda soberana y sus derivados. Los partidos políticos, que conocen la miseria de la fiscalidad española, o lo que es igual, el funcionamiento de una economía de libre mercado combinada con salarios del más severo socialismo stalinista, manejan las posibilidades del endeudamiento para seducir a los votantes -¡tienen que prometer algo! Hay dos soluciones para este problema: o fijar en la Constitución un límite, lo que equivaldría a concienciar a la sociedad española de su estado real, de qué es y no es, desde el punto de vista productivo, o aislarse, respecto de Europa y el mundo, y declinar la participación en la competición que vive la economía española con otras que la superan con creces. En cualquier caso, la educación es lo primero.
En sexto lugar, cabe ejercer mucha más presión en los gobernantes, pero con la intención de que ellos ejerzan a su vez otra mayor sobre aquellos aspectos que burlan el orden y la convivencia. Pueden observarse detalles de no poca importancia. ¿Es usted un ciudadano que permite a su perro mear y cagar en la acera? ¿Tira usted las colillas de su cigarro al suelo? ¿Y papeles? Si un comercio abre en su calle, ¿tiene usted algún derecho a defenderse de la agresión si el cartel que anuncia la actividad no armoniza con el entorno público? ¿Es uno de esos brutos que quieren ir en coche hasta la puerta del cine en su capital? ¿Le gusta veranear en playas o en estercoleros? ¿Qué piensa usted que puede hacer para ayudar a su país? Estos aspectos hacen cultura, hacen pueblo, hacen comunidad, hacen nación. No se trata de que vayamos todos por la calle abrazándonos y friendo choricillos, sino de proteger lo que es de todos y de ninguno. Esto no lo entienden los españoles.
En séptimo lugar, ni la abstención, ni el voto en blanco ni el voto nulo son armas para nada en la situación que vive el país. Pueden formarse mayorías con poca o casi ninguna participación, y puede suceder que el destino de 48 millones de habitantes quede en manos de apenas otros 10. Tal cosa no debe permitirse nunca más. El Partido Popular, claramante antidemócrata, se sirve de estos y muchos más males para aventajar a los demás. Decía G. Lukács que el capitalismo tardío, como el que se da en España, por ejemplo, se esfuerza por mantener a la clase mayoritaria, la de trabajadores o empleados, en niveles básicos, muy bajos, de educación, para manipularla así en un mundo dirigido por managers de la publicidad. Los españoles se sorprenden ahora de la situación que viven, pero es seguro que casi todos los que se manifiestan cuentan con alguna chuchería tecnológica que han renovado tres veces en dos años. Mucho me temo, con tristeza, que hay algo más que hacer que castigar a los políticos, y es un examen personal de nuestros excesos como víctimas de un sistema socioeconómico al que no sabemos resistirnos con fuerza.
No me entretendré con el resto de los mil y más aspectos que confunde la sociedad española.
Si queréis democracia, id a votar, pero votad bien.
(Estuve caminando el domingo por la calle Fuencarral hacia Gran Vía. Aquella destrucción que pude ver tiene muy poco de lucha contra el capital; de hecho, aparte de un entretenimiento juvenil, y de algo de deporte, no asoma en esa forma de destrucción la menor eficacia).
Yvs Jacob
En segundo lugar, los españoles confunden causa y consecuencia. El sistema de partidos español es un desastre, cierto, pero el bipartidismo existente de hecho no es, sin embargo, la causa de los males, sino otra consecuencia de la desidia de los españoles ingenuos. Las amplias mayorías resultan nefastas, pues arrinconan a las ideologías menos exitosas igual que si se tratase de ínfimas minorías. Entre las mayorías, son peores en España las que dan la victoria al Partido Popular, cuya idea de nación española supera la fantasía de los más imaginativos. El Partido Popular pretende que un país con un salario mínimo interprofesional de 636€ puede funcionar igual que aquellos otros donde se ha desarrollado desde hace siglos un capitalismo de Estado. Esta fantasía popular, cuando además se les entrega el gobierno con una mayoría asfixiante, resulta después en el empobrecimiento del ciudadano y de lo público, por muy largo que sea el plazo.
En tercer lugar, los españoles tampoco tienen una idea precisa de las posibilidades de su economía y de su industria en un mundo globalizado. España no tiene marcas de automóviles, por ejemplo, tampoco exporta tecnología, carece de industria, y confía en las naranjas y en el turismo para su supervivencia. España, país de taberneros.
En cuarto lugar, los españoles sobrevaloran la fiscalidad; no obstante, como corresponde a salarios bajos, pagan impuestos bajos, y muy pocos, y creen que sólo con la cantidad recaudada puede funcionar un Estado -lo público-, y reclaman que el gobierno de turno la invierta en hacer todo lo magnífico que se les ocurra. Un hospital perfectamente equipado por cada 100.000 habitantes; estaciones de metro en toda el área de sus ciudades; las mejores carreteras, aeropuertos en cada provincia, una red de alta velocidad para comunicar -o descentralizar, mitologema fundacional de la superstición de los nacionalismos- toda la península... Y piensan los ingenuos españoles que todo es posible con tan sólo recaudar los impuestos. Deben saber, sin embargo, que con el dinero de los impuestos no se podría pagar a la plantilla del Real Madrid ni una temporada.
Esto me lleva a la deuda soberana y sus derivados. Los partidos políticos, que conocen la miseria de la fiscalidad española, o lo que es igual, el funcionamiento de una economía de libre mercado combinada con salarios del más severo socialismo stalinista, manejan las posibilidades del endeudamiento para seducir a los votantes -¡tienen que prometer algo! Hay dos soluciones para este problema: o fijar en la Constitución un límite, lo que equivaldría a concienciar a la sociedad española de su estado real, de qué es y no es, desde el punto de vista productivo, o aislarse, respecto de Europa y el mundo, y declinar la participación en la competición que vive la economía española con otras que la superan con creces. En cualquier caso, la educación es lo primero.
En sexto lugar, cabe ejercer mucha más presión en los gobernantes, pero con la intención de que ellos ejerzan a su vez otra mayor sobre aquellos aspectos que burlan el orden y la convivencia. Pueden observarse detalles de no poca importancia. ¿Es usted un ciudadano que permite a su perro mear y cagar en la acera? ¿Tira usted las colillas de su cigarro al suelo? ¿Y papeles? Si un comercio abre en su calle, ¿tiene usted algún derecho a defenderse de la agresión si el cartel que anuncia la actividad no armoniza con el entorno público? ¿Es uno de esos brutos que quieren ir en coche hasta la puerta del cine en su capital? ¿Le gusta veranear en playas o en estercoleros? ¿Qué piensa usted que puede hacer para ayudar a su país? Estos aspectos hacen cultura, hacen pueblo, hacen comunidad, hacen nación. No se trata de que vayamos todos por la calle abrazándonos y friendo choricillos, sino de proteger lo que es de todos y de ninguno. Esto no lo entienden los españoles.
En séptimo lugar, ni la abstención, ni el voto en blanco ni el voto nulo son armas para nada en la situación que vive el país. Pueden formarse mayorías con poca o casi ninguna participación, y puede suceder que el destino de 48 millones de habitantes quede en manos de apenas otros 10. Tal cosa no debe permitirse nunca más. El Partido Popular, claramante antidemócrata, se sirve de estos y muchos más males para aventajar a los demás. Decía G. Lukács que el capitalismo tardío, como el que se da en España, por ejemplo, se esfuerza por mantener a la clase mayoritaria, la de trabajadores o empleados, en niveles básicos, muy bajos, de educación, para manipularla así en un mundo dirigido por managers de la publicidad. Los españoles se sorprenden ahora de la situación que viven, pero es seguro que casi todos los que se manifiestan cuentan con alguna chuchería tecnológica que han renovado tres veces en dos años. Mucho me temo, con tristeza, que hay algo más que hacer que castigar a los políticos, y es un examen personal de nuestros excesos como víctimas de un sistema socioeconómico al que no sabemos resistirnos con fuerza.
No me entretendré con el resto de los mil y más aspectos que confunde la sociedad española.
Si queréis democracia, id a votar, pero votad bien.
(Estuve caminando el domingo por la calle Fuencarral hacia Gran Vía. Aquella destrucción que pude ver tiene muy poco de lucha contra el capital; de hecho, aparte de un entretenimiento juvenil, y de algo de deporte, no asoma en esa forma de destrucción la menor eficacia).
Yvs Jacob
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