¡Oh, qué bueno es tener siempre un sabio a mano! Si no fuese catalán, diríase que Ramoneda es una cima en el pensamiento sociopolítico español, tan famélico como los restantes pensamientos españoles.
Ramoneda llama la atención sobre el aumento del sentimiento independentista catalán, y, ¡atención!, si catalán, el nacionalismo deja de ser el discurso burgués infantil y anacrónico que podría motivar hilaridad en otros pueblos, para mostrarse en su forma adulta y serena, propia de una ciudadanía culta, crítica y sensible, convencida de que España coarta la expresión de su naturalidad, su identidad; es un nacionalismo, pues, de muy altas esferas.
Y Ramoneda analiza los datos: si ahora el sentimiento corresponde al 42% de la población catalana, hace seis años, el porcentaje era del 30%, y, años atrás, del 20%... Luego el aumento es imparable y significativo, y habrá que afrontar el hecho tarde o temprano, así como sus consecuencias.
Pero ¡ojo con los datos! A mí los datos también me fascinan, porque refieren a la población de España, o de una parte, y permiten concluir, por ejemplo, que Rosa Díez, que apenas sale en los medios ni hace nada visible fuera de los desfiles de moda, llega más al ciudadano que Mariano Rajoy o el presidente Rodríguez Zapatero -¡es más capaz!-; o, en otro orden, como reflejaba una encuesta muy reciente, que hay en España más católicos que gente que cree en Dios, y me pregunto si algo tan descacharrante no expresa que hayamos perdido aquí todos el juicio, o al menos una parte muy importante.
Dice don Josep que, para lograr un porcentaje tan alto -42%-, ha tenido que sumarse al catalán viejo el hijo del nuevo catalán. ¡Qué interesante! Cuando gobernaba CiU, había menos independentistas que después del gobierno del PSC, ¿qué ha podido pasar? Se me ocurre que algo muy parecido a lo que sucedía al PNV con ETA: que la segunda meneaba el árbol y el primero recogía las manzanas. Está claro que el PSC ha desgastado a la izquierda en Catalunya, la ha saturado con tantos platos como le ponía a la mesa, y por eso perderá las elecciones, porque el ciudadano que votaba a la izquierda se ha dado cuenta de que, en lo esencial, que no es la economía en Catalunya, sino el circo nacionalista de todos los días, es mejor confiar en quienes venían con la idea desde el principio, los que mejor han gestionado el odio en las instituciones y universidades.
Si ahora hay mucha gente de izquierdas tan preocupada por el destino divino de Catalunya, el odio ha triunfado, porque ha aumentado la confusión entre los catalanes, y quieren saber de una vez lo que son.
Yo sospecho que, en efecto, todo es una gran confusión. La gente responde a las preguntas como si se tratase de defender al Barça frente al Real Madrid, o como si pudisese decidirse que el río Llobregat llevase agua salada. Quiero decir que no entiende absolutamente nada, y que los partidos políticos alimentan una nostalgia psicótica, por cuanto que pretenden insuflar la añoranza de algo que nunca ha existido en la forma que algunos desean.
Por otra parte, la encuesta, que es lo importante, no ha dejado pasar tanto tiempo como los manipuladores informativos creen, porque en verano se hicieron consultas soberanistas que produjeron tristeza de tanto patetismo, sobre todo por la escasísima participación. La encuesta que arroja los datos se debe al Instituto Opina, que cocina el Pulsómetro de la Cadena Ser, un singular indicador que tiene esa propiedad acordeónica de estirarse y encogerse varias veces al día, como si las opiniones sobre las que versa el estudio pudieran ser tan cambiantes, siquiera de una semana a otra. Insisto en que la gente responde a las preguntas igual que sentencia que mañana hará frío o calor.
Una vez más, los medios de comunicación y sus cabezas a sueldo se empeñan en inventar la realidad, lo que resulta descorazonador si se espera de la izquierda, frente al fanatismo patológico de la derecha, que mantenga los pies en el suelo por un prurito constructivo de convivencia pacífica.
¡Viva el analfabetismo español!
Yvs Jacob
martes, 16 de noviembre de 2010
lunes, 15 de noviembre de 2010
Esperancita de los sepelios
No hay hombre de bien que se lleve Dios que no acuda allí "la Espe" a hacerse una fotografía. Para completar la escena, "la Espe" suelta ante los medios alguna que otra obviedad -para las cuales es ella muy obvia. Como "la Espe" es persona institucionalísima, piensa que debe presentarse allí donde haya un burro volando. Pero le sucede a "la Espe" lo mismo que a los Parlamentos, a saber: que a veces representan demasiado, y habría que limitar tanto representar. Porque la ley sí consigue aquello en que yerra siempre la moral, y ya que "la Espe" no encuentra límites a su insana ambición, esto es, ya que la moral se le ha agarrado menos al alma que la cultura, habría que denominarla, por ley, "persona no grata en los sepelios", al menos en aquellos donde se despide a personas que han dedicado su vida a combatir los no-valores que "la Espe" representa, y cuya mejor exhibición es precisamente la desvergüenza de presentarse donde no pinta nada.
Concedo que Luis García Berlanga haya confundido a "la Espe", porque Berlanga se volvió un hombre mayor de los que escriben en ABC, y tal vez "la Espe" sintió la llamada para colaborar con los de su clase, superado el humorismo franquista, que tanto divirtió con las supersticiones españolas. No obstante, nada, pero absolutamente nada tenía que hacer "la Espe" en la sede de CCOO cuando falleció el histórico Marcelino Camacho, y menos aun cuando "la Espe" está ahogando a los sindicatos en Madrid, de los cuales tiene ya la ciudadanía una imagen criminal gracias al liberalismo vandálico del Partido Popular madrileño.
Yvs Jacob, que ya piensa en sus homenajes cuando Dios lo llame a poner orden en "las otras cosas", impedirá que acudan a ellos los cazavotos de la derecha española, y se reirá en la eternidad si a alguno que apareciese le acertaran en la cabeza como a una piñata.
Yvs Jacob
Concedo que Luis García Berlanga haya confundido a "la Espe", porque Berlanga se volvió un hombre mayor de los que escriben en ABC, y tal vez "la Espe" sintió la llamada para colaborar con los de su clase, superado el humorismo franquista, que tanto divirtió con las supersticiones españolas. No obstante, nada, pero absolutamente nada tenía que hacer "la Espe" en la sede de CCOO cuando falleció el histórico Marcelino Camacho, y menos aun cuando "la Espe" está ahogando a los sindicatos en Madrid, de los cuales tiene ya la ciudadanía una imagen criminal gracias al liberalismo vandálico del Partido Popular madrileño.
Yvs Jacob, que ya piensa en sus homenajes cuando Dios lo llame a poner orden en "las otras cosas", impedirá que acudan a ellos los cazavotos de la derecha española, y se reirá en la eternidad si a alguno que apareciese le acertaran en la cabeza como a una piñata.
Yvs Jacob
domingo, 14 de noviembre de 2010
Jóvenes españoles se divierten en la manif(i)estación pro-saharaui
¡Ah, los españoles! ¡Qué raza formidable, locuaz y participativa sin límite! ¡Qué ejemplo de humanismo para otros países del Tercer Mundo!
Y así fue que yo salía por una barra de pan que me encontré en la calle de Atocha a la multitud enardecida por el amor a los hombres. Había mucha gente disfrazada allí, y también algunos saharauis, y es posible que los mismos marroquíes, contra quienes se gritaba, se hubiesen infiltrado, quizá atentos a las carteras y los bolsos de los jóvenes españoles, que danzaban con la batucada, porque no hay manif(i)estación en España que no la anime una tamborada brasileira, debe ser que la brasileña es otra raza ejemplar, y comprometida con los derechos humanos de absolutamente todos los hombres.
A dos pasos de mi posición los medios entrevistaban por enésima vez en media hora a Javier Bardem, que no conseguía producir nueva información para ellos, al menos nada diferente de lo dicho tres minutos antes de la última entrevista. Y la gente le gritaba: "¿por qué no ha venido Julia, la Julia Roberts?". Y la gente se respondía: "no podría saltar con tacones" -"com taboadas non poyi dansá", decía un manif(i)estante ya entrenado en "marchas pro" de todo tipo, de Chueca a la Puerta del Sol. Y la gente lo comprendía: "pobrecilla, esto no es para ella, con la minifalda y los niños..." -"es que es americana", ¡aaah!.
Y le preguntaban entonces por Pe: "¿y que dónde está Pe, que no se la ve?". Y uno decía que estaba rodando un anuncio de champú, y otro, que no, que era de tinte para el pelo, y uno más, que una película, y muchos se extrañaban: "¿es que es actriz?".
Como la corriente de manif(i)estantes no cesaba, y no podía cruzar al otro lado, lo que hubiera sido muy mal visto, porque donde hay mucha gente uno no puede situarse libremente al otro lado, me decidí por comprar en el mercado un cartón de huevos de los que ahora llaman "de corral", para diferenciarlos de los otros que produce la cultura económica liberal, que son del corral de la puta mierda. Y salí de nuevo.
Una viejecita preguntaba a un antidisturbio si aquello era una manifestación, y el antidisturbio contestó "positivo", y la viejecita preguntó otra vez: "¿es una manifestación".
Caminé paralelo y descendiendo por donde otros subían, a contracorriente, curioso, leyendo proclamas, atento a los gritos, al colorido que sólo la izquierda sabe llevar a la siempre gris calle de Atocha.
¡Ah, España! ¡Qué tierra de buen juicio y libertad!
¡Sahara español!
Yvs Jacob
Y así fue que yo salía por una barra de pan que me encontré en la calle de Atocha a la multitud enardecida por el amor a los hombres. Había mucha gente disfrazada allí, y también algunos saharauis, y es posible que los mismos marroquíes, contra quienes se gritaba, se hubiesen infiltrado, quizá atentos a las carteras y los bolsos de los jóvenes españoles, que danzaban con la batucada, porque no hay manif(i)estación en España que no la anime una tamborada brasileira, debe ser que la brasileña es otra raza ejemplar, y comprometida con los derechos humanos de absolutamente todos los hombres.
A dos pasos de mi posición los medios entrevistaban por enésima vez en media hora a Javier Bardem, que no conseguía producir nueva información para ellos, al menos nada diferente de lo dicho tres minutos antes de la última entrevista. Y la gente le gritaba: "¿por qué no ha venido Julia, la Julia Roberts?". Y la gente se respondía: "no podría saltar con tacones" -"com taboadas non poyi dansá", decía un manif(i)estante ya entrenado en "marchas pro" de todo tipo, de Chueca a la Puerta del Sol. Y la gente lo comprendía: "pobrecilla, esto no es para ella, con la minifalda y los niños..." -"es que es americana", ¡aaah!.
Y le preguntaban entonces por Pe: "¿y que dónde está Pe, que no se la ve?". Y uno decía que estaba rodando un anuncio de champú, y otro, que no, que era de tinte para el pelo, y uno más, que una película, y muchos se extrañaban: "¿es que es actriz?".
Como la corriente de manif(i)estantes no cesaba, y no podía cruzar al otro lado, lo que hubiera sido muy mal visto, porque donde hay mucha gente uno no puede situarse libremente al otro lado, me decidí por comprar en el mercado un cartón de huevos de los que ahora llaman "de corral", para diferenciarlos de los otros que produce la cultura económica liberal, que son del corral de la puta mierda. Y salí de nuevo.
Una viejecita preguntaba a un antidisturbio si aquello era una manifestación, y el antidisturbio contestó "positivo", y la viejecita preguntó otra vez: "¿es una manifestación".
Caminé paralelo y descendiendo por donde otros subían, a contracorriente, curioso, leyendo proclamas, atento a los gritos, al colorido que sólo la izquierda sabe llevar a la siempre gris calle de Atocha.
¡Ah, España! ¡Qué tierra de buen juicio y libertad!
¡Sahara español!
Yvs Jacob
viernes, 12 de noviembre de 2010
Carlos Dávila escribe un guión digno de Hollywood
¡Menudo jueves nos ha dado el periodismo español!
Mientras Àngels Barceló elegía un pañuelo de H&M -y gafas de sol modelo Viet Reporter- para viajar a El Aaiún, quién sabe si con la intención de informar por un compromiso cuasi-hipocrático, o con la más corporativa de pegar a los oyentes a la Cadena Ser, que camina un tanto cabizbaja por la rescisión de algunas fidelidades, el director de La Gaceta, Carlos Dávila, compartía en un chiringuito para la renovación de la comunicación su nuevo proyecto, un guión cinematográfico que ha llamado la atención de varias productoras chinas.
Según su propio relato, la historia es más o menos como sigue: el irreverente director del diario no deportivo y de más tirada de una poderorísima república occidental revela las negociaciones que su Gobierno mantiene con unos terroristas y narcotraficantes recalcitrantes. Estas conversaciones son negadas por fuentes oficiales, pero, extraoficialmente, el ministro del Interior envía a varios agentes del Centro Nacional de Inteligencia a la redacción del diario para coaccionar a su director, al cual sugieren con métodos nada socráticos que abandone la senda del rigor periodístico. No obstante, el director es un tipo inflexible cuando abraza una convicción de fino humanismo, y no cede ante las presiones, por muy alta que sea su procedencia. Reforzado su pundonor por las amenazas, su diario emprende una campaña insobornable con el objetivo de sacar a la luz la verdad, y nada más que la verdad, de las actividades no declaradas de su Gobierno, y arremete de paso contra el Presidente de Parlamento, del mismo partido, que al parecer colecciona áticos, y es incapaz de referir de memoria el número exacto de piezas de que consta su colección.
¡Impresionante! (El final no se hizo público, pero las distribuidoras ya hablan de modificaciones estructurales en las salas comerciales para afrontar la afluencia de espectadores).
Es de suponer que los premios no se harán esperar, y que tanto Carlos Dávila como Àngels Barceló estarán muy pronto de gira para recoger ofrendas dedicadas a sus divinidades por legiones de admiradores de la ciencia de la información.
¡Ay! A veces creo que los españoles estamos siempre por debajo de la medida de nuestras posibilidades...
Yvs Jacob
Mientras Àngels Barceló elegía un pañuelo de H&M -y gafas de sol modelo Viet Reporter- para viajar a El Aaiún, quién sabe si con la intención de informar por un compromiso cuasi-hipocrático, o con la más corporativa de pegar a los oyentes a la Cadena Ser, que camina un tanto cabizbaja por la rescisión de algunas fidelidades, el director de La Gaceta, Carlos Dávila, compartía en un chiringuito para la renovación de la comunicación su nuevo proyecto, un guión cinematográfico que ha llamado la atención de varias productoras chinas.
Según su propio relato, la historia es más o menos como sigue: el irreverente director del diario no deportivo y de más tirada de una poderorísima república occidental revela las negociaciones que su Gobierno mantiene con unos terroristas y narcotraficantes recalcitrantes. Estas conversaciones son negadas por fuentes oficiales, pero, extraoficialmente, el ministro del Interior envía a varios agentes del Centro Nacional de Inteligencia a la redacción del diario para coaccionar a su director, al cual sugieren con métodos nada socráticos que abandone la senda del rigor periodístico. No obstante, el director es un tipo inflexible cuando abraza una convicción de fino humanismo, y no cede ante las presiones, por muy alta que sea su procedencia. Reforzado su pundonor por las amenazas, su diario emprende una campaña insobornable con el objetivo de sacar a la luz la verdad, y nada más que la verdad, de las actividades no declaradas de su Gobierno, y arremete de paso contra el Presidente de Parlamento, del mismo partido, que al parecer colecciona áticos, y es incapaz de referir de memoria el número exacto de piezas de que consta su colección.
¡Impresionante! (El final no se hizo público, pero las distribuidoras ya hablan de modificaciones estructurales en las salas comerciales para afrontar la afluencia de espectadores).
Es de suponer que los premios no se harán esperar, y que tanto Carlos Dávila como Àngels Barceló estarán muy pronto de gira para recoger ofrendas dedicadas a sus divinidades por legiones de admiradores de la ciencia de la información.
¡Ay! A veces creo que los españoles estamos siempre por debajo de la medida de nuestras posibilidades...
Yvs Jacob
miércoles, 10 de noviembre de 2010
¿Quién está detrás de Basuragurú?
Hola, amigos:
Muchos me escribís para llamarme "hijo de puta", y algunos incluso me insultáis, actitudes que entiendo, si bien son propias de seres humanos. Pero, principalmente, muchos os preguntáis quién es en realidad Yvs Jacob, y sois muchos también quienes creéis haber descubierto su personalidad, que identificáis con nombres bien conocidos por todos, algunos, no obstante, tan hirientes que he decidido aliviaros dentro de lo posible, siempre con la intención de preservar la dignidad del blog.
Para quienes pensáis que Yvs Jacob es Lucía Etxebarría, debo decir que os equivocáis, porque Yvs Jacob no ve en los pivotes de la cama sino eso, pivotes, y tampoco tiene dudas acerca de sus patas. Tampoco puede confundirse con Almudena Grandes: cualquiera de los dos que se operase sería mujer. Sé que algunos sospecháis que Basuragurú pueda ser un blog escrito por el académico Arturo Pérez-Reverte. Os pido un poco de respeto: ¿acaso no es evidente que Yvs Jacob sí sabe escribir?
Y continúo.
Quienes me asociáis con Juan Manuel de Prada tenéis que leer las entradas sin esnifar cocaína -dejad que aquéllas produzcan sus propios efectos. Yvs Jacob tampoco es Ray Loriga, que no ha escrito nada interesante fuera de sus tatuajes. Ni es Fernando Sánchez Dragó -a Yvs Jacob no le gusta fanfarronear, y nunca dice haber hecho una cosa, y no haberla hecho, después; y, después, haberla hecho un poco, para desmentirlo más tarde por miedo al fiscal.
Yvs Jacob no es Antonio Muñoz Molina -si lo fuese, habría dejado a Elvira Lindo en una juguetería de Nueva York. Y lo mismo hubiese sucedido al contrario -a Yvs Jacob le hubiese gustado que se quedasen los dos.
Ha sido muy fuerte la apuesta por Juan José Millás. Temo desilusionaros: por mucha imaginación que pueda tener Yvs Jacob, jamás podría competir con Millás -creo que ahora escribe microrrelatos empleando para ello teléfonos móviles diferentes y diferentes operadores de telefonía, de manera y modo que el mensaje lo componga el receptor; Millás lo llama "teleliteratura activa", e Yvs Jacob "gilipollez mayúscula".
En fin. Muchos otros nombres hay que he acusado como provocación y malintencionados, y no comprendo qué disfunción os ha llevado a tratarme así de mal, a mí, que sólo busco vuestra ilustración y un entretenimiento.
Seguid apostando y no temáis al error: si no es ciencia, es poesía.
Yvs Jacob
Muchos me escribís para llamarme "hijo de puta", y algunos incluso me insultáis, actitudes que entiendo, si bien son propias de seres humanos. Pero, principalmente, muchos os preguntáis quién es en realidad Yvs Jacob, y sois muchos también quienes creéis haber descubierto su personalidad, que identificáis con nombres bien conocidos por todos, algunos, no obstante, tan hirientes que he decidido aliviaros dentro de lo posible, siempre con la intención de preservar la dignidad del blog.
Para quienes pensáis que Yvs Jacob es Lucía Etxebarría, debo decir que os equivocáis, porque Yvs Jacob no ve en los pivotes de la cama sino eso, pivotes, y tampoco tiene dudas acerca de sus patas. Tampoco puede confundirse con Almudena Grandes: cualquiera de los dos que se operase sería mujer. Sé que algunos sospecháis que Basuragurú pueda ser un blog escrito por el académico Arturo Pérez-Reverte. Os pido un poco de respeto: ¿acaso no es evidente que Yvs Jacob sí sabe escribir?
Y continúo.
Quienes me asociáis con Juan Manuel de Prada tenéis que leer las entradas sin esnifar cocaína -dejad que aquéllas produzcan sus propios efectos. Yvs Jacob tampoco es Ray Loriga, que no ha escrito nada interesante fuera de sus tatuajes. Ni es Fernando Sánchez Dragó -a Yvs Jacob no le gusta fanfarronear, y nunca dice haber hecho una cosa, y no haberla hecho, después; y, después, haberla hecho un poco, para desmentirlo más tarde por miedo al fiscal.
Yvs Jacob no es Antonio Muñoz Molina -si lo fuese, habría dejado a Elvira Lindo en una juguetería de Nueva York. Y lo mismo hubiese sucedido al contrario -a Yvs Jacob le hubiese gustado que se quedasen los dos.
Ha sido muy fuerte la apuesta por Juan José Millás. Temo desilusionaros: por mucha imaginación que pueda tener Yvs Jacob, jamás podría competir con Millás -creo que ahora escribe microrrelatos empleando para ello teléfonos móviles diferentes y diferentes operadores de telefonía, de manera y modo que el mensaje lo componga el receptor; Millás lo llama "teleliteratura activa", e Yvs Jacob "gilipollez mayúscula".
En fin. Muchos otros nombres hay que he acusado como provocación y malintencionados, y no comprendo qué disfunción os ha llevado a tratarme así de mal, a mí, que sólo busco vuestra ilustración y un entretenimiento.
Seguid apostando y no temáis al error: si no es ciencia, es poesía.
Yvs Jacob
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
