En sentido estricto, los españoles no disfrutaremos nunca de una democracia real hasta que no tengamos la oportunidad de ver a los altos cargos, gestores de lo público y representantes políticos haciendo la compra en el mercado. Se aprecia la imposibilidad ontológico-metafísica, en tanto que en España fascina al político todo aquello que he llamado en múltiples ocasiones la representatividad. Consiste ésta en la periferia de la representación, que es la figura política por excelencia del residual parlamentarismo burgués. Al político le gusta que se lo reconozca en los privilegios y excepcionalidades que alcanza cuando le corresponden la representación ciudadana y la gestión de lo público. Luego nunca se dejará ver en el mercado un político español fuera de una campaña electoral, al ser admitido en la sociedad de la ignorancia que carecería de toda dignidad el gestor de lo público que aterrizase en el suelo de la vulgaridad e hiciese aquello de lo que puede quedar perfectamente eximido por sus competencias más elevadas, esto es, si otro puede hacerlo por él, o como yo prefiero llamarlo, por la representatividad. Y es que no hay nada mejor en democracia que lo excepcional.
¡Ay!, pero esta democracia deficiente puede ser todavía más divertida. La Espe, infatigable en su delirio, nos ha brindado un nuevo ejemplo de cómo no debería ser nunca una democracia. No me refiero a la posibilidad de que cualquiera pueda ser víctima de un delito, que también sucede en los regímenes más mezquinos y totalitarios, sino al modo como uno se defiende de los delincuentes. Como alta gestora de lo público, la Espe cuenta con seguridad permanente, con un buen número de guardaespaldas y vehículos de protección y con un dispositivo estático de la Guardia Civil en su domicilio -recuérdese, aquel de los techos tan altos y que se chupaba gran parte del salario de la lideresa. La posibilidad de un robo por medios convencionales es tan reducida como la de que Hermann Tertsch escriba o diga algo que no repugne a la razón. Si quienes "rompieron el bombín" de una puertecita de la casa de la Espe, como se ha podido leer en los medios de comunicación, tenían la intención de cometer un robo, se trata sin duda de un par de inconscientes desgraciados. Pero se ha dicho además que eran seguidores del Real Madrid -y que cada cual saque sus propias conclusiones-, y que iban borrachos. No obstante, la Espe, oportunista del disparate, quiso sacar tajada de la hazaña de unos gamberros e interpretó que pertenecían a ese grupo de extrema izquierda que se ha dado en llamar los indignados, cuyos seguidores obedecen precisamente a estas características: llenan los bares del barrio de Malasaña los días en que hay partidos de fútbol y se emborrachan, sin importar que sea martes o miércoles, ni que el partido termine a las once de la noche. No, los indignados no son activistas de extrema de izquierda, sino hooligans sin escrúpulos y muy violentos.
Parece ser que la Espe acudió a la comisaría de la calle de Leganitos para poner la pertinente denuncia por allanamiento de morada con indignación. Pero, siguiendo las prerrogativas de la representatividad, habría que saber si lo hizo de verdad ella en persona, es decir, si desplazó desde Noviciado hasta detrás de la Gran Vía los cinco coches de rigor, o si hizo acto de presencia la propia donna, ella sola, apresurada, en batín de seda, babuchas y presta para los insultos, o si el encargo fue recibido por un mandao.
Y todavía más. Al parecer, la Espe descolgó el teléfono y mandó ponerse nada menos que al ministro del Interior al aparato. Menudo lío se hizo la presidentísima al despachar este asunto directamente con el ministro. Para colmo, al comentarlo con los medios de comunicación, dijo la Espe que le había sucedido a ella como podía haberle sucedido a cualquiera, que los madrileños estamos indefensos, si bien cualquiera que descuelgue el aparato de teléfono y pregunte donde corresponda por el ministro no escuchará más que los pitidos de la desconexión.
En fin... Qué pena va dando todo esto... Vivimos los españoles una extraña regresión al pasado de los melancólicos y al envilecimiento, y como la gran mayoría dé la razón al PP en las elecciones del 20-N, vamos a terminar a palos por nuestros propios piojos.
Yvs Jacob
jueves, 20 de octubre de 2011
martes, 18 de octubre de 2011
José María Izquierdo, uno que vale por ciento
Apenas enciendo mi ordenador, busco en la fonoteca de la Cadena Ser la lección diaria del maestro Izquierdo. Algo sobre lo que la prensa de derechas española debería reflexionar es sin duda el hecho de que baste un solo torpedo para hundir a toda la flota. Los retorcidos análisis de Hermann Tertsch, que rezuman más odio y desesperación de la que podría pensarse que cabe en el alma negra de un único individuo; las encíclicas de Pedro J. Ramírez para la educación de la sociedad no democrática; el patinaje esperpéntico de Fernando Sánchez Dragó, ese cacharro senil, que más parece un muchacho recién inflamado su corazón de ideología política, un neófito neoliberal de ochenta años, verlo para creerlo; los ejercicios de autosuperación de Salvador Sostres, por si alguien dudaba de la vida interior de los animales; las florecillas muertas de Alfonso Ussía, suya la poética clasista y faltona, si bien donde él aprecia aristocracia y olfato percibimos los demás tufillo a rancio y fango orinado; el rostro acorazado de Carlos Dávila y, claro, César Vidal y la pseudohistoria, o cómo adoctrinar en el chascarrillo para combatir el liberticidio... -¡ay, más abajo ni siquiera puedo situar a Pío Moa! Todos estos "cornetas del Apocalipsis", como los llama Izquierdo, y muchos más, deberían darse cuenta de cuán patético resulta el periodismo de tropa en democracia, y deberían advertir que, por mucho que su propósito sea salvar a la patria de sus peligros, la vileza, la ruindad y la mezquindad sólo alimentan el sectarismo fanático... (y el número de votantes del PP, ¡cielos!). Obviamente, si pudieran aprender algo semejante, se habría resuelto un problema de recia raigambre española, la imposición violenta, y disfrazada de legitimidad, de unas voluntades sobre otras, y cuya frustración se aprecia en la prensa amarilla y difamatoria que practica la derecha en la forma de pataleo y ardor en el esternón... de momento, hasta que lleguen los azucarillos. (He conocido que el grupo recibe también el título de "carajillo Party". Lo encuentro insuperable).
¡Qué será de nosotros como triunfe la derecha!
Mientras gran parte de la sociedad española señala al PSOE como artífice y causa de todas las desgracias, se ignora todo lo que se encuentra bajo la superficie de la pseudopolítica. Ya no es sólo que si gana el PP las elecciones se va a poner la cosa muy mal, sino que se estará dando la razón a los secuaces más corrosivos y destructivos que le han hecho la campaña, se estarán ratificando actitudes, modos y afirmaciones entre los más dañinos para la convivencia democrática, precisamente de quienes ni la entienden ni la respetan. La sociedad democrática es compleja, se compone de tendencias, capas, tensiones y direcciones mútiples y diversas, y quienes no la aceptan así, no pueden gobernar, ni aspirar a que los demás les escuchen.
Sobre la oportunidad de trasladar el blog de Jose María Izquierdo a otro formato, un libro, Las mil frases más feroces de la derecha de la caverna, se me ocurre que existe una cierta insatisfacción en lo que podría llamarse "la escritura para la Red", algo muy parecido al "síndrome de Marías". Como es sabido, Javier Marías sólo escribe a máquina, odia los ordenadores (y los ruidos en su portal, ¡será europeo...!). Ambos instrumentos exigen el tráfago sobre el teclado, pero la máquina de escribir entrega una preciosa página dispuesta para su archivo, y el ordenador, sin más, se la traga. Yo interpreto el "síndrome de Marías" como la esperanza de que alguien encuentra alguna vez todas esas páginas interesantes... Pero ¿por qué convertir un blog en otro bulto para las estanterías, donde no va a ser menos ignorado ni eterno? Dejo aquí esta tribulación para los intelectuales de la posteridad.
Mucho está en juego el 20-N. Para los indecisos, recomiendo vehemente una consulta al blog de José María Izquierdo. Si todo lo que dice allí el catavenenos es cierto -yo no me puedo tomar la molestia de comprobarlo-, hay que ser muy valiente para no tener miedo.
Yvs Jacob
¡Qué será de nosotros como triunfe la derecha!
Mientras gran parte de la sociedad española señala al PSOE como artífice y causa de todas las desgracias, se ignora todo lo que se encuentra bajo la superficie de la pseudopolítica. Ya no es sólo que si gana el PP las elecciones se va a poner la cosa muy mal, sino que se estará dando la razón a los secuaces más corrosivos y destructivos que le han hecho la campaña, se estarán ratificando actitudes, modos y afirmaciones entre los más dañinos para la convivencia democrática, precisamente de quienes ni la entienden ni la respetan. La sociedad democrática es compleja, se compone de tendencias, capas, tensiones y direcciones mútiples y diversas, y quienes no la aceptan así, no pueden gobernar, ni aspirar a que los demás les escuchen.
Sobre la oportunidad de trasladar el blog de Jose María Izquierdo a otro formato, un libro, Las mil frases más feroces de la derecha de la caverna, se me ocurre que existe una cierta insatisfacción en lo que podría llamarse "la escritura para la Red", algo muy parecido al "síndrome de Marías". Como es sabido, Javier Marías sólo escribe a máquina, odia los ordenadores (y los ruidos en su portal, ¡será europeo...!). Ambos instrumentos exigen el tráfago sobre el teclado, pero la máquina de escribir entrega una preciosa página dispuesta para su archivo, y el ordenador, sin más, se la traga. Yo interpreto el "síndrome de Marías" como la esperanza de que alguien encuentra alguna vez todas esas páginas interesantes... Pero ¿por qué convertir un blog en otro bulto para las estanterías, donde no va a ser menos ignorado ni eterno? Dejo aquí esta tribulación para los intelectuales de la posteridad.
Mucho está en juego el 20-N. Para los indecisos, recomiendo vehemente una consulta al blog de José María Izquierdo. Si todo lo que dice allí el catavenenos es cierto -yo no me puedo tomar la molestia de comprobarlo-, hay que ser muy valiente para no tener miedo.
Yvs Jacob
lunes, 17 de octubre de 2011
Y no se vio a los niñatos del PP
¡Oye, hay que ver qué bien que lo pasemos en las marchas del 15-M!
Cantamos cuando había que cantar, y nos agachamos, nos tiramos al suelo, y nos levantamos gritando, y nos volvíamos a agachar; y clamábamos por una cosa a este lado, y había sitio para otra más arriba, más abajo, y a la izquierda... y a la derecha, también. Y este mundo que va a venir, ¡qué bonito que es, madre!, ¡pa' haberlo venido antes! Algunas pancartas estaban mal escritas, sí -¡ay, que "le llaman democracia y no lo es"!-, bueno, pero ya se verá, ya se verá que eso no tiene la menor importancia cuando se quieren democracia y libertad. "¡Movéos!", nos decían otros carteles, "¡Movéos! ¡Movéos!". ¿Que qué? Sí, sí, "¡Movéos! ¡Movéos!". Vale, vale, también lo entendemos...
Que se mueran los políticos y los banqueros, malos, tan malos que son; que no somos mercancía, que no nos representan, que nos hemos despertado y hemos descubierto que teníamos dignidad, y aunque ya la teníamos antes del 15-M, no nos engañemos, ahora tenemos más.
Y éramos un montón de gente en la calle, que para España eso es un día normal, y Madrid para estas convocatorias se presta fenomenal, que se aprovecha para limpiar después las vías, siguiendo el método iniciado por aquel dicharachero Álvarez del Manzano; y nos queríamos como hermanos durante el tiempo que duró, nos prometimos no hacernos ninguna putada más, que lo íbamos a solucionar entre todos. Los "mercados" han sido muy malos, la verdad, nos decíamos dentro de la masa, los "mercados" tienen la culpa de casi todo, pero no menos cabrones hemos sido unos con otros, y hemos sido muy cabrones con los dineros -¡y con los alquileres!, y así nos vemos.
Por ver, también se vio a los delincuentes del Este, que no tienen arreglo si el castigo no lleva venganza; estos habituales de la vida madrileña, allí entre la gente, con un bolsito pequeño colgando en la barriga y una chaquetita doblada al brazo, tan discretos que nadie podía dudar de sus intenciones, de su mirada concentrada en pantalones y mochilas, lo mismo que un día cualquiera en el metro o en el autobús y en las proximidades de los museos... Claro, hemos permitido que de la delincuencia se haga profesión, y de la profesión salen los profesionales, ¡total, como nadie lleva más de 50€ en la cartera...! ¡Eso no es un delito, eso es comprensión! Pero ya será una buena fechoría que uno que acude a solucionar el mundo se vuelva a su casa sin la cartera. Y es que, aunque parecíamos una gran familia, siempre sucede que está cada uno a lo suyo, como los "lateros" de Pakistán -los chinos todavía no habían salido de sus locales, ¡la marcha tuvo lugar dentro de su horario legal!-, otros que han descubierto el agujero en nuestra seguridad, y mientras bramamos por los derechos humanos y la igualdad, ellos prefieren seguir con su negocio del fraude fiscal, porque en Madrid sólo te ganas una denuncia si distribuyes camisetas con un lema contrario al PP, pero si llevas a cabo una actividad ilegal al margen de sus intereses, entonces no pasa absolutamente nada -ya lo saben ellos bien: los problemas existen cuando se les presta atención. ¡Y lo bien que estábamos en 1996, cuando no pasaba nada!
Llegamos a la Puerta del Sol por donde nos fue posible, y allí estuvimos hasta las ocho y media, que nos tocó morir. Y apenas muertos, ya fuimos resucitados, las manos arriba, haciendo aspavientos, que a esto los sordomudos lo llaman(!) "aplaudir", y no tardamos muchos en regresar cada uno a lo nuestro, unos a los bares y otros a ocupar algún hotel; además, jugaba el Atlético de Madrid.
Eso sí, no se vio por ningún lado a los niñatos del PP.
Yvs Jacob
Cantamos cuando había que cantar, y nos agachamos, nos tiramos al suelo, y nos levantamos gritando, y nos volvíamos a agachar; y clamábamos por una cosa a este lado, y había sitio para otra más arriba, más abajo, y a la izquierda... y a la derecha, también. Y este mundo que va a venir, ¡qué bonito que es, madre!, ¡pa' haberlo venido antes! Algunas pancartas estaban mal escritas, sí -¡ay, que "le llaman democracia y no lo es"!-, bueno, pero ya se verá, ya se verá que eso no tiene la menor importancia cuando se quieren democracia y libertad. "¡Movéos!", nos decían otros carteles, "¡Movéos! ¡Movéos!". ¿Que qué? Sí, sí, "¡Movéos! ¡Movéos!". Vale, vale, también lo entendemos...
Que se mueran los políticos y los banqueros, malos, tan malos que son; que no somos mercancía, que no nos representan, que nos hemos despertado y hemos descubierto que teníamos dignidad, y aunque ya la teníamos antes del 15-M, no nos engañemos, ahora tenemos más.
Y éramos un montón de gente en la calle, que para España eso es un día normal, y Madrid para estas convocatorias se presta fenomenal, que se aprovecha para limpiar después las vías, siguiendo el método iniciado por aquel dicharachero Álvarez del Manzano; y nos queríamos como hermanos durante el tiempo que duró, nos prometimos no hacernos ninguna putada más, que lo íbamos a solucionar entre todos. Los "mercados" han sido muy malos, la verdad, nos decíamos dentro de la masa, los "mercados" tienen la culpa de casi todo, pero no menos cabrones hemos sido unos con otros, y hemos sido muy cabrones con los dineros -¡y con los alquileres!, y así nos vemos.
Por ver, también se vio a los delincuentes del Este, que no tienen arreglo si el castigo no lleva venganza; estos habituales de la vida madrileña, allí entre la gente, con un bolsito pequeño colgando en la barriga y una chaquetita doblada al brazo, tan discretos que nadie podía dudar de sus intenciones, de su mirada concentrada en pantalones y mochilas, lo mismo que un día cualquiera en el metro o en el autobús y en las proximidades de los museos... Claro, hemos permitido que de la delincuencia se haga profesión, y de la profesión salen los profesionales, ¡total, como nadie lleva más de 50€ en la cartera...! ¡Eso no es un delito, eso es comprensión! Pero ya será una buena fechoría que uno que acude a solucionar el mundo se vuelva a su casa sin la cartera. Y es que, aunque parecíamos una gran familia, siempre sucede que está cada uno a lo suyo, como los "lateros" de Pakistán -los chinos todavía no habían salido de sus locales, ¡la marcha tuvo lugar dentro de su horario legal!-, otros que han descubierto el agujero en nuestra seguridad, y mientras bramamos por los derechos humanos y la igualdad, ellos prefieren seguir con su negocio del fraude fiscal, porque en Madrid sólo te ganas una denuncia si distribuyes camisetas con un lema contrario al PP, pero si llevas a cabo una actividad ilegal al margen de sus intereses, entonces no pasa absolutamente nada -ya lo saben ellos bien: los problemas existen cuando se les presta atención. ¡Y lo bien que estábamos en 1996, cuando no pasaba nada!
Llegamos a la Puerta del Sol por donde nos fue posible, y allí estuvimos hasta las ocho y media, que nos tocó morir. Y apenas muertos, ya fuimos resucitados, las manos arriba, haciendo aspavientos, que a esto los sordomudos lo llaman(!) "aplaudir", y no tardamos muchos en regresar cada uno a lo nuestro, unos a los bares y otros a ocupar algún hotel; además, jugaba el Atlético de Madrid.
Eso sí, no se vio por ningún lado a los niñatos del PP.
Yvs Jacob
domingo, 16 de octubre de 2011
Los chinos se pasan a los trabajos de altura
¡Hostiaaa! ¡Pero qué estamos haciendo, tropa!
Menudo susto me he llevado apenas soltar el carrito mugriento de un Carrefour. Subía mi calle cuando he observado a un pequeño grupo de trabajadores que, como todos los que realizan su actividad al aire libre, contemplaban su obra desde la cera de enfrente. ¡Me cago en la puta, los chinos! En efecto. Un montón de escupitajos y de uñas largas... los chinos. ¡Me cago en la puta, me cago en la puta, me cago en la puta! ¡Pero qué estamos haciendo! Son insaciables, no menos que nuestra estupidez patria, burlan nuestra ley y hacen lo que les da la gana. ¿Pero es que los españoles ya no saben hacer nada? Cuando uno viaja a Italia observa que los trabajos en la vía urbana y en los edificios son realizados por italianos; y en Alemania, por alemanes, y son los portugueses quienes le dan al pico y a la pala en Portugal. Pero en España, entre sudamericanos, polacos, rumanos, africanos de toda coló... no nos queda donde meter a un albañil de verdad, un albañil de aquellos benditos que tenían al botijo por otra más de sus herramientas, tan bonico que le quedaba su pañuelo en la cabeza, anudadas las cuatro puntas, un Baroja del ladrillo. Coño, que una cosa es la generosidad, y otra bien diferente la gilipollez, que en el mundo del dinero, el buen rollo viene siempre después, ¡seremos tontos los españoles! Pero ¿qué necesidad había de confiar ahora los trabajos en las fachadas de los edificios a los chinos? A este paso, no es que no vayamos a tener presupuesto suficiente para pagar las pensiones en un futuro cada día más cercano y terrible, es que vamos a ver que la tierra en la que nos hemos hecho todos gilipollas y señoritos la van a romper con más éxito los acreedores que los nacionalistas, que llevaban una ventaja destacada, e impecablemente legal, cierto, de varias décadas, aunque recortada en tiempo de record desde que la visión del mundo guay se sumó al liberalismo más analfabeto.
Vamos a ver si ponemos un poquito de atención los españoles a nuestros asuntos, que tenemos la casa hecha un zaquizamí con tanto buen rollo, que si el lema de la derecha es sálvese quien pueda, el de la izquierda, entre y sírvase, se ha revelado no menos peligroso. Pueblo adiestrado en la humillación, pueblo sin imaginación ni invención, viven los españoles aguardando el buen tiempo a la espera del turista no menos paleto, y cuando el turista no llega, entonces no se sabe qué hacer, más que engrosar el gran bulto del desempleo y poner la mano. Pero como sigamos así, nosotros, que ya no sabemos ni cambiar un interruptor, vamos a terminar frotando los azulejos de nuestros amos con el cepillo de dientes.
Emprendedor, tu imponderable apetito de beneficio, tu irresponsabilidad en cuanto a las consecuencias sociales de las actividades económicas ha sido la verdadera causa de nuestra ruina como país. Pero ha llegado la hora de arrimar el hombro, ¡estamos en peligro! Pon en tu empresa a un español, que no son tan malos chicos... ni tan caros.
[Nota sobre la situación en Madrid. En Madrid lleva gobernando tantos años la derecha en el Ayuntamiento y en la Comunidad Autónoma que muchos ya ni siquiera somos conscientes de que su tiranía sea producto de la democracia. Ahora que Ruiz-Gallardón está desmontando el despachito que ha dejado a la ciudad para la subasta, se nos amenaza con regalar la alcaldía a la muy ociosa e incapaz Ana Botella, una que andaba por allí. Pero deben saber estos aventureros de la gestión pública que la ciudad por ellos ignorada se parece cada día más a un suburbio de Caracas, que hay calles en el mismísimo centro de Madrid que le hacen a uno sentir toda la vergüenza de la humanidad, y que hay tantos comercios chinos innecesarios, desoladores almacenes de la obscenidad, que ningún soterramiento de ninguna calle puede conmutar. Madrid se muere... ¿y todavía creéis que el PP es la solución? ¡Parémoslos, que viene la derecha rancia!].
Yvs Jacob
Menudo susto me he llevado apenas soltar el carrito mugriento de un Carrefour. Subía mi calle cuando he observado a un pequeño grupo de trabajadores que, como todos los que realizan su actividad al aire libre, contemplaban su obra desde la cera de enfrente. ¡Me cago en la puta, los chinos! En efecto. Un montón de escupitajos y de uñas largas... los chinos. ¡Me cago en la puta, me cago en la puta, me cago en la puta! ¡Pero qué estamos haciendo! Son insaciables, no menos que nuestra estupidez patria, burlan nuestra ley y hacen lo que les da la gana. ¿Pero es que los españoles ya no saben hacer nada? Cuando uno viaja a Italia observa que los trabajos en la vía urbana y en los edificios son realizados por italianos; y en Alemania, por alemanes, y son los portugueses quienes le dan al pico y a la pala en Portugal. Pero en España, entre sudamericanos, polacos, rumanos, africanos de toda coló... no nos queda donde meter a un albañil de verdad, un albañil de aquellos benditos que tenían al botijo por otra más de sus herramientas, tan bonico que le quedaba su pañuelo en la cabeza, anudadas las cuatro puntas, un Baroja del ladrillo. Coño, que una cosa es la generosidad, y otra bien diferente la gilipollez, que en el mundo del dinero, el buen rollo viene siempre después, ¡seremos tontos los españoles! Pero ¿qué necesidad había de confiar ahora los trabajos en las fachadas de los edificios a los chinos? A este paso, no es que no vayamos a tener presupuesto suficiente para pagar las pensiones en un futuro cada día más cercano y terrible, es que vamos a ver que la tierra en la que nos hemos hecho todos gilipollas y señoritos la van a romper con más éxito los acreedores que los nacionalistas, que llevaban una ventaja destacada, e impecablemente legal, cierto, de varias décadas, aunque recortada en tiempo de record desde que la visión del mundo guay se sumó al liberalismo más analfabeto.
Vamos a ver si ponemos un poquito de atención los españoles a nuestros asuntos, que tenemos la casa hecha un zaquizamí con tanto buen rollo, que si el lema de la derecha es sálvese quien pueda, el de la izquierda, entre y sírvase, se ha revelado no menos peligroso. Pueblo adiestrado en la humillación, pueblo sin imaginación ni invención, viven los españoles aguardando el buen tiempo a la espera del turista no menos paleto, y cuando el turista no llega, entonces no se sabe qué hacer, más que engrosar el gran bulto del desempleo y poner la mano. Pero como sigamos así, nosotros, que ya no sabemos ni cambiar un interruptor, vamos a terminar frotando los azulejos de nuestros amos con el cepillo de dientes.
Emprendedor, tu imponderable apetito de beneficio, tu irresponsabilidad en cuanto a las consecuencias sociales de las actividades económicas ha sido la verdadera causa de nuestra ruina como país. Pero ha llegado la hora de arrimar el hombro, ¡estamos en peligro! Pon en tu empresa a un español, que no son tan malos chicos... ni tan caros.
[Nota sobre la situación en Madrid. En Madrid lleva gobernando tantos años la derecha en el Ayuntamiento y en la Comunidad Autónoma que muchos ya ni siquiera somos conscientes de que su tiranía sea producto de la democracia. Ahora que Ruiz-Gallardón está desmontando el despachito que ha dejado a la ciudad para la subasta, se nos amenaza con regalar la alcaldía a la muy ociosa e incapaz Ana Botella, una que andaba por allí. Pero deben saber estos aventureros de la gestión pública que la ciudad por ellos ignorada se parece cada día más a un suburbio de Caracas, que hay calles en el mismísimo centro de Madrid que le hacen a uno sentir toda la vergüenza de la humanidad, y que hay tantos comercios chinos innecesarios, desoladores almacenes de la obscenidad, que ningún soterramiento de ninguna calle puede conmutar. Madrid se muere... ¿y todavía creéis que el PP es la solución? ¡Parémoslos, que viene la derecha rancia!].
Yvs Jacob
jueves, 13 de octubre de 2011
¡Parémoslos! (¡Que viene la derecha rancia!)
¡Pero cómo se están repartiendo el pastel en nuestras narices! Nunca había sucedido algo así, que se den por ganadas -o perdidas- unas elecciones sin haber pasado todavía por las urnas, sin la menor tensión sexual no resuelta, ¡es pura pornografía! Ya se han repartido los ministerios, queda más de un mes para las elecciones y ya se han repartido los ministerios, así de sencillo: tú, tú y tú, ¡pa' dentro! No es de extrañar, supone la culminación de todas las actitudes antidemocráticas del PP desde los orígenes de la formación, aunque a juzgar por muchos de sus votantes más fanáticos, rancios y malolientes, tal vez habría que hablar del factor Rh o del ADN. Ya se apreció en las elecciones de 2004 que para el PP, con la inestimable ayuda de los inagotables chicos del coro que practican el antiperiodismo, tergiversación rica en ficciones e improperios por la gloria de España, la victoria del PSOE fue ilegítima, aparte de una burrada inmoral, y todavía continuó la pesada tonadilla en 2008, y llega hasta el presente, así en palabras de Arenas Bocanegra y otros bucaneros de la palabra. En las elecciones del 20-N se ido más allá: es que ya han ganado, es que no existe ningún rival, es que se lo ha ignorado. Mientras tanto, los no menos ignorantes ciudadanos asistimos a la subasta del pescao sin ninguna reacción notable: unos, alzando la mano en las plazas, ¡esos chiquillos!, ajenos a la misma política (institucional) que seguirá adelante sin ellos tras los comicios, y otros, no menos disgustados con este terrible socialismo (?), que ha defraudado a todo el mundo, que no nos ha sacado de pobres ni de sinvergüenzas, decididos a quedarse en casa o regalar su voto a quienes con una muy activa pasividad han causado al país tanto daño o más como aquellos que merecen la cruel venganza de los españoles. Y no nos acompaña ni el clima, que si no cesa en noviembre por fin el verano, menos los febriles de la urna, que abundan precisamente allí donde no se respeta el resultado si es adverso, de eso que fue una vez la izquierda, y que no es hoy más que una tibia autodefensa frente a la anarquía, no habrá quien recuerde para qué se monta un colegio electoral, toda esa gente allí a la hora de comer...
Se habla de una abultadísima mayoría absoluta, porque nada hay más saludable para una democracia que darle todo el poder a quienes saben lo que tienen que hacer, y que todo se hace mejor sin ninguna oposición y sin necesidad de alcanzar acuerdos -la aritmética parlamentaria rompe la esencia de la democracia, tal y como la entiende la derecha en España. Se gobierna mejor ignorando a los demás, poniéndoles la rodilla en el cuello e hincándoles los nudillos en el hígado, sólo por su bien, ¿acaso no se ha ganado ya el mando en las elecciones? Pues a joderse.
Muchos ya lo sospechábamos, pero va saliendo a la luz que en el PP no tienen del todo claro que la recuperación de la economía española sea cosa de cuatro decretos y tres leyes promulgados apenas se cambian las sábanas en La Moncloa, y eso que se había presentado a Mariano Rajoy como el terror de los mercados. Vaya, qué cosa nos vienen a decir ahora, ya nos han matao to' la ilusión: tanto bramar con que el lío lo arregla el PP en menos de lo que Miguel Arias Cañete se zampa una tostá colorá, y nos enteramos los españoles de que todavía habrá que afrontar pruebas más difíciles, eso sí, bajo la dirección y la supervisión de quienes saben, ellos sí, qué se tiene que hacer... y cómo.
Una vez más, estamos haciendo el indio, estamos danzando en torno a la hoguera para que llueva, y nos conformamos con diosecillos de los que se ven en las juergas con el peyote; nos estamos desmadrando cosa mala y lo vamos a pagar...
Yvs Jacob
P. D.: ¡No votéis al PP! ¡No votéis al PP! ¡No votéis al PP, hostias!
Se habla de una abultadísima mayoría absoluta, porque nada hay más saludable para una democracia que darle todo el poder a quienes saben lo que tienen que hacer, y que todo se hace mejor sin ninguna oposición y sin necesidad de alcanzar acuerdos -la aritmética parlamentaria rompe la esencia de la democracia, tal y como la entiende la derecha en España. Se gobierna mejor ignorando a los demás, poniéndoles la rodilla en el cuello e hincándoles los nudillos en el hígado, sólo por su bien, ¿acaso no se ha ganado ya el mando en las elecciones? Pues a joderse.
Muchos ya lo sospechábamos, pero va saliendo a la luz que en el PP no tienen del todo claro que la recuperación de la economía española sea cosa de cuatro decretos y tres leyes promulgados apenas se cambian las sábanas en La Moncloa, y eso que se había presentado a Mariano Rajoy como el terror de los mercados. Vaya, qué cosa nos vienen a decir ahora, ya nos han matao to' la ilusión: tanto bramar con que el lío lo arregla el PP en menos de lo que Miguel Arias Cañete se zampa una tostá colorá, y nos enteramos los españoles de que todavía habrá que afrontar pruebas más difíciles, eso sí, bajo la dirección y la supervisión de quienes saben, ellos sí, qué se tiene que hacer... y cómo.
Una vez más, estamos haciendo el indio, estamos danzando en torno a la hoguera para que llueva, y nos conformamos con diosecillos de los que se ven en las juergas con el peyote; nos estamos desmadrando cosa mala y lo vamos a pagar...
Yvs Jacob
P. D.: ¡No votéis al PP! ¡No votéis al PP! ¡No votéis al PP, hostias!
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