viernes, 28 de enero de 2011

Los ex presidentes con negocios no pueden cobrar ninguna pensión del Estado

Como en tantas otras ocasiones, la sociedad española está siendo víctima de una estafa. Los argumentos a favor de la pensión concedida a los ex presidentes de Gobierno con el cargo fantasma de consejero en importantes empresas han conseguido agudizar mi apetito por la desobediencia civil, porque quizá ha llegado la hora definitiva de ese instrumento que sólo emplean los dirigentes regionales del Partido Popular, el boicot, pero uno de gran escala que se fije por meta que todo se vaya a tomar por el culo.
He escuchado a los defensores de esta estafa que en España se cobra poco por la dedicación a la vida pública. Bien, se cobra bastante para vivir holgadamente, habida cuenta de que, durante sus mandatos, los presidentes y sus familias no gastan ni en cepillos de dientes, así que no nos chupemos las pollas de tanto entusiasmo.
En segundo lugar, es cierto que los ex presidentes han prestado su servicio a la sociedad, pero ni estaban obligados a ello -ninguna pistola en la nuca los llevó a la política, y "son gente" como el resto de la gente- ni dicho servicio puede medirse en términos de ninguna clase, luego su pensión podría siempre revocarse -riesgos también hemos corrido.
En tercer lugar, cualesquiera contactos -la famosa "agenda"- que los ex presidentes hiciesen en sus mandatos y que podrían ser de utilidad para empresas que les ofreciesen alguna suerte de remuneración, o benefician directamente a la sociedad que los eligió como mandatarios, o chocan también directamente con los intereses de esa sociedad si sólo sirven como objetos de intercambio en beneficio personal de quien comercia con ellos.
En cuarto lugar, debido a la opacidad de la actividad pública, es fácil desconfiar de la limpieza absoluta en las más altas esferas. Los patrimonios de los ex presidentes crecen de manera prodigiosa, y cabe suponer que las tan cotizadas conferencias en la gira obligatoria para todo ex mandatario hubieran podido contar con algún fondo bien alimentado, deseemos que siempre dentro de la legalidad, aunque, obvio, fuera de la moralidad.
En quinto lugar, cierto que el Estado dispone que tales pensiones deben concederse, y que quien puede benficiarse de ellas cuenta con su existencia una vez abandone su función pública, pero la incompatibilidad con cualquier otra fuente de ingresos no puede ser más moral y honesta. En un contexto socioeconómico en que se reducen las becas de todo orden, aumenta la edad de jubilación, se reducen las plazas en las convocatorias de empleo público..., los 80.000 € anuales concedidos a dos millonarios se tornan decisivos, y no sólo en relación con la estima que la sociedad tenga a los políticos y a la política.
Me detengo, y no añado lugares siete, ocho y en adelante para no estar escribiendo cuatro días seguidos, pero ninguna defensa es posible, amigos del periodismo de trincheras.
Igual que Henry David Thoreau se subió a un árbol para que sus impuestos no contribuyesen a hacer la guerra a México, yo voy a subirme a otro y me voy a cagar en todo el que se ponga debajo, porque con mi triste dinero de mierda no pienso colaborar en el robo que es una pensión vitalicia a quienes ya tienen los bolsillos y los baúles llenos de insaciable sed de ruindad.
¡Desobediencia civil ahora!


Yvs Jacob

martes, 25 de enero de 2011

Literatura revolucionaria universitaria

Como tantas otras noticias, y las noticias deberían estar siempre vinculadas a hechos, por mucho que El Mundo y otros diarios españoles sean el vehículo de ingeniosísimos creadores que se refieren a sí mismos como "periodistas", ha desaparecido por completo el fragor revolucionario que llegaba desde Francia, cuando a propósito de las reformas sobre la edad de jubilación salieron a la calle trabajadores y estudiantes para vergüenza de mayo del 68. En el programa El Intermedio se hizo con mucho humor la elección de Miss y Mr Manifa, y era todo un espectáculo ver a los jóvenes franceses en lucha, hasta el punto de no saber muy bien si los catálogos de moda imitan a la realidad revolucionaria o es al contrario, por lo que yo me inclino.
Pero paseando desde casi el comienzo de la Ciudad Universitaria, donde se encuentra la escuela de Ingenieros Agrónomos, se constata la gran diferencia que existe con los vecinos del norte, quizá porque el idioma castellano es de una sobriedad tal, al menos cuando se habla en Madrid, que hace de la realidad referida algo rotundo a un tiempo que cortante. En la escuela de Aeronáutica, antes de llegar a la boca de metro, se lee en una pared "Libertad para Virginia", que debe ser alguien privado de ella, y pido desde aquí que se aclare quién, que me intriga una barbaridad. Ya en la facultad de Farmacia comienza lo bueno, porque en su pared dice "Esperanza Aguirre come mierda", y no lo invento -el texto, se entiende-, y siempre me despierta una sonrisa, porque la pintada permanece allí desde hace mucho tiempo sin que ni siquiera la borre el paso de los días.
Mucho me llevó entender lo que había escrito en una de las paredes de la sucursal tan coqueta del Banco Santander. A distancia y sin gafas, yo interpretaba "Mujer empadrónate", así de mal, sin coma ni nada, claro, al estilo universitario. Pero ya más cerca leí por fin "empodérate", que debe de ser algo así como "tomar el poder de uno mismo", y que en los tiempos que corren todo el mundo habría de observar, porque ladrones armados de democracia están perpetrando el robo del siglo mientras la ciudadanía anda ocupada limpiándose los piojos.
La gran conmoción se alcanza en el conocido "edificio B" de Filología, donde tantas veces escuché lo de "esta casa", aunque no sin antes coger algo de aire al leer en el también conocido "edificio A" esta joya: "¡Qué vuele la reforma!", con esa tilde de ciencias exactas. Es sin duda en el "edificio B" donde se descubren el alcance intelectual y el compromiso de los jóvenes españoles. Para empezar, parece ser el único espacio público donde todavía se puede fumar, con la actual y con la anterior ley antitabaco. Pero lo más sorprendente es el descubrimiento hecho por algún pensador todavía anónimo, que ha legado para la posteridad, y ojalá dure tanto como la pintada que informa de la dieta de "la Espe", lo siguiente: "Lo moral es político".
Sospecho que anónimo quería decir lo contrario, que lo político es moral, porque la cópula anterior, por mucho que se intente salvar, suena demasiado a liberalismo de derechas, y tanta pluralidad es sospecha en un campus de universidad pública española, sobre todo a 200 mts de donde una lideresa de la derecha sabe lo que es comer.


Yvs Jacob

sábado, 22 de enero de 2011

San José María Aznar se empeña en que la historia lo recuerde como a un pequeño hombre mezquino

San José María Aznar siempre quedará vinculado a los miles de muertos de la guerra de Iraq y a los atentados del 11 de marzo de 2004, e incluso hoy es imposible, al ver su cara, que la imagen de la destrucción diaria de Bagdad, o la de unos trenes reventados, no se presente de inmediato y supere la contigüidad de que hablaba Platón respecto de los recuerdos para convertirse en la construcción de un signo, la palabra "Aznar", hasta el punto de mostrar su obra y decir: "es esto".
Si se quiere, Felipe González siempre será el presidente de los GAL y de la corrupción, como Rodríguez Zapatero lo será de la crisis y el desempleo. Así hablará la historia.
En comparación con ellos, es más triste la actitud de san José María Aznar, que vive cada día con el deseo, no de redención, sino de resarcimiento, y es de suponer que una hilera interminable de muertos debe pesar tanto como para que un día y otro se esfuerce por sobreponerse con la única arma del rencor, tanto como para decidir darse una segunda oportunidad. Pero siempre será el pequeño hombre mezquino que dijo "Sí" a la invasión y destrucción de Iraq, como si una guerra fuese en algo parecida a su representación cinematográfica; el hombre que por su irresponsabilidad puso en peligro la vida del pueblo que le había confiado su gobierno en democracia.
San José María Aznar desconoce por completo el principio sagrado de la responsabilidad en política, y lejos de mantenerse en la discreción que debería exigirse a sus pecados, ha optado por la presencia insistente, como si no hubiese agotado ya la paciencia de los españoles. Esta misma presencia pone en evidencia su culpabilidad. Es fácil entender que el gobierno nunca esté libre de riesgos y amenazas, pero hay errores que pueden evitarse también con facilidad. Y san José María Aznar, como sabe que el pueblo no perdona, se empeña en negar que cometiese tales errores, y burla así la dignidad de los españoles como seres humanos, pura mercancía intercambiable incluso con la muerte, y todo para no dañar la clarividencia del gobernante -George W. Bush lo ha llamado "visionario", pero es obvio que ignora el significado de ese y otros términos.
Los vítores y aplausos que recibe el santo en las plazas que visita estos días prueban al observador atento que el Partido Popular es una solución zafia para España. Sus nostálgicos se parecen en mucho a esa gente extraña que añora al dictador, individuos que no comprenden en lo más mínimo en qué consiste la vida en una sociedad democrática, y que suspenden el principio de causalidad de su aplicación a la historia para celebrar el pasado, como si el presente no tuviese nada que ver.
La duda que ahora queda a la izquierda española es si Pérez Rubalcaba se consumirá durante un año entero en la recámara, si conseguirá vencer la campaña que los medios de comunicación del circo popular recrudecerán en breve contra el "portavoz de los GAL", si los votantes más irresponsables se cansarán de un poco más de lo mismo.


Yvs Jacob

viernes, 21 de enero de 2011

Esta semana, ¡todos los días fútbol!

Lo hemos vuelto a conseguir, ¡y nada nos podrá parar!
La progresión de los españoles hacia la cima del analfabetismo cultural no conoce límites ni barreras. No importaba en absoluto que los partidos de la semana fuesen intrascendentes, que el Barcelona hubiese dejado a los jugadores del Betis pegados en el campo la semana anterior, o que la sobrevalorada afición atlética supiese en el fondo de su corazón que su equipo no conseguiría batir al rival de la capital. Todas las emisoras de radio suspendieron sus habituales programas de información y debate para que sus oyentes no perdiesen detalle de una eliminatoria ya resuelta por cinco goles de diferencia, y otra casi tan absurda, por el frío que sufrieron los seguidores de los equipos madrileños en el vallecito del Manzanares.
Dijo Iñaki Gabilondo días atrás que era una desgracia que desapareciese un medio de comunicación, y también lo repitió Àngels Barceló en el muy irregular y descuidado Hora 25, programa sometido a la tiranía de los esquilmadores de almas, o esquiladores de borregos, que es lo mismo. Pero, querido Iñaki, ¡cómo no va a desaparecer el mundo entero cuando la ambición de un grupo de comunicación es llevar un partido de fútbol diario a cada hogar mediante la televisión por pago!
Y este es el mundo en que vivimos, el mundo sobre el cual discutimos y en el que tanto nos molesta lo que hacen unos y otros, cuando lo que de verdad merecemos es que Zeus descargue una lluvia de rayos que parta a la mitad por la mitad, y que a la mitad de la mitad sobrante le introduzca yo qué sé por el mismísimo culo, que libre a la otra mitad de tanta gilipollez como soporta.


Yvs Jacob

jueves, 20 de enero de 2011

El Senado español, ahora más inútil todavía

Hace poco vi en televisión unas imágenes del Caudillo de las Españas entrando en el Senado. No podía ser más ridículo el espectáculo, porque sin democracia, las instituciones propias de la libertad se convierten en un teatrillo de pantomima. Pero todavía era más grave la pretensión de que el Senado pudiese tener alguna función que justificase su existencia, lo que habría supuesto compartir el poder con el dictador, si bien con un dictador no se puede compartir nada, puesto que cuando rige la más absoluta arbitrariedad, la dirección del gobierno corresponde al capricho, y un dictador es por definición alguien con poderes especialísimos, y en especial, el poder de tener el poder sin que nadie se lo haya otorgado ni cedido, sino que el dictador lo secuestra.
Como pasó el tiempo, y España se hizo democrática, primero, y europea sin mucho tardar, se llegó a pensar que el Senado, algo así como una metainstitución constitucional, podía actuar como legitimador de la misma democracia, esto es, la institución existe, y existe en democracia, luego podemos estar tranquilos, porque así nos parecemos más a los demás hombres libres. No obstante, el Senado, al menos en una democracia apenas inaugurada, carecía y carece de competencias decisivas -no es una Cámara con propiedad-, porque si esa institución pudiese contravenir la voluntad ciudadana -dos mayorías diferentes-, aquí acabábamos a hostias con toda seguridad.
Manuel Marín nos ilusionó cuando quiso modificar las normas del Congreso, y nunca ocultó que el Senado era un gasto bastante tonto. Respecto del Congreso, a diferencia de los demás presidentes, burdos aporreadores con maza, Marín quería que la Cámara tuviese la capacidad de poner en dificultades al presidente del Gobierno, fuese quien fuese, siempre alejado de la espontaneidad; quería algo diferente de lo que es, cierto, un corral donde unos animales gritan a otros. En cuanto al Senado, deseaba que se convirtiese en lugar de vertebración de la Autonomías, una Cámara territorial. Y aquí aparece el eterno problema.
Lejos de solucionarlo, se le ha dado al problema, según la costumbre española, una capa de pintura, ¡y listo! El Senado, lugar donde nadie tiene nada que decir y menos aun que escuchar, abre a los ociosos senadores la oportunidad de expresarse en su lengua regional. Sólo un idiota profundo intentaría hacerse escuchar cuando a nadie le interesa lo que tiene que decir, y menos si lo hace en otra lengua, por mucho que una educación mínima sea del auxilio de los españoles para entender lenguas tan relacionadas como el castellano, el catalán y el gallego. Entiendo que el euskera se trate con la mayor atención por su excepcionalidad, pero es una extravagancia emplear una lengua tan extraña para tener nada que decir.
Como ya sospechaba parte de la ciudadanía que el Senado es un cementerio con panteones muy caros para su mantenimiento, ahora aumenta su gasto que da gusto, y todo para satisfacer ese placer insano de los españoles de cualquier región por la tontería: cuanto más grande, mejor.


Yvs Jacob