El marcaje al hombre que está haciendo la Cadena Ser con Tomás Gómez es más que total, es la hostia. Me imagino que es sólo un entrenamiento para el momento de elegir al candidato socialista a La Moncloa. Puesto que con Rodríguez Zapatero no le ha ido nada bien al grupo PRISA, que ha visto sus pretensiones de libre mercado interferidas por los amiguetes del Presidente, está claro que en el futuro "la Ser" apoyará a otro candidato dentro de la izquierda, y ya se encargará de que no sea quien no debe ser. Pero, por el momento, el acoso y derribo lo sufre Tomás Gómez, frente a la archiempalagosa "Trini", a quien la emisora hace la campaña. Es normal, y en todas las elecciones generales, autonómicas y locales sucede, que los medios de comunicación muestren sus preferencias, declaren qué opción democrática es la más recomendable para sus fieles seguidores. Lo que no se había visto todavía era que un medio intervenga, tome parte, sentencie y crucifique a un candidato a candidato dentro de una organización privada, con sus propias reglas, como es el caso de un partido político. La izquierda se pone furiosa cuando se la relaciona de algún modo con el franquismo, pero hay mucho de franquismo aquí. El caso me recuerda a la entrevista que Franco concedió a un diario belga, y es famosa porque en ella decía el dictador que a España no le sentaba bien la democracia, que el carácter español no se relaciona bien con la libertad, y que conviene a los españoles que alguien los conduzca con mano firme. Se quedó bien tranquilo el muy huevón. Pero la lección sigue vigente: la Cadena Ser, en nombre de una dudosa tarea informativa, anula la libertad de los militantes del PSM con sus ataques a uno de los candidatos de las primarias, y amenaza en general a los madrileños con un futuro descorazonador si Tomás Gómez se alza finalmente con el triunfo, porque "la Espe" le va a dar un escobazo que lo dejará tieso. Lo último que se le ha ocurrido al equipo de informativos, con su flamante director rehabilitado, Rodolfo Irago, a quien habría que enviar de nuevo a la facultad de Ciencias de la Información para que le enseñen a escribir, ha sido echar mano de la sombra de UPyD, ese partido que quiere una España como la de antes, pero democrática, con el argumento de que muy mal iba a resultar otra división en la izquierda, si consiguiese colarse en la Asamblea de Madrid.
Creo que hay que recuperar la cordura. Lo más democrático, y lo más liberal, es que la Cadena Ser deje en paz a Tomás Gómez, que no se interponga entre sus competencias como secretario general de los socialista madrileños y su destino, por muy condenado que esté a darse un porrazo de aquí te espero. Un gesto así, el respeto a la democracia, es algo que siempre hubiese defendido la Cadena Ser en sus versiones más guays. Para solazarse con el autoritarismo ya cuenta el pueblo bobo con los joviales medios de la derecha, y hasta yo me lo estoy pensando...
Yvs Jacob
lunes, 13 de septiembre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
Se queman ejemplares del Corán de 6 a 9 de la tarde
Un tal Terry Jones, al cual ilumina Dios del mismo modo que a otros el LSD, ha parido una idea que puede tener peores efectos que el impacto de un meteorito con la Tierra. Es cierto que el hombre sólo intenta ayudar a la justicia, y que no habría justicia si a una locura no se respondiese con otra, pero tal vez nos iría a todos mejor con la mierda de justicia que rige el mundo desde antiguo, esto es, la de que nos den a todos por el culo, que siempre es mejor que estar muertos. No obstante, aunque Terry Jones está chalado -y habría que aplicarle un tratamiento propio de guerra preventiva con experimentación de nuevos caminos científicos en absoluto desprecio de la moral-, su iniciativa, por muy infantil, no deja de manifiestar el hastío occidental respecto de todo lo que tiene que ver con el Islam.
Una vez más, el buen rollo no deja pensar bien a los occidentales. Encuentro muy comprensible que muchos en Occidente miren al Islam por encima del hombro, pero no a partir de la convicción de que Occidente es superior por ser cristiano, sino por ser, sin más, una puta mierda inmoral, una puta mierda que no tiene más religión que la economía, y en la que todo vale porque todo es posible.
Pero, precisamente porque Occidente es una mierda, es superior a todo lo demás, porque tal superioridad se expresa como libertad. Si algo caracteriza hoy a Occidente no es ya la ciencia, como defendían los filósofos del siglo pasado, sino la libertad. Y el Islam, tanto el de los países más pobres en los que es autoridad como el de aquellos que flotan sobre petróleo, es una religión incompatible con la religión occidental -la economía-, y es así porque la libertad occidental exige desprenderse de todo lastre cultural-espiritual: a nadie le interesa la profundidad del sujeto, sino el salario que está dispuesto a aceptar para seguir viviendo como un animal sin molestar a otros. ¡Eso es Occidente!
Los musulmanes se empeñan en tomar de Occidente todos los avances tecnológicos sin apreciar que nada es mejor que la libertad que se les ofrece; se niegan, pues, a ser libres, a comprender que la religión no puede ser estatal, institucional, omnipresente, sino cualquier cosa con la que un hombre vive en el misterio, en la soledad, a la espera de su suerte, sin importarle a los demás eso ni que coma calabazas.
Mientras Occidente espera a que los países islámicos despierten, se libran dos guerras, una declarada y otra no. Terry Jones es un guerrero de esta segunda, la que no se libra con armas convencionales, pero a la que no se pueden negar el espíritu de autodefensa y un sentido de puritana seriedad que se expresa en el texto de su convocatoria. Los medios de comunicación han pasado por alto el detalle en su mensaje. Interesados sólo en lo macabro sensacionalista, no han atendido a la precisión que sujetaba a la quema de ejemplares del Corán: sólo de 6 a 9 de la tarde, y tengo que felicitarle por la compostura occidental, por la mesura en la cólera, pues tan bueno es saber empezar como cuándo dejarlo.
¡Bravo por Jones!
Yvs Jacob
Una vez más, el buen rollo no deja pensar bien a los occidentales. Encuentro muy comprensible que muchos en Occidente miren al Islam por encima del hombro, pero no a partir de la convicción de que Occidente es superior por ser cristiano, sino por ser, sin más, una puta mierda inmoral, una puta mierda que no tiene más religión que la economía, y en la que todo vale porque todo es posible.
Pero, precisamente porque Occidente es una mierda, es superior a todo lo demás, porque tal superioridad se expresa como libertad. Si algo caracteriza hoy a Occidente no es ya la ciencia, como defendían los filósofos del siglo pasado, sino la libertad. Y el Islam, tanto el de los países más pobres en los que es autoridad como el de aquellos que flotan sobre petróleo, es una religión incompatible con la religión occidental -la economía-, y es así porque la libertad occidental exige desprenderse de todo lastre cultural-espiritual: a nadie le interesa la profundidad del sujeto, sino el salario que está dispuesto a aceptar para seguir viviendo como un animal sin molestar a otros. ¡Eso es Occidente!
Los musulmanes se empeñan en tomar de Occidente todos los avances tecnológicos sin apreciar que nada es mejor que la libertad que se les ofrece; se niegan, pues, a ser libres, a comprender que la religión no puede ser estatal, institucional, omnipresente, sino cualquier cosa con la que un hombre vive en el misterio, en la soledad, a la espera de su suerte, sin importarle a los demás eso ni que coma calabazas.
Mientras Occidente espera a que los países islámicos despierten, se libran dos guerras, una declarada y otra no. Terry Jones es un guerrero de esta segunda, la que no se libra con armas convencionales, pero a la que no se pueden negar el espíritu de autodefensa y un sentido de puritana seriedad que se expresa en el texto de su convocatoria. Los medios de comunicación han pasado por alto el detalle en su mensaje. Interesados sólo en lo macabro sensacionalista, no han atendido a la precisión que sujetaba a la quema de ejemplares del Corán: sólo de 6 a 9 de la tarde, y tengo que felicitarle por la compostura occidental, por la mesura en la cólera, pues tan bueno es saber empezar como cuándo dejarlo.
¡Bravo por Jones!
Yvs Jacob
lunes, 6 de septiembre de 2010
Jesús Neira. La caducidad de un héroe
En Hollywood, la historia sería más o menos así: un descendiente de irlandeses impide que un pasional mediterráneo maltrate a una belleza rubia, la sociedad celebra al héroe, que sufre graves lesiones infligidas por el violento moreno; un político -quizá un senador, o un gobernador- le pone al frente de un chiringuito ocioso, el tiempo pasa, y salen a la luz su infidelidad o su afición a la bebida, y puede que también algunos cálculos mal hechos con unos fondos que se le habían confiado para una buena obra. Entonces el retrato cambia por completo, y el héroe termina en prisión, bien por asesinar a una amante, a su esposa, o por atropellar a un viandante bajo los efectos del alcohol a muchas millas por hora.
La versión española tiene más gracia, más altura política, y eso llama la atención.
Jesús Neira fue algo más que un héroe por un día, fue héroe al menos durante todos los días que permaneció en cuidados intensivos, y mientras los medios de comunicación se disputaban a su esposa, como se lo disputaron después a él, como hacen las bestias a las que se arroja comida ensangrentada.
"La Espe", que es como se llama en Madrid a la desgracia democrática, sacó la urna para recolectar tontos, y como la derecha es ilimitada en su obscenidad, se sacó también de la manga un puestecito para sujetar bien sujeto al héroe, siempre pensando en que el pueblo analfabeto le seguirá siendo fiel. Pero el héroe ya ha sido bastante drogado por la tecnología médica, el héroe, a quien nadie conocía, podía traer ya consigo algunos males -¡profesor de universidad privada!-, y se destapa como gran bocazas, y dice un montón de barbaridades sobre las que nadie quería conocer su opinión, y todo ello en nombre de un confuso liberalismo que se ha extendido por las cabezas cholas de la derecha política española desde que Jiménez Losantos pusiese de moda los calentones radiofónicos como instrumento de defensa jurídica.
El héroe deja de caer bien, ataca a la sacrosanta Constitución, ese insuperable fetiche nacional, insulta a algunos ex-socialistas, a todo el partido, y pierde el barniz tan guay que se había ganado con los golpes de su agresor. Ya sólo queda el fanático de la derecha, el sabelotodo simplón. Para colmo, la policía detiene su vehículo, al sorprenderle ebrio al volante. Es entonces cuando aparece Juan José Millás, y en lugar de la ironía que él cree emplear -él, y algún periodistilla de la Cadena Ser con pocas lecturas y responsable del titular-, emplea un bazoca, porque la izquierda también tiene problemas de medida, y se despacha con el héroe como quien ajusta cuentas con un acérrimo enemigo.
Al héroe ya no lo quiere nadie, es lo que se conoce como "inútil para la política" -el argumento de siempre-: los de la izquierda le habían abandondado por decir tontadas contra la izquierda, y le abandonan en la derecha tras descubrir por qué las decía -el poder del cóctel farmacéutico, según su abogado. En fin.
De repente, me sorprendo compasivo con los cineastas españoles: no es que el cine español sea malo -que lo es-, sino que la realidad española apenas se deja atrapar en hora y media.
Yvs Jacob
La versión española tiene más gracia, más altura política, y eso llama la atención.
Jesús Neira fue algo más que un héroe por un día, fue héroe al menos durante todos los días que permaneció en cuidados intensivos, y mientras los medios de comunicación se disputaban a su esposa, como se lo disputaron después a él, como hacen las bestias a las que se arroja comida ensangrentada.
"La Espe", que es como se llama en Madrid a la desgracia democrática, sacó la urna para recolectar tontos, y como la derecha es ilimitada en su obscenidad, se sacó también de la manga un puestecito para sujetar bien sujeto al héroe, siempre pensando en que el pueblo analfabeto le seguirá siendo fiel. Pero el héroe ya ha sido bastante drogado por la tecnología médica, el héroe, a quien nadie conocía, podía traer ya consigo algunos males -¡profesor de universidad privada!-, y se destapa como gran bocazas, y dice un montón de barbaridades sobre las que nadie quería conocer su opinión, y todo ello en nombre de un confuso liberalismo que se ha extendido por las cabezas cholas de la derecha política española desde que Jiménez Losantos pusiese de moda los calentones radiofónicos como instrumento de defensa jurídica.
El héroe deja de caer bien, ataca a la sacrosanta Constitución, ese insuperable fetiche nacional, insulta a algunos ex-socialistas, a todo el partido, y pierde el barniz tan guay que se había ganado con los golpes de su agresor. Ya sólo queda el fanático de la derecha, el sabelotodo simplón. Para colmo, la policía detiene su vehículo, al sorprenderle ebrio al volante. Es entonces cuando aparece Juan José Millás, y en lugar de la ironía que él cree emplear -él, y algún periodistilla de la Cadena Ser con pocas lecturas y responsable del titular-, emplea un bazoca, porque la izquierda también tiene problemas de medida, y se despacha con el héroe como quien ajusta cuentas con un acérrimo enemigo.
Al héroe ya no lo quiere nadie, es lo que se conoce como "inútil para la política" -el argumento de siempre-: los de la izquierda le habían abandondado por decir tontadas contra la izquierda, y le abandonan en la derecha tras descubrir por qué las decía -el poder del cóctel farmacéutico, según su abogado. En fin.
De repente, me sorprendo compasivo con los cineastas españoles: no es que el cine español sea malo -que lo es-, sino que la realidad española apenas se deja atrapar en hora y media.
Yvs Jacob
viernes, 3 de septiembre de 2010
Las "primarias madrileñas" y las lecturas estivales de Pérez Rubalcaba
Como Pérez Rubalcaba ha sido reconocido en varias ocasiones mejor orador del Congreso, cabe suponer que nuestro superministro del Interior hace algunos esfuerzos por mantener la categoría. Ha sido este verano cuando más me ha convencido ese pensamiento. Todavía en agosto, escuché unas declaraciones suyas donde se afirmaba, en relación con las primarias en el PSM y la actitud del pujante Gómez, que "decir 'no' a Zapatero es un pasivo de futuro". Es con este tipo de construcciones verbales que el oyente -o lector- tiene que deternerse y tomar aire. Yo tomé mucho aire. No se me ocurre otra explicación para este disparate trópico -de "tropo"- que un exceso de ejercicio intelectual por parte de nuestro superministro, algo desconcertante, sin duda. Supongo que anduvo leyendo Pérez Rubalcaba algún tomito de derecho económico, quizá para comprender bien el desastre que asola a la moral en todo el mundo, siempre con la intención de inspirarse y no dejar de sorprender al pueblo analfabeto, y quien sabe si para halagar a algunos cultos de los que se creen bienhablados.
Personalmente, encuentro grotescos los ejercicios stendhalianos si son intempestivos, pero nunca fue la moderación una virtud en la política española.
Por otra parte, observo que la Cadena Ser sigue bombardeando las buenas intenciones de Tomás Gómez, tal que si fuera la propia emisora la que se jugase el futuro en las primarias, y me duele la mezquindad de un medio de comunicación que continuamente se traiciona a sí mismo. Es demasiado triste.
Por último, alguien debe decirle a Gómez que imite, en lo posible, al mejor Pérez Rubalcaba, que no es a su vez el que mejor sigue los consejos de Stendhal, sino el que sabe reprimir sus "mire usted". No mire tanto, señor Gómez, eso ya está muy visto.
Yvs Jacob
Personalmente, encuentro grotescos los ejercicios stendhalianos si son intempestivos, pero nunca fue la moderación una virtud en la política española.
Por otra parte, observo que la Cadena Ser sigue bombardeando las buenas intenciones de Tomás Gómez, tal que si fuera la propia emisora la que se jugase el futuro en las primarias, y me duele la mezquindad de un medio de comunicación que continuamente se traiciona a sí mismo. Es demasiado triste.
Por último, alguien debe decirle a Gómez que imite, en lo posible, al mejor Pérez Rubalcaba, que no es a su vez el que mejor sigue los consejos de Stendhal, sino el que sabe reprimir sus "mire usted". No mire tanto, señor Gómez, eso ya está muy visto.
Yvs Jacob
martes, 31 de agosto de 2010
Casablanca no es del barrio
Si pasáis por la calle de Santa Isabel podréis ver que una panda de vándalos ha ocupado un precioso edificio madrileño. A mí me duele el desprecio común a la arquitectura, el arte que, según Walter Benjamin -con mucho acierto-, se disfruta del modo más indiferente. Por si la ocupación no fuese bastante, estos hipipijos, entre los que abundan las bicicletas Brompton y los portátiles de Apple, han tenido la nada brillante idea de llamar a la casa ocupada "Casablanca", por si el índice de inmigrantes -ya no se sabe si legales o ilegales- procedentes de Marruecos no fuese lo bastante agobiante en la zona -sólo les falta robarnos el alma.
Yo he visto el edificio de Santa Isabel caer y ser de nuevo levantado, he visto que su fachada renacía tras los trabajos en la piedra, y no soporto que unos hipipijos de tres al cuarto me impongan la convivencia con eso tan sobrevalorado que llaman "espacio cultural", dentro del cual se identifica a unos energúmenos gritando como "taller de teatro". ¡Y una mierda!
Será porque no hay edificios en Madrid que se ajustan más a la cualidad andrajosa del falso hipipijo ibérico...
Pero parece que está en marcha la maniobra que habrá de mandar al hipipijo de vuelta a la casita de mamá y papá, y se expande la respuesta del "colectivo Casablanca" en forma de camisetas expuestas en los balcones de Antón Martín. En ellas se lee "Casablanca es del barrio". A esta respuesta yo también doy la mía: "Y unos cojones". Yo también soy del barrio, es más, yo soy del barrio desde mucho antes de que llegaran Casablanca y toda la bazofia de biberón y piruleta-fresa que la defiende, y tengo mis derechos de antigüedad para decidir lo que pertenece o no al barrio en que vivo. Casablanca no es del barrio, ¡a tomar por el culo!, porque el barrio ya tiene mierda como para exportar a todo un continente y llenarlo.
Es más, voy a animar al Ayuntamiento para que no tema adjudicar los pisos de un edificio tan noble a la auténtica aristocracia entre los desharrapados, a la cual yo pertenezco, y disfrutar así, y no pasivamente, de una belleza con conciencia, y que resuelva de nuevo favorablemente la relación del arte con el arte, del artista con el artista, del esteta con el esteta.
El día que lleguen las fuerzas de seguridad y orden, yo estaré allí, a las puertas de Casablanca, con mi mochila y con mi violín, y que sepa esa hornada infantil de anarquismo panderetero que voy a quedarme con el edificio entero, que lo pintaré de color rosa, y que no se escuchará en el barrio desde entonces otra cosa que a Boccherini. A ver si nos vamos enterando.
Yvs Jacob
Yo he visto el edificio de Santa Isabel caer y ser de nuevo levantado, he visto que su fachada renacía tras los trabajos en la piedra, y no soporto que unos hipipijos de tres al cuarto me impongan la convivencia con eso tan sobrevalorado que llaman "espacio cultural", dentro del cual se identifica a unos energúmenos gritando como "taller de teatro". ¡Y una mierda!
Será porque no hay edificios en Madrid que se ajustan más a la cualidad andrajosa del falso hipipijo ibérico...
Pero parece que está en marcha la maniobra que habrá de mandar al hipipijo de vuelta a la casita de mamá y papá, y se expande la respuesta del "colectivo Casablanca" en forma de camisetas expuestas en los balcones de Antón Martín. En ellas se lee "Casablanca es del barrio". A esta respuesta yo también doy la mía: "Y unos cojones". Yo también soy del barrio, es más, yo soy del barrio desde mucho antes de que llegaran Casablanca y toda la bazofia de biberón y piruleta-fresa que la defiende, y tengo mis derechos de antigüedad para decidir lo que pertenece o no al barrio en que vivo. Casablanca no es del barrio, ¡a tomar por el culo!, porque el barrio ya tiene mierda como para exportar a todo un continente y llenarlo.
Es más, voy a animar al Ayuntamiento para que no tema adjudicar los pisos de un edificio tan noble a la auténtica aristocracia entre los desharrapados, a la cual yo pertenezco, y disfrutar así, y no pasivamente, de una belleza con conciencia, y que resuelva de nuevo favorablemente la relación del arte con el arte, del artista con el artista, del esteta con el esteta.
El día que lleguen las fuerzas de seguridad y orden, yo estaré allí, a las puertas de Casablanca, con mi mochila y con mi violín, y que sepa esa hornada infantil de anarquismo panderetero que voy a quedarme con el edificio entero, que lo pintaré de color rosa, y que no se escuchará en el barrio desde entonces otra cosa que a Boccherini. A ver si nos vamos enterando.
Yvs Jacob
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