miércoles, 13 de enero de 2010

La sensibilidad en el culo de Fernando Sánchez Dragó

Ocurrió de nuevo en la deliciosa Telemadrid. Ya he dicho alguna vez que de cuando en cuando, no sin precauciones, me asomo al programa literario de Sánchez Dragó. Las medidas que tomo son comprensibles, y no falta entre ellas una bebida bien fuerte de las que embellecen la madrugada, la hora en que vivimos despiertos los soñadores y los lectores de Marcel Proust.
Tengo que admitir que en ocasiones no es el presentador lo peor del programa, aunque siempre hacen presencia su servilismo y unas dosis de juicio torticero, "marca de la casa". Lo lamentable lo traen sus invitados, quienes, aprovechando la publicidad personal que la pequeña pantalla les concede como gracia accidental, se destapan impúdicos en su transformación en las personas interesantísimas y sabias que no son, y así, en su delirio, agarro el cuello de la botella de whisky y no sé muy bien si beber el veneno o derramarlo sobre mis ojos.
La última noche en blanco que pasé con Sánchez Dragó tuvo como invitado a Alberto Vázquez-Figeroa. No obstante no haber leído ninguna de sus obras, aprecio sin esfuerzo que se trata de una persona de fina sensibilidad. En mi "adolessensia", que diría el autor tinerfeño -que diría un periodista, o "el de Tenerife", más al gusto de los casposos profesores universitarios de la filología hispánica-, mi padre me obsequiaba tras algún viaje con una muestra de su exotismo tropical recién adquirida en el aeropuerto, y siempre con la intención de hacer de mi la buena persona en que me convertido por otros medios. Por supuesto que no me siento capacitado para determinar qué lugar le corresponde a Vázquez-Figueroa dentro de la literatura en castellano, pero le pido al Dios de Benedicto que haya otorgado a este creador infatigable el premio de haber escrito algo bueno, aunque sólo sea una miserable obra.
Por lo demás, la charla con Sánchez Dragó transcurrió desenfadada y hasta tierna, pero el microclima se quebró cuando el sagaz inquisidor al servicio de la "lideresa" dirigió al hiperestésico Vázquez-Figeroa unas palabras terribles sobre su madre, que por natural elegancia no reproduciré aquí. Al tinerfeño, las lágrimas le saturaban el párpado inferior, incrédulo, aunque no rompió aguas, si bien fue el habla lo que expiró... por unos instantes. Inmediatamente, apagué el televisor, conmocionado, y di unos golpes a mis vecinos de abajo porque me había acordado de que se los debía de la noche anterior.
Si Sánchez Dragó fuera de verdad un escritor, ¡la de eufemismos que podría emplear! Pero, no... ¡Qué tosquedad más inoportuna! La escuela de Aguirre...


Yvs Jacob

martes, 12 de enero de 2010

Un paseo por el universo virtual de Juan José Güemes

Algo que se aprecia inmediatamente ante una imagen de Juan José Güemes o de su jefa, liderísima Esperanza, es que hay muchos ciudadanos que votan en un sistema democrático a los mismos que gobernarían si la democracia no existiera. Pero dígase bien: la democracia no existe, no por el momento, y es por ello que me producen diarrea y risa los nacionalismos, y en general, todas las tendencias que buscan votos con redes a la deriva, porque abusan del analfabetismo de la población para alimentar con borregos -¡número!- una ideología famélica de razón.
Doña Esperanza ya tiene una edad, aunque es seguro que la veremos rejuvenecer milagrosamente en los carteles electorales de 2011; no obstante, Güemes -"pelolengua" conocido- representa al tipo de hombre joven del Partido Popular, un triunfador que no tiene más mérito que estar presente en el momento en que se reparte la caza mayor, puesto que para ganar las elecciones en Madrid, tierra de señores muy antiguos, no hace falta ninguna revelación de un carácter excepcional: el tiempo y el franquismo ya hicieron su trabajo.
El constante triunfo de la derecha en la Comunidad y en el Ayuntamiento sí revela la estupidez del electorado, un tema tabú en democracia, pero que necesita de una sincera y libre investigación.
La juventud de Güemes lo descarta para ocupar puestos de importancia dentro de las instituciones públicas, pero es cierto que sale muy bien en las fotos -admíreselo en su despacho-, y que cumple con el perfil que muchos otros mozalbetes melenudos cultivan con disciplina, más apto para trabajar en el despacho de papá que para relacionarse con los ciudadanos. (La política de verdad, por mucho que en España no se la respete, necesita de experiencias más intensas que haber sido elegido delegado de curso en el "preu").
Se trata, obviamente, de la levedad del cargo, ya que el trabajo duro lo hacen los técnicos, no sin el incordio de algún que otro vampiro leguleyo, y los políticos de esta derecha se pasean, acuden a encuentros, almuerzan... Almuerzan mucho. En definitiva, se muestran, y este su "mostrarse", que dirían los orteguianos más heideggerianos, es para ellos "hacer algo": gobernar. Mucho me temo que no.
Un rápido vistazo a la entrada en facebook de Güemes y a su blog es suficiente para observar que los males de la derecha siguen latentes en su generación: arrogancia, soberbia, prepotencia intolerancia y entrometimiento... Se confirma, pues, que el debate entre derecha e izquierda todavía existe, que no son en absoluto categorías desplazadas por otras que algunos periodistas ya seniles llaman "buenas o malas políticas", y que si España es una tierra de voto fiel, ello se debe a que el estilo de la derecha no deja lugar a otras opciones: la dignidad obliga al odio.


Yvs Jacob

lunes, 11 de enero de 2010

Los caprichos del clima y el Gobierno de la región

Era ya muy tarde cuando me decidí a repasar la actualidad informativa en los programas de la madrugada. La nieve había caído durante horas y lo que puede llamarse "la situación" empezaba a ponerse divertida. De una cadena a otra, llegué por fin a mi amada Telemadrid. Inmediatamente me captó el tipo de individuos que esta factoría de la opinión contrata; la manera como se peinan, visten... No parecían vulgares presentadores, por mucha que fuera su vulgaridad, sino politicuchos segundones al estilo de la derecha española con el traje de un acontecimiento que, por familiar, está condenado a lo hortera. Era de apreciar su cansancio, notable también, como se dice en el medio, "en quienes están detrás de las cámaras". Los pequeños titulares que siempre acompañan a la noticia a modo de resumen habían sido abandonados a la más absoluta hilaridad: "lo más preocupante ahora es el hielo", "un nuevo frente va a venir acompañado de lluvia"... Me estaba descojonando.
Tan despierto y de buen humor, encontré oportuno esperar a que comenzara The Day of the Jackal, película inaceptable en el estado actual del cine, aunque, sin duda, entretenida. Mientras tanto, Telemadrid conectaba en directo con las autoridades aún despiertas un domingo por la noche, de madrugada, con una crisis golpeando a su puerta. Daba la impresión de que los peces gordos gestionaban su papel desde casita, donde cabe suponer que los gobernantes de la derecha cuentan con un bonito despachito -quién sabe si hasta con obras de arte-... Nada que ver con los "gabinetes" tan propios de la izquierda, donde se acumula tanta gente como cigarrillos.
Pero salvo alguna primera figura, la madrugada de trabajo era obra de los sub-, vice- y escalones similares. A los de más arriba les ha tocado repartirse esta mañana por los medios para asegurar a la ciudadanía madrileña que Madrid funciona. La insistencia en el mensaje dejaba traslucir cierta sorpresa: ¡oye, que Madrid funciona! ¿Lo puedes creer? Lo decían nuestros gobernantes para que ajustásemos sus esfuerzos a lo que había sido hecho como lo mejor posible, para que nadie dudara de que era eso y nada más que eso lo que se podía hacer... No obstante, Cadena Ser Madrid esta mañana ha encontrado algunos puntos débiles, como cabía esperar. Uno muy singular se debía a un conflicto de competencias entre el Gobierno regional y los ayuntamientos de Majadahonda o Pozuelo de Alarcón. Según la Comunidad, a los ayuntamientos correspondía limpiar el acceso a las vías principales que comunican con la capital, aunque parece que se lo pasaron por las pelotas. Esta variedad de boicoteo que se ha hecho la derecha a sí misma tiene algo de novedoso. La escuela de Esperanza Aguirre ha aleccionado tan bien a sus discípulos que algunos han perdido la visión del objetivo a favor del medio mismo. Pero es así como Madrid funciona...


Yvs Jacob

domingo, 10 de enero de 2010

El Patio Maravillas

Compasión me ha despertado uno de esos gritones que siempre hay cuando los medios de comunicación significan algún acontecimiento con su presencia al decir que "el Patio Maravillas iba a continuar con la lucha". La lucha... ¿qué coño será la lucha? Aunque se dedicaran a leer Das Kapital, como el célebre y eterno seminario de la Facultad de Filosofía de la Complutense, es probable que entendieran muy poco de aquello en que consiste "la lucha".
No deben confundirse las microanarquías -que diría Peter Sloterdijk- con la auténtica revolución. Las primeras son y serán siempre posibles en el Estado democrático -yo mismo, por ejemplo, intento hacer siempre lo que me sale de los cojones-, pero la segunda hace tiempo que fue enterrada y nunca tendrá otra oportunidad, no al menos en el privilegiado Occidente.
Divertidas eran también las declaraciones de los vecinos del barrio de Malasaña en defensa del anarquismo pandillero. Varios emplearon el término "cultura", que siempre me produce escalofríos. Pero me aterró el slogan: "un desalojo, otra ocupación", porque eso que llaman "lucha" consiste en llenar un edificio vacío de pancartas pintadas con citas complejísimas de los más variados pensadores sociales en un espectro generoso desde El Che hasta Mario Benedetti, y no es más, en el fondo, que un nuevo daño al urbanismo, un daño además concienzudo.
Nada tengo en contra de quienes han encontrado la dirección de su vida en el consumo de marihuana, y comprendo la justicia de ocupar lo que está vacío y olvidado, especialmente cuando el objetivo es un bello edificio de los que en silencio ocultan muchas calles de Madrid. Pero no soy partidario del concepto rastafari de arte, y puestos a continuar con la lucha, se podría devolver cada edificio ocupado al esplendor de una revolución modernista, convertirlo en una obra única que resultara del trabajo delicado de múltiples talentos, cada uno dedicado a un aspecto de su composición total. Se trataría entonces de una obra de arte, de un objeto de cultura, y sus inquilinos serían microanarquistas también, pero ya no "fumetas" ni "punkarrillas", ni mucho menos poetas "hip-hoperos" o espitas de pintura rápida suplicantes todos por la inquietud del carril-bici.
¡Ay! ¡Algunos espíritus revolucionarios deberían dar guerra en el patio de su casa!


Yvs Jacob

jueves, 7 de enero de 2010

Escáneres corporales... ¡Si es que somos subnormales!

EEUU ya lo ha conseguido. Gran Hermano ha puesto en marcha el último grito en esclavitud, y el logro no es poco, puesto que ha sido precisamente Europa la que se ha encerrado en el laberinto de la psicosis, enfermedad provocada con sabiduría por el amigo americano, y de nada servirá mencionar valores como la dignidad o la integridad y el honor cuando la seguridad reclama la atención más exclusiva.
Pero todo es muy sospechoso: presos yemeníes en Guantánamo a punto de ser trasladados; el intento de atentado en el vuelo de Detroit; dos empresas americanas como únicos fabricantes de los escáneres corporales... Hasta el tétrico simulacro provocado por las autoridades eslovacas parece una contribución al macabro juego que EEUU ha abierto a la participación de todo el mundo.
No es fácil creer que la seguridad fallara; no al menos en el estado actual del mundo, un mundo en el cual es la guerra una actividad altamente lucrativa. Más bien parece que se ha dejado que fallara, sólo que "esta vez" el fallo ha sido controlado, y no hay que lamentar que la población -no exactamente inocente, pues el pueblo inactivo es siempre cómplice de sus Gobiernos- haya padecido por el desvío de la inteligencia.
Aquí hay mucho pescado... y todo podrido.


Yvs Jacob