Hubo un tiempo en que los españoles no sabíamos muy bien en qué consistía la libertad de expresión; teníamos demasiadas dudas, no se conocía exactamente la legislación al respecto, o mejor, como sucede siempre en España, se ignoraba que alguna legislación pudiese regular nada, pero se pensaba que lo correcto era ir con cuidado, y no tanto por temor al castigo de la sociedad como a la hostia que pudiese darte el afectado. Una vez liberalizado el sector audiovisual, los españoles comprendimos que para ejercer ese derecho había que ser cocainómano y trabajar en televisión a partir de las 10 de la noche en Telecinco, que fueron no mucho después las 9, las 8, las 7..., hasta hoy, cuando hay cocainómanos insultando a los demás a cualquier hora y en casi todas las cadenas. Sin embargo, aquella restricción, la etapa todavía inmadura que dominaba el cocainómano nocturno, fue superada por las lecciones de periodismo de Federico Jiménez Losantos, quien bajo la figura de impunidad legal conocida como "el calentón radiofónico" vino a mostrar que la libertad de expresión era una suerte de desparpajo por el que no existía ningún ser humano en la tierra -ni en la historia- que pudiese librarse de un severo castigo en el hígado, un castigo real para unos males en su mayoría ficticios. Los orígenes de Internet en España aclararon que el "chat" era también un medio de la locuacidad: cualquiera que no tuviese nada que hacer, y ni imaginación tuviese, podía entrar en uno y arrasarlo -o masturbarse. Y fueron apareciendo sucesivamente los llamados "foros", donde quien más quien menos ya se iba cagando en la puta madre de los demás. Pero la gozosa salud de la libertad de expresión en España no sería tal sin la TDT, complemento de Internet que ha permitido a una raza como la española, tan rica en vida interior, publicar lo que durante tanto tiempo permaneció retenido: el insulto al adversario ideológico y político en vivo y en directo tomando una copita de vino.
En este contexto sociocultural avanzado, tuvo Iñaki Gabilondo la idea de abrir un videoblog -Iñaki, yo prefiero escribirlo junto-, en cuyas reflexiones diarias aporta el periodista "una mirada propia llena de serenidad y sentido común". (No voy a discutir eso ahora). Se entiende que este videoblog es el espacio virtual, que no ficcional, abierto por Iñaki para su reflexión, uno más, entre muchos, para hacer uso de la libertad de expresión sin calentón. Pero este espacio ha sido inmediatamente colonizado por los enemigos de la libertad, a quienes molesta, no lo que se dice, sino que alguien lo diga, pues el enemigo de la libertad ni come ni deja. Así, hay quienes por iniciativa propia o por encargo asumen el cometido de asaetear a Iñaki a todas horas, dedicándole las lindezas más garcilasianas de la Red, y si alguien osase manifestar una opinión contraria a los enemigos de la libertad, es increpado, se lo acusa de todo lo imaginable, y siempre con faltas de ortografía y muy mala prosa. Pero se me ocurre que tal vez haya acertado Iñaki con la iniciativa, aunque parezca lo contrario. Ha conseguido con pedagogía lo que la derecha sólo consigue con violencia, a saber, mantener entretenidos con las palabras a quienes antes se entretenía con los cacahuetes y las piruletas. Si al final va a tener la izquierda razón, ¡pues no parece que una sociedad puede llegar a ser educada!
María Malamenti para Basuragurú
martes, 6 de diciembre de 2011
sábado, 3 de diciembre de 2011
Los votantes de la derecha, a favor de los recortes... si los hace la derecha
Y no es una observación tan tonta como parece, aunque sí trata de los españoles tontos. El Gobierno en funciones, a cuyos miembros se ha señalado con el dedo como los creadores de la presente y de todas las crisis que sufra España, las pasadas y las que tienen que venir, es también el "gobierno de los recortes", arma arrojadiza con la que la derecha ha sabido llenar de terror el corazoncito de funcionarios, pensionistas y fumadores. Es cierto que en las pasadas elecciones legislativas el PP no aumentó el número de votantes -la cifra de tontos, por fortuna, se mantiene, al menos, estable-, sino que perdió algunos miles, pero no había nadie en frente, sólo muchos partidos para elegir democráticamente, y el PSOE, tras defraudar a los españoles, estaba condenado al fracaso. Un Gobierno, el de Rodríguez Zapatero, compuesto de inútiles y personas moralmente enfermas, y así no hay manera de provocar ningún trasvase de votantes desde la derecha, porque el votante de la derecha en España es un ser humano exquisito -perspicaz, con una sólida formación en todos los campos del conocimiento, sin prejuicios, patriota, ecologista, buen cristiano...-, y no podría dar el salto hacia lo podrido, si no le fuese presentado como algo muchísimo mejor. Es muy difícil engañar a un votante de la derecha española. Si un gobierno de izquierdas ve necesario afrontar cualesquiera "recortes", el votante de la derecha verá brotar de repente sus derechos, de los que no hace ningún uso en situaciones normales ni consiente a los demás; el votante de la derecha sentirá la amenaza neurótica de que se le priva de libertad, y por ahí no está dispuesto a pasar -¡"no" a los rojos! Un gobierno de izquierdas que "recorta"... ¡malo, malo...! Por el contrario, los recortes de la derecha son necesarios, no afectan a ningún derecho, y tan estimulantes que solucionan tanto los problemas de la economía como los de la moral -¡y qué bonita es la vida frugal... para los pobres! ¡Gracias, oh, derecha, por ocuparte tan bien de nosotros!
Hay en el fondo de todo esto un problema de razonamiento, que otra cosa no es: podría no llamar la atención si no fuera porque se da en los mismos individuos sobre los mismos "recortes". En tales condiciones, se trata una vez más de un problema genuinamente español. La psiquiatría llamaría a este mal "irracionalismo", pero eso supondría que, en efecto, las cabezas tienen algo que va mal, que no funciona. Yo prefiero el más burdo término "alcornoquismo" -úsase cuando en la cabeza no hay nada.
Existe la tentación de justificar los recortes de la derecha por la mala gestión de la izquierda anterior o un nivel superior jerárquico. Si, como dice el adagio de la Espe, "lo público es mal gestor", cuando gestionado por la izquierda, peor todavía. Esta fórmula propia del alcornoquismo podría funcionar en aquellos casos en que el gobierno de la nación fuese del mismo signo que el de los gobiernos regionales -ya se sabe, el socialismo es incompetente aquí y allí-, pero nunca con gobiernos regionales de distinto signo y muy larga duración -Madrid, Comunitat Valenciana, Región de Murcia, Castilla y León, La Rioja... Estos casos probarían más bien que la derecha gestiona mal, lo que nunca ha sido un misterio, dado su pervertido orden de prioridades sociales -cinco coches para llevar a Ana Botella a la peluquería son más socialmente necesarios que un profesor de apoyo. Pero que un gestor de lo público -a muchos les gusta llamarse "políticos"- afirme sin sonrojo que "lo público es mal gestor" sólo cabe estudiarlo dentro del mencionado alcornoquismo.
Ya he dicho que el número de alcornoques se mantiene estable, si bien se percibe una ligera, ligera, ligerísima tendencia a disminuir. Es sabido también que no ha aportado España a la teoría política más que el meritorio término "liberalismo" -¡a partir de un insospechado "liberal"!- y a Josemari "el políglota". Pero la sociedad española podría superarse si el alcornoquismo no cede y empiezan a convocarse las que llamaré "manifestaciones a más", esto es: si un gobierno de derechas rebaja el salario de los funcionarios un 3%, nosotros saldremos a la calle para que sea un 15%, ¡y con obispos y todo!
Tocomocho para Basuragurú
Hay en el fondo de todo esto un problema de razonamiento, que otra cosa no es: podría no llamar la atención si no fuera porque se da en los mismos individuos sobre los mismos "recortes". En tales condiciones, se trata una vez más de un problema genuinamente español. La psiquiatría llamaría a este mal "irracionalismo", pero eso supondría que, en efecto, las cabezas tienen algo que va mal, que no funciona. Yo prefiero el más burdo término "alcornoquismo" -úsase cuando en la cabeza no hay nada.
Existe la tentación de justificar los recortes de la derecha por la mala gestión de la izquierda anterior o un nivel superior jerárquico. Si, como dice el adagio de la Espe, "lo público es mal gestor", cuando gestionado por la izquierda, peor todavía. Esta fórmula propia del alcornoquismo podría funcionar en aquellos casos en que el gobierno de la nación fuese del mismo signo que el de los gobiernos regionales -ya se sabe, el socialismo es incompetente aquí y allí-, pero nunca con gobiernos regionales de distinto signo y muy larga duración -Madrid, Comunitat Valenciana, Región de Murcia, Castilla y León, La Rioja... Estos casos probarían más bien que la derecha gestiona mal, lo que nunca ha sido un misterio, dado su pervertido orden de prioridades sociales -cinco coches para llevar a Ana Botella a la peluquería son más socialmente necesarios que un profesor de apoyo. Pero que un gestor de lo público -a muchos les gusta llamarse "políticos"- afirme sin sonrojo que "lo público es mal gestor" sólo cabe estudiarlo dentro del mencionado alcornoquismo.
Ya he dicho que el número de alcornoques se mantiene estable, si bien se percibe una ligera, ligera, ligerísima tendencia a disminuir. Es sabido también que no ha aportado España a la teoría política más que el meritorio término "liberalismo" -¡a partir de un insospechado "liberal"!- y a Josemari "el políglota". Pero la sociedad española podría superarse si el alcornoquismo no cede y empiezan a convocarse las que llamaré "manifestaciones a más", esto es: si un gobierno de derechas rebaja el salario de los funcionarios un 3%, nosotros saldremos a la calle para que sea un 15%, ¡y con obispos y todo!
Tocomocho para Basuragurú
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Problema con restos peleones de tiranuelo muerto (Solucionado)
Pues tiene el cuerpo humano de un adulto 206 huesos (fuente, Wikipedia); si se suman las piezas dentarias, que se mantienen bastante bien durante cuarenta años rascándose uno la huevada, más algún sable y una montura de gafas, ya se tiene un buen montón de reliquias para una rifa profana.
Qué jaleo se está armando con los restos del dictador, que no lo dejan descansar tranquilo. Se desvivió ese hombre por salvar a España de los rojos, y ahora se lo quiere recoger a golpes de escoba. Ya lo sabía el tiranuelo: la democracia no es buena para España, lo que aquí se necesita es un régimen autoritario como Dios manda. Y mandó Dios un pequeñín con ínfulas de aristócrata, un modelo poco evolucionado pero de larga duración; y Él lo trajo y así se lo llevó, porque no hubo manera de destronarlo.
Ya en democracia, los restos del tiranuelo siguieron siendo admirados en el santuario que se había hecho construir por unos trabajadores bien pagados, con su salario, con la observancia de la más exigente legislación sobre la seguridad e higiene en el trabajo, con sus dietas y su posterior pensión, que fue consolidada por el gobierno del PP (1996-2004) para sus viudas. Como el santuario fue tan ejemplarmente construido, a los demócratas españoles no les importó que se recogiesen allí los restos de quien había mandado en España por el bien de los españoles -y luego hay quien dice que el buenismo es de izquierdas... Pero llegó al gobierno de la nación un resentido secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, antiamericano y guerracivilista, que nada más tomar posesión de su cargo como primer ministro del Reino mandó retirar las tropas de un país ocupado por USA y destruido por el mundo entero -arrogante insolidario-, y no tardó mucho en tocar los cojones, en abrir las heridas bien cerradas en 1939, cuando triunfó la razón y ganaron los buenos, quienes vinieron en llamarse "españoles de bien". Este sádico extendió la idea revisionista de que la "transición española" fue una estafa lograda sobre un abuso de la paciencia de la izquierda, en vez de un ejemplo de fraternidad, lo que desató la furia entre hermanos que mucho se querían -el pueblo español-, que pronto se vieron de nuevo enfrentados por el capricho de un adolescente. Y en eso estaban los españoles, hasta que la última crisis mundial se llevó por delante a esos rencorosos descendientes de rojos -¡lo malos que son y qué mal perder que tienen!
Que si se quedan, que si no; que si debe decidir la familia, que si son patrimonio de todos los españoles... Nada me hará creer que la rifa de los restos no es la mejor solución. Me consta que hay españoles que matarían por tener un huesecillo de Franco junto al descodificador TDT y un gato de la suerte adquirido en un comercio oriental. Bien gestionada por Rouco Varela y el Ayuntamiento de Madrid -billetes de metro especiales, menús para peregrinos a fondo perdido, libertad para abandonar residuos en espacios públicos y privados...-, la rifa de las reliquias ¡nos llena todos los bares de la capital! ¡Y el Estado se forra!
Yvs Jacob
Qué jaleo se está armando con los restos del dictador, que no lo dejan descansar tranquilo. Se desvivió ese hombre por salvar a España de los rojos, y ahora se lo quiere recoger a golpes de escoba. Ya lo sabía el tiranuelo: la democracia no es buena para España, lo que aquí se necesita es un régimen autoritario como Dios manda. Y mandó Dios un pequeñín con ínfulas de aristócrata, un modelo poco evolucionado pero de larga duración; y Él lo trajo y así se lo llevó, porque no hubo manera de destronarlo.
Ya en democracia, los restos del tiranuelo siguieron siendo admirados en el santuario que se había hecho construir por unos trabajadores bien pagados, con su salario, con la observancia de la más exigente legislación sobre la seguridad e higiene en el trabajo, con sus dietas y su posterior pensión, que fue consolidada por el gobierno del PP (1996-2004) para sus viudas. Como el santuario fue tan ejemplarmente construido, a los demócratas españoles no les importó que se recogiesen allí los restos de quien había mandado en España por el bien de los españoles -y luego hay quien dice que el buenismo es de izquierdas... Pero llegó al gobierno de la nación un resentido secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, antiamericano y guerracivilista, que nada más tomar posesión de su cargo como primer ministro del Reino mandó retirar las tropas de un país ocupado por USA y destruido por el mundo entero -arrogante insolidario-, y no tardó mucho en tocar los cojones, en abrir las heridas bien cerradas en 1939, cuando triunfó la razón y ganaron los buenos, quienes vinieron en llamarse "españoles de bien". Este sádico extendió la idea revisionista de que la "transición española" fue una estafa lograda sobre un abuso de la paciencia de la izquierda, en vez de un ejemplo de fraternidad, lo que desató la furia entre hermanos que mucho se querían -el pueblo español-, que pronto se vieron de nuevo enfrentados por el capricho de un adolescente. Y en eso estaban los españoles, hasta que la última crisis mundial se llevó por delante a esos rencorosos descendientes de rojos -¡lo malos que son y qué mal perder que tienen!
Que si se quedan, que si no; que si debe decidir la familia, que si son patrimonio de todos los españoles... Nada me hará creer que la rifa de los restos no es la mejor solución. Me consta que hay españoles que matarían por tener un huesecillo de Franco junto al descodificador TDT y un gato de la suerte adquirido en un comercio oriental. Bien gestionada por Rouco Varela y el Ayuntamiento de Madrid -billetes de metro especiales, menús para peregrinos a fondo perdido, libertad para abandonar residuos en espacios públicos y privados...-, la rifa de las reliquias ¡nos llena todos los bares de la capital! ¡Y el Estado se forra!
Yvs Jacob
martes, 29 de noviembre de 2011
Insisto: que sea Carme Chacón
Personalmente, que Carme Chacón sea catalana me importa tanto como si duerme con antifaz. No niego que es un valor desde una perspectiva igual que es, desde otra, no sólo un mal, sino hasta un pecado original. No tardaría mucho "la caverna" en manipular a sus huestes hambrientas de supersticiones, y haría falta mucha voluntad para proteger a la Carme de quienes la quisiesen fundir -que se rompe España, que es una candidata trampa, que ha humillado al Ejército, que es zapaterista y, por qué no decirlo, mujer, y una cosa es mandar en casa (una Comunidad Autónoma, por ejemplo) y tener la lengua como un estropajo (la Espe), y otra bien diferente ocuparse de los asuntos de los españoles cuando se ha nacido catalán... barbaridades todas sólo al alcance de las inteligencias menores. Por lo demás, un antifaz.
No obstante, viene la Carme del Partit dels Socialistes de Catalunya que ha dado buenas tardes en los ruedos, muy en particular aquel giro hacia sí mismos, "porque somos de Catalunya", en un mundo que ya no está para metafísicas eidéticas.
Campechanote siempre ha sido José Bono, y tanto que ha impuesto la prueba del algodón con su "viva España" -sólo le faltó imponer también la jura del cargo con obispo toledano. En principio, yo no me opongo, siempre que se piense en España según aquello que decía Elias Canetti, el pueblo como el gran grupo que padece de manera conjunta la misma suerte, el pueblo como las gentes. Es lo único emocionante. Que los españoles tienen que aprender a cuidarse es una gran verdad, pero no se caiga en la simpleza de igualar Lugo con Cái.
Hay quien sólo quiere ver en Pérez Rubalcaba al candidato que perdió las elecciones legislativas de 2011; cabe también el riesgo de que el mismo Pérez Rubalcaba termine viéndose así. Sólo en este caso se explicaría su empeño, todavía no manifiesto, de liderar al PSOE en la oposición. Alfredo Pérez Rubalcaba siempre será el ministro del Interior que derrotó a ETA, una historia todavía viva del socialismo, aunque debe empezar a asumir el lugar que le corresponde. Aquí hay que dejarse ya de periodisteo y poner la máquina a trabajar: los candidatos se hacen.
A cocer vamos poniendo a Carme Chacón, que se bata en las aguas del Congreso en las peores condiciones posibles, con mayoría absoluta del partido de los fumadores; que se bata con un programa orgulloso, práctico, pero de izquierdas, y que sepa despertar en los españoles de toda condición el entusiasmo republicano mínimo como para superar con la moral todo lo que falla siempre en España con la ley. No es poco, desde luego.
Quedan cuatro años para recuperar el gobierno de la nación; no es demasiado tiempo, pero tiempo sí es, y no vale conducir un ratito uno hasta la próxima gasolinera, donde ya me pongo al volante yo. Hay que salir desde ya ¡y to' p'alante!
¡Yo apuesto a la chica!
Yvs Jacob
No obstante, viene la Carme del Partit dels Socialistes de Catalunya que ha dado buenas tardes en los ruedos, muy en particular aquel giro hacia sí mismos, "porque somos de Catalunya", en un mundo que ya no está para metafísicas eidéticas.
Campechanote siempre ha sido José Bono, y tanto que ha impuesto la prueba del algodón con su "viva España" -sólo le faltó imponer también la jura del cargo con obispo toledano. En principio, yo no me opongo, siempre que se piense en España según aquello que decía Elias Canetti, el pueblo como el gran grupo que padece de manera conjunta la misma suerte, el pueblo como las gentes. Es lo único emocionante. Que los españoles tienen que aprender a cuidarse es una gran verdad, pero no se caiga en la simpleza de igualar Lugo con Cái.
Hay quien sólo quiere ver en Pérez Rubalcaba al candidato que perdió las elecciones legislativas de 2011; cabe también el riesgo de que el mismo Pérez Rubalcaba termine viéndose así. Sólo en este caso se explicaría su empeño, todavía no manifiesto, de liderar al PSOE en la oposición. Alfredo Pérez Rubalcaba siempre será el ministro del Interior que derrotó a ETA, una historia todavía viva del socialismo, aunque debe empezar a asumir el lugar que le corresponde. Aquí hay que dejarse ya de periodisteo y poner la máquina a trabajar: los candidatos se hacen.
A cocer vamos poniendo a Carme Chacón, que se bata en las aguas del Congreso en las peores condiciones posibles, con mayoría absoluta del partido de los fumadores; que se bata con un programa orgulloso, práctico, pero de izquierdas, y que sepa despertar en los españoles de toda condición el entusiasmo republicano mínimo como para superar con la moral todo lo que falla siempre en España con la ley. No es poco, desde luego.
Quedan cuatro años para recuperar el gobierno de la nación; no es demasiado tiempo, pero tiempo sí es, y no vale conducir un ratito uno hasta la próxima gasolinera, donde ya me pongo al volante yo. Hay que salir desde ya ¡y to' p'alante!
¡Yo apuesto a la chica!
Yvs Jacob
domingo, 27 de noviembre de 2011
¡Sorayita vuelve al trabajo! (Así toma el pelo el PP a esos españoles tontos)
"Mariano Rajoy encarga a Soraya Sáenz de Santamaría el traspaso de poder".
Se están produciendo en España cambios a cuál más extraordinario, y quienes sospechábamos del pueblo tonto, vemos redobladas nuestras sospechas: un pueblo tonto gobernado por lobos. Por ejemplo, se ha pasado del desprecio a la clase política en España a la navideña adoración de nuevos becerros de oro a los que el carisma les sale hasta por las orejas. De repente, Mariano Rajoy, con más escaños, pero con menos votos que Josemari, se convierte en el gran líder, el hombre a quien las cámaras retratan trabajando en su despacho, nuevo modelo para el español medio del político talentoso y esmerado, que ya nada tiene que ver con ese otro tipo, que también era retratado en las actitudes de Rajoy, el zángano que hacía viajes en helicóptero y fumaba puros en las hamacas de los viñetistas. Si hubiese algún Goethe entre nosotros, de seguro que Faust tendría una continuación con Rajoy, el nuevo hombre de acción. Y luego Sorayita, de la que sólo se conocían reprimendas en el Congreso a dos veteranas de los tablaos que nunca estuvieron dispuestas a perder el tiempo con la cuidadora de patio de un colegio de monjitas, las vicepresidentas María Teresa Fernández de la Vega y Elena Salgado. Se convierte Sorayita, también de repente, en modelo, más de mujer que de político, una mujer capaz de renunciar a lo más íntimo y valioso, su maternidad, por el bien de España. ¡Ahí es na'! -parece que la derecha española ya tiene por fin su Pasionaria (más lozana, mejor alimentada). Pero una vez más la realidad se escinde, y unos y otros nos situamos a cada lado, y es obvio que lo mismo, lo mismo... no se ve.
Dígase que eso de traspasar el poder es demasiado abstracto como para concretarlo en una tarea. Y surgen algunas preguntas: ¿cuánto se tarda?, ¿se encarga uno de eso igual que se encarga de preparar los macarrones?, ¿es necesario que sean muchos los que intervengan, o basta uno solo?, ¿uno solo podría hacerse cargo de todo, como cuando Pérez Rubalcaba puso en contacto al fundamentalismo islámico con ETA, preparó los atentados del 11-M, se dejó una furgoneta olvidada en Alcalá de Henares y metió después en la cárcel a unos pobres inocentes?, ¿y cuántas horas al día hacen falta para culminar el traspaso?, ¿media jornada o jornada completa?, ¿puede empezar uno, marcharse a casa a las 12 y regresar después de comer? A mí me abruman estas preguntas y muchas más.
También hay respuestas. Ciertamente, el traspaso de poder es una tarea minuciosa, pero España no se hundirá si todavía reprime sus ansias y su desesperación por el poder Sorayita -si ya ha ganado el partido de los fumadores...- y atiende, como Dios manda, a la obligación impuesta por la maternidad. Ciertamente, las reuniones entre dirigentes de diferentes partidos para abordar el traspaso de poder no se celebran a las 8 de la mañana, no duran tampoco una jornada de trabajo ni suponen un encierro sindicalista oliendo a infantería. Ciertamente, los votantes tontos de la derecha creerán el mensaje que envía el PP con Sorayita, "ya llegamos nosotros, que no somos como ellos", pero a los demás no nos impresiona lo más mínimo, sobre todo cuando ha gastado el PP casi cuatro años haciendo todo lo posible para que se estrellase el Gobierno, sin importar nunca que se llevase por delante a un buen número de desempleados. Ciertamente, los votantes tontos del PP habrán mordido el anzuelo, "ya llegamos nosotros, que estos otros no sirven para nada", pero los demás sólo percibimos una vez más el intento de tomarnos el pelo y se queda en eso, intento. Ciertamente, el PP da un golpe con Sorayita a eso que unos llamamos derechos y que otros empiezan a condenar como abuso y atraco de los pobres que quieren vivir como si tuviesen dinero. Ciertamente, el PP quiere mostrar a los españoles tontos que la situación es tan complicada que requiere de todos los mayores sacrificios y esfuerzos, y si Sorayita es capaz de dar a España su atención prioritaria once días después del parto, ¡qué no podrán hacer los españoles si siguen su ejemplo! Pero ya hay que ser tonto para dejarse engañar por el lobo cuando se le ven las orejas a un kilómetro de distancia. Para mostrar preocupación por España ya ha tenido el PP bastante tiempo -y también Sorayita para arreglarse el pelo, que uno la ve y se queda con la triste impresión de que el solemne traspaso de poder es algo más vulgar que pasarse el libro de cuentas un vecino a otro en una escalera, las batas con pelotillas y los rulos en la cabeza.
Yvs Jacob
P. S.: Truco para conseguir un café expreso bien cremoso. Una vez el café en la tacita, añadir la leche caliente en un fino chorrito y sin prisa.
Se están produciendo en España cambios a cuál más extraordinario, y quienes sospechábamos del pueblo tonto, vemos redobladas nuestras sospechas: un pueblo tonto gobernado por lobos. Por ejemplo, se ha pasado del desprecio a la clase política en España a la navideña adoración de nuevos becerros de oro a los que el carisma les sale hasta por las orejas. De repente, Mariano Rajoy, con más escaños, pero con menos votos que Josemari, se convierte en el gran líder, el hombre a quien las cámaras retratan trabajando en su despacho, nuevo modelo para el español medio del político talentoso y esmerado, que ya nada tiene que ver con ese otro tipo, que también era retratado en las actitudes de Rajoy, el zángano que hacía viajes en helicóptero y fumaba puros en las hamacas de los viñetistas. Si hubiese algún Goethe entre nosotros, de seguro que Faust tendría una continuación con Rajoy, el nuevo hombre de acción. Y luego Sorayita, de la que sólo se conocían reprimendas en el Congreso a dos veteranas de los tablaos que nunca estuvieron dispuestas a perder el tiempo con la cuidadora de patio de un colegio de monjitas, las vicepresidentas María Teresa Fernández de la Vega y Elena Salgado. Se convierte Sorayita, también de repente, en modelo, más de mujer que de político, una mujer capaz de renunciar a lo más íntimo y valioso, su maternidad, por el bien de España. ¡Ahí es na'! -parece que la derecha española ya tiene por fin su Pasionaria (más lozana, mejor alimentada). Pero una vez más la realidad se escinde, y unos y otros nos situamos a cada lado, y es obvio que lo mismo, lo mismo... no se ve.
Dígase que eso de traspasar el poder es demasiado abstracto como para concretarlo en una tarea. Y surgen algunas preguntas: ¿cuánto se tarda?, ¿se encarga uno de eso igual que se encarga de preparar los macarrones?, ¿es necesario que sean muchos los que intervengan, o basta uno solo?, ¿uno solo podría hacerse cargo de todo, como cuando Pérez Rubalcaba puso en contacto al fundamentalismo islámico con ETA, preparó los atentados del 11-M, se dejó una furgoneta olvidada en Alcalá de Henares y metió después en la cárcel a unos pobres inocentes?, ¿y cuántas horas al día hacen falta para culminar el traspaso?, ¿media jornada o jornada completa?, ¿puede empezar uno, marcharse a casa a las 12 y regresar después de comer? A mí me abruman estas preguntas y muchas más.
También hay respuestas. Ciertamente, el traspaso de poder es una tarea minuciosa, pero España no se hundirá si todavía reprime sus ansias y su desesperación por el poder Sorayita -si ya ha ganado el partido de los fumadores...- y atiende, como Dios manda, a la obligación impuesta por la maternidad. Ciertamente, las reuniones entre dirigentes de diferentes partidos para abordar el traspaso de poder no se celebran a las 8 de la mañana, no duran tampoco una jornada de trabajo ni suponen un encierro sindicalista oliendo a infantería. Ciertamente, los votantes tontos de la derecha creerán el mensaje que envía el PP con Sorayita, "ya llegamos nosotros, que no somos como ellos", pero a los demás no nos impresiona lo más mínimo, sobre todo cuando ha gastado el PP casi cuatro años haciendo todo lo posible para que se estrellase el Gobierno, sin importar nunca que se llevase por delante a un buen número de desempleados. Ciertamente, los votantes tontos del PP habrán mordido el anzuelo, "ya llegamos nosotros, que estos otros no sirven para nada", pero los demás sólo percibimos una vez más el intento de tomarnos el pelo y se queda en eso, intento. Ciertamente, el PP da un golpe con Sorayita a eso que unos llamamos derechos y que otros empiezan a condenar como abuso y atraco de los pobres que quieren vivir como si tuviesen dinero. Ciertamente, el PP quiere mostrar a los españoles tontos que la situación es tan complicada que requiere de todos los mayores sacrificios y esfuerzos, y si Sorayita es capaz de dar a España su atención prioritaria once días después del parto, ¡qué no podrán hacer los españoles si siguen su ejemplo! Pero ya hay que ser tonto para dejarse engañar por el lobo cuando se le ven las orejas a un kilómetro de distancia. Para mostrar preocupación por España ya ha tenido el PP bastante tiempo -y también Sorayita para arreglarse el pelo, que uno la ve y se queda con la triste impresión de que el solemne traspaso de poder es algo más vulgar que pasarse el libro de cuentas un vecino a otro en una escalera, las batas con pelotillas y los rulos en la cabeza.
Yvs Jacob
P. S.: Truco para conseguir un café expreso bien cremoso. Una vez el café en la tacita, añadir la leche caliente en un fino chorrito y sin prisa.
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