martes, 26 de julio de 2011

Un día de dieta saludable podría haber resultado fatal para Amy Winehouse

Oído en Londres...
No se habla de otra cosa: que si Amy lo estaba dejando, que si Amy ya no se ponía de na', que si Amy quería ingresar en un convento, que si ya tenía un hábito retro -adaptado para el tupé...
El día fatídico, testigos la habrían visto en un supermercado con un pack de yogures naturales y fruta en la cestita -"majísima, la verdad; que es que no te lo esperas. ¿Me entiendes? Tenía la tarjeta de crédito gastadísima...", ha declarado una de las cajeras. Jimmy, también del supermercado, no menos impactado, puesto que lo habitual para Amy era llenar, no una cestita con productos sanos, sino un par de carros de alcohol y soluciones para el cabello, se temía, sin embargo, lo peor: "me aseguró que toda aquella mierda no era para su perro... Yo nunca doy a mi perro yogures ni nada químico, ya tiene bastante con todo lo que se aspira por la calle. Ahora se ha enganchado a los tornillos y ya no lame culos... Bueno, a mí me va más la metadona..., aunque antes era gay".
No en vano previene la medicina contra los cambios drásticos, sobre todo en la alimentación y en la moda. No se puede atiborrar un cuerpo de calcio y vitaminas tras muchos años de abandono. El doctor Baxter fue muy claro: "Amy tenía que haberse puesto pedo aquella mañana... Pero los artistas son gente muy extravagante... Se lo digo a mi propio hijo: 'una vez empieces, haz deporte si quieres, pero tendrás que drogarte el resto de tu vida, chico'".
Los fans de Amy ya preparan un macrobotellón para homenajear a la diva del soul y una "fiesta de la laca". Se recogen firmas también para elevar una propuesta a la Cámara de los Comunes bajo el título: "No lo dejéis nunca. Vuestras drogas, nuestras ilusiones", una iniciativa a favor de la dogradicción tolerada tutelada por los servicios sociales. Se trataría de mantener al límite de la muerte a las personas más creativas, pero sin que la gallina reviente -la idea ya la puso en práctica Telecinco hace bastantes años con resultados cuestionables, y si bien España no ha dado ninguna diva del soul, ha producido unas cuantas reinas de la basura, que visten muy parecido y no son mucho más feas.
Portavoces oficiales de la policía han solicitado prudencia a los británicos -no se incluye a los medios de comunicación-: hasta que no se lleven a cabo las pruebas pertinentes, no se podrá asegurar que la causa de su fallecimiento ha sido esta o la otra. Pero en las casas de apuestas se puede arriesgar ya una cantidad, y se paga muy bien el rumor de las vitaminas.
Lo que hubiese dicho mi abuela: "si es que está el mundo lleno de gente... ¿Pero tú no te tocas, no?".


Yvs Jacob

jueves, 21 de julio de 2011

¿Habrá visto alguna vez Alejandro González Iñárritu cómo se desmantela un "top manta"?

Yo, sí. Quiero decir algo.
Me envía un amigo del CSIC un archivo en formato avi: "biutiful_frag". Me acojono.
"¿Es una película española?".
"Podría decirse...".
¡Hostia puta! Odio el cine para intelectuales... tristes.
"No temas, apenas unos minutos. Hay cosas todavía peores -Woody Allen hace una película al año...".
"Pero, ¿es legal? -lo digo por decir, el cine español está a salvo conmigo...".
"Absolutamente. Su finalidad es el estudio. Por otra parte, es cine social, nada que ver con Hollywood".
Abro el documento. Las escenas no son aptas para... observadores atentos de la realidad. Una moderna "lechera" cargada de policías a la caza del inmigrante subsahariano que se dedica a la venta de baratijas falsificadas por los orientales. Los policías a la carrera, porra en mano, consiguen atrapar a los africanos, algunos de los cuales chocan contra las mesas de los turistas en las terrazas de los bares, vuelan sobre ellas, y los agentes locales se aplican de lo lindo en el suministro de anestesiantes. Cine en estado puro. La película está ambientada en Barcelona, y todo el mundo sabe que son los catalanes los menos civilizados entre los españoles.
Yo soy un muchacho que pasea por las calles de Madrid... No exagero si digo que he visto casi cien veces el modo como aquí se desmantela un mercadillo de "top manta". Aparecen un par de coches de la policía local -tres o cuatro agentes-, que han sido convocados por algún policía de paisano a punto de atrapar a una presa. Los africanos echan a correr, pero nadie les persigue, al menos no más allá de unos metros. A la policía le basta con requisar la mercancía que no ha sido retirada a tiempo en la huida -un fardo, quizá dos. Eso es todo. Mucha gente mirando -y comentando envidiosa "se quedan con ello para sus novias, ¡hijos de puta!"-, pero nada más. No hay negros volando, no hay porras en la mano, no hay turistas histéricos ante el espectáculo de la injusticia mediterránea que se lamenten también porque se les haya derramado la cerveza.
En ocasiones, el coche de policía atraviesa la calle de Preciados... con los manteros en ella. El conductor, que debe de ser siempre el mismo, ha debido de entablar una buena relación con los subsaharianos, y les tranquiliza con la mano, un gesto que les informa de que hoy no les toca, de que la cosa no va con ellos, que será una ronda tranquila. ¡Señora, no suelte ese falso Louis Vuitton, le sienta de maravilla! ¡Está hecho para usted!
No he visto nunca nada más violento, nunca he temido tanto por la justicia como cuando el coche de la policía local madrileña recorre la calle central de la ciudad y todos allí hacemos como que no nos enteramos de lo que está pasando. Y lo que está pasando no es nada más que una ilegalidad necesaria cuando no se sabe qué hacer con los inmigrantes sin papeles y sin trabajo... y con un aparato genital de gran formato, porque todo hay que decirlo.
Obviamente, no se hace una gran película reproduciendo el paseo cordial de ese coche de policía, cuyo acto más violento pudiera ser el atropello de un dvd pirata en un descuido, puesto que la zona de Preciados es lugar de exhibición de muy ricas hembras, y un conductor distraído se arriesga demasiado. Esto da para un corto.
Hace un par de meses presencié también la detención de un delincuente y la retirada de su mercancía. Alonso Martínez. Junto a la salida de metro de la calle de Génova, un subsahariano monta su manta de bolsos. Dos policías nacionales se acercan. Uno toma la manta y otro, al negro por el brazo. Los tres ríen -el pobre vendedor a dicho algo divertido que nadie allí cerca consigue oír. Nos ponemos de muy mala hostia: pocas cosas hay tan violentas como no saber por qué se ríen los demás. No hay resistencia a la autoridad; no hay el menor uso de la violencia. Para mayor asombro, junto a los policías, el vendedor subsahariano saca su teléfono móvil y hace una llamada -los agentes no le prestan la menor atención... De nuevo, un hecho violentísimo -¿a quién llama ese hombre? ¿Están pidiendo una pizza?
Siempre he supuesto que el cine social, incluso construyendo una historia de ficción, pretende mostrar o llamar la atención acerca de la realidad, de alguno de sus aspectos más sórdidos. Se supone que es un cine fiel, que pone de manifiesto algunos valores.
Por cierto, nunca he visto a nadie que auxilie a los africanos cuando aparecen los coches de policía, me refiero a ningún blanco. Sí he visto que hay quien aprovecha la ocasión para llevarse lo que tiene en la mano, y hasta la venta apresurada, una mala venta, claro: algo que costase 5€ puede quedar rebajado por la circunstancia a 3€.
¡Cine social, cine social...!
Una última anécdota. Equipo de rodaje en el Rastro madrileño. Tres manteros corren calle abajo -dos mujeres y un anciano... ¡Hombre, esto ya es el colmo!


Yvs Jacob

martes, 19 de julio de 2011

El elogio a la locura de Francisco Camps

Tantas veces he dicho que la política española está secuestrada en manos de los buscadores de fortuna del Partido Popular... Y qué burros son algunos de ellos...
Formidable ejemplo de burro nos lo ha venido ofreciendo Francisco Camps. Qué fácil hubiese sido en su momento admitir que se ha cometido un error, que se ha mostrado una incapacidad, una debilidad en el ejercicio de la gestión de los asuntos públicos, incluso si el beneficio de ese riesgo ha ido a parar a la comunidad. Qué fácil hubiese sido presentar una dimisión, con la cual hubiese quedado la sociedad tan satisfecha, una dimisión que dignificase a la política, y retirarse a zanganear, o a zanganear en la apariencia como director o ejecutivo de cualquier chiringuito donde no se paga a los altos empleados por su inteligencia, sino por los servicios prestados en tanto que chica de contactos. Lejos de tal actitud, Francisco Camps se ha empeñado en la tortuosa vía de convertir la mentira en verdad. Que un pobre irresponsable se conduzca así no debería preocupar, pero cuando recibe el apoyo de todo un partido político nacional, esto es, cuando los supuestos representantes de una parte importante de la sociedad deciden por qué surco discurre la realidad y qué es o no verdad, entonces la locura de muchos imbéciles deriva en un peligrosísimo problema.
Más allá del sentimiento corporativo, la sociedad apreciaría un giro estaliniano dentro de los partidos políticos: la purga. Quien ha cometido un error en política debe ser retirado y escarmentado por traicionar lo que representa la confianza en un sistema democrático. El burro popular suele pensar que es imprescindible. A mí me despierta la risa de la tristeza este pensamiento. Puede entenderse que el burro popular agarre la zanahoria y se resista a soltarla, pero no se entiende en absoluto por qué el resto de los burros populares no lo liquida. Yo había pensado que no se combate a Francisco Camps desde dentro del Partido Popular porque guarda secretos incómodos -no creo que sean muchos más que una financiación ilegal extendida y unos ahorrillos de difícil justificación en muchos de sus dirigentes-, pero mis dudas aumentan cada día. Habida cuenta de que entre los populares abunda el lobo casi tanto como el burro, fácil sería para algunos tirar de la manta y librarse de un buen número de aventureros competidores. No obstante, nada se aprecia más que la obstinación: negar que se ha hecho lo que se ha hecho y afirmar que nada se ha hecho mal si se mantiene la confianza del mayor número de votantes. El número de gilipollas puede ser mucho mayor que el de los responsables y honestos, los gilipollas pueden aspirar a un mundo a su medida -de hecho, es el que tenemos-, pero eso no les hará menos gilipollas: al burro le votan los burros, y un burro es un burro con 100 o 1 millón de votos.
Se ha probado también que al Partido Popular le importa una mierda todo aquello en nombre de lo cual arma tanto jaleo. La crisis social y económica le importa una mierda; la salud moral de la sociedad le importa una mierda, el desempleo también; le importan una mierda la imagen del país y el honor que todo pueblo se debe por ser parte de la historia en tanto que hazañas y continuidad de ese abstracto sujeto, la humanidad. Todo esto le importa una mierda. Los dirigentes populares confirman con su actitud y sus hechos que han optado por la política como forma de vida, y casi merecen admiración y envidia: han conseguido sin dar ni palo todo el fasto al que aspira la mediocridad humana. Lástima para ellos que no todos estemos locos.
Ya aguardo impaciente la imagen de Francisco Camps en el banquillo. Ojalá el poder judicial sepa conducir el asunto con la responsabilidad que se ha echado en falta en estados anteriores de este caso. Ojalá también que los miembros del jurado sepan construir su juicio en la honradez y no cedan ante la presión de los corruptos. Pero es más importante que sepa la sociedad española qué significaban los trajes de Camps, porque quienes no somos gilipollas no nos creemos que los regalos se reciben sin más, y esperamos que un poder judicial a la altura termine esclareciendo aquello por lo cual los trajes se ofrecieron y aceptaron, y con todas las consecuencias. Ya está bien de pudorosas ingenuidades: la sociedad española puede ser patética, pero en su grado de vileza no cabe ya la inocencia cuando el río, más que sonar, truena.
La democracia necesita una reforma, cierto, necesita sobre todo dotarse de medios para eliminar de manera preventiva a los burros: si no se puede impedir que el asno vote, sí al menos que salga elegido.
Muy emotiva la despedida de Camps. Tarde, sí, ha llegado tarde, una vez el daño se hizo largo y profundo. Tanto aferrarse a la fantasía de la inocencia para acabar así, arrodillado por el peso de la verdad. Quienes se adulan a sí mismos son a menudo traicionados por sus confesiones...
[¡Uy, el final me ha quedado un poquito Ramoneda! Sólo me ha faltado refrendar un pensamiento tan audaz con la autoridad de algún filósofo eslovaco de segunda fila o con uno de sus peligrosos situacionismos ("oído en Martorell", "me dice un amigo de Girona"...)].


Yvs Jacob

miércoles, 13 de julio de 2011

María Dolores de Cospedal gana el premio "No soy más burro porque no puedo, pero me entreno"

Pero cuánto burro hay en el Partido Popular... -yo ya empiezo a pensar que se hace un examen a quienes quieren afiliarse, lo que supone también una explicación probable para comprender por qué cuenta esta formación con más militantes que cualquier otra similar en Europa, puesto que no es difícil reunir a casi 700.000 burros españoles; lo verdaderamente extraordinario en España sería encontrar a un ser humano en la vía pública... a plena luz del día y con una linterna.
Otra vez se demuestra que el Partido Popular no entiende por democracia más que la papeleta en la urna, y seguro que sólo si el votante ha metido en el sobre la suya -en caso contrario, ese votante es un sectario antidemócrata. Debemos empezar a distinguir los españoles entre aprobar unas oposicioncitas -y lo mucho que nos quiere mamá- y que alguien esté realmente capacitado para decidir acerca de los aspectos que hacen la vida en la ciudad; distinguir entre haber sido delegado de curso universitario en una carrerita de Derecho y asumir la dirección de la política. No podemos seguir creyendo que un supuesto representante político o gobernante es siempre algo más que un simple aventurero, y en el Partido Popular se observa a diario que en la derecha más vil descuellan los seres que más daño pueden hacer al país por el que tanto, según ellos, se esfuerzan. Que nos libren de ese gasto de energía, desde luego que no lo necesitamos.
Pero no creo que poner a la patria a merced de los especuladores extranjeros sea un servicio... político. Más bien es un acto que debería estar penado, una traición moral por irresponsabilidad. Mucho aleccionan en el Partido Popular acerca de lo bueno y lo malo, como viene sucediendo con el muy dudoso "caso Faisán", sobre el cual habría que preguntarse si el poder judicial está obrando con inteligencia, pero la irresponsabilidad insistente de cada uno de sus portavoces, la exhibición permanente de una forma específica de la estupidez, que tiene por objetivo ganar por anticipado todas las elecciones futuras mediante el vertido indiscriminado de mierda sobre los adversarios políticos, sin importar en absoluto que el país quede herido casi de muerte, no son sino ejemplos de todo lo que jamás debe hacerse, y más dolorosos para la sociedad que cualquier debilidad en la lucha contra el terrorismo. Acertadamente introdujo Ángel Acebes la categoría del miserable en política cuando quiso el Partido Popular darnos perca por bacalao. Pensaba Ángel Acebes lo que suele pensar cada cual, que los miserables son los demás, pero no se me ocurren mayores cotas de miseria que la gestión que hiciera el propio Acebes de la información tras los fatídicos atentados que castigaron a España por la soberbia de su mediocre Gobierno de entonces, o el día a día en boca de González Pons y De Cospedal. Entiendo que De Cospedal, autora del último atentado contra la moral, no tenga una preocupación real por el endeudamiento del país, puesto que la política la hizo millonaria, pero a nosotros, los muertos de hambre, sí nos tiene bastante inquietos. Que Castilla-La Mancha y Extremadura se hayan convertido en dos regiones de derechas supera mi sentido de lo grotesco. Quizá haya llegado la prematura hora del arrepentimiento. ¿Podrán soportar durante cuatro años los castellano-manchegos la estupidez de su presidenta regional? Nosotros, desde las demás Autonomías, que también sufrimos las fanfarronadas de esta aventurera, estamos ya exhaustos.
Desde Basuragurú, quiero desear a De Cospedal que el tinte le produzca una reacción alérgica que la aparte de la vida de las personas honradas y decentes. Está claro que la política le ha superado. Lo mejor que puede hacer por la sociedad española es comprarse una finca manchega con una tropa de esclavos, que el burro español se humilla fácilmente y muy barato, y librarnos así de su incompetencia. ¡Qué empeño en dedicarse a aquello para lo cual no se tiene ni puta idea!


Yvs Jacob

martes, 12 de julio de 2011

El pareo de Carmen Machi

He seguido con gran interés la evolución de Activia en Carmen Machi. Aunque el producto se anuncia como un eficaz remedio para combatir la sensación de hinchazón en el cuerpo, lo que viene a significar que hay quien pretende que le afecte lo mismo un buey que una zanahoria, estoy seguro de que muchos consumidores habrán buscado Activia en sus distribuidores habituales con la esperanza de que otra hinchazón, ya no gaseosa, por ejemplo, sino de más arraigo, desaparezca. Sospecho que tampoco Carmen Machi está como está por unos gasecillos, y no creo que un yogurcito tras las comidas fuese a hacer de ella una candidata a Miss Universo. Los publicistas de Activia han puesto sin duda a prueba el producto.
Pero, más allá de la disposición de los seres humanos a dejarse engañar, a canjear en su mente-imaginación unas propiedades por otras, cabe también observar que los anunciantes expresan su voluntad de dolo con la ambigüedad necesaria de toda publicidad que se precie en un mundo superpoblado de idiotas.
Los meses han ido pasando y llegó el verano. Ya deberíamos ser capaces de apreciar que Carmen Machi se encuentra mucho mejor, que ha perdido gases o peso, porque los anuncios de Activia permiten construir ambas fantasías adelgazantes. No obstante, vemos a Carmen Machi con un pareo en la piscina. Ojo con el pareo..., que todos sabemos lo que significa, y una mujer satisfecha por haberse librado de unos gasecillos no se lo pone, sino que enseña el jamón. Otra cosa es que se haya confiado de verdad en Activia como quitagrasas...
Estaba claro que para mostrar a Carmen Machi sin pareo los anuncios de Activia tendrían que exhibirse en horario nocturno. Y no parece que fuesen sólo gases los causantes de la sensación de hinchazón en esa croquetita. Es probable que una dieta estricta de Activia pudiese definir a Carmen Machi, reconducirla hacia las proporciones todavía humanas, en la frontera con el criterio clásico de belleza. Pero habría que concentrar la alimentación en un solo producto: Activia a todas horas, y que sea lo que Dios quiera. No obstante, quienes confían en los productos milagro caen siempre en la misma pereza: ¿se puede comer buey y adelgazar sin hacer ejercicio? ¿Me puedo poner to' cerdo y quedarme como estoy? No.
Leo en Internet que hay quien se plantea denunciar a Carmen Machi por estafa. Lo encuentro exagerado. A Machi le pagan por aparecer en el anuncio, pero no encuentro un vínculo necesario entre el papel que representa y la verdad que los consumidores depositan en sus palabras. No hay que ser demasiado inteligente para advertir que el único yogur adelgazante habría de estar compuesto de ácido sulfúrico. Y hasta es probable que un yogur abandonado en la nevera durante un tiempo considerable te resuelva algunos problemas de manera definitiva.
Desde luego, no entiendo cómo puede exigirse a la publicidad lo que se pasa por alto en el periodismo...


Yvs Jacob