Le voy a "echar más cojones" que Hermann Tertsch, ese altavoz, que no cerebro, de la arrogante violencia conservadora, y me voy a poner del lado de la ministra González-Sinde, hasta donde la razón me lo permita.
Para empezar, ¡hay que ver lo que ha tocado las pelotas a "los internautas" la amenaza de que pronto habrá que pagar por "lo que se toma" de manera gratuita! ¿Qué tiene que ver el saqueo en Internet con la libertad de expresión? ¿Quién ha difundido esa nueva infamia contra la lógica? ¿A quién se debe tan impecable inferencia?
Yo defino Internet como "el fallo del sistema", algo que ha escapado por el momento a la asfixia del poder, aunque, de alguna manera, es un fallo instrumentalizado, y quizá lo que algunos piensan que es libertad no es sino otra forma de dominio tan eficaz como relajada en su apariencia. En cualquier caso, es cierto que el fallo del sistema está impidiendo que los productores de herramientas informáticas, de ocio y de cultura ingresen los beneficios económicos para los cuales es concebida la actividad en la que invierten tiempo y dinero. Ahora bien, "los internautas" no sólo abusan, también invierten: todo tipo de dispositivos informáticos son renovados a gran velocidad en el presente y en relación directa con las posibilidades siempre crecientes de aquello que los creadores informáticos ponen al servicio de la más eficaz propaganda -publicidad, estupidez y consumo-. Tal vez habría que reorientar el dinero para seguir robando...
Pero lo más importante de la queja extendida en la Red refiere a lo que algunos han llamado "vulneración de derechos", ¿pero es de verdad un derecho tomar lo que no es de uno?
Creo que todo el mundo estaría de acuerdo en que si además de tomar lo que no es de uno, sin pagar por ello, se comercia en beneficio propio, entonces ni se ejerce ningún derecho ni es un disparate buscar medios legales -¡legales!- para detener una práctica delictiva.
En cuanto a los internautas, ¿quiénes son? ¿Qué nueva figura representativa es la que se han arrogado algunos espadachines no electos por la aventurera democracia española?
¡Aaah, mundo maravilloso...!
Yvs Jacob
viernes, 4 de diciembre de 2009
miércoles, 2 de diciembre de 2009
¿Puede el Rey de España recoger un premio de FAES?
Dígase claramente: no.
España nunca dejará de divertirnos. Lo que FAES representa, sin remedio, no puede premiar la libertad, ni mucho menos al Jefe del Estado. Una institución cuyo objeto no es más que sembrar discordia mediante un discurso fanático -que se sirve del pensamiento liberal para sancionar odio y prejuicio- no premia sino a quienes continúan su espíritu de atropello de todo lo que la libertad supone en un mundo apestosamente injusto. Pero lo más divertido del premio en cuestión no está en quien lo otorga, que también tiene su gracia, sino en quien lo recibe; diríase que hay algo carnavalesco en ello, pues lo entrega un déspota y lo recoge quien se supone garante de los derechos de los españoles en tanto que es símbolo de su unidad. Hubo un tiempo, aunque tampoco debería llamarse a la nostalgia de lo no vivido, paranoia nacionalista, entre otras, en que eran los soberanos quienes premiaban los gestos de sus ciudadanos, de sus gobernantes, sus atributos al servicio de la muchedumbre organizada, en lenguaje espinosiano. Pero ¡qué cambio ha operado ese hombre fuera de lo común, Ansar conocido, que tiene la osadía de burlarse de Su Majestad al concederle un premio que, en realidad, sólo un rey podría entregar. ¡Mundo maravilloso! España, país para descojonarse.
He escuchado en la radio que se trata de una pantomima con apetitos diferentes al reconocimiento del voluntarioso Rey de los españoles. Se trata, según han dicho, de una nueva indisposición del sistema neurológico de Ansar, de la cual siempre resulta una percepción equivocada de uno mismo y de la realidad. ¡Pues no parece que ahora el pequeñito también quiere hacerse noble!
Yo le recomiendo que lea a Aristóteles y a Rousseau; he ahí las fuentes de la nobleza.
Yvs Jacob
España nunca dejará de divertirnos. Lo que FAES representa, sin remedio, no puede premiar la libertad, ni mucho menos al Jefe del Estado. Una institución cuyo objeto no es más que sembrar discordia mediante un discurso fanático -que se sirve del pensamiento liberal para sancionar odio y prejuicio- no premia sino a quienes continúan su espíritu de atropello de todo lo que la libertad supone en un mundo apestosamente injusto. Pero lo más divertido del premio en cuestión no está en quien lo otorga, que también tiene su gracia, sino en quien lo recibe; diríase que hay algo carnavalesco en ello, pues lo entrega un déspota y lo recoge quien se supone garante de los derechos de los españoles en tanto que es símbolo de su unidad. Hubo un tiempo, aunque tampoco debería llamarse a la nostalgia de lo no vivido, paranoia nacionalista, entre otras, en que eran los soberanos quienes premiaban los gestos de sus ciudadanos, de sus gobernantes, sus atributos al servicio de la muchedumbre organizada, en lenguaje espinosiano. Pero ¡qué cambio ha operado ese hombre fuera de lo común, Ansar conocido, que tiene la osadía de burlarse de Su Majestad al concederle un premio que, en realidad, sólo un rey podría entregar. ¡Mundo maravilloso! España, país para descojonarse.
He escuchado en la radio que se trata de una pantomima con apetitos diferentes al reconocimiento del voluntarioso Rey de los españoles. Se trata, según han dicho, de una nueva indisposición del sistema neurológico de Ansar, de la cual siempre resulta una percepción equivocada de uno mismo y de la realidad. ¡Pues no parece que ahora el pequeñito también quiere hacerse noble!
Yo le recomiendo que lea a Aristóteles y a Rousseau; he ahí las fuentes de la nobleza.
Yvs Jacob
martes, 1 de diciembre de 2009
Leire Pajín ya tiene balancín
Que la Cámara Alta es una sinecura inútil, improductiva, queda claro cuando se aprecia la prisa que tienen algunos para ganarse una de sus cómodas poltronas. Por mucho que lo nieguen los políticos que allí se rascan la pelotada, el Senado NO VALE PARA NADA, salvo para justificar los salarios de quienes han hecho de su vida un itinerario al servicio de lo público (?), y para quienes ha reservado el Estado constitucional un reconocimiento final a su generosidad, ejemplar altruismo.
La suerte de los políticos españoles, aunque diversa, puede dividirse en dos signos: en la derecha, la empresa privada -se trata de los biempagaos-, y en la izquierda, principalmente, el Senado. Lo cierto es, sin embargo, que la derecha ocupa más poltronas que la izquierda, siempre por esa versatilidad acomodaticia que tienen sus adeptos. No es exactamente un cementerio de elefantes el Senado, aunque más de un cadáver en avanzada descomposición recibe un anticipo de jubilación con su acta, que no con su presencia, y menos aún, servicio.
La realidad es que ni la Cámara Alta ni la Cámara Baja sirven para mucho. Una reforma de ambas es urgente desde tiempo atrás; movilidad, actividad, espontaneidad, inmediatez... Todo se echa en falta en ellas.
En cuanto a Leire Pajín, es evidente que el PSOE sólo ha buscado garantizar su salario, algo que nos entristece a quienes "pensamos en socialista". Resulta poco alentador para la ciudadanía que, cualquiera que sea el signo de los políticos, sea compartida la depravación impúdica propia de esa estrategia que opera en la mente de quienes prestan, según lo entienden, un servicio para el pueblo: para lo que hacen, lo que cobran no es suficiente.
¡Qué asco!
Yvs Jacob
La suerte de los políticos españoles, aunque diversa, puede dividirse en dos signos: en la derecha, la empresa privada -se trata de los biempagaos-, y en la izquierda, principalmente, el Senado. Lo cierto es, sin embargo, que la derecha ocupa más poltronas que la izquierda, siempre por esa versatilidad acomodaticia que tienen sus adeptos. No es exactamente un cementerio de elefantes el Senado, aunque más de un cadáver en avanzada descomposición recibe un anticipo de jubilación con su acta, que no con su presencia, y menos aún, servicio.
La realidad es que ni la Cámara Alta ni la Cámara Baja sirven para mucho. Una reforma de ambas es urgente desde tiempo atrás; movilidad, actividad, espontaneidad, inmediatez... Todo se echa en falta en ellas.
En cuanto a Leire Pajín, es evidente que el PSOE sólo ha buscado garantizar su salario, algo que nos entristece a quienes "pensamos en socialista". Resulta poco alentador para la ciudadanía que, cualquiera que sea el signo de los políticos, sea compartida la depravación impúdica propia de esa estrategia que opera en la mente de quienes prestan, según lo entienden, un servicio para el pueblo: para lo que hacen, lo que cobran no es suficiente.
¡Qué asco!
Yvs Jacob
La música es empleo, que no cultura
La protesta contra la piratería en la música se ha socializado, y si antes se movilizaban (?) los artistas (?) en contra de quienes se beneficiaban de su talento (?), ahora lo hacen los simples trabajadores para defender, sin más, su empleo. El hecho exige de mí alguna profundidad.
No he visto, por el momento, al ejército de licenciados en letras de este país manifestarse en defensa de sus empleos de risa -correctores, traductores, editores...-, ni he visto a los vendedores de instrumentos musicales, muchos de ellos arruinados, protestar ante la Casa de la Villa; como tampoco a los comerciantes de materiales artísticos, mercado muy presente antes en Madrid, por cierto, y ahora en vías de extinción...
La cultura, y los empleos a ella asociados, no sólo sufren los caprichos de la situación económica, pues además es afectada por las continuas transformaciones que caracterizan en todo momento al presente -la tecnología principalmente-.
La música, como cualquier actividad productiva, no ha escapado a lo que Karl Marx llamaba crisis de sobreproducción: mejores y más medios, más música y peor. En un idioma que se pueda entender, sobreproducción en el arte (?) significa que ya hay demasiada mierda como para que el mercado la asuma, la encauce en la distribución que conduce a su venta y a su consumo ultra-rápido, de lo cual resultará el nuevo apetito que reclamará otro nuevo vaciado del alma.
Internet está funcionando como un poderoso desatascador de mierda. Asumido que el 90% de la producción musical es mierda, innegablemente mierda, porque sería imposible que en un mundo de mediocridad se concentrase el talento en un solo ámbito, Internet no hace sino garantizar la distribución hacia un número siempre creciente de consumidores, algo sólo soñado por la mierda de antes, en la era del monopolio. Quizá no les falte razón a quienes defienden su mierda, pero tampoco estaría mal que el Estado nos protegiera de ella -¿podría volver la censura? No es necesario: se domina mejor con la propaganda; y ¡qué es el entretenimiento sino contención!-.
Socializar la queja contra la piratería, buscar el reconocimiento en la masa de que lo importante no es el arte, no la cultura, sino el empleo de los trabajadores parece una manera muy audaz de proteger un negocio con el que algunos se han hecho infinitamente ricos. Sin embargo, apelaciones a la solidaridad en el siglo XXI, el siglo cuya corrupción sólo será superada por la del siguiente, y en adelante, no tienen mucho sentido. Queda, pues, reírse otra vez de papa-Estado, solicitar de él, por lo tanto, que ejerza esa solidaridad con leyes que protejan las actividades que enriquecen mucho a unos pocos y son el pan de otros. Pero si el Estado hace cumplir la ley antisaqueo en Internet, entonces morirá esa tímida felicidad que tantos pobres han disfrutado con el agujero del sistema, y es legítimo dudar de que a un Gobierno le resulte conveniente derribar las barreras de contención -aun cuando ilegales- del vulgo, esclavo-ciudadano de quienes insaciablemente quieren más.
¡Ay, Internet! Yo te amo por encima de todas las cosas... (O de casi todas).
Yvs Jacobs
No he visto, por el momento, al ejército de licenciados en letras de este país manifestarse en defensa de sus empleos de risa -correctores, traductores, editores...-, ni he visto a los vendedores de instrumentos musicales, muchos de ellos arruinados, protestar ante la Casa de la Villa; como tampoco a los comerciantes de materiales artísticos, mercado muy presente antes en Madrid, por cierto, y ahora en vías de extinción...
La cultura, y los empleos a ella asociados, no sólo sufren los caprichos de la situación económica, pues además es afectada por las continuas transformaciones que caracterizan en todo momento al presente -la tecnología principalmente-.
La música, como cualquier actividad productiva, no ha escapado a lo que Karl Marx llamaba crisis de sobreproducción: mejores y más medios, más música y peor. En un idioma que se pueda entender, sobreproducción en el arte (?) significa que ya hay demasiada mierda como para que el mercado la asuma, la encauce en la distribución que conduce a su venta y a su consumo ultra-rápido, de lo cual resultará el nuevo apetito que reclamará otro nuevo vaciado del alma.
Internet está funcionando como un poderoso desatascador de mierda. Asumido que el 90% de la producción musical es mierda, innegablemente mierda, porque sería imposible que en un mundo de mediocridad se concentrase el talento en un solo ámbito, Internet no hace sino garantizar la distribución hacia un número siempre creciente de consumidores, algo sólo soñado por la mierda de antes, en la era del monopolio. Quizá no les falte razón a quienes defienden su mierda, pero tampoco estaría mal que el Estado nos protegiera de ella -¿podría volver la censura? No es necesario: se domina mejor con la propaganda; y ¡qué es el entretenimiento sino contención!-.
Socializar la queja contra la piratería, buscar el reconocimiento en la masa de que lo importante no es el arte, no la cultura, sino el empleo de los trabajadores parece una manera muy audaz de proteger un negocio con el que algunos se han hecho infinitamente ricos. Sin embargo, apelaciones a la solidaridad en el siglo XXI, el siglo cuya corrupción sólo será superada por la del siguiente, y en adelante, no tienen mucho sentido. Queda, pues, reírse otra vez de papa-Estado, solicitar de él, por lo tanto, que ejerza esa solidaridad con leyes que protejan las actividades que enriquecen mucho a unos pocos y son el pan de otros. Pero si el Estado hace cumplir la ley antisaqueo en Internet, entonces morirá esa tímida felicidad que tantos pobres han disfrutado con el agujero del sistema, y es legítimo dudar de que a un Gobierno le resulte conveniente derribar las barreras de contención -aun cuando ilegales- del vulgo, esclavo-ciudadano de quienes insaciablemente quieren más.
¡Ay, Internet! Yo te amo por encima de todas las cosas... (O de casi todas).
Yvs Jacobs
lunes, 30 de noviembre de 2009
Ya no hay sitio en el PSOE para el PSC
Es un hecho consumado que a la tumba de la política -la oposición- no llegará el Gobierno de Rodríguez Zapatero por la crisis económica, sino por el capricho de la ficción: el Estatut de Catalunya. Sobre el Estatut hay que decir que nadie, dentro o fuera de Catalunya, sabe qué significa ni conoce su necesidad. Fuera de Catalunya nadie comprende la viabilidad de otorgar más poder a una Comunidad Autónoma que cuenta con todas las competencias que posibilitan el equilibrio dentro del Estado democrático; léase entre sus habitantes, de verdad lo más importante. Dentro de Catalunya, la ciudadanía está siendo tan brutalmente manipulada que hasta algunos periodistas catalanes cuyos defectos eran soportables -el caso de Àngels Barceló- han caído en la trampa de los catalanistas, y donde antes podía apreciarse una exageración propia del nacionalismo, ahora sólo ven el reestablecimiento de la justicia, como si lo justo fuera algo que nada más unos pocos pueden decidir, como si en realidad se tratase de suspender la identidad nacional catalana por un momento para que la verdad inmaculada apareciese, una verdad que, según dicen los defensores de esta justicia, estaría del lado de los sabios de Catalunya.
Por otra parte, el PSC ha torpedeado por completo al PSOE, partido que dirige un pobre ingenuo, y el resultado será la victoria en las próximas elecciones autonómicas catalanas de CiU, y en las generales, del Partido Popular. Entonces todo volverá a su cauce: en Catalunya, al recio nacionalismo soterrado, al cual el Partido Popular no se opondrá con agallas siempre y cuando la economía funcione bien, y en toda España triunfará el odio en su versión 3.0.
El PSC ha cometido el error de imitar a sus adversarios e ir más lejos, el error de pensar como su oposición: tras décadas de Gobierno nacionalista, la única opción era comer más butifarras que nadie para ganar las elecciones. Semejante actitud, que ha perdido la perspectiva más amplia, la del Gobierno de la nación, ha socavado la base que sostenía al nuevo PSOE, y ambos partidos quedarán apartados tras la extenuación que sufre el conjunto de la ciudadanía, a la que nunca se debe agotar con problemas excesivamente técnicos.
Queda el episodio de las amenazas del PSC. A la bondadosa generación que llevó a cabo la transición democrática, que no dudó en optar por una ley electoral que diera voz, a veces demasiada, a los partidos nacionalistas -minoritarios por razones obvias-, sucedió el ingenuo Rodríguez Zapatero; pero la generación que ya está en marcha no puede continuar siendo el cebo de mierda de quienes abusan de la paciencia de las buenas personas. La solución pasa por mostrarle la salida al PSC. Deliciosa paradoja: solos podemos más.
Yvs Jacob
Por otra parte, el PSC ha torpedeado por completo al PSOE, partido que dirige un pobre ingenuo, y el resultado será la victoria en las próximas elecciones autonómicas catalanas de CiU, y en las generales, del Partido Popular. Entonces todo volverá a su cauce: en Catalunya, al recio nacionalismo soterrado, al cual el Partido Popular no se opondrá con agallas siempre y cuando la economía funcione bien, y en toda España triunfará el odio en su versión 3.0.
El PSC ha cometido el error de imitar a sus adversarios e ir más lejos, el error de pensar como su oposición: tras décadas de Gobierno nacionalista, la única opción era comer más butifarras que nadie para ganar las elecciones. Semejante actitud, que ha perdido la perspectiva más amplia, la del Gobierno de la nación, ha socavado la base que sostenía al nuevo PSOE, y ambos partidos quedarán apartados tras la extenuación que sufre el conjunto de la ciudadanía, a la que nunca se debe agotar con problemas excesivamente técnicos.
Queda el episodio de las amenazas del PSC. A la bondadosa generación que llevó a cabo la transición democrática, que no dudó en optar por una ley electoral que diera voz, a veces demasiada, a los partidos nacionalistas -minoritarios por razones obvias-, sucedió el ingenuo Rodríguez Zapatero; pero la generación que ya está en marcha no puede continuar siendo el cebo de mierda de quienes abusan de la paciencia de las buenas personas. La solución pasa por mostrarle la salida al PSC. Deliciosa paradoja: solos podemos más.
Yvs Jacob
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