Imagínese que un buen montón de gente se pone de acuerdo para realizar alguna acción. Personalmente creo que cuanta más gente participe en una actividad peor saldrá ésta, pero es que yo soy muy negativo, haber vivido tanto tiempo entre los españoles me ha conducido a perder la fe en toda la humanidad. Pero sigamos con la propuesta: si ese buen montón de gente se coordina de tal manera que unos individuos sobre otros alcanzan la altura de una torre no tan modesta, se dice que se ha formado un "castell" o "castellet", y tiene su mérito; pero si ese buen montón de gente opta por ocupar una avenida tras otra en una sucesión interminable y simbólica, entonces se celebra una "Diada". Hay "diadas" y "diadas" -¿o "Diadas"? No es lo mismo una Diada normal en la que se despotrica contra los españoles en nombre de una incólume conciencia de sí, de ser y pertenecer a un pueblo que desde los primeros seres unicelulares ya se sabía original y se contemplaba en su completud, que una Diada vistosa, por así decir, una en la cual los participantes no están llamados a ocupar la calle sin más, sino a hacerlo de manera ordenada. Hay algunas actividades en común de los catalanes que no deben pasarse por alto para entender la sorpresa de los gobernantes y de algunos finos periodistas cuando este pueblo sale a la calle y sus paisanos se colocan en el lugar en que se deben colocar y no en otro. Por ejemplo, cuando se celebró en Barcelona el llamado "Fórum de las Culturas" el mundo entero pudo ver la manera muy a la española de cerrar un festejo: se arrasaron las instalaciones, se desató el más deportivo vandalismo y afloró la muy española manía de atesorar lo inútil, porque difícil es justificar que los catalanes cargaran hasta con los tornos de acceso -se tratará tal vez de una "fobia del peaje", que no es por cierto ninguna imposición del Estado español a los catalanes, sino de la institucionalización de la estupidez de los catalanes entre ellos mismos. No es de extrañar por tanto que cada vez que los catalanes se echan a la calle sus dirigentes valoren positivamente el carácter pacífico de la masa reunida.
Una Diada vistosa no es sin más un acto religioso -me van a perdonar los politólogos si para mí lo que hace mucha gente reunida es antes un acto místico o de religión que otro de tipo político y menos aún democrático, porque para mí la democracia es mucho más que la mitad más uno; a veces me siento tan culpable por haber leído algún que otro libro... En una Diada vistosa, como la última Diada, se planteó a los participantes el desafío de formar una gran "V" con las franjas de la bandera catalana. Voy a intentar explicarlo tal y como debió de ser propuesto a los participantes. Formar una gran "V" presenta más dificultad cuanto más bruto es el pueblo que asuma el reto. Viene ahora a mi memoria un episodio clarificador. Por ejemplo: una comunidad de vecinos decide por mayoría que los aparatos de aire acondicionado no se situarán en el exterior del edificio, sino en los patios interiores, pero uno de los propietarios reclama su derecho a colocar el suyo donde le salga de los cojones. Esto es España. Hay franjas amarillas y hay otras rojas, y si vistes de amarillo te sitúas en la corriente amarilla y si lo haces de rojo, pues en la roja. Ojo que no es tan fácil como parece, que la cultura, efectivamente, tiene su peso en el hombre, si es que el hombre no es mucho más que su cultura. Además, vista desde el aire, la gran "V" no se pixela. Artur Mas se congratuló aquel día del buen sentido del orden de los catalanes, y cabe reconocer que aquellas franjas de la bandera catalana quedaron muy logradas. Y para superarse a sí mismos, los catalanes buscaron un reto todavía mayor, pues de la "V" bien hecha cabía ascender a la realidad como debe ser. Se plantearon entonces cómo realizar una consulta democrática sin Estado, o no tan democrática, y no tan sin Estado... Un poderoso mito catalán diferencia a los individuos en demócratas y en antidemócratas. Son demócratas quienes votarían "sí" en una consulta que plantease la cuestión de la independencia de Catalunya, y son antidemócratas todos los demás. Asimismo, son "catalanes como tienen que ser" -según expresión de Artur Mas- quienes participasen en dicha consulta y votasen "sí", mientras que no lo serían todos los demás. Un catalán como tiene que ser es un portador privilegiado de los valores culturales catalanes, siendo uno de sus principales contenidos la necesidad de romper con España, a la que se llama sin más "Estado" o "Estado español" -esto es maravillo como objeto de estudio de las ciencias políticas, culturas o naciones culturales que se relacionan no con otras naciones o culturas, sino con Estados, lo que me recuerda mucho a aquellas reflexiones de Susan Sontag sobre la humanidad de los negros, a quienes el hombre blanco había convertido en meros aparatos sexuales: un negro es una gran polla, no es un ser humano propiamente, y el Estado español es esa gran polla, o lo que es igual, para un catalán, la historia no existe, Catalunya limita al Norte y todo lo demás, y es un sujeto pasivo de la historia. Se entenderá que para mí el concepto de participación y democracia catalán se asemeje antes a la religión que a la reflexión política: ir más allá de los hechos, que son la historia, es la prueba de fe de la catalaneidad. Por otra parte, la fidelidad exige sus propios actos, y el Día 1 de la Nueva y Grande Nación Catalana se pasará lista y revista, y se preguntará a muchos qué hicieron y dónde estuvieron cuando los catalanes como tienen que ser se esforzaban por ganar la libertad de su Catalunya -y uno ya no sabe si reír o llorar-, que padecía "la amenaza del exterminio" -según expresión de la presidenta de la "Assemblea Nacional Catalana". Para llevar a cabo una consulta democrática no tan democrática sin Estado o con un poco de Estado se requiere masa participante y autoridades que pongan parte de una infraestructura pública a disposición de organizadores y de esa masa participante. España es de facto un país sin ley que asfixia a quienes creemos y necesitamos de ella, de la ley. No hay ley cuando de facto no se cumple ni se hace cumplir. Esto ha hecho de España históricamente el desastre hoy por todos conocido, España es incapaz de contenerse dentro de la ley, y eso que leyes no le faltan. La ley puede ser una norma o una conducta: un pueblo con malas conductas necesita muchas leyes, como España; y un pueblo con buenas conductas no necesita de la ley. Además, España es uno de esos países en los cuales causa sorpresa que se exija el cumplimiento de la ley y que se objete a alguien haberla incumplido. Llama poderosamente mi atención que quienes pretenden convencer a los demás de las bondades inmanentes de cualquier decisión que les favorezca alcanzada mediante la urnas sean también quienes se rasgan las vestiduras porque se advierta en ellos una actitud o un hecho contrario a la ley. Yo personalmente no salgo de mi asombro. En España la ley es un "de vez en cuando", en España se quiere que el poder judicial autónomo haga justicia pero que no la haga toda, que la haga "con mano", que haga un poco de justicia pero sin pasarse, y si es posible, que algunos hechos ni siquiera sean sospechosos de haberse llevado a cabo al margen o en contra de la ley por mucho que así haya sido. España es un país raro. Yo quiero que Esperanza Aguirre sea juzgada y condenada por los delitos o faltas cometidos en la desobediencia de la autoridad, pero también necesito que Artur Mas & Cía. sean llamados al orden por la justicia, todo esto al margen de que me importe o no una mierda que Catalunya sea o no parte de España. Para mí es importante que las relaciones entre los individuos sean actos regulados, normativos, no creo en las buenas intenciones en política ni en las naciones de filósofos. España se pierde y está perdida, su cultura es y siempre será el irracionalismo, y es triste apreciar que del mismo sólo brota la creatividad del conflicto. Jamás imaginé que podría reunir estas palabras, pero quiero manifestar mi apoyo a la decisión del fiscal general del Estado de presentar una querella contra los benefactores de la multitudinaria obra teatral representada en Catalunya el 9N, creo que no tiene otra opción si de verdad ejerce el cargo para el que fue designado, es su obligación cuando los indicios de delito son tan abultados -es insoportable que continuamente se quiera transmitir a la opinión pública en España que nunca pasa nada, hay que decidir de una vez si queremos que el nuestro sea o no un país normal, un país con ley.
Y después de Podemos, ¿para cuándo un "Larguémonos"?
Yvs Jacob
jueves, 20 de noviembre de 2014
martes, 17 de diciembre de 2013
Sobre rumanos y búlgaros ('Basuragurú', a favor de una revisión del "espacio Schengen")
Hola de nuevo, amigos. Quisiera en primer lugar disculparme con aquellos que generosamente caíais por aquí en busca de vaya uno a saber qué, no ha sido fácil publicar mierda nueva desde hace un par de meses, he sufrido una sequía severísima -delicioso superlativo-, en parte creo que producida por la lectura de la trilogía USA de John Dos Passos, hasta el punto de concluir que tras Slaughterhouse 5 -novela superlativa donde las haya y la más divertida de todas- no existen para mí obras superiores a las dos primeras de ese recorrido por la historia de EEUU, The 42nd Parallel y 1919 -un lector atento descubre en ellas que la historia es en efecto circular, que todo lo que ha sucedido vuelve a suceder otra vez y que vivimos una repetición de lo ya acontecido, quizá, como sospechaba Nietzsche, porque seguimos sin hacer caso a la advertencia moral de modificar nuestro recorrido (él lo llamó "eterno retorno"). Mis disculpas y muchas gracias.
Creo que en muchas ocasiones ha asomado en esta hoja de imposturas la fascinación que en mi infancia y en buena parte de mi juventud conocí por la ciudad de Madrid, una ciudad que tras ser mi confortable hogar y lugar de tantas peripecias ha tornado en pesadilla, insoportable y repugnante escenario de una decadencia yo diría que irreversible. Yo amaba aquella ciudad modesta, sobria y gris, la ciudad estoica sin pretensiones, yo la amaba de verdad, con la emoción que parece reservada entre una persona y otra -eran desde luego otros tiempos, eran otras sus formas de violencia, que también existía, pero Madrid me parecía cuando niño una ciudad contenible y contenida para un pueblo parco en sus ambiciones (hasta la llegada de Faraón, el "niño de la excavadora", al liberalizador y privatizador amantísimo de su esposa Álvarez del Manzano sólo le molestaba que le pisaran las flores del Paseo de Recoletos; apenas nos preocupaban otras cosas...). Más de tres décadas después, y lanzada por la pendiente en los tres últimos lustros, cuando se han emprendido sobre ella tantas y tan feroces transformaciones, siento que me he quedado sin mundo, que camino sobre un vacío y a tientas, y a cada paso que doy mayor es el dolor y mayor el asco. Si por fortuna hubiese nacido en Francia, hoy confieso que votaría al Front National francés con todas las contradicciones que ello suponga para un progresista sincero -¿y qué es hoy el progreso? Ya no podemos siquiera saberlo... (Qué no es progreso, eso desde luego yo no lo dudo en lo más mínimo). Si yo hubiese imaginado alguna vez que las calles de Madrid se llenarían de pedigüeños y mendigos rumanos y búlgaros, si alguna vez hubiese cruzado por mi mente que niños y adolescentes rumanos y búlgaros superarían los ritos de paso que conducen a la delincuencia con total impunidad delante de nuestras narices, si hubiese creído posible que un ejército de chatarreros, carteristas, "gorrillas", saqueadores de contenedores, prostitutas y rebuscadores entre la basura rumanos y búlgaros se ufanaría de haber encontrado en la legislación española y en el desprecio español a la norma el cobijo para imponernos su forma de vida, una forma de vida violenta y asocial, una vida intolerable, en lugar de ser nosotros quienes haríamos frente a los enemigos de la construcción de una sociedad decente y observante, si todo esto me hubiese sido revelado clara y distintamente antes, entonces habría entregado mi voto al partido que mejor representase la expresión del concepto de resistencia de un pueblo -eso es el Frente Nacional francés, el espíritu de la resistencia en Francia, decir "no" cuando hay que decir "no" a quien hay que decir "no" y a lo que hay que decir "no". Los daneses y los finlandeses nos lo han enseñado también con sus reservas al movimiento libre de ciudadanos de la UE: es importante que haya daneses en Dinamarca, es importante que haya finlandeses en Finlandia, es importante que los daneses de Dinamarca y los finlandeses de Finlandia cuiden de los daneses de Dinamarca y de los finlandeses de Finlandia, decir "no" es presentar las condiciones a las cuales los extraños habrán de atenerse -de hecho, por el bien de la humanidad es deseable que resistan los daneses en Dinamarca y los finlandeses en Finlandia, sin tales referentes los pueblos más estúpidos sucumbiríamos en la desorientación... (España es el país más desorientado que yo conozco). Ahora son Reino Unido y Holanda los Estados que nos recuerdan cómo se hacen las cosas, cómo se dice "no", cómo se afirman las condiciones y modos de vida de la sociedad vigilante, y no son precisamente dos lugares donde la población se haya mantenido inalterada, muy al contrario: allí donde hay tradiciones -la moral dentro y fuera del individuo- una sociedad avanza, allí donde hay tradiciones -modos de vida auténticos-, un pueblo pervive en el relevo de las generaciones.
Pero ¿qué es el "espacio Schengen"? Que un francés pueda entrar y salir de España es algo bastante natural, cualquier impedimento administrativo o metafísico sería un disparate; no obstante la frontera física de los Pirineos, la historia de Francia no se entiende sin España; la historia de España es otra cara de la historia de Francia. Y España y Portugal, Inglaterra y Francia, Francia e Italia, Francia y Alemania, Italia y Austria... pero ¿Rumanía y España? ¿Bulgaria y España? ¡Que me aspen si lo entiendo! ¡No existe la menor relación histórica hasta casi el siglo XXI? ¿A qué viene todo esto? ¿Por qué no hay chatarreros rumanos ni búlgaros en Berlín, por qué no se refugia una industria del crimen en el suburbano berlinés? ¿Por qué sufre Madrid el asedio de este ejército de pobres cuyas hazañas nos retratan y humillan a diario? Hay pueblos que no están preparados para soportar la presión demográfica extranjera -qué eufemismo "comunitaria"...-, hay pueblos cuya carencia moral es tan grande que jamás podrán integrar al extranjero, igual que hay pueblos más avanzados cuyas sociedades presionan de tal manera sobre quien pretende asentarse en ellas que sólo cabe elegir entre la asimilación forzosa -¡educación social!- o la expulsión, pero no se contempla la indiferencia, la españolísima indiferencia -quien llega tiene que asumir, ésa es la condición, quien llega no puede restar. Un pueblo avanzado lo es, lo ha sido y lo ha llegado a ser por decir "no" cuando hay que decirlo. Algo que jamás comprenderé de España y por lo cual reniego de mi propio pueblo es su estupidez cultural expresada en una moral que perpetúa el envilecimiento, la sociedad española carece de prioridades, el español es un pueblo de lerdos, los pueblos más avanzados -británicos, holandeses, alemanes...- no ven en nosotros nada distinto a lo que puedan ver en un griego, un rumano o en un búlgaro, a pesar de nuestras ínfulas por haber ganado unos partidos fútbol, somos un pueblo hortera y ridículo, viajamos en el mismo vagón de la basura, pueblos atormentados por el apetito de dinero ajeno e incapaces de contemplarse a sí mismos como tarea, algo que hacer con nosotros con vistas a elevarnos sobre la mediocridad ancestral. El "espacio Schengen" no puede sancionar bondadosamente la libre circulación de ladrones, chatarreros y mendigos, eso es una perversión del espíritu europeo; del mismo modo, un solo país de la UE no puede echarse sobre sus espaldas la "crème de la crème" de lo indeseable, es injusto que aquellos "comunitarios" que nadie quiere en ninguna parte terminen todos en nuestras calles, debe imponerse un cupo de reparto, de otra manera todo lo que Schengen supone se viene abajo. España no puede sacar ella sola de la miseria a toda la Europa del Este ni a las repúblicas bálticas, es un propósito que convierte en ridículo a lo sublime, supera por completo la capacidad de las pensiones que nuestros padres y abuelos se ganaron con su miseria trabajando desde niños. No es la redistribución de la limosna lo que se buscaba con Schengen ni mucho menos el regreso al pasado en los pueblos más miserables en vías de regeneración -dígase España. Hay que revisar Schengen, cierto, hay que dejar de lamentarse por lo malos que son los "mercados", hay que mostrar a los Estados más negligentes de la UE que el camino para solucionar sus problemas comienza allí mismo, en ellos y no fuera; hay que proteger Schengen si de verdad se quiere proteger Europa. Se impone una reflexión profunda acerca del reparto europeo en todos los aspectos -quién produce y qué se produce, quién se mueve y por qué, cuáles son sus objetivos y sus logros... Europa es un constructo grotesco, una mistificación que hoy perjudica a España; creer que desde Noruega a Turquía y desde Portugal a Estonia la historia aboca a todos los pueblos al mismo final es una fantasía aterradora, en Europa no hay una o dos velocidades, hay casi tantas como Estados. España debe imitar a los mejores, seguir siempre su aristotélico ejemplo, adoptar las posiciones de quienes tienen las mayores reservas hacia todo -Reino Unido, Alemania, Holanda...-, España debe abandonar su condición de "tonta de Europa", the party is over, my friends!, este juego ya no nos conviene.
Yvs Jacob
[Arranca la campaña "En las elecciones al Parlamento europeo ¡que vote su puta madre!, ¡viva la abstención!", estamos hartos de tanto mercadeo. Yo me voy a quedar en casa, ¿y tú?].
Creo que en muchas ocasiones ha asomado en esta hoja de imposturas la fascinación que en mi infancia y en buena parte de mi juventud conocí por la ciudad de Madrid, una ciudad que tras ser mi confortable hogar y lugar de tantas peripecias ha tornado en pesadilla, insoportable y repugnante escenario de una decadencia yo diría que irreversible. Yo amaba aquella ciudad modesta, sobria y gris, la ciudad estoica sin pretensiones, yo la amaba de verdad, con la emoción que parece reservada entre una persona y otra -eran desde luego otros tiempos, eran otras sus formas de violencia, que también existía, pero Madrid me parecía cuando niño una ciudad contenible y contenida para un pueblo parco en sus ambiciones (hasta la llegada de Faraón, el "niño de la excavadora", al liberalizador y privatizador amantísimo de su esposa Álvarez del Manzano sólo le molestaba que le pisaran las flores del Paseo de Recoletos; apenas nos preocupaban otras cosas...). Más de tres décadas después, y lanzada por la pendiente en los tres últimos lustros, cuando se han emprendido sobre ella tantas y tan feroces transformaciones, siento que me he quedado sin mundo, que camino sobre un vacío y a tientas, y a cada paso que doy mayor es el dolor y mayor el asco. Si por fortuna hubiese nacido en Francia, hoy confieso que votaría al Front National francés con todas las contradicciones que ello suponga para un progresista sincero -¿y qué es hoy el progreso? Ya no podemos siquiera saberlo... (Qué no es progreso, eso desde luego yo no lo dudo en lo más mínimo). Si yo hubiese imaginado alguna vez que las calles de Madrid se llenarían de pedigüeños y mendigos rumanos y búlgaros, si alguna vez hubiese cruzado por mi mente que niños y adolescentes rumanos y búlgaros superarían los ritos de paso que conducen a la delincuencia con total impunidad delante de nuestras narices, si hubiese creído posible que un ejército de chatarreros, carteristas, "gorrillas", saqueadores de contenedores, prostitutas y rebuscadores entre la basura rumanos y búlgaros se ufanaría de haber encontrado en la legislación española y en el desprecio español a la norma el cobijo para imponernos su forma de vida, una forma de vida violenta y asocial, una vida intolerable, en lugar de ser nosotros quienes haríamos frente a los enemigos de la construcción de una sociedad decente y observante, si todo esto me hubiese sido revelado clara y distintamente antes, entonces habría entregado mi voto al partido que mejor representase la expresión del concepto de resistencia de un pueblo -eso es el Frente Nacional francés, el espíritu de la resistencia en Francia, decir "no" cuando hay que decir "no" a quien hay que decir "no" y a lo que hay que decir "no". Los daneses y los finlandeses nos lo han enseñado también con sus reservas al movimiento libre de ciudadanos de la UE: es importante que haya daneses en Dinamarca, es importante que haya finlandeses en Finlandia, es importante que los daneses de Dinamarca y los finlandeses de Finlandia cuiden de los daneses de Dinamarca y de los finlandeses de Finlandia, decir "no" es presentar las condiciones a las cuales los extraños habrán de atenerse -de hecho, por el bien de la humanidad es deseable que resistan los daneses en Dinamarca y los finlandeses en Finlandia, sin tales referentes los pueblos más estúpidos sucumbiríamos en la desorientación... (España es el país más desorientado que yo conozco). Ahora son Reino Unido y Holanda los Estados que nos recuerdan cómo se hacen las cosas, cómo se dice "no", cómo se afirman las condiciones y modos de vida de la sociedad vigilante, y no son precisamente dos lugares donde la población se haya mantenido inalterada, muy al contrario: allí donde hay tradiciones -la moral dentro y fuera del individuo- una sociedad avanza, allí donde hay tradiciones -modos de vida auténticos-, un pueblo pervive en el relevo de las generaciones.
Pero ¿qué es el "espacio Schengen"? Que un francés pueda entrar y salir de España es algo bastante natural, cualquier impedimento administrativo o metafísico sería un disparate; no obstante la frontera física de los Pirineos, la historia de Francia no se entiende sin España; la historia de España es otra cara de la historia de Francia. Y España y Portugal, Inglaterra y Francia, Francia e Italia, Francia y Alemania, Italia y Austria... pero ¿Rumanía y España? ¿Bulgaria y España? ¡Que me aspen si lo entiendo! ¡No existe la menor relación histórica hasta casi el siglo XXI? ¿A qué viene todo esto? ¿Por qué no hay chatarreros rumanos ni búlgaros en Berlín, por qué no se refugia una industria del crimen en el suburbano berlinés? ¿Por qué sufre Madrid el asedio de este ejército de pobres cuyas hazañas nos retratan y humillan a diario? Hay pueblos que no están preparados para soportar la presión demográfica extranjera -qué eufemismo "comunitaria"...-, hay pueblos cuya carencia moral es tan grande que jamás podrán integrar al extranjero, igual que hay pueblos más avanzados cuyas sociedades presionan de tal manera sobre quien pretende asentarse en ellas que sólo cabe elegir entre la asimilación forzosa -¡educación social!- o la expulsión, pero no se contempla la indiferencia, la españolísima indiferencia -quien llega tiene que asumir, ésa es la condición, quien llega no puede restar. Un pueblo avanzado lo es, lo ha sido y lo ha llegado a ser por decir "no" cuando hay que decirlo. Algo que jamás comprenderé de España y por lo cual reniego de mi propio pueblo es su estupidez cultural expresada en una moral que perpetúa el envilecimiento, la sociedad española carece de prioridades, el español es un pueblo de lerdos, los pueblos más avanzados -británicos, holandeses, alemanes...- no ven en nosotros nada distinto a lo que puedan ver en un griego, un rumano o en un búlgaro, a pesar de nuestras ínfulas por haber ganado unos partidos fútbol, somos un pueblo hortera y ridículo, viajamos en el mismo vagón de la basura, pueblos atormentados por el apetito de dinero ajeno e incapaces de contemplarse a sí mismos como tarea, algo que hacer con nosotros con vistas a elevarnos sobre la mediocridad ancestral. El "espacio Schengen" no puede sancionar bondadosamente la libre circulación de ladrones, chatarreros y mendigos, eso es una perversión del espíritu europeo; del mismo modo, un solo país de la UE no puede echarse sobre sus espaldas la "crème de la crème" de lo indeseable, es injusto que aquellos "comunitarios" que nadie quiere en ninguna parte terminen todos en nuestras calles, debe imponerse un cupo de reparto, de otra manera todo lo que Schengen supone se viene abajo. España no puede sacar ella sola de la miseria a toda la Europa del Este ni a las repúblicas bálticas, es un propósito que convierte en ridículo a lo sublime, supera por completo la capacidad de las pensiones que nuestros padres y abuelos se ganaron con su miseria trabajando desde niños. No es la redistribución de la limosna lo que se buscaba con Schengen ni mucho menos el regreso al pasado en los pueblos más miserables en vías de regeneración -dígase España. Hay que revisar Schengen, cierto, hay que dejar de lamentarse por lo malos que son los "mercados", hay que mostrar a los Estados más negligentes de la UE que el camino para solucionar sus problemas comienza allí mismo, en ellos y no fuera; hay que proteger Schengen si de verdad se quiere proteger Europa. Se impone una reflexión profunda acerca del reparto europeo en todos los aspectos -quién produce y qué se produce, quién se mueve y por qué, cuáles son sus objetivos y sus logros... Europa es un constructo grotesco, una mistificación que hoy perjudica a España; creer que desde Noruega a Turquía y desde Portugal a Estonia la historia aboca a todos los pueblos al mismo final es una fantasía aterradora, en Europa no hay una o dos velocidades, hay casi tantas como Estados. España debe imitar a los mejores, seguir siempre su aristotélico ejemplo, adoptar las posiciones de quienes tienen las mayores reservas hacia todo -Reino Unido, Alemania, Holanda...-, España debe abandonar su condición de "tonta de Europa", the party is over, my friends!, este juego ya no nos conviene.
Yvs Jacob
[Arranca la campaña "En las elecciones al Parlamento europeo ¡que vote su puta madre!, ¡viva la abstención!", estamos hartos de tanto mercadeo. Yo me voy a quedar en casa, ¿y tú?].
martes, 15 de octubre de 2013
Yvs Jacob se reconcilia con Javier Marías
Comenzaré admitiendo que jamás he leído una obra de Javier Marías, si bien debo contar cuatro o cinco en los estantes de mi biblioteca de fanfarrón, aunque hace mucho que no suben chicas a casa. Javier (Marías) no lo sabe, pero es con seguridad la celebridad nacional que más veces he visto en mi vida, ¡una celebridad con opciones al premio Nobel! Nada de esto es relevante en absoluto, quiero decir que mi vida es igual los días que no me cruzo con Javier por la calle -ni más rica cuando lo veo, la verdad. Javier tiene un andar gracioso -con gracia-, camina como subido sobre sí mismo, como si le sobrara el caminar, produce la impresión de quien ocupa un carril, porque camina con una cierta decisión, un caminar entusiasmado, casi diría que Javier podría pasar por encima de quien ocupase su vía, pero sin maldad; es que él iba por ahí... No se trata para nada de un andar meditabundo sino, insisto, gracioso, un andar de la plenitud: cuando ese hombre camina, el caminar se realiza. No viene al caso pero me dejaré recordar uno de los acontecimientos que con más pesar me traje de Heidelberg. En el paso de peatones que abre el acceso al conocido como Philosophenweg aguardaba un caballero, éste sí bien metido en sus pensamientos, al punto que a mí casi me arrastraban desde el otro lado para cruzar. Si a un intelectual alemán de una cierta edad se le pone en los cojones que él cruza por la derecha, entonces cruza por la derecha -y hace bien, joder. Un español con prisa cruza mal y pone en peligro la estabilidad emocional de todo cuanto encuentre en su camino. Y así nos aproximábamos el uno hacia el otro, quien caminaba por su carril y quien simplemente quería pasar al otro lado, y como yo no me apartaba, el caballerete desató una tormenta de aspavientos muy airado que me ha hecho sentir fatal durante años -los españoles siempre hemos sido un pueblo sin filosofía... Perdona, Javier, que ya sigo con lo tuyo.
El pasado domingo me llevé una muy grata sorpresa al descubrir en la edición digital de El País unas opiniones de Javier Marías que me recordaron mucho a mí, incluso hubo quien así me lo advirtió, que había tomado a Javier Marías por el mismísimo Yvs Jacob, a lo cual yo respondí que hasta donde conozco solamente somos vecinos. Pues bien, ahora que se ha perdido en Madrid todo pudor a lo políticamente incorrecto, que es lo que desde Basuragurú vengo yo practicando desde hace un lustro -¡cielos, empiezo a parecerme demasiado a Walter Benjamin, tanto yo, tanto yo...!-, ahora que el mito de la gran ciudad moderna se nos ha roto y hemos descubierto que con malos gestores no hemos hecho más que acumular todo tipo de mierda, estas opiniones de Javier bajo el título Y luego van y lo cuentan -por cierto, Javier, título feo, feísimo...- removieron en mí un no sé qué de tan gozoso como fue leer que "Madrid es la ciudad más guarra que he visto", o que la Plaza Mayor "hace años que está decorada por pobres indigentes", y es que hemos sido muchos los madrileños para quienes el ridículo de la alcaldesa por sorpresa no tenía el menor interés, porque lo extraño hubiera sido que no se comportase como una panchita enseñando el cortijo, lo que de verdad causó extrañamiento entre nosotros fue una conclusión: ¿pero qué coño de ciudad tiene en su cabeza esta mujer? Efectivamente, hay en Madrid muchísimas cosas, pero no existe en ella ninguna relaxing, y si hubiese que buscar un lugar donde en Madrid pudieran dejarle a uno en paz, desde luego que ése no sería la Plaza Mayor. La Plaza Mayor se ha convertido es eso, en un escaparate magnífico de todo lo siniestro, a decir de la alcaldesa por sorpresa, el modo como en España se celebra la vida, que es un siniestro morir. Para empezar, el lugar ha sido tomado por los pakistaníes y no hay un instante de tranquilidad con tantos reclamos para imbéciles como portan consigo estos amigos que han venido a incrustar su Tercer Mundo en el nuestro. Sólo una vez he visto a uno de los caricaturistas que todavía resisten mandar a tomar por el culo a un pobre diablo de esos que arman tanto escándalo con la guarrería que se ponen en la lengua. También se practica la mendicidad encubierta en todas las formas imaginables, entre ellas, las así llamadas "estatuas vivientes" -¿artistas callejeros?-, un espectáculo grotesco de la degradación humana cuando quiere sacar provecho de la cosificación; y no falta la delincuencia que se expresa como perversidad: deliciosos niños rumano/búlgaros a quienes ya es imposible recuperar del lado salvaje de la vida -tiernos delincuentes hoy que algún día serán peligrosos y dispuestos a todo gracias a nuestra buena voluntad acogedora. Son vanos los renovados esfuerzos por resucitar al dictador, ya hemos regresado a los años 50. Madrid es una puta ruina en todos los sentidos, y mucho me temo que no por culpa de aquel ingenuo Rodríguez Zapatero.
En las opiniones de Javier Marías percibo el mismo desamparo que yo he experimentado desde que en Madrid sufrimos la condena de los Gallardones, las Esperanzas, los González y las Botellas, una tropa de cuidado que no ha tenido ni tiene ni puta idea de lo que es una ciudad ni del papel de las instituciones en la gestión de los asuntos que preocupan a los ciudadanos. La ciudad que tiene en la cabeza Ana Botella, suponiendo que tenga algo, no existe, y me temo que el lugar que anhela Javier es otro imposible. Los Gallardones y las Botellas no son sin embargo más culpables que los ciudadanos que han aplaudido su estupidez, los Gallardones y las Botellas son una consecuencia de la claudicación ciudadana: allí donde los ciudadanos se apartan, los gestores mediocres ocupan el espacio y se expanden hasta llenarlo por completo -véase la obra del mismo Alberto, el "niño de la tuneladora".
Amigo Javier: si nada he leído antes de cuanto has producido con la máquina de escribir ha sido porque no se me ha presentado la ocasión -una ocasión se presenta cuando un número más o menos importante de lectores con gran competencia te anima a abordar una obra-; también lamento mucho haber escrito en algún paper académico que tu padre era un falsificador de la historia de la filosofía, de verdad que lo siento -no te oculto para cerrar -¿Benjamin, eres tú?- un leve rencor motivado por otras opiniones tuyas contra el uso de la bicicleta en las proximidades de tu domicilio: ¡hombre, que tú ya tienes un carril! Yo que te creía más europeo...
Yvs Jacob
martes, 8 de octubre de 2013
¡Pánico en el eje motorista Alcalá-Mayor!
Me cuenta un amigo que desde que monta a diario en bicicleta y hace una media de diez kilómetros para evitar grietas, baches, socavones, abismos y otras heridas en el asfalto de Madrid se le están poniendo preciosas las uñas de los pies -al parecer, la presión de la parte blanda de los dedos sobre la uña en el pedaleo regular produce un efecto corrector de la deformidad causada por la tiranía del mercado en el uso intolerante de calzado inadecuado. Es éste un berenjenal acojonante en el que no me puedo meter con apenas un barniz aristotélico, pero si como sostenía Edward Bellamy en Looking Backward -Bellamy, peligroso rojo obsesionado con la racionalización del trabajo para realizar el progreso- el principio fundamental de la sociedad es "la civilización de nuestros vecinos", y cito bien, "¡la civilización de nuestros vecinos!", y si, como yo creo, pocos agentes más eficaces que el ciclista kantiano existen para lograr ese fin, bienvenida sea una vez más la contribución de la siempre espuria estética. Me he entretenido en el examen quizá superficial de mis propios pies sin observar nada extraordinario -ni parecen propios de ser mortal ni su punto débil se revela en un examen ocular... Por otra parte, nunca he tenido una gran consideración a los pies humanos, creo que las divinidades se cebaron al hacer al hombre con los huevos colgando y en sus pies -y fue una suerte que se plantaran ahí, que el resto de la fealdad la emplearan en Cristóbal Montoro, ese ministro que pide a gritos una hostia, (¡ay mare, quién se la pudiera dar!). Yo que ya me había apartado de la política y perdido cualquier interés por la suerte del pueblo español, del que reniego y del cual he sido expulsado por su recelo hacia el civilizador -el educador que diría Nietzsche...-, me animaría a participar en una formación cuyo único punto programático fuese darle una hostia a Cristóbal Montoro, un PQDHM -Partido de los que Quieren Darle una Hostia a Montoro- con el propósito de entrar en el Parlamento y darle una muy, pero que muy buena hostia, pero una hostia democrática, pues según acepción democrática hoy en día imperiosamente vigente -visión catalanizante de la democracia como "aquello que hace o desea mucha gente" (?) (a veces somos así de sencillos)-, esa hostia se la queremos dar o todos o casi todos o muchos muchísimos más. Otro día trataré esta terna conceptual que anda muy revuelta: ¡o es democracia o es fascismo o es religión, señores!, pero hoy quería hablar de un asunto más local, sin vuelos, el miedo que conoce el ciclista kantiano cuando invade el carril motorista del eje Alcalá-Mayor de Madrid en cualquiera de sus tramos, bien la calle de Alcalá (¿homicidio o suicidio?) o la calle Mayor (no apto para personas con problemas cardiacos). Ciclistas, peatones, conductores y taxistas coinciden por una vez en algo: el eje ha sido escasamente señalizado e invita a la confusión, pues los semáforos muestran una bicicleta como señal, lo que podría ser interpretado por muchos ciclistas como un aviso de vía restringida para su uso; no obstante, el ciclista ingenuo que pretende usar dicho carril se ve no sólo superado sino impedido en la circulación por motocicletas de diversa cilindrada en cualquiera de los sentidos en que interprete su tránsito, ya el correcto, contrario al de la circulación de vehículos a motor, ya el incorrecto, habitual de muchos ciclistas (no kantianos) para quienes la imagen pintada en la calzada es tan indiferente como para los motoristas la bicicleta que circula hacia ellos. Una vez más, en la "marca España" no se manifiesta sino nuestro ADN analfabeto. En Brujas las bicicletas pueden circular en ambos sentidos en casi todas las calles de la ciudad -es obvio que 40 millones de españoles jamás podrían alcanzar el concepto de orden natural para 100.000 ciudadanos europeos, y es triste que jamás 100.000 españoles pudieran construir un mundo tan civilizado como el que disfrutan 80 millones de aquellos. Atiéndase a semejante logro del civismo, que cualquier conductor o peatón tenga presente que en ambos sentidos de una calle ¡podría aparecer una bicicleta! Algo así sería imposible, metafísicamente imposible en España, por lo que una vez más debemos recurrir a la sobreseñalización, a la sobreprohibición y a la sobrelegislación -aquella queja de Spencer, "too much law-making!", es tanto más inadecuada para España cuanto más liberal su gobierno, esto es, cuanto más bruto un pueblo mayor necesidad de muchas y férreas leyes, hasta que la pura formalidad sea sustituida por la pura moralidad. Un pueblo tradicionalmente tan bruto y mal educado como el español, cuyo mayor vicio conocido es la acumulación de la pobreza, un pueblo que por si no tuviese ya poco con su necedad ha recogido a la flor y nata de cuantas culturas dispersó con alivio el azar en tiempos pasados, un pueblo tal en jornada continua de puertas abiertas al avasallamiento de los derechos del ciudadano que estima la dignidad no puede permitirse la menor concesión a la espontaneidad; todo lo contrario, miles y miles entre nosotros no habrían de salir a la calle sino con una correa al cuello ni permanecer en sus casas sin cadenas ni bozal. La alcaldesa por sorpresa del Ayuntamiento de Madrid entrará en la pequeña historia local como una incompetente por méritos propios -todo lo demás nos ha sido impuesto-, igual que su antecesor, el hoy ministro ultra Ruiz-Gallardón, no será recordado sino por haber gestionado el municipio con mayor número de habitantes del Estado mientras contemplaba indolente que miles y miles y miles de ellos perdiesen sus negocios y sus empleos, Ruiz-Gallardón, el profeta de los juegos olímpicos de la redención, Alberto "el de la tuneladora". Ana Botella es un personaje tan ridículo en su concepto que nada podrá salvar, el "Botellazo" fue un ejemplo destacado de la intromisión en asuntos serios del arribista aventurero, una apología del analfabetismo que condena al pueblo que la padece a la melancolía y a la miseria. En Basuragurú pondremos en marcha con motivo de las próximas elecciones europeas la campaña Que vote su puta madre, tenemos la intención de restituir y revitalizar así instituciones de gestión hoy extintas, como la comunidad de vecinos, la calle y el barrio, pero no como lugares de expansión del grafitero, sino como núcleos de decisión y de acción del ciudadano-vecino capaz de tomar la iniciativa en la resolución de problemas creados por la anarquía que fomenta tanto liberalismo de los cojones. Estas instituciones alguna vez intermedias para la gestión son hoy incompatibles con las Botellas, los Gallardones, las Sorayitas y otros salvadores de las Españas, de ahí que vote su puta madre, porque a lo que se dedica esta pandilla no tiene nada que ver con lo que nos preocupa a nosotros. Mientras tanto, quizá algunas multas no vengan mal, joder, ya es bastante triste relegar la circulación en la saludable bicicleta a un bordillo, con la cantidad de calles que conforman una ciudad, como para temer por la propia vida en ese rincón de mierda.
Yvs Jacob
[Y muy pronto en Basuragurú: "¿Cuántos chatarreros rumano/búlgaros necesita la ciudad de Madrid? ¿Salen esas plazas a concurso? ¿Y cuántos 'gorrillas' hemos 'integrado' ya?"].
Yvs Jacob
[Y muy pronto en Basuragurú: "¿Cuántos chatarreros rumano/búlgaros necesita la ciudad de Madrid? ¿Salen esas plazas a concurso? ¿Y cuántos 'gorrillas' hemos 'integrado' ya?"].
jueves, 5 de septiembre de 2013
¡No a la candidatura olímpica de Madrid 2020! Paremos esta puta locura (Mensaje desesperado de un madrileño al International Olympic Committee)
En apenas unos días se hará público que Tokyo acogerá los juegos olímpicos en 2020 -muchos madrileños nos alegraremos por ello, respiraremos con alivio y no ocultaremos la satisfacción de ver frustradas las perversas maniobras de políticos muy mediocres impedidos por su naturaleza estúpida para aportar mejora o progreso alguno a las comunidades humanas que sufren las consecuencias de su pésima gestión.
Me cuenta un amigo periodista desplazado a Buenos Aires para cubrir el evento de la elección de Tokyo como sede olímpica que si dominas algunos idiomas y sabes moverte en los ambientes adecuados no se habla de otra cosa que del porrazo mayúsculo que se va a dar la candidatura de Madrid 2020, un porrazo sin precedentes, como tampoco tiene precedentes la vergonzosa mendicidad que han practicado durante lustros precisamente esos mediocres gestores en todas las instancias de la administración madrileña, que han ofrecido una imagen tan vil, triste y patética que solo cabe decir "española". El apetito insano de dinero ajeno para ocultar la propia miseria, el viejo truco de invitar a comer si es otro quien paga bien puede engañar a esos españoles bobos a quienes los medios de comunicación toman el pelo con las magníficas bondades de acoger el evento -¡que me aspen si entiendo alguna de ellas!-, pero lo cierto es que el timo de aprovechar los juegos olímpicos para rescatar un Ayuntamiento negligente y arruinado por los delirios de unos arribistas no ha escapado a la atención de los observadores extranjeros, Madrid 2020 no despierta ninguna simpatía porque nunca antes el deporte había sido considerado en un segundo y tan alejado plano, la única imagen que la pretenciosa "marca" España ha cultivado gracias a esta desesperada candidatura es la falta de escrúpulos y la cara dura de un pueblo mantenido que desconoce las mieles protestantes del esfuerzo -como dice mi amigo: "tío, nos han pillado".
Yo conocí por la ciudad de Madrid en mi infancia una pasión que hoy sólo puedo concentrar en un sillín Brooks -made in England, por cierto-, esta pasión se extinguió hace más de una década por falta de riego, o serían tal vez unas aguas contaminadas, unos aires fétidos, y hoy mi única ambición como ciudadano es fusionarme con el mobiliario urbano en las calles de Copenhague... ¡qué maravillosa experiencia debe de ser la miseria extrema en el primer mundo! De la miseria en el Tercer Mundo sabemos mucho más en Madrid. Desde que el capitalismo más analfabeto y agresivo impuso a los españoles el desprecio del hombre por el hombre -hay quien se refiere a este fenómeno como "mayoría absoluta del PP" o incluso "mayorías absolutas del PP encadenadas"-, regiones con una fuerte concentración de horteras -véase Madrid, véase el divino Reino Corrupto de Valencia- han explotado ese principio tan práctico de la vida en común, de la cual ya no queda nada. Yo recorro a diario estas calles sucias, infestadas de pobres y delincuentes locales y venidos de todas partes del mundo y creo que más que dinero hace falta un diluvio que se trague la ciudad entera, una ciudad fea como el mismísimo demonio, con más basura por metro cuadrado que un zaquizamí pakistaní, abandonada por todos, habitantes y administradores, a un deterioro que ya nada podrá recuperar. La vulgaridad ha alcanzado aquí expresiones y formas grotescas y monstruosas, cualquier dinero, sobre todo si es ajeno, será invertido en levantar monumentos a lo inútil y enfermo, obsesión irrefrenable de la españoleidad. Como ciudadano particular de este vertedero tengo la obligación de solicitar piedad a los miembros del IOC, siempre he creído que los engaños de la mente necesitan la medicina de la realidad, que Madrid acoja unos juegos olímpicos causará más perjuicios que beneficios a corto y a largo plazo; mejor, fortalecerá las raíces de la podredumbre española al tiempo que exonerará a los culpables de la estupidización de un pueblo de su alucinada arrogancia -no les perdonaremos jamás, se merecen todo lo peor.
Piedad, piedad y piedad, a estos príncipes electores les pido piedad -los juegos olímpicos 2020, a la ciudad de Tokyo.
Yvs Jacob
[Y muy pronto en Basuragurú: "¡El PP humilla a los españoles desde la televisión pública con un programa infantil sobre la emprendeduría!"].
¡Todos con Tokyo 2020!
Me cuenta un amigo periodista desplazado a Buenos Aires para cubrir el evento de la elección de Tokyo como sede olímpica que si dominas algunos idiomas y sabes moverte en los ambientes adecuados no se habla de otra cosa que del porrazo mayúsculo que se va a dar la candidatura de Madrid 2020, un porrazo sin precedentes, como tampoco tiene precedentes la vergonzosa mendicidad que han practicado durante lustros precisamente esos mediocres gestores en todas las instancias de la administración madrileña, que han ofrecido una imagen tan vil, triste y patética que solo cabe decir "española". El apetito insano de dinero ajeno para ocultar la propia miseria, el viejo truco de invitar a comer si es otro quien paga bien puede engañar a esos españoles bobos a quienes los medios de comunicación toman el pelo con las magníficas bondades de acoger el evento -¡que me aspen si entiendo alguna de ellas!-, pero lo cierto es que el timo de aprovechar los juegos olímpicos para rescatar un Ayuntamiento negligente y arruinado por los delirios de unos arribistas no ha escapado a la atención de los observadores extranjeros, Madrid 2020 no despierta ninguna simpatía porque nunca antes el deporte había sido considerado en un segundo y tan alejado plano, la única imagen que la pretenciosa "marca" España ha cultivado gracias a esta desesperada candidatura es la falta de escrúpulos y la cara dura de un pueblo mantenido que desconoce las mieles protestantes del esfuerzo -como dice mi amigo: "tío, nos han pillado".
Yo conocí por la ciudad de Madrid en mi infancia una pasión que hoy sólo puedo concentrar en un sillín Brooks -made in England, por cierto-, esta pasión se extinguió hace más de una década por falta de riego, o serían tal vez unas aguas contaminadas, unos aires fétidos, y hoy mi única ambición como ciudadano es fusionarme con el mobiliario urbano en las calles de Copenhague... ¡qué maravillosa experiencia debe de ser la miseria extrema en el primer mundo! De la miseria en el Tercer Mundo sabemos mucho más en Madrid. Desde que el capitalismo más analfabeto y agresivo impuso a los españoles el desprecio del hombre por el hombre -hay quien se refiere a este fenómeno como "mayoría absoluta del PP" o incluso "mayorías absolutas del PP encadenadas"-, regiones con una fuerte concentración de horteras -véase Madrid, véase el divino Reino Corrupto de Valencia- han explotado ese principio tan práctico de la vida en común, de la cual ya no queda nada. Yo recorro a diario estas calles sucias, infestadas de pobres y delincuentes locales y venidos de todas partes del mundo y creo que más que dinero hace falta un diluvio que se trague la ciudad entera, una ciudad fea como el mismísimo demonio, con más basura por metro cuadrado que un zaquizamí pakistaní, abandonada por todos, habitantes y administradores, a un deterioro que ya nada podrá recuperar. La vulgaridad ha alcanzado aquí expresiones y formas grotescas y monstruosas, cualquier dinero, sobre todo si es ajeno, será invertido en levantar monumentos a lo inútil y enfermo, obsesión irrefrenable de la españoleidad. Como ciudadano particular de este vertedero tengo la obligación de solicitar piedad a los miembros del IOC, siempre he creído que los engaños de la mente necesitan la medicina de la realidad, que Madrid acoja unos juegos olímpicos causará más perjuicios que beneficios a corto y a largo plazo; mejor, fortalecerá las raíces de la podredumbre española al tiempo que exonerará a los culpables de la estupidización de un pueblo de su alucinada arrogancia -no les perdonaremos jamás, se merecen todo lo peor.
Piedad, piedad y piedad, a estos príncipes electores les pido piedad -los juegos olímpicos 2020, a la ciudad de Tokyo.
Yvs Jacob
[Y muy pronto en Basuragurú: "¡El PP humilla a los españoles desde la televisión pública con un programa infantil sobre la emprendeduría!"].
¡Todos con Tokyo 2020!
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