lunes, 18 de marzo de 2013

"No" a la candidatura olímpica Madrid 2020

Los españoles nunca dejan pasar una oportunidad cuando de hacer el ridículo y de ponerse en evidencia se trata. La visita del IOC (o COI) para evaluar la candidatura de la ciudad de Madrid como posible sede olímpica de los juegos de 2020 es una ocasión perfecta para mostrar el pueblo patético que somos y sobre todo el grado que han alcanzado nuestra vileza y nuestra desesperación, no en vano hemos llegado a convencernos de que mucho mejor que el Estado social es la católica beneficencia y la no menos ideológica mendicidad, que se nos ha venido encima por liberales neófitos, y no precisamente por piadosos. No sé si alguna vez fue de otra manera, pero formar parte del pueblo español que yo he conocido y conozco da bastante vergüenza: la ministra de empleo le pide a la Virgen que le eche un capote para combatir la cifra escalofriante de parados, el presidente de la Comunidad de Madrid confía en que un megaputiclub-casino dará de comer a 20.000 personas sin trabajo -y atentos al nuevo cuento chino que le han contado al gestor por accidente que sufrimos en la región, que, según parece, los orientales no han terminado aún de darle bocados a la poca honra que le queda al pueblo antaño rico en folclores-, y el Gobierno central, que tanto necesita de autobombo en su épica de descalabros, a falta de otras obras públicas y alguna noticia que no sea la victoriosa comparación con la malograda Chipre, se arroja a los brazos de esos pijos de mierda que manejan en el IOC con la esperanza de que el espejismo de la salida de la crisis se precipite cuanto antes, de manera que se engañe a la ciudadanía tanto como el mismo Gobierno se ha engañado. Yo pido a nuestros compatriotas que no escuchen a todos esos periodistillas deportivos que tanto desean que Madrid sea la sede en 2020: unos juegos olímpicos significan camareros y ladrillo, nada más, o lo que es igual, un montón de mano de obra sin la menor cualificación venida de todas partes del mundo y de la que ya tenemos demasiada, el viejo modelo de la servidumbre meridional al cual debemos lo que somos, una nación de orgullosos analfabetos, y todo mientras nuestros dirigentes contemplan no con menor satisfacción su hazaña esplendorosa. Que nadie se engañe, la ciudad no verá aumentado su prestigio, la suerte de los españoles no interesa fuera de España mucho más que en España la de los somalíes, y, por otra parte, quizá algo mucho más serio es considerar el riesgo para la salud de los deportistas -en Madrid nos morimos por la contaminación, ¡las mediciones de la calidad del aire se hacen en la frondosidad de los grandes parques!-, el calor seco de agosto sólo garantizará un registro olímpico de fallecimientos y envenenamientos por gases invernadero. Y algo que se puede decir ya, abierto el largo proceso de evaluación y deliberación, incluso siete años antes de una posible celebración, es que apenas terminada la orgía olímpica la situación socioeconómica en España seguiría siendo desastrosa -nuestros timadores profesionales hablan como si para el año 2020 pudiera el país haber salido de la crisis, pero se ve que ni intuyeron lo que se venía encima ni tienen la menor idea de qué es eso que continúa aplastándonos.
Temo, no obstante, que la elección de Madrid sea posible si se observa que la ciudad es una muestra de lo mucho que se necesita el dinero en el Tercer Mundo. Por si acaso entre las bandejas de vino y de canapés y otros agasajos no consiguieran los miembros del IOC ver ese mundo que somos y en el que estamos, no duden su monaguesca nobleza y su cohorte de estafadores en ponerse en contacto con esta redacción, que nosotros sabremos, apenas con un paseo a pie y sin ir muy lejos, participarles de la miseria que iguala las posibilidades de la ciudad a las que pudiera tener Kampala, muy legítima aspirante la capital de Uganda.
Los señores del IOC deben saber que la gran mayoría de los españoles no desean ningunos juegos olímpicos en ninguna de sus ciudades, los españoles estamos más que hartos de las fortunas pasajeras como ambición de toda suerte de presupuestos, estamos hartos de que se nos tome el pelo y pedimos a nuestros gobernantes un poco de dignidad, cojones. Los madrileños en particular, en cuya región crece la destrucción de empleo a un ritmo galopante hasta situarse sólo detrás de Andalucía, que tiene 2 millones más de población pero muchísimos menos medios de producción, estamos demasiado preocupados por el modo de librarnos de dos gestores provisionales, en el Ayuntamiento de la capital y en la presidencia de la Comunidad Autónoma, dos individuos a quienes nadie ha elegido y cuyo perjuicio para nuestras vidas parece ya irreparable. Por cierto, la alcaldesa por sorpresa de Madrid manifestó no hace demasiado a Jaime Lissavetzky a gritos y en el foro de una institución democrática lo pasmada que la dejaban las acusaciones del PSOE de inactividad al Ayuntamiento frente al desempleo. Yo es algo que me he preguntado muchas veces, si Ruiz-Gallardón, tanto tiempo dedicado a las obras públicas y a la filosofía, no había encontrado un momento, un momentito nada más y algún dinero sobrante para reflexionar acerca del desempleo, de la destrucción de las oportunidades de trabajo en el municipio con mayor población de los que hay en España -¡ah, pero qué tiempos aquellos cuando los parados los creaba Rodríguez Zapatero, el bondadoso ingenuo!, un ratito por la mañana y otro poquito por la tarde, y venga desempleados, miles y miles de desempleados... Y nadie más tenía la culpa. Yo les pido a los miembros del IOC que se están poniendo finos a nuestra costa estos días en Madrid que den por liquidada nuestra candidatura cuanto antes, la elección de la sede madrileña vendría a ser una justificación -¡y hasta una exoneracion!- a muchos años de despropósitos y a las desatadas egomanías de unos gobernantes nefastos a los cuales no hemos dado todavía un escarmiento. Me niego a que nos quiten también eso.
¡No a la candidatura olímpica Madrid 2020!


Yvs Jacob

domingo, 10 de marzo de 2013

El numerito de la Dolores. Los últimos días de María Dolores de Cospedal

Por mucho que se investigase en fonotecas, videotecas y todo tipo de archivos, no era posible encontrar en la historia reciente de España ninguna comparecencia de un político, aventurero gestor de lo público o mandao que superase el ridículo hecho por Carlos Arias Navarro y su celebérrimo "Españoles, Franco ha muerto", con aquella cara de acelga en blanco y negro y su teatrillo de lágrimas, que tanto más pasa el tiempo como queda la risa. Digo no era posible porque ya lo es, y lo es por el numerito que la Dolores nos ha regalado estos días. En un país serio, dígase normal, que un representante del Estado, como el presidente de una Comunidad Autónoma, compareciese, aunque en calidad de dirigente de un partido político, para admitir que su formación ha cometido irregularidades o que se ha saltado la ley en algún aspecto con la voluntad inequívoca de engañar a la opinión pública supondría su inhabilitación ipso facto y de por vida para ejercer cualesquiera funciones al servicio de la sociedad, su expulsión inmediata de la gestión de los asuntos de los ciudadanos, la pérdida de la confianza ciudadana y del respaldo a la institución que representa. Pero España no es un país serio, ni mucho menos normal, España es sobre todo una anomalía, la historia del país donde los pobres se creyeron ricos y liquidaron su pasado y el futuro de las generaciones más jóvenes es la manifestación de una anomalía. Treinta años de democracia son absolutamente nada, no bastan para construir una mentalidad, o al menos no una tan fuerte como para desplazar a otra profundamente enraizada. Duro es admitirlo, pero respecto de la construcción de una mentalidad, treinta años en libertad son inofensivos frente a cuarenta de firme superstición y culto al garrulo. Esta mentalidad tan española que se resiste a todos los pesticidas es la concepción patrimonial del poder de la derecha, no obstante, cabe insistir, los ridículos treinta años de democracia en España, de los cuales el PP sólo ha gobernado ocho, ni siquiera un tercio, y cuya obra en el progreso social es respecto de la totalidad insignificante. Lo anterior fue una dictadura, y dictador es quien se hace con el gobierno por sus cojones, se hace con el poder por el poder, no por el derecho -que su ley sea arbitraria y obedezca al capricho y que no reconozca otra libertad que la suya son cuestiones posteriores, porque lo de verdad importante es la usurpación de un poder que es de todos y de ninguno. El PP ha proporcionado a la versión española y mediocre de la democracia la figura del gestor amonestador, equivalente a los representantes del Estado -presidentes del gobierno, ministros, gobernadores civiles, funcionarios...- de los tiempos en que el tiranuelo usurpador disponía a su antojo y ordenaba sobre el bien y el mal, y, como garante de la perfecta moralidad y el orden, transmitía de manera descendente su voluntad a unos secuaces que estimaban su audacia en absoluto menor, pues creían haber recibido eso tan peligroso, la verdad, la garantía del orden racional (?), y se arrogaban la virtud necesaria para conservarla -¡esto sí que es una prueba de fe! De aquí a un ministro del PP no hay más que un paso. Escuchar a Sorayita amonestar a los ciudadanos desde la sala de prensa de La Moncloa o al estúpido de Cristóbal Montoro advertir del error en que, según el ministro risitas, caen algunos por crearse una expectativa de vida es algo insoportable, su actitud es mucho más que ridícula, y pasa por alto que en este juego de la política en democracia una ley de mierda se deroga con otra ley de mierda, pasa por alto que la concepción patrimonial del poder no es aceptada ni compartida por los auténticos demócratas, y que el bien y el mal, lo correcto, lo justo y lo adecuado son humanos y accidentales. También entre los amonestadores patéticos se encuentra María Dolores de Cospedal, otro personaje innecesario en el paisaje político español. Hay gente empeñada en creer que hace algún bien o que sirve a alguna obra de gran importancia para la sociedad, a esto se lo conoce como egomanía, una desmedida autoestima propia de personas ridículas que no hacen sino el ridículo y que ni están llamadas a hacer nada ni aportan con su pretendida tarea mucho más. Escuchar una declaración de María Dolores de Cospedal avergüenza a cualquier persona honesta, produce lástima ver a alguien que por pertenecer a la cúpula de un partido político y ser representante del Estado en una democracia -¡en una democracia!- se atribuye competencias morales que ninguna Constitución democrática podría jamas reconocer y asignar a ningún ciudadano; ver una de sus actuaciones donde la mentira lo envuelve todo es un espectáculo grotesco, ni siquiera desesperante, sino triste, como cuando se asiste a una representación teatral con pésimos actores, cuando un solo espectador llega a sufrir todo el dolor de la osadía de la humanidad. Pero es que estos individuos de la derecha en España no comprenden para nada de qué va todo esto, no comprenden que la democracia no necesita de ninguna revolución violenta para mandar a tomar por el culo a sus gestores mediocres, y ni siquiera comprenden lo efímero de su mediocridad, que será superada por la de otros incompetentes -Sorayita, la Dolores, el risitas... ninguno dejará ninguna huella, tan sólo habrán entrado en la pequeña historia de los apestados. No están llamados a salvarnos, no son instrumento de ninguna razón suprema, no tienen ninguna clarividencia extraordinaria, ninguna voluntad trascendente los ha impuesto como gobernantes, son la misma morralla que los ha votado y que los meterá en el baúl. No es fácil ser demócrata, y treinta años no bastan. Esto nos lo enseñó muy temprano la derecha española: la concepción patrimonial del poder significa que cuando el gobierno lo ejercen otros deben ser considerados como ilegítimos gobernantes, usurpadores, y cualquier medio para derrocarlos se presenta como bendecido por la moral, es legítimo. Así, el niño de Santa Pola se hizo con el gobierno, aunque para ello haya tenido que renunciar a su programa electoral para cumplir con su deber. Esta afirmación, de nuevo en un país normal, y sobre todo cuando la situación económica es en el momento de expresarla idéntica o peor a cuando el deber del ahora primer ministro habría debido ser incluido en el programa electoral de su partido, supondría la convocatoria inmediata de elecciones, el relevo a un nuevo incompetente, pero según la concepción patrimonial del poder en la derecha española, 186 diputados son poco menos que el premio a un gobierno a perpetuidad. Igual que la derecha despreció desde el comienzo de la democracia que el gobierno de la nación fuese entregado por los ciudadanos a la izquierda moderada, en la actualidad, toda la izquierda, sobre la cual había recaído en mayor medida la responsabilidad democrática, empieza a contagiarse ese desprecio, y cada día que los aventureros del PP se asoman a cualquier sala de prensa, de tantas mentiras como hay que escuchar, ese desprecio no va sino en aumento, hasta el punto de que ya no se contempla a los gobernantes como tales, se ha roto el vínculo psicológico que unía a gobernantes y gobernados, la competencia de la aceptación por parte del gobernado ha sido vencida o superada por la incompetencia del gobernante. Hermann Heller observó que gobernar significa encontrar obediencia, aceptación o reconocimiento, capacidad para imponer la autoridad, y sería una ingenuidad creer que basta con la violencia por parte de quienes controlan el Estado -la historia muestra que, en efecto, se puede matar a unos miles, pero eso no es ninguna victoria. El PP ha perdido el reconocimiento de su autoridad, ha sido tal su desprecio de la democracia que ha arrastrado a los auténticos demócratas al fango donde sólo unos pocos se revolcaban, ahora todos somos iguales y podemos decir que vivimos entre la misma mierda. Si antes el grito era "no nos representan", aunque de alguna manera se aceptase el juego de la democracia y se reconociese a los legítimos gobernantes, ahora, después de tantas mentiras, hemos llegado a la impunidad en la desobediencia, "no los reconocemos, no tienen nada que ver con nosotros", y todo por la ambición insana de unos miserables aventureros. Admitámoslo de una vez: nunca saldremos de la crisis de manera pacífica, lo peor está por llegar.


Yvs Jacob

lunes, 4 de marzo de 2013

Jorge Fernández Díaz, "el Antropologías"

Por razones obvias, siempre que oigo el nombre de Jorge Fernández Díaz viene inmediatamente a mi memoria el de José Díaz Fernández, autor de una novela imprescindible en la historia de Madrid -de la huraña provincia al satisfecho Tercer Mundo-, La venus mecánica, de muy recomendable lectura, no obstante sus muchos defectos, quizá todos los habituales del modo de narrar en castellano -o hispánico. Es un caso de muy mala suerta, la verdad, como me sucede esos días en que no apago la radio a tiempo y escucho el comienzo de la sintonía del programa de Carlos de Matesanz en Radio Clásica, siendo para mí Jean Sibelius un gigante que por mucho que se echase toda Finlandia a sus espaldas, o algo así decía el idiota de Adorno, enteros me cabrían en el pecho -qué rabia da cuando a uno le contaminan hasta la ilusión...
Un repaso a la pandilla del niño de Santa Pola: Montoro "el Risitas", Ana Mato "la Mudita", Ruiz-Gallardón "el Filosofías" y ahora también Díaz Fernández "el Antropologías". Llamo en primer lugar la atención sobre los líos en que se meten quienes no comprenden el cometido que la sociedad, a través de su principal delegado, el primer ministro del Gobierno, les propone a los que aceptan una cartera ministerial. Gobernar es gestionar, y gestionar no es ni siquiera legislar, ni siquiera opinar, ni mucho menos sentenciar, ni sobre la ciencia ni sobre el bien y el mal: gestionar, por desgracia, no es más que disponer, contemplar las acciones en un determinado ámbito (¿público?) desde la perspectiva de la economía, es decir, hacer esto o lo otro cuesta tanto, luego se puede o no se puede hacer, lo haremos o no lo haremos o ya veremos. Punto. El ministro del Interior tiene las calles llenas de delincuentes, hay locales en todas las ciudades que necesitan mucho más que una inspección de salud e higiene, se dispara el número de atracos y de asaltos con violencia a los domicilios particulares de los ciudadanos, pero lejos de solucionar de manera eficaz estos problemas que de verdad preocupan y tanta alarma crean, lejos de aplicarse a atajar estos desórdenes que ponen de manifiesto el fracaso de una sociedad que se decía avanzada, el ministro busca su pequeña gloria en la solución de cuestiones para las que nadie lo ha convocado. ¿Qué tendrá que ver a estas alturas la supervivencia de la especie con el matrimonio entre personas del mismo sexo? De hecho, ¿qué tendrá que ver el matrimonio en general con el cometido por el cual el ministro del Interior es ministro? ¿Y qué interés puede tener lo que opine o deje de opinar el ministro acerca de estos asuntos? ¿Por qué no se guardará sus opiniones al respecto para las reuniones con canapés y vino tinto, si este asunto en particular está ya más que superado por la inmensa mayoría de la sociedad y habría de haber pasado a esa deliciosa indiferencia donde ya fueron abandonados el divorcio y el fortalecimiento del sentimiento nacional mediante el servicio militar obligatorio? Yo no reclamo para este asunto una visión militante y progresista, es que no consigo apreciar el menor interés del mismo, no consigo comprender a quién le puede interesar que dos personas sean homosexuales, que estén casadas o no, y mucho menos consigo comprender qué tendrá que ver todo lo anterior con el éxito en la supervivencia de la especie. No lo comprendo. Ya antes Ruiz-Gallardón había creído encontrar la esencia, tantas veces buscada, del ser humano -él había encontrado en particular la de la mujer, algo es algo, y no está mal recordar que tras el descubrimiento de América hubo que aclarar si los indígenas tenían o no alma, y que en el proceso de la investigación fue habitual que muchos terminasen ardiendo... Esperemos que no haya que llegar otra vez tan lejos.
Dar un paseo por Madrid, que es la ciudad que mejor conozco, se ha convertido en una experiencia sobrecogedora: mendigos por todas partes cada vez más agresivos, gente con muy mal aspecto deambulando y de la que cuesta creer que lo que busca es trabajo, una casa de apuestas en cada esquina con individuos de lo más sospechoso aguardando a sus puertas... no es precisamente del matrimonio homosexual de lo que tiene que hablarnos el ministro del Interior. Que haga de verdad el trabajo que la sociedad le ha encomendado. Me había caído bien en principio, al menos tuvo el valor de hablar de una "cara siniestra de la globalización", pero no parece que nuestro mundo haya mejorado en nada desde que llegó al Gobierno, ni parece que puedan anunciarse progresos mientras se encuentre tan entretenido con la antropología...
Por cierto, ya hay más de 5 millones de desempleados oficialmente registrados en España, a ver si nos concentramos en lo que de verdad importa, que nos estamos yendo por las alcantarillas. Estamos efectivamente en peligro por darnos por el culo unos a otros, de eso puede estar seguro el ministro, ¡pero qué tendrá que ver todo esto con el matrimonio y con la especie!


Yvs Jacob

viernes, 1 de marzo de 2013

Alfredo, rompe ya con el PSC, hazme caso

Alfredo, oye bien lo que te voy a decir: no estáis sacando el menor provecho del escándalo de corrupción que devora al PP, y lo que es peor, os estáis conviritiendo en entretenimiento para los medios de comunicación de cualquier signo, sois ahora mismo un juguete en manos de los creadores de opinión, Alfredo, tanto a ti como a Carme Chacón os están destrozando con fuego enemigo y amigo, no estáis comprendiendo nada de lo que está sucediendo, Eduardo Madina no es ninguna solución. Es cierto que las fuerzas se han equilibrado en el sentido de que ahora los dos grandes partidos políticos de España son percibidos por la ciudadanía como expresiones de la misma miseria, el abismo entre el ciudadano y sus legítimos representantes, o lo que es igual, la solución institucional de sus problemas, pero escucha bien, una cosa es que entre quienes os dedicáis a la política libréis una batalla a muerte por el control del poder y otra bien diferente que para conquistarlo creéis en los ciudadanos problemas que no tienen. El PSC está perdido, Alfredo, no existe ya ningún matiz entre catalanismo y soberanismo catalán, el PSC está completamente perdido, se muere y no puedes hacer nada por salvarlo, Alfredo, déjalo pudrirse en las manos de sus corruptores, que se queden con el muerto, no merece la pena gastar energías en rescatar un pedazo. Escúchame, Alfredo: primero dejaron de votaros aquellos socialistas de las grandes ciudades y de sus periferias obreras a quienes se obligó a convivir forzosamente con cientos de miles de nuevos pobres llegados de todas partes del mundo, no supisteis comprender sus problemas, se sintieron vendidos, abandonados, y el PP os los arrebató, o mejor, simplemente los recogió con una pala; después dejaron de votaros sus hijos, para quienes la España del camarero se había convertido en un monstruo denigrante y grotesco, ¿quién os votará? El PSC es ahora muy pequeño, se hunde, pero si no lo apartas de ti a tiempo, te arrastrará, desperdiciarás la oportunidad que se abre ante tus ojos, y el PSOE se habrá perdido para siempre. Escucha bien, Alfredo, pues esta es tu misión: no te importe que exista un PSC en Catalunya, tu tarea es llevar hasta allí al PSOE; hay en Catalunya muchísimos ciudadanos que no han mordido el anzuelo de CiU, votantes a quienes habéis agotado con vuestra desesperada ingenuidad, con vuestra torpeza, hay allí muchísimos ciudadanos cuyos intereses y problemas económicos nunca han dependido del modo como se gestiona su identidad cultural, porque cree lo que te digo, Alfredo, en la vida cotidiana la identidad cultural es nada, todos hemos sido ganados por fuerzas extrañas, desde Andalucía o Galicia hasta Catalunya, no ha sido España la amenaza sobre Catalunya, sino precisamente no España, nuestra debilidad nos ha impedido protegernos desde dentro, Alfredo. El PSOE debe buscar en Catalunya a esos ciudadanos de la izquierda moderada cuyo comportamiento no se asemeje a los seguidores de un equipo de fútbol, ciudadanos libres de la obsesión de la identidad, porque en el resto de España, Alfredo, entre la izquierda moderada a nadie le importa que el catalán sea catalán, y debes apreciar aquí un valor positivo de la indiferencia, lo único que importa es que la gente encuentre un modo racional de vivir en su calle, en su barrio, que tenga un trabajo digno que no le robe precisamente esa vida, que pueda contemplar de manera apacible la sucesión de las generaciones, que pueda hacer planes para un futuro pacífico en el progreso de la sociedad, y nada de esto parece ser una urgencia en la lucha política, Alfredo, y mientras continúes prisionero del PSC, nada de esto será una prioridad. Que unos cuantos quieran ser catalanes es un capricho cuando lo que importa es que en el Parlamento haya una buena representación de los verdaderos problemas de la gente. Hace falta una nación, Alfredo, hace falta que el empresario dedique parte de su fortuna a su pueblo, que el sindicalista dedique su tiempo a sus afiliados, que los profesionales de la sanidad no caigan en la tentación del mercenarismo, que los profesionales docentes trabajen tanto en la formación como en la educación de las jóvenes generaciones, hace falta una nación, Alfredo, hay que acabar de una vez con la anarquía del "sálvese quien pueda", hay que reconciliar a la vida con la ciudad y con los pueblos, hay que robarle puestos de trabajo a la insaciable ambición de tercermundización que nos devora, hay que convencer a los españoles de que son ellos y no otros la fuerza de su país, hay que mostrar a cada uno de ellos que puede decidir lo mejor para su comunidad de vecinos, para su calle, para su distrito, para su municipio, su ciudad, su región... y no estáis haciendo nada de esto, Alfredo, la política que siempre has conocido ya no existe, la gente no entiende por qué va todo tan mal conforme el mundo va siendo más rico... Es hora de avanzar regresando a los principios, y si no sueltas la mano del PSC te vas a quedar al otro lado del abismo. Hace falta un golpe de efecto para recuperar, si no el gobierno, al menos la oposición, Alfredo, porque estamos sin oposición, Alfredo, la preciosísima ocasión que la corrupción en el PP ha brindado para un cambio en el gobierno se ha escapado porque no tenemos oposición, y mientras el PP obtenga más de 70 diputados en la Cámara baja que la segunda fuerza, continuaremos sin oposición. No habrá otro momento como el presente, Alfredo, no cometas el error de adular a los votantes, no suceda como en el pasado, cuando los confundisteis con filósofos: es ahora o nunca.


Yvs Jacob

miércoles, 27 de febrero de 2013

¡Y por qué no se conformará Toni Cantó con ser sin más un pésimo actor...!

Si la unión, el progreso y la democracia en España dependen de Toni Cantó... vamos apañados.
De aventureros está llena la política española -Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal, Ignacio González, Francisco Camps...-, los aventureros en la política son muy malos, son ridículos egomaniacos y hacen mucho mal a la sociedad dentro de la cual buscan medrar, pero es UPyD la formación que sin duda ha hecho de la aventura una bandera: apúntese quien quiera, ¡aquí llega la revolución rosa! Por definición, la revolución rosa es descacharrante: su ideario, un bulo; su líder, un maniquí escapista y gritón, y la cara en el escaparate, un actor desinformado. Como es sabido, UPyD resulta de la aspiración a superar la flaqueza del PP: con aquello con lo que el PP no se atreve, se atreverá UPyD, por si se creía que tras mucho girar la rueda de la frecuencia ideológica no aparecía nada más allá -ahora sabemos que el flamenco puede ser más peligroso que la gaviota. Como aquello que aparece cuando el PP se agota, de progreso, nada, de unión, imposible, y de democracia, impensable, ¡no la conoce ni siquiera su formación mater! No conozco a un solo votante moderado de UPyD, todos los que yo conozco proceden del PP, todos, votantes ya antes bastante politizados, radicales insatisfechos, insaciables descontentos a los que ha ganado el bulo de una España sin derechos históricos para determinados territorios y donde las competencias de educación sean devueltas a un Estado central. Un bulo, un puro bulo, y peligroso. En las pasadas elecciones legislativas, UPyD montó chiringuitos en algunas calles para hacer una lectura pública de la Constitución -daba un poco de miedo ver a los reclutas de este ejército chicle glosar los artículos más polémicos, supongo que será en la siguiente convocatoria cuando ya se pongan los brazaletes de Mimosín con algún símbolo mágico... En un aparte quiero también decir que me venció una tristeza insondable una vez que vi a unos cachorros del PP representar un mitin en la calle de la Montera: en ese entorno putero nadie se detenía a escuchar a estos pobres desgraciados del cabello en fingida rebeldía, el espectáculo era del todo ajeno a putas y a transeúntes, pero no por indiferencia, que sería una cuestión de madurez política, era más bien un problema en la emisión de señales, y quizá uno pudiese chocar incluso con alguno de los altavoces, porque parecía, o era así en efecto, que allí no había nada. La Constitución española quizá que no sea tan bella como el Código Civil francés, quiero decir que a nosotros no nos ha salido un fino Valèry, ni siquiera un curioso matemático en sus versos libres, por mucho que se lea el texto sagrado, pero tampoco nos merecemos a un "tuitero" que se lía con unos gráficos simplones. En parte, eso sí, puesto que en UPyD leen la Constitución y no se enteran de nada, no sorprenden las cantadas de Cantó, capaz de liquidar en 140 caracteres nada menos que el problema metafísico por excelencia -qué es el hombre-, lo que se llama un "decisionario", vamos, que por español podemos decir "con dos cojones".
Es también sabido que el feminazismo se cuenta entre las obsesiones de la ultraderecha española -desde el PP hasta más allá del PP, desde la fascigaviota hasta el fasciflamenco-, al orgullo masculino español le duele que exista un delito tipificado como "violencia de género", pero al macho español le falta valor para reconocerlo, y entonces carga contra la ley porque, según tertulianos muy principales, leguleyos, economistas e historiadores accidentados, no cuenta con medios suficientes para proteger a todas las mujeres que deberían beneficiarse de una orden de alejamiento que afectase a uno de esos amantes tan apasionados del Mediodía -no obstante, parece que tampoco se cuenta con los medios necesarios para mantener alejado de cualquier vehículo a quien le ha sido retirado el permiso de conducir, pero, claro, no mezclemos las cosas, no vayamos a perder la razón de los argumentos. No merece la pena discutir aquí los disparates de Toni Cantó a propósito de la ley de género, sería de verdad un milagro convencer a un bruto con tres líneas -además, ya hay un papa dimisionario, qué podría hacer yo, apenas un hombre... Pero me he preguntado estos días por qué Toni Cantó no se limita a leer a Lope de Vega en el parque, o incluso en el escaño; yo le animo a que contemple la cara y el peinado de Jesús Posada en esos momentos en que su cabeza opere en el modo simple o simplicísimo, o también a que curiosee las aplicaciones de su teléfono móvil de última generación, esos teléfonos son un recurso inagotable, una maravilla tecnológica, un formidable entretenimiento, su menú no dejaría de sorprender si apenas se tomase uno la molestia de indagar entre tantas funciones... un auténtico prodigio que no exige del usuario alcanzar ningún tipo de conclusiones sobre ninguna cuestión delicada. Para todo lo demás, ya hay mucha otra gente pensando, Toni, gente formada o en proceso de formación, pero prudente, incluso hay quien escribe obras donde se expone la evolución histórica de tales asuntos, lo que ayuda a comprender mejor por qué se adoptan unas soluciones u otras en unas y otras sociedades y tiempos, luego, Toni, ¿qué necesidad hay, me preguntaba yo estos días, qué necesidad hay de que te ocupes tú de todo esto? Yo no lo entiendo. Creo que la política española no está tan muerta como muchos defienden, al contrario, es un hervir de analistas espontáneos cada cual con la solución del momento, ¡hay que ver lo rápido que se nos ocurre una nueva barbaridad y con qué velocidad la compartimos! ¡Bendita sea la Internet!
Toni, te voy a decir una cosa: a menudo desaconsejaban mis profesores la lectura de Fernando Savater, pero yo sí te voy a recomendar que leas a Fernando, da a veces un poquito de cosica o vergüenza, pero a lo mejor te ayuda a templar esos pulgares o te mantiene, cuando menos, ocupado.


Yvs Jacob


[María Dolores de Cospedal, Carlos Floriano, Hernando Alonso, Esteban González Pons, Cristóbal Montoro y niño de Santa Pola... ¿pero qué cojones estáis haciendo...?].