Alfredo, oye bien lo que te voy a decir: no estáis sacando el menor provecho del escándalo de corrupción que devora al PP, y lo que es peor, os estáis conviritiendo en entretenimiento para los medios de comunicación de cualquier signo, sois ahora mismo un juguete en manos de los creadores de opinión, Alfredo, tanto a ti como a Carme Chacón os están destrozando con fuego enemigo y amigo, no estáis comprendiendo nada de lo que está sucediendo, Eduardo Madina no es ninguna solución. Es cierto que las fuerzas se han equilibrado en el sentido de que ahora los dos grandes partidos políticos de España son percibidos por la ciudadanía como expresiones de la misma miseria, el abismo entre el ciudadano y sus legítimos representantes, o lo que es igual, la solución institucional de sus problemas, pero escucha bien, una cosa es que entre quienes os dedicáis a la política libréis una batalla a muerte por el control del poder y otra bien diferente que para conquistarlo creéis en los ciudadanos problemas que no tienen. El PSC está perdido, Alfredo, no existe ya ningún matiz entre catalanismo y soberanismo catalán, el PSC está completamente perdido, se muere y no puedes hacer nada por salvarlo, Alfredo, déjalo pudrirse en las manos de sus corruptores, que se queden con el muerto, no merece la pena gastar energías en rescatar un pedazo. Escúchame, Alfredo: primero dejaron de votaros aquellos socialistas de las grandes ciudades y de sus periferias obreras a quienes se obligó a convivir forzosamente con cientos de miles de nuevos pobres llegados de todas partes del mundo, no supisteis comprender sus problemas, se sintieron vendidos, abandonados, y el PP os los arrebató, o mejor, simplemente los recogió con una pala; después dejaron de votaros sus hijos, para quienes la España del camarero se había convertido en un monstruo denigrante y grotesco, ¿quién os votará? El PSC es ahora muy pequeño, se hunde, pero si no lo apartas de ti a tiempo, te arrastrará, desperdiciarás la oportunidad que se abre ante tus ojos, y el PSOE se habrá perdido para siempre. Escucha bien, Alfredo, pues esta es tu misión: no te importe que exista un PSC en Catalunya, tu tarea es llevar hasta allí al PSOE; hay en Catalunya muchísimos ciudadanos que no han mordido el anzuelo de CiU, votantes a quienes habéis agotado con vuestra desesperada ingenuidad, con vuestra torpeza, hay allí muchísimos ciudadanos cuyos intereses y problemas económicos nunca han dependido del modo como se gestiona su identidad cultural, porque cree lo que te digo, Alfredo, en la vida cotidiana la identidad cultural es nada, todos hemos sido ganados por fuerzas extrañas, desde Andalucía o Galicia hasta Catalunya, no ha sido España la amenaza sobre Catalunya, sino precisamente no España, nuestra debilidad nos ha impedido protegernos desde dentro, Alfredo. El PSOE debe buscar en Catalunya a esos ciudadanos de la izquierda moderada cuyo comportamiento no se asemeje a los seguidores de un equipo de fútbol, ciudadanos libres de la obsesión de la identidad, porque en el resto de España, Alfredo, entre la izquierda moderada a nadie le importa que el catalán sea catalán, y debes apreciar aquí un valor positivo de la indiferencia, lo único que importa es que la gente encuentre un modo racional de vivir en su calle, en su barrio, que tenga un trabajo digno que no le robe precisamente esa vida, que pueda contemplar de manera apacible la sucesión de las generaciones, que pueda hacer planes para un futuro pacífico en el progreso de la sociedad, y nada de esto parece ser una urgencia en la lucha política, Alfredo, y mientras continúes prisionero del PSC, nada de esto será una prioridad. Que unos cuantos quieran ser catalanes es un capricho cuando lo que importa es que en el Parlamento haya una buena representación de los verdaderos problemas de la gente. Hace falta una nación, Alfredo, hace falta que el empresario dedique parte de su fortuna a su pueblo, que el sindicalista dedique su tiempo a sus afiliados, que los profesionales de la sanidad no caigan en la tentación del mercenarismo, que los profesionales docentes trabajen tanto en la formación como en la educación de las jóvenes generaciones, hace falta una nación, Alfredo, hay que acabar de una vez con la anarquía del "sálvese quien pueda", hay que reconciliar a la vida con la ciudad y con los pueblos, hay que robarle puestos de trabajo a la insaciable ambición de tercermundización que nos devora, hay que convencer a los españoles de que son ellos y no otros la fuerza de su país, hay que mostrar a cada uno de ellos que puede decidir lo mejor para su comunidad de vecinos, para su calle, para su distrito, para su municipio, su ciudad, su región... y no estáis haciendo nada de esto, Alfredo, la política que siempre has conocido ya no existe, la gente no entiende por qué va todo tan mal conforme el mundo va siendo más rico... Es hora de avanzar regresando a los principios, y si no sueltas la mano del PSC te vas a quedar al otro lado del abismo. Hace falta un golpe de efecto para recuperar, si no el gobierno, al menos la oposición, Alfredo, porque estamos sin oposición, Alfredo, la preciosísima ocasión que la corrupción en el PP ha brindado para un cambio en el gobierno se ha escapado porque no tenemos oposición, y mientras el PP obtenga más de 70 diputados en la Cámara baja que la segunda fuerza, continuaremos sin oposición. No habrá otro momento como el presente, Alfredo, no cometas el error de adular a los votantes, no suceda como en el pasado, cuando los confundisteis con filósofos: es ahora o nunca.
Yvs Jacob
viernes, 1 de marzo de 2013
miércoles, 27 de febrero de 2013
¡Y por qué no se conformará Toni Cantó con ser sin más un pésimo actor...!
Si la unión, el progreso y la democracia en España dependen de Toni Cantó... vamos apañados.
De aventureros está llena la política española -Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal, Ignacio González, Francisco Camps...-, los aventureros en la política son muy malos, son ridículos egomaniacos y hacen mucho mal a la sociedad dentro de la cual buscan medrar, pero es UPyD la formación que sin duda ha hecho de la aventura una bandera: apúntese quien quiera, ¡aquí llega la revolución rosa! Por definición, la revolución rosa es descacharrante: su ideario, un bulo; su líder, un maniquí escapista y gritón, y la cara en el escaparate, un actor desinformado. Como es sabido, UPyD resulta de la aspiración a superar la flaqueza del PP: con aquello con lo que el PP no se atreve, se atreverá UPyD, por si se creía que tras mucho girar la rueda de la frecuencia ideológica no aparecía nada más allá -ahora sabemos que el flamenco puede ser más peligroso que la gaviota. Como aquello que aparece cuando el PP se agota, de progreso, nada, de unión, imposible, y de democracia, impensable, ¡no la conoce ni siquiera su formación mater! No conozco a un solo votante moderado de UPyD, todos los que yo conozco proceden del PP, todos, votantes ya antes bastante politizados, radicales insatisfechos, insaciables descontentos a los que ha ganado el bulo de una España sin derechos históricos para determinados territorios y donde las competencias de educación sean devueltas a un Estado central. Un bulo, un puro bulo, y peligroso. En las pasadas elecciones legislativas, UPyD montó chiringuitos en algunas calles para hacer una lectura pública de la Constitución -daba un poco de miedo ver a los reclutas de este ejército chicle glosar los artículos más polémicos, supongo que será en la siguiente convocatoria cuando ya se pongan los brazaletes de Mimosín con algún símbolo mágico... En un aparte quiero también decir que me venció una tristeza insondable una vez que vi a unos cachorros del PP representar un mitin en la calle de la Montera: en ese entorno putero nadie se detenía a escuchar a estos pobres desgraciados del cabello en fingida rebeldía, el espectáculo era del todo ajeno a putas y a transeúntes, pero no por indiferencia, que sería una cuestión de madurez política, era más bien un problema en la emisión de señales, y quizá uno pudiese chocar incluso con alguno de los altavoces, porque parecía, o era así en efecto, que allí no había nada. La Constitución española quizá que no sea tan bella como el Código Civil francés, quiero decir que a nosotros no nos ha salido un fino Valèry, ni siquiera un curioso matemático en sus versos libres, por mucho que se lea el texto sagrado, pero tampoco nos merecemos a un "tuitero" que se lía con unos gráficos simplones. En parte, eso sí, puesto que en UPyD leen la Constitución y no se enteran de nada, no sorprenden las cantadas de Cantó, capaz de liquidar en 140 caracteres nada menos que el problema metafísico por excelencia -qué es el hombre-, lo que se llama un "decisionario", vamos, que por español podemos decir "con dos cojones".
Es también sabido que el feminazismo se cuenta entre las obsesiones de la ultraderecha española -desde el PP hasta más allá del PP, desde la fascigaviota hasta el fasciflamenco-, al orgullo masculino español le duele que exista un delito tipificado como "violencia de género", pero al macho español le falta valor para reconocerlo, y entonces carga contra la ley porque, según tertulianos muy principales, leguleyos, economistas e historiadores accidentados, no cuenta con medios suficientes para proteger a todas las mujeres que deberían beneficiarse de una orden de alejamiento que afectase a uno de esos amantes tan apasionados del Mediodía -no obstante, parece que tampoco se cuenta con los medios necesarios para mantener alejado de cualquier vehículo a quien le ha sido retirado el permiso de conducir, pero, claro, no mezclemos las cosas, no vayamos a perder la razón de los argumentos. No merece la pena discutir aquí los disparates de Toni Cantó a propósito de la ley de género, sería de verdad un milagro convencer a un bruto con tres líneas -además, ya hay un papa dimisionario, qué podría hacer yo, apenas un hombre... Pero me he preguntado estos días por qué Toni Cantó no se limita a leer a Lope de Vega en el parque, o incluso en el escaño; yo le animo a que contemple la cara y el peinado de Jesús Posada en esos momentos en que su cabeza opere en el modo simple o simplicísimo, o también a que curiosee las aplicaciones de su teléfono móvil de última generación, esos teléfonos son un recurso inagotable, una maravilla tecnológica, un formidable entretenimiento, su menú no dejaría de sorprender si apenas se tomase uno la molestia de indagar entre tantas funciones... un auténtico prodigio que no exige del usuario alcanzar ningún tipo de conclusiones sobre ninguna cuestión delicada. Para todo lo demás, ya hay mucha otra gente pensando, Toni, gente formada o en proceso de formación, pero prudente, incluso hay quien escribe obras donde se expone la evolución histórica de tales asuntos, lo que ayuda a comprender mejor por qué se adoptan unas soluciones u otras en unas y otras sociedades y tiempos, luego, Toni, ¿qué necesidad hay, me preguntaba yo estos días, qué necesidad hay de que te ocupes tú de todo esto? Yo no lo entiendo. Creo que la política española no está tan muerta como muchos defienden, al contrario, es un hervir de analistas espontáneos cada cual con la solución del momento, ¡hay que ver lo rápido que se nos ocurre una nueva barbaridad y con qué velocidad la compartimos! ¡Bendita sea la Internet!
Toni, te voy a decir una cosa: a menudo desaconsejaban mis profesores la lectura de Fernando Savater, pero yo sí te voy a recomendar que leas a Fernando, da a veces un poquito de cosica o vergüenza, pero a lo mejor te ayuda a templar esos pulgares o te mantiene, cuando menos, ocupado.
Yvs Jacob
[María Dolores de Cospedal, Carlos Floriano, Hernando Alonso, Esteban González Pons, Cristóbal Montoro y niño de Santa Pola... ¿pero qué cojones estáis haciendo...?].
De aventureros está llena la política española -Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal, Ignacio González, Francisco Camps...-, los aventureros en la política son muy malos, son ridículos egomaniacos y hacen mucho mal a la sociedad dentro de la cual buscan medrar, pero es UPyD la formación que sin duda ha hecho de la aventura una bandera: apúntese quien quiera, ¡aquí llega la revolución rosa! Por definición, la revolución rosa es descacharrante: su ideario, un bulo; su líder, un maniquí escapista y gritón, y la cara en el escaparate, un actor desinformado. Como es sabido, UPyD resulta de la aspiración a superar la flaqueza del PP: con aquello con lo que el PP no se atreve, se atreverá UPyD, por si se creía que tras mucho girar la rueda de la frecuencia ideológica no aparecía nada más allá -ahora sabemos que el flamenco puede ser más peligroso que la gaviota. Como aquello que aparece cuando el PP se agota, de progreso, nada, de unión, imposible, y de democracia, impensable, ¡no la conoce ni siquiera su formación mater! No conozco a un solo votante moderado de UPyD, todos los que yo conozco proceden del PP, todos, votantes ya antes bastante politizados, radicales insatisfechos, insaciables descontentos a los que ha ganado el bulo de una España sin derechos históricos para determinados territorios y donde las competencias de educación sean devueltas a un Estado central. Un bulo, un puro bulo, y peligroso. En las pasadas elecciones legislativas, UPyD montó chiringuitos en algunas calles para hacer una lectura pública de la Constitución -daba un poco de miedo ver a los reclutas de este ejército chicle glosar los artículos más polémicos, supongo que será en la siguiente convocatoria cuando ya se pongan los brazaletes de Mimosín con algún símbolo mágico... En un aparte quiero también decir que me venció una tristeza insondable una vez que vi a unos cachorros del PP representar un mitin en la calle de la Montera: en ese entorno putero nadie se detenía a escuchar a estos pobres desgraciados del cabello en fingida rebeldía, el espectáculo era del todo ajeno a putas y a transeúntes, pero no por indiferencia, que sería una cuestión de madurez política, era más bien un problema en la emisión de señales, y quizá uno pudiese chocar incluso con alguno de los altavoces, porque parecía, o era así en efecto, que allí no había nada. La Constitución española quizá que no sea tan bella como el Código Civil francés, quiero decir que a nosotros no nos ha salido un fino Valèry, ni siquiera un curioso matemático en sus versos libres, por mucho que se lea el texto sagrado, pero tampoco nos merecemos a un "tuitero" que se lía con unos gráficos simplones. En parte, eso sí, puesto que en UPyD leen la Constitución y no se enteran de nada, no sorprenden las cantadas de Cantó, capaz de liquidar en 140 caracteres nada menos que el problema metafísico por excelencia -qué es el hombre-, lo que se llama un "decisionario", vamos, que por español podemos decir "con dos cojones".
Es también sabido que el feminazismo se cuenta entre las obsesiones de la ultraderecha española -desde el PP hasta más allá del PP, desde la fascigaviota hasta el fasciflamenco-, al orgullo masculino español le duele que exista un delito tipificado como "violencia de género", pero al macho español le falta valor para reconocerlo, y entonces carga contra la ley porque, según tertulianos muy principales, leguleyos, economistas e historiadores accidentados, no cuenta con medios suficientes para proteger a todas las mujeres que deberían beneficiarse de una orden de alejamiento que afectase a uno de esos amantes tan apasionados del Mediodía -no obstante, parece que tampoco se cuenta con los medios necesarios para mantener alejado de cualquier vehículo a quien le ha sido retirado el permiso de conducir, pero, claro, no mezclemos las cosas, no vayamos a perder la razón de los argumentos. No merece la pena discutir aquí los disparates de Toni Cantó a propósito de la ley de género, sería de verdad un milagro convencer a un bruto con tres líneas -además, ya hay un papa dimisionario, qué podría hacer yo, apenas un hombre... Pero me he preguntado estos días por qué Toni Cantó no se limita a leer a Lope de Vega en el parque, o incluso en el escaño; yo le animo a que contemple la cara y el peinado de Jesús Posada en esos momentos en que su cabeza opere en el modo simple o simplicísimo, o también a que curiosee las aplicaciones de su teléfono móvil de última generación, esos teléfonos son un recurso inagotable, una maravilla tecnológica, un formidable entretenimiento, su menú no dejaría de sorprender si apenas se tomase uno la molestia de indagar entre tantas funciones... un auténtico prodigio que no exige del usuario alcanzar ningún tipo de conclusiones sobre ninguna cuestión delicada. Para todo lo demás, ya hay mucha otra gente pensando, Toni, gente formada o en proceso de formación, pero prudente, incluso hay quien escribe obras donde se expone la evolución histórica de tales asuntos, lo que ayuda a comprender mejor por qué se adoptan unas soluciones u otras en unas y otras sociedades y tiempos, luego, Toni, ¿qué necesidad hay, me preguntaba yo estos días, qué necesidad hay de que te ocupes tú de todo esto? Yo no lo entiendo. Creo que la política española no está tan muerta como muchos defienden, al contrario, es un hervir de analistas espontáneos cada cual con la solución del momento, ¡hay que ver lo rápido que se nos ocurre una nueva barbaridad y con qué velocidad la compartimos! ¡Bendita sea la Internet!
Toni, te voy a decir una cosa: a menudo desaconsejaban mis profesores la lectura de Fernando Savater, pero yo sí te voy a recomendar que leas a Fernando, da a veces un poquito de cosica o vergüenza, pero a lo mejor te ayuda a templar esos pulgares o te mantiene, cuando menos, ocupado.
Yvs Jacob
[María Dolores de Cospedal, Carlos Floriano, Hernando Alonso, Esteban González Pons, Cristóbal Montoro y niño de Santa Pola... ¿pero qué cojones estáis haciendo...?].
viernes, 22 de febrero de 2013
El Delic, ¿un café de artistas o de intelectuales?
Siempre que paso por delante del Delic me pregunto si de verdad son tan grandes sus vasos...
Yvs Jacob
miércoles, 13 de febrero de 2013
El sueño mediocre de Sheldon Adelson
Hace unos días pudimos ver a Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, hacer el ridículo en Alcorcón. Se emitió por televisión el paseo fingido que el presidente por accidente daba junto al primer edil de ese municipio sobre los terrenos donde se quiere instalar el megaputiclub-casino con que Sheldon Adelson había soñado. Eran unas imágenes realmente patéticas. Ignacio González parecía un nuevo rico hortera una mañana de domingo en el campo castellano, vestía una chaqueta inspirada en las prendas que usan quienes salen por el monte y van de caza, pero una inspiración urbana, casual, circunstancial, como el propio presidente, y examinaba lo que parecía el plano, el proyecto que hará realidad el sueño mediocre del viejo Sheldon. Con qué inquietud, qué minuciosidad la de Ignacio González en la interpretación del proyecto... ¡y qué maestría al enrollarlo, ni que se hubiese pasado media vida haciendo fotocopias! Al ver al presidente por accidente de la Comunidad de Madrid vestido de montaraz dominguero sin pedigrí me acordé de algo leído en un blog de El País sobre los advenedizos dentro del PP y su lucha por la apariencia: anchos de hombros y largos de mangas, y no se sabe qué es peor, si soportar a los ricos de siempre o a quienes quieren ser como ellos. Pero eran de verdad unas imágenes patéticas, La escopeta nacional episodio XV o XVI, "los políticos toman el cortijo", ya no se coleccionan pelos del chocho y apenas aparece uno de los personajes nos ponemos todos a llorar.
Antes o después, no lo recuerdo, Ignacio González se había entrevistado con un enviado del magnate de los casinos que reveló al mundo el contenido del sueño de su jefe: un megaputiclub-casino aquí, en Madrid. ¿Y no tendrá Bill Gates una de estas pesadillas?
La verdad es que el sueño de Adelson, con toda la fortuna que tiene, es un sueño de persona mediocre -hay taxistas que saben soñar muchísimo mejor. A mí no me importa que un americano sueñe con realizar sus sueños mediocres en su país, no en vano tienen muchos jardín y garaje; me gustaría, eso sí, que quienes tienen grandes sueños para el resto de la humanidad, allí y en cualquier parte del mundo, los exporten, porque el progreso auténtico es siempre bienvenido, no incomoda a nadie ni hay nada que temer de él. Pero los malos sueños es mejor que cada cual los sufra en su cuarto y no dé mucha guerra con ellos -hay remedios para estas cosas, Sheldon; la próxima vez, prueba a hacerte una pajilla.
Igual que para ver algunos patios de antiguos palacios renacentistas españoles hay que viajar a los museos estadounidenses -¡hasta en Texas!-, donde han terminado tras ser vendidos a saldo por muy inteligentes aristócratas de la tierra, parece que de un lado y de otro, EEUU y España, la relación se mantiene, como ya fue, igual de viciosa: ellos haciendo negocio, y nosotros, el ridículo. Anda que no hay cosas con las que soñar, Sheldon, sin tener que darle por el culo a otro, y sobre todo cuando se es tan rico como lo eres tú. ¿De verdad me vas a decir que no se te ha ocurrido otra cosa? ¡Qué se le habrá perdido a tu sueño en Alcorcón, si hasta el nombre del municipio es feo! Yo, Sheldon, sueño con un violín alemán de fina factura artesana, quizá porque no tengo dinero y mis sueños manifiestan la coherencia de una educación personal esforzada, soy así de vulgar. No se me pasa por la cabeza, Sheldon, ir a Uganda para decirle a sus gentes que he tenido un sueño, e inmediatamente firmar unos papeles y poner las excavadoras a trabajar. Yo no soy así, Sheldon, y créeme, yo también sé soñar. Y te digo todavía más, Sheldon: estoy seguro de que si le fueses con el rollo este del sueño al presidente de Uganda no habrías conseguido de él tantas facilidades como de nuestros jefezuelos de la demos. Te hablo de Uganda pero podría poner cualquier otro país como ejemplo. La gracia de Uganda, que a lo mejor se te escapa, viene de una anécdota muy reciente protagonizada por nuestro primer ministro y el titular de la cartera de Economía -te cuento sólo una pero podríamos estar aquí hasta que llegases al piso 23. Al parecer, una vez que el primero envió al segundo a pedir dinero a los europeos, para insuflarle ánimos le dijo que nosotros, España, no somos Uganda; y es verdad, Sheldon, que no somos tan altos. Por otra parte, dentro del espectáculo que estamos dando todos al mundo con lo del megaputiclub-casino de tu sueñecito, es de lo más triste que en una guerra contra lo público como la que tiene lugar en España se despida a docentes y profesionales de la sanidad y terminen por convocarse unas oposiciones para puta. Y ya verás, ya verás las que se ganan la plaza...
Yo, Sheldon, Sheldon Adelson, estoy muy triste. Me cuentan, y quizá consiga animarme, que quieres que todo esté funcionando para el día en que cumplas 100 años. Es un buen maquillaje para un sueño mediocre, Sheldon Adelson, casi nos la cuelas, nos tocas los sentimientos y a punto estamos de abrirte la verja, pero te voy a decir una cosa, y sé que no te va a gustar: no vas a llegar a los 100 años, Sheldon, no vas a durar tanto; yo tampoco, lo sé, pero he leído a Aristóteles y estas cosas ya no me preocupan. Nunca verás tu megaputiclub-casino en funcionamiento, te lo digo en serio; yo he vivido mucho tiempo entre los españoles y sé cómo marchan estas cosas: olvídate de cualquier presupuesto inicial y del tiempo estimado para la realización del proyecto, ni siquiera en el caso favorable de que te den trabajadores al precio de esclavos -por cierto, Adam Smith decía que estos últimos salen más caros. Antes de despedirme, Sheldon, quería aprovechar tu influencia con las autoridades nacionales, regionales y locales. Ya que parece que puedes cambiar nuestras leyes según tu necesidad, ¿no podrías hacer que se cumplan otras que en absoluto te afectan? A ver si sueñas con algo y me quitan las mierdas de perro que hay cada día en mi acera.
Un saludo, Sheldon, y mucha salud, que te va a hacer falta -bueno, y no hard feelings!
Tocomocho para Basuragurú
Antes o después, no lo recuerdo, Ignacio González se había entrevistado con un enviado del magnate de los casinos que reveló al mundo el contenido del sueño de su jefe: un megaputiclub-casino aquí, en Madrid. ¿Y no tendrá Bill Gates una de estas pesadillas?
La verdad es que el sueño de Adelson, con toda la fortuna que tiene, es un sueño de persona mediocre -hay taxistas que saben soñar muchísimo mejor. A mí no me importa que un americano sueñe con realizar sus sueños mediocres en su país, no en vano tienen muchos jardín y garaje; me gustaría, eso sí, que quienes tienen grandes sueños para el resto de la humanidad, allí y en cualquier parte del mundo, los exporten, porque el progreso auténtico es siempre bienvenido, no incomoda a nadie ni hay nada que temer de él. Pero los malos sueños es mejor que cada cual los sufra en su cuarto y no dé mucha guerra con ellos -hay remedios para estas cosas, Sheldon; la próxima vez, prueba a hacerte una pajilla.
Igual que para ver algunos patios de antiguos palacios renacentistas españoles hay que viajar a los museos estadounidenses -¡hasta en Texas!-, donde han terminado tras ser vendidos a saldo por muy inteligentes aristócratas de la tierra, parece que de un lado y de otro, EEUU y España, la relación se mantiene, como ya fue, igual de viciosa: ellos haciendo negocio, y nosotros, el ridículo. Anda que no hay cosas con las que soñar, Sheldon, sin tener que darle por el culo a otro, y sobre todo cuando se es tan rico como lo eres tú. ¿De verdad me vas a decir que no se te ha ocurrido otra cosa? ¡Qué se le habrá perdido a tu sueño en Alcorcón, si hasta el nombre del municipio es feo! Yo, Sheldon, sueño con un violín alemán de fina factura artesana, quizá porque no tengo dinero y mis sueños manifiestan la coherencia de una educación personal esforzada, soy así de vulgar. No se me pasa por la cabeza, Sheldon, ir a Uganda para decirle a sus gentes que he tenido un sueño, e inmediatamente firmar unos papeles y poner las excavadoras a trabajar. Yo no soy así, Sheldon, y créeme, yo también sé soñar. Y te digo todavía más, Sheldon: estoy seguro de que si le fueses con el rollo este del sueño al presidente de Uganda no habrías conseguido de él tantas facilidades como de nuestros jefezuelos de la demos. Te hablo de Uganda pero podría poner cualquier otro país como ejemplo. La gracia de Uganda, que a lo mejor se te escapa, viene de una anécdota muy reciente protagonizada por nuestro primer ministro y el titular de la cartera de Economía -te cuento sólo una pero podríamos estar aquí hasta que llegases al piso 23. Al parecer, una vez que el primero envió al segundo a pedir dinero a los europeos, para insuflarle ánimos le dijo que nosotros, España, no somos Uganda; y es verdad, Sheldon, que no somos tan altos. Por otra parte, dentro del espectáculo que estamos dando todos al mundo con lo del megaputiclub-casino de tu sueñecito, es de lo más triste que en una guerra contra lo público como la que tiene lugar en España se despida a docentes y profesionales de la sanidad y terminen por convocarse unas oposiciones para puta. Y ya verás, ya verás las que se ganan la plaza...
Yo, Sheldon, Sheldon Adelson, estoy muy triste. Me cuentan, y quizá consiga animarme, que quieres que todo esté funcionando para el día en que cumplas 100 años. Es un buen maquillaje para un sueño mediocre, Sheldon Adelson, casi nos la cuelas, nos tocas los sentimientos y a punto estamos de abrirte la verja, pero te voy a decir una cosa, y sé que no te va a gustar: no vas a llegar a los 100 años, Sheldon, no vas a durar tanto; yo tampoco, lo sé, pero he leído a Aristóteles y estas cosas ya no me preocupan. Nunca verás tu megaputiclub-casino en funcionamiento, te lo digo en serio; yo he vivido mucho tiempo entre los españoles y sé cómo marchan estas cosas: olvídate de cualquier presupuesto inicial y del tiempo estimado para la realización del proyecto, ni siquiera en el caso favorable de que te den trabajadores al precio de esclavos -por cierto, Adam Smith decía que estos últimos salen más caros. Antes de despedirme, Sheldon, quería aprovechar tu influencia con las autoridades nacionales, regionales y locales. Ya que parece que puedes cambiar nuestras leyes según tu necesidad, ¿no podrías hacer que se cumplan otras que en absoluto te afectan? A ver si sueñas con algo y me quitan las mierdas de perro que hay cada día en mi acera.
Un saludo, Sheldon, y mucha salud, que te va a hacer falta -bueno, y no hard feelings!
Tocomocho para Basuragurú
lunes, 11 de febrero de 2013
Arturo Fernández, el tabernero como legislador
En Basuragurú no nos gustan los taberneros, creemos que están muy bien atendiendo sus tabernas, detrás de la barra con sus delantales mugrientos y sirviendo las mesas, pero detestamos la moral del tabernero, detestamos que el tabernero se arrogue la tarea, la obra del legislador, detestamos que el tabernero se tome por un Pericles. La moral del tabernero condena a los pueblos que la practican a la mediocridad, la moral del tabernero, cuya máxima es "antes que el ingeniero, el camarero" supone una condena a perpetuidad en la miseria, una condena al tercermundismo, es una moral hortera, es una moral del clasismo más hortera, una moral profundamente española inspirada en el desprecio de todo lo elevado, el desprecio de la belleza y de la inteligencia. En España se ha llegado a admitir que un licenciado desempleado, que un ingeniero o un médico en paro son fallos de la propia proyección de la persona ante su futuro, así nos lo dice el brillante ministro de Educación José Ignacio Wert, sociólogo, ¡pero cómo nos gusta el camarero, cuánto valoramos la "llamada de la taberna"! Un desempleado formado es un fallo, en efecto, pero de todo el sistema, y es una vergüenza, coño, es una puta vergüenza para todos, es una expresión del fracaso de una sociedad mezquina. Sólo un pueblo mediocre tiene desempleados formados, sólo un pueblo mediocre se ensaña con la educación de sus miembros.
Hace tiempo que en Basuragurú sospechamos que Arturo Fernández no es trigo limpio -en Basuragurú siempre hemos sospechado del rico que habla como un carretero. No nos ha hecho falta ninguna investigación, han sido sus propias acciones, como en la buena literatura, las que nos pusieron en la pista de una moral hipócrita: por una parte, el amiguismo -la amistad con Esperanza Aguirre es siempre un motivo para la desconfianza-, pero han sido sobre todo sus lecciones, su voluntad de legislar con la bocaza, las que no dejaron lugar a la duda; esto es, las ambiciones del tabernero no van más allá de la taberna, o lo que es igual, no nos pongamos exquisitos por un trabajo de mierda. ¿Qué coño es eso de proteger al trabajador y al Estado? Un trabajo digno con un salario legal y justo y una jubilación tras haber prestado un servicio a la sociedad contravienen la moral, la ley de la taberna. Según la ley de la taberna, ¡anda y que te den por el culo, un camarero no puede ser señorito! En Basuragurú siempre hemos despreciado la industria del turismo, que sólo alimenta a un ejército de esclavos analfabetos; siempre hemos temido a la dictadura de los hosteleros, que convierte a un pueblo en ridículo sirviente, lo degrada, lo deshumaniza en su función con la perversidad con que se convierten, para todo aquel que tiene un pequeño poder, los demás en sus lacayos; siempre hemos querido ver a sus héroes arder en la hoguera. La hostelería es el ámbito de la infamia, el tabernero es un déspota que no sabe soñar, y quien trabaja para él no sabe vivir -en Basuragurú odiamos a muerte la muerte. En Basuragurú creemos que un pueblo que vive para servir es un pueblo que obedece la moral y la ley de los taberneros, creemos que el turismo es un arma de destrucción masiva, causa más dolor que el puro terror, creemos que el pueblo que lo elige es el pueblo idiota que se da su propia muerte.
No nos gusta Arturo Fernández, no nos gusta que el dinero iletrado haga la ley, no nos gusta que el tabernero se pasee con una vara en busca del lomo de los sirvientes, y no nos gustan los sirvientes en absoluto. En Basuragurú no nos gustan los campeones de la mediocridad. Ha llegado la hora de liberar al camarero español, al fregaplatos y al rascaperolas de estos tiranuelos del puro y del mondadientes taurino, ha llegado la hora de rebelarse contra el poder de los enanos.
Basuragurú
Hace tiempo que en Basuragurú sospechamos que Arturo Fernández no es trigo limpio -en Basuragurú siempre hemos sospechado del rico que habla como un carretero. No nos ha hecho falta ninguna investigación, han sido sus propias acciones, como en la buena literatura, las que nos pusieron en la pista de una moral hipócrita: por una parte, el amiguismo -la amistad con Esperanza Aguirre es siempre un motivo para la desconfianza-, pero han sido sobre todo sus lecciones, su voluntad de legislar con la bocaza, las que no dejaron lugar a la duda; esto es, las ambiciones del tabernero no van más allá de la taberna, o lo que es igual, no nos pongamos exquisitos por un trabajo de mierda. ¿Qué coño es eso de proteger al trabajador y al Estado? Un trabajo digno con un salario legal y justo y una jubilación tras haber prestado un servicio a la sociedad contravienen la moral, la ley de la taberna. Según la ley de la taberna, ¡anda y que te den por el culo, un camarero no puede ser señorito! En Basuragurú siempre hemos despreciado la industria del turismo, que sólo alimenta a un ejército de esclavos analfabetos; siempre hemos temido a la dictadura de los hosteleros, que convierte a un pueblo en ridículo sirviente, lo degrada, lo deshumaniza en su función con la perversidad con que se convierten, para todo aquel que tiene un pequeño poder, los demás en sus lacayos; siempre hemos querido ver a sus héroes arder en la hoguera. La hostelería es el ámbito de la infamia, el tabernero es un déspota que no sabe soñar, y quien trabaja para él no sabe vivir -en Basuragurú odiamos a muerte la muerte. En Basuragurú creemos que un pueblo que vive para servir es un pueblo que obedece la moral y la ley de los taberneros, creemos que el turismo es un arma de destrucción masiva, causa más dolor que el puro terror, creemos que el pueblo que lo elige es el pueblo idiota que se da su propia muerte.
No nos gusta Arturo Fernández, no nos gusta que el dinero iletrado haga la ley, no nos gusta que el tabernero se pasee con una vara en busca del lomo de los sirvientes, y no nos gustan los sirvientes en absoluto. En Basuragurú no nos gustan los campeones de la mediocridad. Ha llegado la hora de liberar al camarero español, al fregaplatos y al rascaperolas de estos tiranuelos del puro y del mondadientes taurino, ha llegado la hora de rebelarse contra el poder de los enanos.
Basuragurú
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