Hace ya casi diez años se convirtieron en objeto de deliciosa chanza para los humoristas unas declaraciones de Rodrigo (de) Rato, más o menos en estas palabras: "365 días puede parecer mucho o poco, pero 365 días son 365 días". Quizá no fue por esto que Rodrigo (de) Rato llegó a la dirección del FMI, o tal vez sí. Tras la derrota del PSOE por el partido de los fumadores, pues parece obvio que, finalizada la campaña electoral de varios años, y ganada La Moncloa por los gandules, el PP ya no será el partido de los trabajadores ni de los pensionistas, al menos no hasta que se inicie otra nueva campaña desde la oposición, tras esa derrota, pues, yo sí diré que cuatro años es mucho tiempo, sin temor a una fractura en mi inteligencia. Es mucho tiempo porque ha vencido la nada, y quienes vivimos en Comunidades Autónomas gobernadas desde hace décadas por el PP sabemos perfectamente que el único cambio que pueden traer sus dirigentes será siempre uno hacia lo peor. Madrid es un claro ejemplo: se ha entrado de lleno a desmontar el sistema educativo y todavía no ha tomado conciencia la mayoría de los ciudadanos de la gravedad de los hechos. En consecuencia, el PP ha obtenido más votos que en anteriores convocatorias, y todo esto resulta desconcertante para la masa fiel de votantes del PSOE y para los ideólogos y estrategas del partido. Parece claro que aquello a lo que aspiraba Cayo Lara -darle un bocado a los votantes del PP, no a los del PSOE- está lejos de conseguirse, la principal razón, la fuerza manipuladora del pensamiento mítico-supersticioso de la derecha española, frente al excesivo buenismo de la izquierda. Es un error esperar a que el pueblo comprenda -está demasiado distraído, es ignorante y simplón, vota a la corriente, por mucho que se vayan reforzando dentro de él sus núcleos críticos.
Cuatro años es mucho tiempo para quien espera. Ya antes de que la crisis mundial golpeara con fuerza a España, y de que se abriese el "debate por la sucesión" de Rodríguez Zapatero, manifestó Pérez Rubalcaba que se sentía un poco cansado, quizá porque había manejado con mayor éxito que nadie antes la lucha antiterrorista, y la derrota de ETA no iba a tardar en confirmarse, una obra que entregaba a su autor la posibilidad de una jubilación jubilosa después de una extensa carrera política. Este mérito indiscutible de Pérez Rubalcaba alcanzará su debido reconocimiento cuando la historia se escriba con honestidad, no en la TDT. No obstante, por el carácter siempre educativo de la izquierda, es inviable presentar al "ministro del Interior que acabó con ETA" como líder de la oposición hasta las elecciones legislativas de 2015, sobre todo cuando ya se renunció a presentarlo como candidato a la presidencia del gobierno bajo ese título durante la campaña. El electorado de izquierdas no vive en la obsesión que sí es propia del PP y de sus votantes fanatizados respecto de un triunfo semejante. La izquierda entiende que es una victoria de la sociedad en su conjunto y ya pasa a ocupar su mente en otros asuntos -la desregulación financiera y el dinero ficticio son los grandes problemas-, mientras que regodearse en el rencor es propio del sectarismo de derechas español. Pérez Rubalcaba ha sido el mejor cartucho gastado por el PSOE tal vez en toda su historia. Es cierto que la autoinmolación del presidente Rodríguez Zapatero no consiguió aglutinar al electorado de izquierdas en torno a un solo partido mayoritario, y si la estrategia de la izquierda debe ser repensada, esta tarea no puede corresponder ya al más veterano dentro del socialismo en el Gobierno saliente. La travesía que ahora comienza no puede dirigirla alguien que ponga como empeño para la victoria su honor, alguien dispuesto a que la historia le conceda una tercera oportunidad -González, Aznar, Rajoy...-, sino otra persona lo bastante joven como para afrontar cuatro años en la oposición como una necesaria experiencia en su vida política, y que defina a la perfección un programa más agresivo de izquierdas que sea capaz de realizar una reforma moral y cultural de la sociedad española.
Se mire por donde se mire, no hay otra opción que Carme Chacón. Algunos analistas han demostrado que no son tan agudos como se tenían. Si Chacón no ha superado a CiU en Catalunya es algo que, por el momento, juega a su favor: el Partit dels Socialistes de Catalunya no se impondrá hasta que no supere su obsesión por la identidad -cayeron en la trampa de CiU, menearon el árbol y otros se han llevado las manzanas.
La estrategia del PSOE pasa, por supuesto, por asumir que las elecciones de 2015 están ya ganadas, por advertir al PP un día tras otro que la crisis lo arrollará, que su triunfo no ha sido real, y que el periodo de Rajoy quedará como el más nefasto de la historia reciente de España.
¡Yo ya me he apuntado al equipo de Carme!
Tocomocho para Basuragurú
miércoles, 23 de noviembre de 2011
lunes, 21 de noviembre de 2011
¡Los gandules vuelven a La Moncloa! (Algunas observaciones sobre el discurso fanático de Mariano Rajoy tras la victoria electoral del PP)
Quieren hacer burla los palmeros de la derecha española de una actitud que ellos juzgan propia de la izquierda, a saber, el carácter religioso de su ideología, manifiesto especialmente en la voluntad de solidaridad republicana, frente a la caridad, que pone en la decisión de cada uno si son más importantes las personas que los gatitos persas. Esta solidaridad, así llamada, caridad, es la que impera en USA, por ejemplo: usted es partidario de salvar a los delfines y yo me encargo de que no se cierre Guantánamo. Este modelo tan evolucionado, al que los palmeros de la derecha española restan religiosidad, sí recibe la inyección de una buena dosis de individualismo protestante, pero no creo que triunfe en España, la muy católica España, porque una gran diferencia entre España y el resto de los países donde se libra una lucha liberal abierta por la existencia se reconoce fácilmente en lo beneficioso que es para una nación culta el egoísmo, y el retroceso antropológico que empezarán a sufrir los españoles si nadie arbitra en su vicio de darse por el culo unos a otros.
Pero pensando en las religiones buenas y en las malas, en las que son y en las que no son, siempre vienen a mí las imágenes de la calle de Génova tras cualesquiera elecciones que se celebren en España. Aquella gente allí reunida agita banderas del PP y la bandera del Reino de España, y grita algo así como "yo soy español", y cuando lo grita, también bota, y grita después contra el aborto, quizá porque no puede ser español quien aborta, y contra los socialistas, quienes, con total seguridad, españoles no son. Pero es que no hay religión sin mitología, y fue aquí donde se soltó Mariano Rajoy cuando dijo aquello que Josemari le había escuchado a George W. Bush, "somos una gran nación", fue aquí donde se dieron los mayores botes, algo así como recibida una hostia -sagrada- cada uno de aquellos españoles -ya se sabe, agítese antes de usar...
El mito de la gran nación es el patrimonio del PP, su tesoro, pero los demás sólo vemos un montón de mierda, despertamos del "mito del Descubrimiento" en una edad todavía escolar. Una gran nación, vino a decir Mariano Rajoy, se ocupa de cosas grandes, y un gobierno de una gran nación no atiende a nimiedades. Tengo yo algunos libros en casa, pero nada he encontrado en ellos que me ilustre acerca de las competencias de una gran nación. Pero parece que Mariano Rajoy tiene claro que ocuparse de los ancianos y de las personas con discapacidad, mediante una ley, es una pequeñez de mierda; como lo es procurar una tumba decente a un fusilado en una cuneta -¡total, ya está muerto, enterrado y le han salido florecillas, y menudos ecologistas somos aquí!-; es también una mierda, propia de gobierno pequeño, que la igualdad se cumpla, y lo será, no me equivoco, que los jóvenes con un trabajo precario reciban una ayuda del Estado para emanciparse. ¡Menuda mierda es todo esto! ¡Las casas se compran!
La vida es muy difícil, y si a uno le ayudan mucho, se vuelve comodón. Por eso no hay nada mejor que estímulos directos, propios de un gran gobierno de una gran nación. Aquí, ni prestación por desempleo ni jubilación ni pollas: planes privados de pensiones. ¿Que le pagan 1000€? ¡Pues no se queje, hombre! ¿Que no puede usted pagar la universidad para su hijo? ¡Pues claro, hombre...! ¡Quién les mandará, si no son ustedes de la clase preferente! Pero su hijo podría ser muy buen mecánico... ¡El alquilar se va a acabar! Las nuevas generaciones son más longevas: ¡mire qué bonita es esta hipoteca a setenta años!
Si es que somos una gran nación, y cuando nos ponemos...
Yvs Jacob
Pero pensando en las religiones buenas y en las malas, en las que son y en las que no son, siempre vienen a mí las imágenes de la calle de Génova tras cualesquiera elecciones que se celebren en España. Aquella gente allí reunida agita banderas del PP y la bandera del Reino de España, y grita algo así como "yo soy español", y cuando lo grita, también bota, y grita después contra el aborto, quizá porque no puede ser español quien aborta, y contra los socialistas, quienes, con total seguridad, españoles no son. Pero es que no hay religión sin mitología, y fue aquí donde se soltó Mariano Rajoy cuando dijo aquello que Josemari le había escuchado a George W. Bush, "somos una gran nación", fue aquí donde se dieron los mayores botes, algo así como recibida una hostia -sagrada- cada uno de aquellos españoles -ya se sabe, agítese antes de usar...
El mito de la gran nación es el patrimonio del PP, su tesoro, pero los demás sólo vemos un montón de mierda, despertamos del "mito del Descubrimiento" en una edad todavía escolar. Una gran nación, vino a decir Mariano Rajoy, se ocupa de cosas grandes, y un gobierno de una gran nación no atiende a nimiedades. Tengo yo algunos libros en casa, pero nada he encontrado en ellos que me ilustre acerca de las competencias de una gran nación. Pero parece que Mariano Rajoy tiene claro que ocuparse de los ancianos y de las personas con discapacidad, mediante una ley, es una pequeñez de mierda; como lo es procurar una tumba decente a un fusilado en una cuneta -¡total, ya está muerto, enterrado y le han salido florecillas, y menudos ecologistas somos aquí!-; es también una mierda, propia de gobierno pequeño, que la igualdad se cumpla, y lo será, no me equivoco, que los jóvenes con un trabajo precario reciban una ayuda del Estado para emanciparse. ¡Menuda mierda es todo esto! ¡Las casas se compran!
La vida es muy difícil, y si a uno le ayudan mucho, se vuelve comodón. Por eso no hay nada mejor que estímulos directos, propios de un gran gobierno de una gran nación. Aquí, ni prestación por desempleo ni jubilación ni pollas: planes privados de pensiones. ¿Que le pagan 1000€? ¡Pues no se queje, hombre! ¿Que no puede usted pagar la universidad para su hijo? ¡Pues claro, hombre...! ¡Quién les mandará, si no son ustedes de la clase preferente! Pero su hijo podría ser muy buen mecánico... ¡El alquilar se va a acabar! Las nuevas generaciones son más longevas: ¡mire qué bonita es esta hipoteca a setenta años!
Si es que somos una gran nación, y cuando nos ponemos...
Yvs Jacob
Españoles, ¡qué habéis hecho!
Bien mirado, fuera de algunos poetas barrocos y unos pintores afrancesados, nunca ha dado España hombres de auténtico genio, ni, por supuesto, han sido nunca los españoles un derroche de pensamiento científico, sino más bien lo contrario, objetos de estudio, en todo caso, unos alcornoques con brazos y piernas. Treinta años de democracia no han enseñado nada a este pueblo bullanguero, que por no saber, ni elegir sabe, y donde cree aplicar el juicio y la razón no se encuentra sino timado, porque eso es lo que ha sucedido en las últimas elecciones, que diez millones de tontos le han dado el triunfo a un timo, y todos, tontos o no, timados vamos a ser. Para evitar la acusación de parcialidad, debo admitir que el tonto, prolijo habitante de las tierras españolas, se ha repartido con gusto entre varias formaciones políticas. Porque ya hay que ser tonto, hasta sumar doscientos mil, para votar a Equo en la actual situación económica, doscientos mil votos perdidos, naufragio de tanta ilusión. Casi un millón de tontos han dado cinco escaños a UPyD, que ya me explicará alguien qué harán Álvaro Pombo o Toni Cantó en el Congreso más que rascarse las pelotas, porque una mayoría absoluta del PP da para cuatro años recolocándose la huevada en la poltrona sin tomar ni siquiera conciencia de que se es representante de nada, que es, por cierto, la ideología de UPyD, una gran nada. Y todavía decía su líder, la cada día más agria Rosa Díez, que el bipartidismo ha sido derrotado; sí, junto con la sociedad al completo. Y qué puede decirse de IU, qué decir tras el discurso emocionado de Cayo Lara, que por un momento consiguió lo que todavía no es posible para la ciencia, retroceder en el tiempo un par de siglos, para alentar a la resistencia activa a la política neoliberal, como si pudiese su partido decir no a nada en el Congreso con la preocupación de alguien.
Comienzan unos tiempos salvajes, pues mientras el PSOE hubo de tomar decisiones arriesgadas e impopulares de carácter práctico y temporal, las que pronto empezarán a conocerse del PP son propias de una ideología que se niega a asumir el peso de la realidad -no se olvide que en España se percibe un generosísimo salario mínimo interprofesional de 641€ correspondientes a una jornada de ocho horas, que en España hay mucha economía sumergida y se pagan muy pocos impuestos, que en España no existe a partir de ahora la menor oposición.
Es probable que el próximo gobierno que forme el PP comience también a lanzar provocaciones incalculadas, bien porque gusta mucho a sus dirigentes el uso de la fuerza burra, bien porque desde la calle se recoja de manera apasionada su provocación. Es probable que el periodo de violencia que ahora se abre nos entregue también el resurgir del trabajador, esa figura renegada por todos desde que el teléfono móvil dejó de ser un artículo de lujo, y de los sindicatos, con su arma predilecta y más eficaz, la huelga general. Quién sabe; a lo mejor, después de todo, la cosa se pone interesante...
Yvs Jacob
Comienzan unos tiempos salvajes, pues mientras el PSOE hubo de tomar decisiones arriesgadas e impopulares de carácter práctico y temporal, las que pronto empezarán a conocerse del PP son propias de una ideología que se niega a asumir el peso de la realidad -no se olvide que en España se percibe un generosísimo salario mínimo interprofesional de 641€ correspondientes a una jornada de ocho horas, que en España hay mucha economía sumergida y se pagan muy pocos impuestos, que en España no existe a partir de ahora la menor oposición.
Es probable que el próximo gobierno que forme el PP comience también a lanzar provocaciones incalculadas, bien porque gusta mucho a sus dirigentes el uso de la fuerza burra, bien porque desde la calle se recoja de manera apasionada su provocación. Es probable que el periodo de violencia que ahora se abre nos entregue también el resurgir del trabajador, esa figura renegada por todos desde que el teléfono móvil dejó de ser un artículo de lujo, y de los sindicatos, con su arma predilecta y más eficaz, la huelga general. Quién sabe; a lo mejor, después de todo, la cosa se pone interesante...
Yvs Jacob
domingo, 20 de noviembre de 2011
¡Todos a votar, coño!
Escribió Karl R. Popper que sólo existen dos formas de gobierno: tiranía y democracia. Se caracteriza la democracia por la posibilidad de deponer a los gobernantes de manera pacífica, lo que significa que en una democracia estrictamente formal, como la española, una democracia en la que, al menos, la forma sí se respeta, en la cual no se viola, pues, la reglamentación que observa la legitimidad de los procesos electorales, unas elecciones no se ganan ni se pierdan hasta que el recuento de votos no se ha cerrado. Es una obligación ciudadana acudir a las urnas, y quien se queda en casa es merecedor del mayor castigo que sus gobernantes, con sus pésimas decisiones, puedan darle.
Observaba también Popper que se dan dentro de la democracia tendencias antidemocráticas. En el siempre terrible y ridículo caso español, no pueden ser más obvias las tendencias antidemocráticas de la derecha política y del "Carajillo Party", manifiestas en sus declaraciones y actitudes, por todos los españoles de bien conocidas: votar a la izquierda es inmoral y contrario a la razón -y a Dios-; si gana la izquierda, hay que socavar la legitimidad de su victoria y convocar elecciones a la mayor brevedad posible; las leyes promulgadas y aprobadas por un Parlamento estatal pueden ser ignoradas por una demarcación administrativa que representa al Estado, pero que es gobernada por un partido de signo contrario... Todos estos males reales laten dentro de la democracia española porque hay partidos menos demócratas -lo prefiero a "democrático", lo que ningún partido es- que otros, hay partidos que sólo persiguen el amparo de la ley para burlar la ley, partidos que sólo entienden el gobierno como exhibición del poder, un gobierno y un poder vacíos, frente a quienes buscan satisfacer los intereses de todos los ciudadanos -¡gobernar para todos! No es difícil reconocer quién es quién y qué es qué en la democracia española.
Por último, advertía Popper de quienes buscan la felicidad para sus gobernados, peligrosísima tentación que conduce al autoritarismo, a la coacción mediante una fuerza que deviene provocación y agresividad institucional. La derecha española, inagotablemente analfabeta, aplaudió la preocupación del líder del partido mayoritario de la ideología conservadora respecto de la felicidad de los españoles, ¡menudo error! No tardó mucho una de sus portavoces afectada de inquietantes patologías en desafiar a las calles, una llamada inaudita a la conflictividad social y al caos.
Que cada cual busque ser feliz a su manera, pero líbrenos la razón de quienes buscan imponer a una sociedad su concepto de felicidad, la historia ya ha mostrado que siempre se acompaña tanta buena fe de trágicas consecuencias para creyentes y no creyentes.
Hasta el último voto no habrá un ganador... ¡todos a votar!
Yvs Jacob
Observaba también Popper que se dan dentro de la democracia tendencias antidemocráticas. En el siempre terrible y ridículo caso español, no pueden ser más obvias las tendencias antidemocráticas de la derecha política y del "Carajillo Party", manifiestas en sus declaraciones y actitudes, por todos los españoles de bien conocidas: votar a la izquierda es inmoral y contrario a la razón -y a Dios-; si gana la izquierda, hay que socavar la legitimidad de su victoria y convocar elecciones a la mayor brevedad posible; las leyes promulgadas y aprobadas por un Parlamento estatal pueden ser ignoradas por una demarcación administrativa que representa al Estado, pero que es gobernada por un partido de signo contrario... Todos estos males reales laten dentro de la democracia española porque hay partidos menos demócratas -lo prefiero a "democrático", lo que ningún partido es- que otros, hay partidos que sólo persiguen el amparo de la ley para burlar la ley, partidos que sólo entienden el gobierno como exhibición del poder, un gobierno y un poder vacíos, frente a quienes buscan satisfacer los intereses de todos los ciudadanos -¡gobernar para todos! No es difícil reconocer quién es quién y qué es qué en la democracia española.
Por último, advertía Popper de quienes buscan la felicidad para sus gobernados, peligrosísima tentación que conduce al autoritarismo, a la coacción mediante una fuerza que deviene provocación y agresividad institucional. La derecha española, inagotablemente analfabeta, aplaudió la preocupación del líder del partido mayoritario de la ideología conservadora respecto de la felicidad de los españoles, ¡menudo error! No tardó mucho una de sus portavoces afectada de inquietantes patologías en desafiar a las calles, una llamada inaudita a la conflictividad social y al caos.
Que cada cual busque ser feliz a su manera, pero líbrenos la razón de quienes buscan imponer a una sociedad su concepto de felicidad, la historia ya ha mostrado que siempre se acompaña tanta buena fe de trágicas consecuencias para creyentes y no creyentes.
Hasta el último voto no habrá un ganador... ¡todos a votar!
Yvs Jacob
sábado, 19 de noviembre de 2011
¡Un fin de semana de nervios! (¿Por qué son tan obtusos los conservadores españoles?)
Si en España la democracia estuviese, como a menudo se dice, "asentada", si los españoles la comprendiesen en profundidad y fuese la sociedad española una madura, nada habría más sano para su gobierno que la alternancia en su dirección, un partido diferente tras, quizá, dos legislaturas, que asumiese la responsabilidad de defender los intereses de todos los ciudadanos, dentro y fuera de la nación. En una época como la actual, donde el concepto general de socialdemocracia acoge tanto a los partidos mayoritarios de izquierdas y de derechas, una época en la cual todavía la derecha no ha desmontado el Estado social, y la izquierda liberal apuesta por el libre mercado como estrategia económica, al margen de los derechos sociales, núcleo fuerte del socialismo moderno, no existen diferencias determinantes. Esto significa que cualquiera de los partidos mayoritarios de izquierdas y de derechas podría gobernar y causar a sus gobernados males muy parecidos. Para un ciudadano sensato, basta con que uno de los partidos con posibilidades reales de gobierno manifieste su posición respecto de la igualdad, el feminismo, la ecología, la dependencia, la sanidad, la educación, el poder adquisitivo de los pensionistas... para entregar su voto. Éste es el problema de la obtusa derecha española: la igualdad es sólo un concepto; el feminismo es feminazismo; la ecología es un timo, un problema por el que no se deberían preocupar ni siquiera los nietos de Josemari; la dependencia es un lujo que un Estado no se puede permitir, ¡que pague quien quiera cuidar a sus mayores y parientes enfermos!, o que se mueran; para la sanidad y la educación, misma receta; y, en cuanto a los pensionistas, no se les puede dar mucho más de lo que reciben, pero si el partido que más ha aumentado su poder adquisitivo congela las pensiones máximas, entonces se pone en marcha el aparato de la demagogia para señalar al adversario como artífice de extraordinarios recortes sociales. Como se aprecia, la derecha española es obtusa y no tiene nada que ofrecer. Aun así, la derecha española se presenta a las elecciones como una opción seria, esto es, con posibilidades de gobierno, o lo que es igual, con posibilidades reales de que los ciudadanos, que nada pueden obtener de ella, les entreguen su voto.
En treinta años, la sociedad española ha sufrido un giro moral de lo más cómico: los españoles han pasado del progreso como dirección espiritual a la burla de todo progreso, que ya hay que ser burro. Analícese el caso particular de la ley anti-tabaco. Es mentira que muchos locales hubiesen llevado a cabo ninguna reforma para adaptar un corralillo a los no fumadores. Lo que se dio por entonces fue un ejemplo más de la actitud del español, analfabeto y golfo, ante la ley: que le den por el culo. Dijo Gaspar Llamazares, cuando se aprobó la segunda ley, la que defiende a los no fumadores, que la primera fue una apelación a la confianza en el ciudadano, pero que ésta había fracasado y hubo de pasarse a otra ley en sentido estricto: una ley en la sociedad, como insistía Thomas Hobbes, es un límite a la libertad, un límite necesario. Y son tan tontos los españoles que si un partido les ofrece un sistema público de salud financiado con los impuestos, y otro les ofrece la posibilidad de fumar en bares y restaurantes, se arrojan a las pezuñas del segundo. La verdad es que da lástima y mucho más que un partido se presente a las elecciones legislativas con una colilla como cebo -no será tampoco de extrañar que pesque un poco de mierda.
Un ejemplo entre muchos que no voy a tratar ahora.
La derecha obtusa y tergiversadora no tiene nada que ofrecer. Cabe recordar antes de cerrar la (jornada de) reflexión lo que sucedió con los atentados del 11-M. No sólo colaboró el pueblo español, por la acción de sus gobernantes, en la destrucción de un país, Irak, y en el asesinato de miles y miles de seres humanos, sino que la fantochada de esos gobernantes imberbes causó al pueblo español casi doscientas muertes, ¡menuda bravuconada! Después de la manipulación permanente de la lucha antiterrorista que tanto voto fanático ha recogido en sus redes para la obtusa derecha española, la famosa "negociación política con ETA" -es para morirse de la risa-, todavía hay quien pretende mofarse de la superioridad moral de la izquierda, cuya actitud respecto de los atentados del 11-M ha sido siempre ejemplar, ¿o acaso se le ha recordado un día tras otro, en sesiones del Congreso y del Senado, o en los medios de comunicación de izquierdas su magnífica hazaña a esa derecha zafia?
Si es que no hay color... ¡coño!
Yvs Jacob
En treinta años, la sociedad española ha sufrido un giro moral de lo más cómico: los españoles han pasado del progreso como dirección espiritual a la burla de todo progreso, que ya hay que ser burro. Analícese el caso particular de la ley anti-tabaco. Es mentira que muchos locales hubiesen llevado a cabo ninguna reforma para adaptar un corralillo a los no fumadores. Lo que se dio por entonces fue un ejemplo más de la actitud del español, analfabeto y golfo, ante la ley: que le den por el culo. Dijo Gaspar Llamazares, cuando se aprobó la segunda ley, la que defiende a los no fumadores, que la primera fue una apelación a la confianza en el ciudadano, pero que ésta había fracasado y hubo de pasarse a otra ley en sentido estricto: una ley en la sociedad, como insistía Thomas Hobbes, es un límite a la libertad, un límite necesario. Y son tan tontos los españoles que si un partido les ofrece un sistema público de salud financiado con los impuestos, y otro les ofrece la posibilidad de fumar en bares y restaurantes, se arrojan a las pezuñas del segundo. La verdad es que da lástima y mucho más que un partido se presente a las elecciones legislativas con una colilla como cebo -no será tampoco de extrañar que pesque un poco de mierda.
Un ejemplo entre muchos que no voy a tratar ahora.
La derecha obtusa y tergiversadora no tiene nada que ofrecer. Cabe recordar antes de cerrar la (jornada de) reflexión lo que sucedió con los atentados del 11-M. No sólo colaboró el pueblo español, por la acción de sus gobernantes, en la destrucción de un país, Irak, y en el asesinato de miles y miles de seres humanos, sino que la fantochada de esos gobernantes imberbes causó al pueblo español casi doscientas muertes, ¡menuda bravuconada! Después de la manipulación permanente de la lucha antiterrorista que tanto voto fanático ha recogido en sus redes para la obtusa derecha española, la famosa "negociación política con ETA" -es para morirse de la risa-, todavía hay quien pretende mofarse de la superioridad moral de la izquierda, cuya actitud respecto de los atentados del 11-M ha sido siempre ejemplar, ¿o acaso se le ha recordado un día tras otro, en sesiones del Congreso y del Senado, o en los medios de comunicación de izquierdas su magnífica hazaña a esa derecha zafia?
Si es que no hay color... ¡coño!
Yvs Jacob
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